Las divertidas fotos en el árbol de Navidad de la Plaza Mayor


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Hoy para mí ya es muy tarde y todavía ni he desayunado. Es 3 de diciembre. Víspera de un puente largo. El de la Constitución.

Casi cuatro días de fiesta, que no es poco. Menudo rollo. Ha amanecido un día de sol bastante agradable. Ahora mismo luce en el cielo. Se refleja en mi cara.

Salamanca está un poco alterada. Ahora mismo pasa la policía por la avenida de Mirat. A saberse que habrá pasado, pero bueno.

Al estar próximo tantos días de fiesta, lo lógico es que aumente la vigilancia. Pero bueno.

Estoy desayunando a estas horas. Casi a las 11 y 11. La hora a la que te levantabas tú normalmente. Un poco más tarde. Está víspera de puente incita a levantarse un poco más temprano y a dar un paseíto antes de comer. Hoy será más breve. Por la hora. Pero bueno. No pasa nada. Caminar un rato siempre relaja.

Ayer seguimos hablando de tu querido amigo Víctor Chamorro. Tengo ganas de volver a Hervás. Aún recuerdo el día que te fui al hospital. No sé qué tenía en el bolso, pero al final te di un palito salado y te dio la tos. Qué susto, peque. Para todos.

La imagen que he elegido hoy no podía ser más significativa de la época del año. Mi princesa y yo en la bola de luces de la Navidad. Qué foto tan entrañable.

No faltaba ningún año. Era una cita imprescindible. Una vez, incluso, fuimos a La Vaguada a ver a Maikel Melero, que saltaba con su moto. Las dos nos quedamos alucinadas, pero mamá más. La pobre se metió detrás de una vaya y yo salté como una loca al centro de La Vaguada. Gané dos entradas para mi espectáculo favorito.

Al llegar, tú estabas en el Elfos. Y lo celebraremos con un mojito o con cava. Ya ni me acuerdo, pero lo importante es que lo celebramos.

Como hay que celebrar la vida. Con comida, bebida y alguna escapada de vez en cuando. Para cambiar de aires. Llevo días con ganas de ir a Las Veguillas a ver a mi primo, pero al final nunca llego con el coche.

Igual en este puente puedo ir a saludarles, que me apetece bastante.

Perdona porque los textos sean tan cortos. Sé que no te gusta mucho como escribo ahora, pero bueno. Te prometo que iré mejorando. ¡Te dejo, pituco! ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El hermoso tributo literario que te rinde Carlos Guervós


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido una mañana con sol espléndido. 2 de diciembre ya. Qué fechas tan malas llegan ahora. Quizás las peores del año. Pero bueno. Esto es así. No queda otra.

Hoy te quiero hacer llegar un bonito texto que te ha dedicado nuestro ex vecino y amigo, Carlos Guervós. Me lo envió hace unos días al móvil y fue una gratísima sorpresa.

Habla de tu callejero, de ese maravilloso libro en el que se reflejaba el origen de todas las calles de Salamanca. Esas por las que tantas veces me pierdo cuando salgo a pasear por las mañanas o por la tarde.

Aunque la calidad de la foto no es muy buena, porque mi teléfono no tiene Facebook, aquí queda reflejado el texto con el que se homenajea a tu figura. Está escrito con todo el cariño y la admiración que te profesaba toda la familia y en especial Carlos, que ha llegado tan alto en su carrera profesional y ahora dedica una parte de su tiempo a escribir sobre la ciudad y sus historias.

Quizás el que debería empezar a utilizar yo para mantener viva tu memoria. Este blog no está a la altura de un progenitor como el que yo tuve. De hecho, siempre sueño con volver a subir a ese escenario del Caixa Forum y recibir un aplauso. Pero no. Últimamente todo lo hago mal, papá. En vez de sentirte orgulloso de mí, pensarás que soy un desastre.

Anoche estaba viendo a Parchís, al grupo que escuchaba cuando tenía cinco o seis años y me puse a cantar todas sus canciones. Ya te he dicho hace tiempo que quizás por vuestra ausencia me siento como una niña pequeña, que se emociona con un globo, con un osito de peluche o escuchando canciones que me traen hermosos recuerdos de cuando estaba a vuestro lado.

Pienso que ni es bueno ni es malo. Es un proceso que lleva un tiempo. Quizás la falta de afecto, de un abrazo, de un beso me han hecho retrotaerme hasta aquella hermosa etapa de mi vida. Mucha gente no lo entiende. Tampoco quiero que lo hagan. Es mi personalidad y no la va a cambiar nadie. Por mucho que lo intenten.

Quizás nos consentistéis demasiado y ahora es cuando hay que amarrarse el cinturón. Pero nunca tendré suficientes palabras para agradeceros lo bien que viví a vuestro lado. Nunca me faltó nada, peque. Nada. Al contrario.

Y ahora cuando llego a casa, más temprano de lo habitual, porque se hace antes de noche, me siento en el salón y veo las fotos que con tanto cariño tengo puestas, y pienso que esa era la feliz vida. Una simple conversación, una noche con una copita y a veces hasta algún pastelito si había algo que celebrar.

Ahora ya no tengo que celebrar nada. Sólo miro a las estrellas y me pregunto en cuál de ellas estaréis. Y me da miedo. Bastante. Echo de menos tantas cosas. Las noches de risas con mamá viendo vídeos en el Instagram hasta las mil. Nuestras tardes yendo a Valladolid o a Alba a pasar un rato o a comer allí a unos sitios estupendos…

Lo que era la buena vida. Solo quedan 13 días para que se cumplan los 3 años que te fuiste. Y unos pocos más para que los dos de mamá. Y me parece mentira, peque.

Pero es la realidad. Y hay que aceptarla, aunque cueste.

Qué tristeza de blog. Con lo divertidos que eran antes, pero bueno. Ya te digo que irán cambiando poco a poco.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que quiero darme un paseo antes de la hora de la comida. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La niña grande que siempre esperaba un regalo de Santa Claus


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Dando la bienvenida a diciembre ya. No queda nada para Nochebuena y ahora está el día nublado. No sé qué temperatura hace, porque no me he asomado a la ventana, pero tiene pinta de que va a hacer bastante frío.

Me desperté perezosa y estoy desayunando un poco tarde. Debería llevar caminando ya unas cuantas horas, pero bueno. No pasa nada.

Me ha hecho gracia, porque justo cuando me despertaba en la tele estaban poniendo a Luis Miguel. No sé bien el nombre que le ponías, pero juraría que era el sopazas. Así que nada.

Hace unos días vi una foto de uno de sus conciertos y me dio la risa. Recordé aquellos años en los que iba a verle a Las Ventas o al coso de Vistalegre. Y me ponía en la zona VIP.

Ojalá alguna vez volviera a Salamanca, pero con la historia del COVID, como que no. Sinceramente me encantaría volver a escucharle. Como cuando lo hacía con mamá, pero de momento no puede ser.

¿Has visto mi foto? Estoy con Papá Noel. En realidad estoy esperando a que llegue. Siempre me encantó el señor de barbas blancas con traje rojo y gafas. Siempre. Y que nadie intente quitarme ese espíritu infantil, porque es algo innato en mí.

La Navidad ya no es lo mismo sin vosotros. Santa Claus no dejará nada en el salón. Ahora cada vez que veo uno en cualquier escaparate, me paro a mirarlo. Y sueño.

Quizás algún día me conceda mi deseo de volver a Eurodisney o a la playa. Los dos sitios que más me gustan para pasar estos días de invierno.

Me encanta el sol, estar morena de piel y ser libre. Go Free, esa gran frase que lleva uno de mis pilotos favoritos, Pecco Bagnaia, en el casco.

Sí, peque. No tengo remedio. Entre las motos y mis ganas de volver al teatro o a ver algo entretenido, no doy a basto. En el fondo soy un Peter Pan. Que cree que todo es eterno, que piensa que la vida es bella, aún en días como estos, y que necesita una descarga de adrenalina ya. Y entiende adrenalina como quieras. Montar en moto, coger el coche y conducir o subir a una montaña rusa.

No sé. Todo menos la calma. Esa palabra y yo estamos reñidas, realmente. Calma y yo, incompatibles de todas todas.

En eso he salido al contrario que tú. Siempre estabas leyendo libros o la prensa y yo mientras tanto, zascandileando. Por suerte nunca dejé ir a esa niña que sigue queriendo un globo, un juguete o un disfraz de Carnaval.

Así que a esperar a Santa. No queda otra, peque. Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que tengo que hacer algunas cosas antes de comer. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El hombre de la capa y la mujer de vestido verde y enorme sonrisa


¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Yo bien. En casa. Viendo un nuevo amanecer de este martes 30 de noviembre de 2021, que para mí comienza temprano y con muchas cosas que hacer, pero bueno.

Anoche bajé a la Plaza. Por fin. Y vi el espectáculo de la Navidad. Es precioso. Ponen la canción de ‘All i want for Christmas is you», la de Mariah Carey, esa que venía yo cantando para casa la noche que te pusiste tan malito.

Y sí, papá. Me emocioné. Por mi cabeza pasaron tantos recuerdos en un par de minutos que bueno. No se puede explicar. Pero es normal. Son fechas de muchos recuerdos. Anochece muy pronto y eso me da cierta nostalgia. Me gustan los días largos.

Pero ahora viene una racha mala en todos los sentidos. He recuperado una foto de un homenaje a don Miguel de Unamuno. Me encanta. Los dos sonrientes y cogidos del brazo. Yo con un vestido de fiesta que me compró mamá para la ocasión y tú con tu capa.

Si mi memoria no me falla, ese día nos fuimos a tomar el aperitivo al Corrillo. A un sitio donde te pusieron un plato de callos buenísimo. Te supo a gloria. Y yo feliz de pasar contigo ese momento

Pero bueno. Me cuesta asimilar que no volverá. Que ahora empieza un nuevo día. Uno más y uno menos. Una idea que me obsesiona. Como siempre.

El tiempo. El maldito tiempo, que no para me pone nerviosa. Es algo que no me había importado hasta hace nada y la verdad es que me agobia, pero bueno. Lo normal a una edad. Te da la sensación de que todo va más rápido.

Hoy el texto es un poco corto, pero llevo algunos días pensando en dae carpetazo a este blog que tantas satisfacciones me ha traído, No sé si lo haré o no, pero bueno. Lo iré pensando en función de mi estado de ánimo.

¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La noche que te caíste sobre mi precioso árbol de Navidad (mi héroe)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido un día espléndido. La verdad. Parece mentira que estemos a finales de noviembre. Pero mejor. Ya sabes que el sol me da energía para afrontar cada día. Me encantan los días de sol.

Y eso que ya estamos casi en diciembre. Pero bueno. Sí. Queda poco para que llegue Navidad.

Estoy dudando si poner árbol de Navidad o no. Llevo tiempo pensándolo, pero este año no habrá regalos ni nada. Anoche me acordaba de una madrugada que te levantaste a ver el tiempo.

Me acuerdo que siempre en la mesa de la cocina tenías una caja de Fernanditos y que te levantabas a comer unos cuantos. Una sana costumbre. Despertate a media noche y comerte unos dulces.

La que liaste. Por lo que fuera perderías el equilibrio y te fuiste contra él. Yo estaba tumbada en la cama. Serían las cuatro de la mañana o así. Y cuando me levanté por el ruido, te habías ido al suelo ya.

Menudo susto, peque. Al final, por suerte, sólo quedaron unas cuantos cristales rotos en el suelo y tu vencido sobre él, pero bueno. Otra anécdota para contar.

Qué máquina eras. Ayer lo comentaba con unos conocidos. Qué suerte tener un padres y una madre como los que tuve yo. Realmente siempre valoras las cosas, pero cuando te faltan se convierten en una pesadilla.

Curiosamente, su canción favorita era la de mi héroe. ese himno hermoso que compuso Antonio Orozco y que tuve el privilegio de ver en el CAEM. Y lloré, por supuesto que lloré. Mi sensibilidad está a flor de piel.

En fin, peque. Te dejo. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Mi viaje a Lyon entre chocolates, motos y árboles de Navidad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido uno de esos días que odio, realmente. Está todo nublado y anoche hacía un frío que pelaba, pero bueno. Lo normal en estas fechas, papá.

Hay días que me pregunto por qué sigo escribiendo este blog. Si realmente no me pasa nada interesante que contarte. Y recuerdos ya he narrado tantos, que no sé qué decirte.

Aparte de que estoy algo melancólica por este clima y que aún no bajé a la Plaza Mayor a ver las luces de Navidad, poca cosa más.

Me he hecho una maniática de los números. Siempre estoy buscando las 11.11, las 11.44… Tantas que no te las podría decir, pero bueno. Yo creo que hay veces en los que te aburres tanto que es normal.

Mirando mis fotos me doy cuenta de que hace dos años estaba en Lyon. Fue mi primera escarpada.internacional antes de que mamá se pusiera enferma, pero bueno. Y tengo tantas imágenes metidas en mi cabeza, que es imposible sacarlas.

Estuve a punto de darme la vuelta en Madrid por lo que se veía a través de la cámara que teníamos ubicada en vuestra habitación.

No sé si es peor tener memoria o no tenerla, realmente. A veces pienso que ojalá alguien pudiera borrar todos los recuerdos de tu mente. O por lo menos los malos. Los que me traen por la calle de la amargura.

Una vez allí, me sumergí en un mundo mágico. Había un precioso centro comercial lleno de luces de Navidad y además era Black Friday.

Te puedes imaginar el peligro. Me compré cuatro o cinco cositas en Zara y encontré una bombonería de lujo, llamada Jeff de Bruges, donde adquirí un montón de chocolates pensaba sobre todo en la ilusión que le iba a hacer a mi princesa.

Y cuando regresé se los di. Le hicieron ilusión, pero ya no igual que antes. Llegué a su cama y le empecé a contar mi aventura. Y se moría de la risa. Algo normal en mí cuando estoy de buen humor, que no es siempre.

Pero ella, igual que tú, entendían que de vez en cuando una pequeña locura, no viene mal para desconectar de la realidad. O al menos eso pienso yo.

Demasiado complicado es vivir como para estar de continuo cayendo en una rutina que no nos gusta a nadie.

Así que voy a planificar mi día ya. Que no quiero que sea un domingo más. Quiero que sea especial.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

El árbol con forma de campana da la bienvenida a la Navidad charra


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. ¿Y vosotros? Espero que bien también. Hoy ha amanecido otro día de esos fríos y sin sol que me ponen tan nerviosa. Pero es lo que toca en esta época.

Nunca me gustó demasiado esta estación del año. Ya sabes que para mí el sol es sinónimo de vida. Y en cuanto aparece un rayo, ahí estoy yo puesta.

¿Has visto ya cómo está la Plaza Mayor? Pues con la Campana que anuncia que ya pasó un año más. Otro, papá. Las terceras navidades sin ti y las segundas sin mamá.

Y me sigue costando asomarme a la ventana y ver a la gente sonreír y que es feliz. Bueno no. Son felices porque están todos juntos. Y eso es algo fundamental para alcanzar la felicidad.

Pasaron de ser mis fiestas favoritas a convertirse en una auténtica pesadilla. De ir cantando feliz por la calle a casi preferir no mirar hacia arriba.

No sabes lo que daría por volver a ver el mar. Realmente. Es algo que me tiene loca. Ese ruido cautivador, hechizante, maravilloso, que a los dos nos encantaba. Pero bueno. Supongo que ya queda un poco menos para volver a un mar maravilloso y relajante donde poder quedarme horas sentada dibujando corazones con nuestros nombres. Es algo que este año hecho ya en 3 ocasiones. Pero me gustaría volver a repetirlo antes de que termine el año.

No lo veo muy claro de momento. De hecho, aunque no te lo creas, tengo un poco de vista cansada en uno de los ojos, pero bueno. Lo normal. Vamos. A una edad siempre te empieza a fallar algo.

Tú llevaste gafas desde que eras bien joven. Y a mamá se las pusieron cuatro o cinco años antes de iniciar su último viaje. Qué guerra con las gafas todo el día. Que si las perdía, que no encontraba el otro par… Madre mía. Qué locura. Pero bueno. La cosa sería así. Ella y sus peculiaridades. Se quedaba dormida hasta en un banco esperando a que yo saliera de gimnasia y luego siempre nos íbamos a algún centro de estética a que me hicieran un tratamiento. Luego un rato de compras, meriendita rica y poco sana y después de chateo.

No hace falta que os diga lo que os echo de menos, pero bueno. En realidad no es necesario. Lo sabéis desde que amanece. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las luces que ya anuncian la cercanía de la Navidad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Terminando ya noviembre. Hoy es el Black Friday. Uno de mis días favoritos del año. Antes, claro. Ahora saldré a dar un paseo y a mirar escaparates.

Y con un poco de suerte, por la tarde cuando caiga la luz iré a ver la campana que han puesto en la Plaza Mayor para anunciar la llegada de la Navidad.

Anoche vi las luces iluminadas por primera vez. Y fue una sensación, tan hermosa. Me acordaba de cuando venía cantando villancicos por la calle porque sabía que alguien me esperaba en casa. Hoy me hace ilusión, pero de otra manera. Los últimos años, mamá y yo solíamos hacernos allí una foto, que ahora no conservo porque mi móvil tuvo un pequeño accidente, pero no pasa nada. Hice una con las luces y ya está.

Recuerdo que por estas fechas dedicábamos el tiempo a hacer compras de Navidad. Luego, tradicionalmente, a las 7 o así nos solíamos tomar un chocolate con churros (el último que probamos fue uno blanco (buenísimo). A mí princesa le había dado un derrame en el ojo, pero con eso y con todo, nunca se le quitaba ese gustazo. Así estaba ella de rellenita. Pero bueno. Estaba guapa. Como siempre.

Como no hay que perder las buenas tradiciones, volveremos. Seguramente. Así que nada.

Una de las últimas noches, antes de que te fueras, llegaba yo a casa cantando ‘All i want for Christmas is you’. Esa canción tan bonita de Mariah Carey. Ahora ya no canto, al contrario. Me produce cierta nostalgia, pero bueno. Esto es la vida, papá. Así de real y de cruel. Y así hay que aceptarla. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las maravillosas columnas del Corrillo que marcan los días de la semana


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. Madrugando mucho. Mira las horas que son y de fondo suena «Galilea», una canción de Sergio Dalma que me recuerda a hace muchos años. Cuando yo era joven directamente. «Vestida de rojo. En punto a las diez».

La escuché hace tanto tiempo. Y me sigue gustando como antes. Ayer hizo un día horroroso, de lluvia. De esos que odio, que no te dan ganas de nada, la verdad. Pero bueno. Al final algo hicimos. 24 horas dan para mucho.

Frente a la tristeza infinita que me producen los días grises, la belleza de una foto que he recuperado de mi álbum. La columna del Corrillo que indica el domingo.

Poca gente conoce que allí se pueden ver todos días de la semana en forma de planeta. La luna, Marte, Mercurio, Júpiter,Venus, Saturno y el sol. Y yo lo sé gracias a ti. A todo lo que me enseñaste en aquellos paseos tan hermosos que dábamos los domingos por la mañana.

Sé que me repito mucho, pero nunca podré olvidar el pincho de tortilla que nos ponía el hombre de La Latina. Qué cosa tan deliciosa. Llevaba ajo y perejil. Y un pequeño trozo de pan.

Manjar de dioses. Como decías tú, pero bueno. Ni sé el tiempo que hace que no lo como. Hay costumbres que no se deberían perder. Como mi cabeza no para de pensar, me doy perfectamente que era un par de días después de que me hubieran sacado unas muelas. Tenía bastante dolor en la boca y fue tu manera de consolarme.

Siempre encontrabas la manera de calmar mis lágrimas. Con un regalito, con un tierno beso, o con cualquier cosa. Lo que viene siendo un padre para mí único. Y cuando regresábamos, tú a comer los deliciosos platos de mamá y yo a rezungar porque no me gustaban, pero bueno. No pasa nada. Hoy por hoy sigo con esa costumbre. Solo me gusta la comida que no es casera. Y ya no voy a darle más vueltas.

Yo creo que con unos años. Y a mí ya me han caído unos cuantos, pues no se puede intentar cambiar a una persona. Por suerte o por desgracia. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ❤️

Las noches de amigas con palomitas, pizza y tu nombre en nuestra cabeza


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido otra mañana cubierta de niebla, propia de estas fechas. No veas el frío que pasé ayer por la noche dando un amplio paseo por la ciudad.

Me maquillë. Hacía mucho tiempo que no me ponía pintura en los ojos. Quería estar guapa por si iba a algún sitio, pero al final fue para nada. Para regresar a casa tal cual, pero con la nariz roja y los pies helados.

Mira qué foto tan bonita he encontrado. Estamos tu amiga Sarah, la chica espectacular que trabajaba en la piscina, y yo en el cine. Ese día me puse los labios rojos y sonreía mucho.

Hay una palabra que define ese estado: felicidad. Me había puesto un vestido de cuero muy sexy y nada. Al llegar a casa, que tú ya no estabas, compramos una pizza deliciosa, un paquete gigante de palomitas y una botella de cava y estuvimos un buen rato.

Recordando muchos momentos chulos con los piscineros. Siempre que te veía bajar por la rampa de Tejares con tu bastón, corría hacia ti para cogerte del brazo y llevarte hasta su puesto. Allí os pasabáis horas dilucidando de lo divino y de lo humano. Pero siempre te veía feliz a su vera.

Siempre te gustaron las chicas guapas. Y, claro, tus amigos, muertos de envidia, sana, sin maldad alguna, Qué grupito tan majo hacíais. Y este verano ha sido tan extraño en realidad. Pero ya queda un día menos para que venga el próximo y algún día con más temperatura para lucir ese vestido, que también me llevé a Lyon para ver a mis chicos locos del motocross freestyle. Y que me sentaba como un guante.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. No te escribo más porque uno de los ojos me molesta un poco, como si tuviera vista cansada, pero nada grave en realidad. Cosas de la edad. ¡Cuidate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️