Sólo muere el que es olvidado, y tu legado es eterno


libro

¡Hola, papá! ¿Qué tal sigues? Hace un día precioso, como habrás visto desde ese privilegiado lugar que tienes en la eternidad. El sol ilumina cada las calles, aunque mi sol se apagó hace ya más de mes y medio.

No pienses que ayer se me olvidó escribirte, nada más lejos de la realidad. Tenía que buscar un nombre para este blog y quería que fuese especial, como tú. Ahora ya está decidido y te voy a tener en vilo un rato hasta que lo veas. Seguro que te gustará, porque te define a la perfección.

Me sonrío porque hace un poco abrí Twitter y hoy todo el mundo habla de ‘El Clásico’. Esa palabra que tanto le removía las tripas a un purista de la lengua como tú para definir un partido entre el Real Madrid. Para ti un clásico es ‘El Quijote’, ‘La Regente’ o ‘Luces de Bohemia’ (por citar tres sólo de los muchos que te encantaba releer de vez en cuando.

Y hablando de libros, como siempre en mis melancólicos paseos matinales, pasé por el escaparate de una librería en la Gran Vía y vi una taza con tu nombre, que lógicamente me sorprendió y me hizo saltar las lágrimas. Ponía: “Ignacio: Bajo la apariencia de un tipo duro se esconde un verdadero héroe”. Otra vez la palabra héroe. 

Y es que aunque al final te fuiste, lo hiciste como un valiente, luchaste, pero tanto sufrimiento no era soportable.

Pero intento dejar la melancolía a un lado para contarte algo que te hará feliz. Cuando camino a la caja, la vista se fue hacia uno de los mostradores. Allí lucía en primer planto tu callejero, ese en el que pusiste tantas ilusiones y al que te entregaste en cuerpo y alma durante 7 años, sin apenas dormir, porque te apasionaba el proyecto y querías que viera la luz cuanto antes.

Mi sorpresa fue aún mayor cuando al ir a pagar me encontré con Cele, uno de tus amigos de ‘Cervantes’, la librería donde tantas horas pasaste mirando libros y donde adquiriste muchos de los 4000 libros que hoy llenan las estanterías de tu casa.

Un auténtico orgullo como hija ver que al final tu legado es patrimonio de la Humanidad, porque las personas pasan, pero sus obras quedan. Y la tuya estará ahí para siempre. Gracias, papá. ¡Te quiero!

 Esa palabra que tanto odias para definir un partido entre el Real Madrid y Barcelona. Para ti un clásico es ‘El Quijote’, ‘La Regenta’

Por San Blas y el resto del año la cigüeña verás


¡Hola, papá! ¿Como sigues? Sé de sobra que no te has olvidado de que hoy es San Blas. Un día en el que las protagonistas las cigüeñas, esas aves cuyo vuelo te embelesaba y a las que podías pasarte horas mirando.

¡Cuántas veces deseaste ser cigüeña para poder volar y ver desde tanta altura tu amada Salamanca! Seguro que desde el cielo, incluso, las puedes acariciar con esas delicadas manos que también agarraban las mías cuando juntos veíamos algún nido.

Y ese amor por las cigüeñas se convirtió en una auténtica locura. Como nunca sabíamos qué regalarte por tu cumpleaños o por el día del Padre o simplemente por que sí, porque eres el mejor papá del mundo, hizo que ahora tu casa siga llena de ellas. En la terraza, colgadas en tu despacho, en tus camisetas…. Si es que es imposible recorrer un metro sin que algo me recuerde a ti. He elegido la veleta que luce en nuestra terraza como porque sigue siendo una guía para mí, que siempre fui bastante torpe para distinguir los puntos cardinales, lo mismo que la derecha y la izquierda.

Así que por San Blas, como dice el refrán, yo he visto no una cigüeña, sino decenas. Ahora con el frío no me apetece mucho bajar para la zona antigua, pero me han dicho que por allí sí están. En realidad, como bien decías, creo que se quedan aquí prácticamente todo el año. Quizá porque saben que su vuelo mágico te fascina.

Seguro que recuerdas a Barsanufia, la cigüeña de madera gigante que te regalamos y que está en el taller de reparaciones otra vez. Le pusiste ese nombre porque fue un regalo de cumpleaños y tú naciste el día de San Barsanufio. Siempre dabas gracias porque tus padres no te bautizaran con el nombre del día (y yo también). Más que nada, porque como le contabas a la gente, luego hubieras acabado siendo Barsa. Igual a alguno le acabamos de dar una idea, pero nosotros pasamos de fútbol. De hecho la noche que nos decían que había partido importante, cambiábamos nuestra ruta para tomar nuestra cerveza o vino diario a un lugar sin televisión.

Pero como en 45 años y 24 horas al día juntos nos han pasado tantas cosas, se me ha venido a la memoria una tarde que bajábamos en mi coche a llevar a Barsanufia a la tienda de la calle San Pablo, porque la pobre había sufrido otro accidente casero.

Para tu sorpresa y mi alegría, cuando llegamos al final del paseo de Canalejas vimos un pequeño revuelo de gente. Y lógicamente paré el automóvil para ver qué sucedía.

Nada grave, por fortuna. Todo lo contrario. Más bien un momento que disfrutaste como pocos. Una cigüeña no podía o no quería, simplemente, levantar el vuelo y se puso a cruzar por el paso de peatones una y otra vez, tranquilamente, sin darse cuenta de la que estaba liando. ¡Madre mía! ¡Qué caos de tráfico!

Un señor se convirtió en su guardaespaldas e iba parando los coches para que no le pasara nada y, lógicamente, tú no podías ser menos. Con una sonrisa gigante en la cara ibáis los tres de un lado para otro hasta que se cansó y se posó en el jardín del hotel San Polo. Allí se quedó unos minutos, mientras tú la mirabas con esos ojos grises, curiosos, que seguramente la enamoraron igual que me tienen enamorada a mí.

Cuando entre todos conseguisteis que volviera a volar, te subiste al coche, completamente pletórico por ese momento que te regaló, perdón, nos regaló la vida. Porque no hace falta que te diga que lo que te hacía feliz a ti, a mi me lo hacía mucho más.

Caminando tranquilamente esta soleada mañana de domingo he pasado por San Marcos y he aprovechado que estaban allí los señores vendiendo gargantillas para hacer una foto y ver qué bonita luce nuestra iglesia redonda, por la que pasábamos todos los días y donde yo recibí mi bautismo.

Bueno papá. Espero que te guste la imagen. Te dejo que sigas buscando cigüeñas por ahí arriba. Y me despido como cada día. Con un ¡te quiero! tan grande y un beso infinito. que sé que ahora mismo sientes en tu mejilla.

Los arco iris de Mariko que ponen color a cada día sin ti


¡Hola, papá! ¿Cómo sigue todo por allí? Aquí vamos poco a poco superando el dolor, que no el olvido, gracias al recuerdo maravilloso que tiene de ti la gente y las numerosas muestras de cariño que estamos recibiendo de personas esperadas y otras que logran sorprenderte.

Mariko, tu ‘hija’ japonesa, va a venir a verte en marzo. Como nadie esperaba ese desenlace tan rápido, ni tan siquiera quise preocuparla diciéndole que estabas malo. Fue tu última noche, cuando ya te quedaban horas para el adiós definitivo cuando Marta se dio cuenta de que no le habíamos dicho nada.

Le escribimos y sólo le dijimos que estabas muy malito para no disgustarla mucho. Inmediatamente se puso a buscar niñera para que se quedara con sus dos hijos y venir a estar a tu lado, pero sabiendo lo lejos que está Japón, no quedó otra que decirle la verdad, que tu muerte era cuestión de horas y que no iba a llegar ni a velarte.

Ella, guapísima como siempre, escribe muchos días para expresar su tristeza, porque tú también eres su ‘papá’ y nos envía fotos maravillosas de estos días en Hawai. Imágenes y vídeos de unos arco iris cautivadores, de esos que te dejarían con la boca abierta. Yo creo que ella, igual que yo, te imaginamos allí sentado, rodeado de luz y de color, porque desprendías y desprendes mucha luz en mi vida.

No te voy a decir que no se me saltan las lágrimas, aunque cada día intento cambiarlas por sonrisas para que tú me veas lo más feliz posible a pesar del vacío infinito que tengo en mi corazón.

Pero como siempre estoy con el mismo rollo, y sé que esto te va a gustar cuando lo leas, esta mañana salí a dar un paseo y me encontré con Jose, el del Cava. Había ido por allí un señor preguntando si había alguna manera de localizarnos. Y le dijo que algunas tardes solemos ir por allí. A eso de las nueve apareció un hombre de complexión fuerte, alto y pelo y barba cana. Con gesto serio vino hacia nuestra mesa y se presentó. ¿A qué no adivinas quién era? Julián. Tu buen amigo de Sequeros. Se lamentaba de haber visto la esquela el domingo por la tarde, cuando ya no llegaba a darnos el pésame.

Y allí estuvimos hablando de vuestras épocas mozas, de Oviedo, o mejor Vetusta, como te gusta llamarla a ti, y recordando la maravillosa persona y amigo que fuiste. De hecho, no te imaginas la cantidad de gente que me para por la calle o me escribe para decirme que tuve, y tengo en mi mente y en mi alma, al mejor padre del mundo.

Sabes, papá, al final aunque esto sigue doliendo mucho me enorgullece que la gente te recuerde como un gran hombre. Yo te recuerdo como la persona más maravillosa con la que he tenido el placer de compartir 45 años de mi vida.

Por aquí sigue haciendo un frío que pela, como decimos los de esta tierra, y se me quedan las manos casi sin temperatura, a pesar de estar tecleando el ordenador para tenerte al día de cómo están las cosas.

Nada más por hoy, mi amor. Te dejo que sigas trasteando por donde quiera que estés. Te lo repito una vez más, papá: ¡Te quiero! Y cada día que pasa un poco más. Y es que si hay amores eternos el nuestro está el primero en la lista.

Tu primer colegio, las gafas rotas y el ‘pos se me olvidó’


Tu colegio, papá

¡Hola, papá! ¿Cómo va el día? Como cada mañana que puedo salgo a pasear, ya sabes que últimamente no me gusta mucho estar en casa. Prefiero que el aire gélido del invierno acaricie mi cara y despeje un poco mi empanamiento mental.

Así que hoy mamá quería que le fuera a buscar el periódico (quitamos la suscripción cuando te fuiste porque tú eras el que realmente disfrutabas leyéndolo y no lo cogías sólo para ver los sucesos y las esquelas, como hace ‘la parienta’).

Como nunca tengo rumbo definido, simplemente me dejo llevar por los pies, estaba pensando donde comprar el pan, pero pan rico. No esa especie de chicle precocido que tú odiabas y yo también. Y me acordé de un kiosko cercano a la calle Toro donde podía hacer ambos recados.

Caminaba por allí con las manos en los bolsillos, porque se me olvidaron los guantes, cuando las voces de unos niños llamaron mi atención. Y me giré. Entonces me dí cuenta que estaba pasando por tu colegio, en el que empezaste a ser el hombre sabio, culto, intelectual en el que te convertiste.

Los niños celebraron el día de la paz al son de ‘Imagine’

De fondo sonaba ‘Imagine’, de John Lennon, y es que hoy es el Día Mundial de la Paz. Y lógicamente mi cabeza comenzó a imaginar, mejor dicho, a imaginarte.

De repente me acordé de aquella anécdota que contabas una y mil veces con una sonrisa en la boca. Como eras un poco ‘trasto’, una mañana, durante el recreo, le rompiste las gafas a un niño. Tenías miedo de contarlo en casa, porque seguramente que la abuela te iba a castigar, y tampoco querías volver al cole, porque te iba a caer una buena regañina.

Así que durante varios días, a pesar de que tu madre te dejaba en la misma puerta del centro escolar, tú te esperabas a que desapareciera y te refugiabas en unas escaleras cercanas esperando a que llegara la hora de volver a casa.

Un secreto que nadie conocía hasta que una mañana pasó por allí tu vecina Gabi y, lógicamente, se lo fue a contar a tu madre, que rauda bajó al lugar y te preguntó que por qué no habías entrado a la escuela. Como ya apuntabas maneras de genio, le respondiste: ‘Pos se me olvidó’.

Al final no te libraste del castigo y, aunque no recuerdo que lo contaras, supongo que también te dieron algún cachete. ¡Qué ocurrencias!

Luego ya dejabas la parte graciosa para contar la seria. La de los ‘cabrones’, como tú mismo los definías, que olvidaron una granada de la Guerra Civil en el patio, y que nadie sabe cuánto tiempo llevaba allí camuflada. Hasta que una mañana de recreo algunos de los chavales que compartían juegos contigo vieron una objeto extraño que llamó su atención, tiraron de él y les explotó. Fatal desenlace que terminó con la vida de varios de ellos, dos de tu pandilla (sé que tienes guardado el recorte por ahí y cuando pase un poco más tiempo lo buscaré).

Cuántas anécdotas para contar. Y lo mejor era cómo lo hacías. ¡Gracias, papá por todo lo que aprendí contigo! Y no lo olvides nunca. Por mil años que pasen ¡te quiero!

San Valero llega este año con una ciclogénesis explosiva


¡Hola, papá! Hoy es San Valero. ¿Recuerdas? Aunque ya hace muchos años que no íbamos a la fiesta de ese pueblo que te hizo enloquecer de belleza una noche de verano mirando su cielo, sí es cierto que unas cuantas tardes de frío pasamos allí viendo el primer festival taurino del año en la provincia.

Después, cuando terminaba, era la hora de ir a disfrutar de una buena merendola en el bar Canete. Y un vino de la sierra para que entrara en calor el cuerpo. ¡Qué tiempos aquellos! ¿Verdad?

No sé si desde ahí arriba se siente, o si incluso eres tú el que está soplando y provocando este vendaval que deja un ambiente gélido en la calle y lluvia. Un temporal de los de toda la vida, que hace ya algunos años alguien decidio denominar como ‘ciclogénesis explosiva’. Un buen titular para abrir informativos y periódicos en el caso de que no haya noticias más importantes. Y la verdad es que todos los días, varias veces, abro Twitter para ver “qué ha pasado por el mundo”, como si me lo siguieras pidiendo y estuvieras a mi lado leyendo la noticia.

La verdad es que no hay mucho que contar. Seguimos con el fútbol, los presupuestos sin aprobar y aún colean historias de la trama Gürtel. El cuento de nunca acabar.

Un día como hoy, nublado, lluvioso, con tu veleta en forma de cigüeña sonando sin cesar no ayuda mucho a que mi ánimo crezca, aunque la gente se empeña en repetirme una y otra vez que a ti no te gustaría verme así.

Yo también tengo ganas de levantarme una mañana y sonreír, que mis ojos vuelvan a recuperar el brillo que tenían cuando ibas agarrado de mi hombro y de pensar que me estás esperando allí arriba para darme ese beso infinito que tanto añoro, pero creo que es algo que va a tardar.

Lo siento, papá, que sólo me veas llorar, que no quiera ni pasar por el salón y que mis historias no sean más divertidas. Supongo que vendrán tiempos mejores, aunque lo único que tengo claro es que el vacío que has dejado en mi corazón no lo va a llenar nadie.

Te dejo, mi vida, que hoy no estoy muy comunicativa, como verás. Ahora, en breve, cogeré nuestro paraguas del hotel Londres, mis botas, mi abrigo y mis guantes y me iré a dar un paseo a ver si sobrevivo a la ‘ciclogénesis explosiva’ . No lo olvides nunca, mi amor: ‘Te quiero’.

‘Mi héroe’, un conciertazo, el misterio del pañuelo desaparecido y Julen


¡Hola papá! Hoy estreno dominio, así que perdona que el blog este hecho un poco desastre, pero era necesario hacerlo. Lo iré mejorando poco a poco. Ahora se acumulan las entradas y parece que te llevo escribiendo 24 horas, cuando en realidad ya son dos semanas las que llevamos compartiendo esas cosas que te contaba cada día y ahora ya no puedo hacerlo.

Ayer fue a mi primer concierto después de perderte. El de Antonio Orozco. A tí no te hubiera gustado, porque no coincidíamos demasiado en gustos musicales, pero tenía la entrada desde principios de diciembre y era un cantante al que quería ver desde hace tiempo. Me imagino tu comentario cuando lo hubieras sabido. “Ya vas a ver otro sopazas”. Y yo me hubiera reído y te hubiera dejado refunfuñando.

Total, al final eras feliz si a mí me veías feliz. Aunque bien es cierto que lo de ayer distó bastante de la felicidad. Me senté en mi asiento, sola (aunque eso es lo de menos, porque últimamente me gusta demasiado la soledad) y a los 10 minutos se iluminó el escenario y apareció un cartel, en una pantalla tipo cine, donde se podía leer: “Los heróes son héroes porque no saben que lo son”. Y entonces comenzaron a sonar las primeras notas de la canción que yo tarareaba desde la primera ve que la oí y que siempre te dediqué; ‘Mi héroe’ (aquí te la dejo para que la escuches con calma).

Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, los apreté con fuerza y comencé a visualizar imágenes que había vivido junto a tí. Después llegó el ‘Devuélveme la vida’ y otro poco más de lo mismo.

Y yo que me había puesto toda guapa y me había pintado los labios de rojo, que sabía que te encantaban…

Pero lo más extraño de la noche fue que antes de salir de casa, como no encontré pañuelos de papel, fui a tu mesilla y cogí uno de los que te había regalado este verano para secar mis lágrimas. Lo tuve todo el rato conmigo, pero al ir por la calle de camino a casa lo empecé a buscar y no apareció. Se quedó allí, en el asiento 10 de la fila 7, donde volvimos a revivir tantas cosas bonitas. Y es que yo creo que al final no querías que yo tuviera ese recuerdo de una noche tan complicada y alguna trastada harías para que se me cayera.

Cuando llegué, puse la televisión, como cada noche, y vi una noticia que hasta ahora no te había contado porque siempre queda un hilo de esperanza hasta que se confirma lo peor. Hace 10 días, un niño de nombre Julen, y de sólo 2 años, se cayó a un pozo. Después de excavar y de acceder a un sitio muy difícil de llegar, otros héroes, aunque seguramente desolados por el final, los que tuvieron el valor de llegar hasta los 80 metros de profundidad donde se encontraba el pequeño, lo encontraron sin vida. Seguro que te has quedado tan conmocionado como lo estamos todos.

Hoy viene a verme una persona muy especial para tí, quizá la más especial: Mónica. Sé que desde arriba brindarás con nosotras y que te daré un poco de envidia, pero te guardaré bien las fotos para que las mires con esos ojos tan hermosos que se te ponían cada vez que la veías. ¡Te quiero papá! Hasta mañana.

El recuerdo de don Fernando en la misa de San Francisco de Sales


¡Hola, papá! Ya sé que aún estarás ‘cagándote ‘ en todos los dioses, pero la verdad es que fue un momento muy emotivo. 

Por la tarde nos encontramos al párroco de San Marcos, Fernando, como le llamabas tú cada vez que pasaba por delante del banco donde te sentabas cada tarde y le invitabas a un ‘whisky’, que negaba entre risas.

Se paró con su habitual sonrisa para ver cómo nos iba la vida. Y fue entonces cuando le comunicamos que te habías ido.

Se quedó pálido. No sabía por dónde le había venido. No sabía casi ni qué decir. Fue entonces cuando dijo que iba a tener un recuerdo muy especial en misa. 

Y yo no pude decir de nada. 

Evidentemente. Porque iba a ser una cosa bonita. Además, ya se lo advertí, que no eras ni católico ni apostólico, sino más bien lo contrario.

Así que a las 20.30 allí estábamos, puntuales, en la iglesia. Y llegó la hora de recordar a los difuntos. Pero él no te recordó como a uno más, te recordó como a un amigo, como a Nacho Carnero, tal y como le pedí cuando entraba por la iglesia.

Y sólo minutos hablaba de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas. Y pensaba yo en las casualidades de la vida, porque a fin de cuentas tú eras periodista. No reportero, pero sí columnista, uno de los mejores que tuvieron en sus páginas ‘El Adelanto’ y ‘La Gaceta’, ese panfleto que ni tan siquiera tuvo la decencia de dedicarte una línea en sus páginas el día de tu muerte, cuando todo el mundo dice que eres quizá el mejor cronista de Salamanca de los últimos tiempos.

Bueno, papá, te dejo, que hoy me voy a de concierto y sé que cada canción me va a recordar a ti. En realidad todo me recuerda a tí, porque aunque me repito mucho, eres eterno. ¡Te quiero!

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La capa charra siempre la luciste con más garbo que yo


Como empecé a escribirte todo lo que me iba pasando un poco más tarde de lo que debía, porque me flaqueaban las fuerzas, hoy te voy a contar lo que hice el 31 de diciembre. Tú y yo sabíamos que ese día era especial para nosotros.

Además de ser el último del año, tenía un significado muy marcado para quien tanto amaba la literatura.

A la una en punto, llegábamos a la calle Bordadores, junto a la estatua dedicada a don Miguel de Unamuno, y sí, recalco bien el don, para ver el homenaje que el Ayuntamiento le rinde con motivo del aniversario de su fallecimiento.

Y no puedo olvidar que ése era uno de los pocos días en que tú te ponías tu capa charra. Esa que te encantaba y que ‘castigaste’ algún tiempo en el armario porque a mamá se le ocurrió llevarla a la tintorería para que le limpiaran los terciopelos internos, que estaban bastante sucios, pero como tú decías tenían solera.

Mucha solera. La verdad. Pero al final, por suerte, cada 31 de diciembre la sacabas de tu armario para rendirle tu particular homenaje a uno de los escritores a los que más admirabas.

Como te fuiste apenas un par de semanas antes de esa añorada fecha, tuve mis dudas sobre seguir con esa tradición, puesto que sabía que la emoción me iba a poder y las lágrimas iban a brotar de mis ojos.

Al final decidí que es donde te hubiera gustado que estuviera. Así que no se me ocurrió mejor tributo al amor de mi vida, es decir, a mi padre, que acudir y ser yo la que portara tu capa. 

Fueron muchas las imágenes que se me vinieron a la cabeza, tuve que tragar mucha saliva, pero me puse un vestido bonito, como me gustaba hacer siempre ese día, taconazos, me fui a la peluquería para que mi cabello brillara tanto como mis ojos al recordarte y allí estuve, sin poder soltar la capa ni un momento, porque era como si estuviera contigo, acariciándote.

Y como quería sonrieras desde el cielo, por un día dejé las gafas de sol en casa, a pesar de que el día lo pedía, para presumir de ojos, como me pedías siempre que me veías con ellas puestas.

Tengo tantas historias que contarte, mi amor. Pero bueno, poco a poco. Como siempre me despido con un ‘Te quiero’ infinito. Hasta mañana, mi vida.

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