Un cocido para dos y un abrazo que me haga sentir que mi corazón sigue latiendo


abrazo
Tú y yo, dos gotas de agua, dos almas gemelas.

¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Supongo que aún riéndote de verme bailar en la clase de zumba. Yo también me río, aunque tengo agujetas hasta en las pestañas. Pero esas danzas me ayudan a liberar el estrés que acumula mi cuerpo y coordinar los movimientos también me sirve para estimular el cerebro. Continúa leyendo Un cocido para dos y un abrazo que me haga sentir que mi corazón sigue latiendo

Llegó la primavera a la ciudad, todo ha cambiado de color (o casi) con superluna de gusano


primavera
Los árboles, llenos de brotes, ya tiñen de color las calles de tu querida Salamanca.

¡Hola, papá! ¿Cómo sigue todo?

Supongo que hoy estás feliz, porque ahora Mariko, tu ‘hija’ japonesa, te lleva en su corazón y, pese a que siempre juraste y perjuraste que no ibas a montar en avión, en unas horas un trocito de ti, hecho cenizas, cruzará el océano a no sé cuántos miles de metros de altura para que, por fin, puedas ver Japón y saludar a tus ‘nietos’, que tanto lloraron tu pérdida. Continúa leyendo Llegó la primavera a la ciudad, todo ha cambiado de color (o casi) con superluna de gusano

Las cigüeñas, ya no tempraneras, sobrevuelan majestuosas el cielo de Salamanca


cigueña

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Por aquí todo más o menos bien. La verdad es que estoy hecha un manojo de nervios pensando en la introducción de ‘La campana del Carnaval’. Estar a tu altura va a ser complicado, aunque mis amigos coinciden en decir que no tengo por qué intentar imitar tu estilo (tampoco es lo que pretendía) y que al final saldrán en esas páginas lo que me diga mi corazón.

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Tres meses sin mi vida y tu memoria que florece cual rosal en primavera


rosal

¡Hola, papá! Hoy sé que también estás feliz. O al menos eso espero. Yo feliz, nerviosa, emocionada, orgullosa y cansada de dar patadas por Salamanca. Continúa leyendo Tres meses sin mi vida y tu memoria que florece cual rosal en primavera

Los ‘fernanditos, el momento más dulce del día y de muchas noches


¡Hola, papá! Hoy he vuelto muy cerca de la casa que te vio nacer. Últimamente me gusta mucho pasear por allí. En cierta manera te siento conmigo. Continúa leyendo Los ‘fernanditos, el momento más dulce del día y de muchas noches

Un tipo afable que nunca se cansaba de aprender y buscar en el Archivo Municipal


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¡Hola, papá! ¡Vaya día que ha amanecido! Hace un frío que se mete por los huesos y además llueve. Y lo peor de todo es que tus gorras y tus guantes están aquí. Se me olvidó mandártelos en el pequeño equipaje que preparamos para tu último viaje.

¡Qué cabeza la mía! Espero que por allí alguno de tus amigos, cada día se van marchando más , por desgracia, te presten una, porque ya no recuerdo si te puse algunas monedas por si las necesitabas.

Mi espalda está regular. Ya te dije ayer que no es lo malo el masaje para aliviar las contracturas, sino las horas siguientes. Además, ha sido otra mañana de no parar. Ahora tengo muchas cosas que hacer, entre ellas cuidar a mamá y la verdad es que a veces siento que me faltan horas, especialmente para las gestiones administrativas.

Media mañana perdida en el centro de salud, otra media en Servicios Sociales y luego una visita al Archivo Municipal para un proyecto que ya te iré contando si sale bien.

Y claro, ya sabes que fue llegar allí y recordar las horas que pasaste sentado en sus mesas buscando documentación para el ‘Callejero Histórico Salmantino’. Hoy estaba vacío, pero cuando estaba mirando cada uno de esos rincones, apareció uno de los trabajadores por allí, que lógicamente se quedó extrañado por mi presencia.

Le expliqué que era tu hija y que estaba curioseando la sala porque tú ya no estabas y me gusta ver los sitios en los que tú eras tremendamente feliz. Enseguida me habló de tus libros, de la cantidad de tiempo que pasaste allí y lo que más me gustó es que dijo una gran verdad: “Tu padre era un hombre muy afable y simpático”. No veas la felicidad que se siente cuando la gente te recuerda como una persona así. Él mismo me explicaba que no es lo normal, que hay ‘cenutrios ‘ que ni tan siquiera saludan.

Amablemente me invitó a que volviera si algún día tenía que hacer alguna consulta. Y yo le respondí que si algún día me decido a seguir tus pasos y escribir un libro, estaría encantada de volver allí y ocupar uno de esos asientos.

Sé que me repito mucho, pero es que realmente es un orgullo que los que te conocieron tengan siempre buenas palabras sobre una persona tan increíble como tú, porque aquí no creo en ese epitafio que tanto te gustaba de Enrique Jardiel Poncela que decía: “Si queréis los mejores elogios, moríos”.

Hablando de muertes. Cuando abrí el buzón encontré la última carta del hospital, la de tu fallecimiento. Ahora toca actuar contra todos los que te llevaron al fatal desenlace. Y lo voy a hacer por ti. No sé de donde voy a sacar las fuerzas, pero lo voy a hacer. Tanto sufrimiento, tanto dolor, tantas horas de quirófanos, noches sin dormir, angustia, depresión… Para al final por un cúmulo de negligencias quedarme sin el amor de mi vida.

Te dejo, papá. Si te encuentras con tu admirado Gabo (Gabriel García Márquez) acuérdate de felicitarle, que hoy hubiera cumplido 86 años. Tápate bien esta noche, ya que yo ya no puedo hacerlo. Y recuerda lo que te digo siempre: ¡Te quiero, mi vida!

Mañanitas en el campo San Francisco entre versos de Becquer


Mañana del 17 de febrero en el campo de San Francisco

¡Hola, papá! ¿Cómo sigues? Aprovecha el solecito de hoy, que nuestro barómetro aneroide ya tiene la aguja en dirección a lluvia y parece que mañana el invierno va a volver a hacer su aparición después de esta pequeña tregua.

Y como hoy es domingo, y los días se hacen eternos sin tu presencia, decidí ir al campo de San Francisco, un lugar bucólico, romántico, silencioso, rodeado de naturaleza y donde uno puede estar rodeado de una calma difícil de encontrar en la ciudad. Además a esas horas mucha gente aún duerme, porque es su día de descanso o porque la noche fue larga e intensa.

Se me hace muy extraño ir allí sin llevarte cogido del brazo, o sin que el tuyo rodeara mi hombro, a la vez que se te escapaba algún beso. Los niños jugaban en el parque en el que tantas veces de pequeña yo también jugué. Felices balanceándose en su columpio, mientras mi mente se trasladaba a mi infancia, una etapa de mi vida que no se puede olvidar cuando has tenido un padre que se ha encargado de que fuera única, especial y donde además de tiempo para la diversión, también lo había para los paseos culturales y para que conociéramos cada uno de los rincones de tu amada Salamanca.

Por eso fui allí. Para contarte que en el campo San Francisco todo sigue prácticamente igual. Parece que el tiempo se hubiera parado hace muchos años. Los bancos de piedra, los árboles enormes y me atrevería a decir que centenarios, las enormes sombras para refugiarse del sol en los días de verano. Todo. Sólo faltabas tú.

Así que aprovechando la generosidad del astro rey, me senté un rato en uno de esos bancos y cogí mi móvil para ver lo que había pasado por el mundo. Entonces encontré que se conmemoraban los 183 años del nacimiento de uno de tus referentes literarios: Gustavo Adolfo Bécquer, cuyos libros ocupan un lugar especial en las estanterías de casa.

Y pensé que era el sitio perfecto y el momento perfecto para recordar alguna de sus ‘Rimas y leyendas’ y rememorar una frase que ya dudo si te encajaba a la perfección, porque aunque siempre fuiste un bohemio, soñador y excepcional escritor, sabías de sobra que la literatura hoy en día es un negocio, puro interés, donde, salvo excepciones, lógicamente, lo que prima son las obras escritas por autores anónimos que firman otros de ‘reconocido’ prestigio, plagios descarados, que no hace falta que te recuerde o juntaletras de medio pelo que salen en televisión.

Pero quiero recordar esa frase, que Bécquer dijo cuando ya agonizaba, porque si hubieras sido contemporáneo, quizá hubiera salido de tu boca: “Si es posible publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo”.

Otro genio, como tú. ¡Te quiero, papá!

P.D: Seguro que te hubiera gustado más una foto en la que se viera mi cara, pero la luz de mi mirada se apagó el 15 de diciembre y sólo brillan cuando las lágrimas comienzan a brotar. Estoy luchando por recuperarla, pero dame un poco de tiempo, mi amor.