Cuando la añoranza se mete en tu mente y en tu corazón (felicidades, papá)


¡Hola, papá! ¡Felicidades! ¿Cómo estás? ¿Y mamá? Por Salamanca todo tranquilo. No hay muchos cambios en la situación.

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Mañanitas de febrero con sabor a sal, a mar y a recuerdos imborrables


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? ¿Y mamá? Por Salamanca todo tranquilo. Dicen los meteorólogos que será el invierno más caluroso desde hace muchos años. Sólo quedan 38 días para que llegue la primavera.

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San Roque, la fiesta de Deba y los 42 años de la muerte de Elvis Presley


!Hola, papá! ¿Cómo estás? Aquí festejando San Roque. ¡Madre mía! Cuántas fiestas en toda España, pero sin duda seguramente te quedes con la que viviste en tu primer mar, en Deba.

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Reventones, carreras, tortellini y reencuentros con los amigos de siempre


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Foto: Teresa Sánchez

¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Yo ya sabes que hoy es domingo de motos y no he podido contener mi emoción cuando ha ganado Tony Arbolino. Y ahora me dirás que quién es ese. Jajaja. Pues un italiano, que siempre me ha encantado su manera de pilotar.  Pero vamos a dejar las motos, porque sé que te aburren mucho. Continúa leyendo Reventones, carreras, tortellini y reencuentros con los amigos de siempre

Tu primera jornada de reflexión con vistas al mar y una paz infinita


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Los paneles con la propaganda electoral ya retirada en el día de reflexión.

¡Hola, papá! Hace unos días que no te pregunto qué tal va todo, pero a través de ese sexto sentido que nos unía, siento hasta envidia de imaginarte allí despertando con el delicado ruido de las olas del mar y viendo atardeceres únicos desde ese lugar lleno de paz, de naturaleza y de gaviotas en el aire que es Santa Catalina
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¡Vuela alto! (el día en que Nacho volvió a Santa Catalina para quedarse en su mar)


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El libro de metal donde las cenizas de Nacho viajaron hasta Santa Catalina y donde están los recuerdos que allí le dejé.

¡Hola, papá! Te siento feliz. Feliz y libre. Libre como las gaviotas que esta mañana sobrevolaban por la playa de Deba, tu primer mar, el que cautivó por su infinita belleza y dejó preso tu corazón. Continúa leyendo ¡Vuela alto! (el día en que Nacho volvió a Santa Catalina para quedarse en su mar)

El mal humorado anciano y la señora del gorro de margaritas de la playa de Deba


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¡Hola, papá! ¿Cómo llevas el domingo? Por aquí la cosa está más o menos tranquila. Después de algunas semanas de sobresaltos de salud, parece que mamá está estabilizada y, al menos, no tenemos que volver a pisar el maldito hospital. Continúa leyendo El mal humorado anciano y la señora del gorro de margaritas de la playa de Deba

Preparando la maleta para el viaje de cumpleaños a tu primer (y último mar)


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¡Hola, papá! ¿Cómo sigues? Supongo que contento porque en una semana volverás a tu primer mar, que, por desgracia, también será el último. Tengo un nudo en el estómago de pensarlo, porque egoístamente quiero que estés siempre a mi lado, pero sé que allí, en la playa de Deba, en ese río grande que mirabas mientras te acercabas con el tren y en el que no alcanzabas a ver el fondo, serás feliz.

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Nostalgia de tu amada Deba en una gélida tarde invernal


¡Hola, papá! ¿Qué tal va todo? Yo hoy tengo un día en el que la melancolía invade mi alma. No sé muy bien por qué. Supongo que el silencio que hay en casa desde que tú te fuiste tampoco ayuda mucho. Y además el invierno se ha recrudecido y mis manos están casi tan gélidas como mi corazón.

Después de 7 semanas logré hablar con tus amigos Joserra y Marián. Sí. Esos a los que dedicaste aquel precioso artículo titulado ‘El primer mar’, que aún cuelga en un lugar privilegiado del restaurante ubicado en la misma plaza de Deba.

¿Recuerdas los huevos fritos con patatas caseras y jamón que nos comimos allí hace casi un año? Y, por supuesto, tu botella de Remelluri, especialmente descorchada para celebrar el reencuentro después de más de una década sin volver por allí.

La verdad es que pensaron que la llamada era para decirle que volvíamos, pero rápidamente el tono de voz les cambió cuando les conté que no, que era para comunicarles algo triste. “Ay, el aitá”, exclamó Marián mientras yo sujetaba el teléfono con las manos temblorosas y los ojos empapados en lágrimas. Sólo pude responder que sí y hacerle un breve resumen de cómo fue todo. Pero no te preocupes, mi amor, hemos quedado en que nos reencontraremos. Y ese día el local permanecerá cerrado para dedicarlo entero a nosotros y especialmente a ti.

No sé por qué desde el primer día que me hablaste de Joserra lo imaginaba como el típico señor vasco, de complexión fuerte, alto. Lo que tú llamabas un tiarrón, para entendernos. Mi sorpresa fue cuando me lo presentaste y era todo lo contrario. Un hombre de estatura normal, más bien delgado y con gorra para protegerse del frío y gafas. Amable, generoso y muy entrañable.

Creo que si estás leyendo esto te vendrá a la cabeza el famoso rodaballo al que te invitó en una de tus últimas visitas (yo no fui en esa ocasión), y que te conquistó el paladar por su frescura y su exquisitez. Recién traído del mar, comentabas siempre que hablabas de aquella comida.

La verdad es que hay veces que las mejores fotos las tiene uno guardadas en el disco duro de su memoria. Y de esas tengo mil, porque te fascinó volver allí, a pesar de que llegaste reventado al tren después de una larga caminata para poder volver a escuchar el ruido de ese primer mar, de ese río infinito que conociste con 18 años y que te dejó fascinado para siempre.

Como el destino es caprichoso, quiso que precisamente aquel primer mar fuera el último. Quizá porque se te olvidó tocar la campana de Santa Catalina para pedir volver otra vez. Pero siempre me quedará el orgullo de haber estado contigo, agarrada del brazo, contemplando las olas y regalándote un beso infinito en ese lugar mágico para un bohemio soñador de ojos grises cautivadores.

Espero que te haya gustado este pequeño recorrido por nuestra historia reciente y que tú estés feliz viendo todo desde donde estés. Al final yo siempre te ‘reñía’ porque le ponías finales tristes, extremadamente tristes, a tus cuentos. Ahora me puedes regañar a mí por no contar los cientos de anécdotas divertidas que hemos pasado juntos, pero que tengo guardadas en la recámara, porque también quiero que te rías cuando las recordemos juntos. ¡Te quiero, mi vida!