La misteriosa dama de la maleta roja que durmió un gélido invierno en un portal


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La misteriosa dama de la maleta roja buscando el sol después de las gélidas noches durmiendo en un portal.

¡Hola, papá! Hoy te escribo desde tu despacho. Necesito encontrar una foto especial para la Feria Municipal del Libro. ¡No te imaginas la cantidad de recuerdos que se agolpan ahora en mi cabeza! Continúa leyendo La misteriosa dama de la maleta roja que durmió un gélido invierno en un portal

Las flores inmarchitas de la última función en el viejo Teatro Liceo


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Las flores que Lucía Quintana dejó sobre el escenario en la última función del Teatro Liceo, que hoy siguen igual de hermosas en mi habitación.

¡Hola, papá! ¡Vaya domingo bonito que ha amanecido! Y de momento parece que va a seguir el buen tiempo toda la semana. Ya sabes que el barómetro aneroide es infalible, aunque nunca entenderé realmente cómo puede predecir la meteorología con tanta precisión. Continúa leyendo Las flores inmarchitas de la última función en el viejo Teatro Liceo

Un cocido para dos y un abrazo que me haga sentir que mi corazón sigue latiendo


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Tú y yo, dos gotas de agua, dos almas gemelas.

¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Supongo que aún riéndote de verme bailar en la clase de zumba. Yo también me río, aunque tengo agujetas hasta en las pestañas. Pero esas danzas me ayudan a liberar el estrés que acumula mi cuerpo y coordinar los movimientos también me sirve para estimular el cerebro. Continúa leyendo Un cocido para dos y un abrazo que me haga sentir que mi corazón sigue latiendo

Jerónimo Prieto, el genio de los pinceles que dibujó los sueños del genio de la pluma


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¡Hola, papá! ¿Qué tal llevas el calor? Hace otro día fantástico, ya de plena primavera, de brotes que comienzan a abrirse, de cigüeñas sobrevolando la terraza, de cielos de azul infinito, de atardeceres cada vez más largos… de tantas y tantas cosas fascinantes… Continúa leyendo Jerónimo Prieto, el genio de los pinceles que dibujó los sueños del genio de la pluma

Llegó la primavera a la ciudad, todo ha cambiado de color (o casi) con superluna de gusano


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Los árboles, llenos de brotes, ya tiñen de color las calles de tu querida Salamanca.

¡Hola, papá! ¿Cómo sigue todo?

Supongo que hoy estás feliz, porque ahora Mariko, tu ‘hija’ japonesa, te lleva en su corazón y, pese a que siempre juraste y perjuraste que no ibas a montar en avión, en unas horas un trocito de ti, hecho cenizas, cruzará el océano a no sé cuántos miles de metros de altura para que, por fin, puedas ver Japón y saludar a tus ‘nietos’, que tanto lloraron tu pérdida. Continúa leyendo Llegó la primavera a la ciudad, todo ha cambiado de color (o casi) con superluna de gusano

Mañanitas por El Corrillo con don Miguel de Cervantes y su magistral pluma


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¡Hola, papá! ¿Qué tal ha empezado la semana? La mía de locura. Últimamente es un no parar, pero me viene bien despejar un poco la mente. Acabo de abrir Twitter y leo con preocupación que ha habido otro atentado terrorista en Utrech. El mundo está muy loco. Yo creo que los pocos cuerdos que quedabáis estáis por allí arriba (aquí también quedamos algunos, por supuesto) Continúa leyendo Mañanitas por El Corrillo con don Miguel de Cervantes y su magistral pluma

Tres meses sin mi vida y tu memoria que florece cual rosal en primavera


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¡Hola, papá! Hoy sé que también estás feliz. O al menos eso espero. Yo feliz, nerviosa, emocionada, orgullosa y cansada de dar patadas por Salamanca. Continúa leyendo Tres meses sin mi vida y tu memoria que florece cual rosal en primavera

Los ‘fernanditos, el momento más dulce del día y de muchas noches


¡Hola, papá! Hoy he vuelto muy cerca de la casa que te vio nacer. Últimamente me gusta mucho pasear por allí. En cierta manera te siento conmigo. Continúa leyendo Los ‘fernanditos, el momento más dulce del día y de muchas noches

La herradura de la suerte y las herraduras de la muerte


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¡Hola, papá! ¿Qué tal sigue todo por ahí? Aquí con frío y lluvia. Ya lo anunciaba el infalible barómetro aneroide, que siempre nos daba una pista más que fiable de la meteorología. Continúa leyendo La herradura de la suerte y las herraduras de la muerte

Un tipo afable que nunca se cansaba de aprender y buscar en el Archivo Municipal


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¡Hola, papá! ¡Vaya día que ha amanecido! Hace un frío que se mete por los huesos y además llueve. Y lo peor de todo es que tus gorras y tus guantes están aquí. Se me olvidó mandártelos en el pequeño equipaje que preparamos para tu último viaje.

¡Qué cabeza la mía! Espero que por allí alguno de tus amigos, cada día se van marchando más , por desgracia, te presten una, porque ya no recuerdo si te puse algunas monedas por si las necesitabas.

Mi espalda está regular. Ya te dije ayer que no es lo malo el masaje para aliviar las contracturas, sino las horas siguientes. Además, ha sido otra mañana de no parar. Ahora tengo muchas cosas que hacer, entre ellas cuidar a mamá y la verdad es que a veces siento que me faltan horas, especialmente para las gestiones administrativas.

Media mañana perdida en el centro de salud, otra media en Servicios Sociales y luego una visita al Archivo Municipal para un proyecto que ya te iré contando si sale bien.

Y claro, ya sabes que fue llegar allí y recordar las horas que pasaste sentado en sus mesas buscando documentación para el ‘Callejero Histórico Salmantino’. Hoy estaba vacío, pero cuando estaba mirando cada uno de esos rincones, apareció uno de los trabajadores por allí, que lógicamente se quedó extrañado por mi presencia.

Le expliqué que era tu hija y que estaba curioseando la sala porque tú ya no estabas y me gusta ver los sitios en los que tú eras tremendamente feliz. Enseguida me habló de tus libros, de la cantidad de tiempo que pasaste allí y lo que más me gustó es que dijo una gran verdad: “Tu padre era un hombre muy afable y simpático”. No veas la felicidad que se siente cuando la gente te recuerda como una persona así. Él mismo me explicaba que no es lo normal, que hay ‘cenutrios ‘ que ni tan siquiera saludan.

Amablemente me invitó a que volviera si algún día tenía que hacer alguna consulta. Y yo le respondí que si algún día me decido a seguir tus pasos y escribir un libro, estaría encantada de volver allí y ocupar uno de esos asientos.

Sé que me repito mucho, pero es que realmente es un orgullo que los que te conocieron tengan siempre buenas palabras sobre una persona tan increíble como tú, porque aquí no creo en ese epitafio que tanto te gustaba de Enrique Jardiel Poncela que decía: “Si queréis los mejores elogios, moríos”.

Hablando de muertes. Cuando abrí el buzón encontré la última carta del hospital, la de tu fallecimiento. Ahora toca actuar contra todos los que te llevaron al fatal desenlace. Y lo voy a hacer por ti. No sé de donde voy a sacar las fuerzas, pero lo voy a hacer. Tanto sufrimiento, tanto dolor, tantas horas de quirófanos, noches sin dormir, angustia, depresión… Para al final por un cúmulo de negligencias quedarme sin el amor de mi vida.

Te dejo, papá. Si te encuentras con tu admirado Gabo (Gabriel García Márquez) acuérdate de felicitarle, que hoy hubiera cumplido 86 años. Tápate bien esta noche, ya que yo ya no puedo hacerlo. Y recuerda lo que te digo siempre: ¡Te quiero, mi vida!