Recordando a Miguel Hernández y la ‘Nanas de la Cebolla’ siempre leías en el aniversario de su muerte


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¡Hola, papá! ¿Cómo sigues? Hoy casi me puedo imaginar que estás con un libro, pero no con uno cualquiera, porque en ese calendario que aún sigue sobre la mesa de tu despacho, que paraste el 6 de octubre, seguramente que tendrías apuntado que hace 42 años moría otro genio de las letras: Miguel Hernández. Continúa leyendo Recordando a Miguel Hernández y la ‘Nanas de la Cebolla’ siempre leías en el aniversario de su muerte

Tu primer golpe con mis guantes de boxeo, con el que casi hiciste un KO


charlie¡Hola, papá! ¿Cómo va todo? Hoy ha amanecido la mañana fresquita y otra vez me he vuelto a acordar de tu gorra y de tus guantes para resguardarte del frío.

Por aquí las cosas siguen más o menos. Mamá parece que va un poco mejor, aunque el próximo día 1 tenemos que ir al cardiólogo porque le va el corazón lento. Espero que no sea nada grave, porque la pobre lo está pasando mal con la diabetes. Su índice de glucosa baja sin avisar y me tiene realmente preocupada. Continúa leyendo Tu primer golpe con mis guantes de boxeo, con el que casi hiciste un KO

La misteriosa dama de la maleta roja que durmió un gélido invierno en un portal


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La misteriosa dama de la maleta roja buscando el sol después de las gélidas noches durmiendo en un portal.

¡Hola, papá! Hoy te escribo desde tu despacho. Necesito encontrar una foto especial para la Feria Municipal del Libro. ¡No te imaginas la cantidad de recuerdos que se agolpan ahora en mi cabeza! Continúa leyendo La misteriosa dama de la maleta roja que durmió un gélido invierno en un portal

Las flores inmarchitas de la última función en el viejo Teatro Liceo


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Las flores que Lucía Quintana dejó sobre el escenario en la última función del Teatro Liceo, que hoy siguen igual de hermosas en mi habitación.

¡Hola, papá! ¡Vaya domingo bonito que ha amanecido! Y de momento parece que va a seguir el buen tiempo toda la semana. Ya sabes que el barómetro aneroide es infalible, aunque nunca entenderé realmente cómo puede predecir la meteorología con tanta precisión. Continúa leyendo Las flores inmarchitas de la última función en el viejo Teatro Liceo

Un cocido para dos y un abrazo que me haga sentir que mi corazón sigue latiendo


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Tú y yo, dos gotas de agua, dos almas gemelas.

¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Supongo que aún riéndote de verme bailar en la clase de zumba. Yo también me río, aunque tengo agujetas hasta en las pestañas. Pero esas danzas me ayudan a liberar el estrés que acumula mi cuerpo y coordinar los movimientos también me sirve para estimular el cerebro. Continúa leyendo Un cocido para dos y un abrazo que me haga sentir que mi corazón sigue latiendo

El reloj que debió parar el tiempo el Día del Padre de hace casi dos décadas


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El Lotus de titanio, el reloj que marcó las horas en tus últimos 19 años

¡Hola, papá! Hoy es mi primer día del Padre sin ti. Pero ¡muchas felicidades! Felicidades y gracias por haber sido el mejor progenitor del mundo. Por enseñarme todo lo que ahora sé, por inculcarme tus valores, tu educación y, especialmente, a apreciar un buen libro, un cuadro o simplemente la belleza de un atardecer a la orilla del mar. Continúa leyendo El reloj que debió parar el tiempo el Día del Padre de hace casi dos décadas

Mañanitas por El Corrillo con don Miguel de Cervantes y su magistral pluma


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¡Hola, papá! ¿Qué tal ha empezado la semana? La mía de locura. Últimamente es un no parar, pero me viene bien despejar un poco la mente. Acabo de abrir Twitter y leo con preocupación que ha habido otro atentado terrorista en Utrech. El mundo está muy loco. Yo creo que los pocos cuerdos que quedabáis estáis por allí arriba (aquí también quedamos algunos, por supuesto) Continúa leyendo Mañanitas por El Corrillo con don Miguel de Cervantes y su magistral pluma

Las cigüeñas, ya no tempraneras, sobrevuelan majestuosas el cielo de Salamanca


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¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Por aquí todo más o menos bien. La verdad es que estoy hecha un manojo de nervios pensando en la introducción de ‘La campana del Carnaval’. Estar a tu altura va a ser complicado, aunque mis amigos coinciden en decir que no tengo por qué intentar imitar tu estilo (tampoco es lo que pretendía) y que al final saldrán en esas páginas lo que me diga mi corazón.

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Tus ojos grises, los del color de mar en invierno


Hola, papá. ¿Qué tal va todo? Hoy es el día de las Águedas, ese que tanto criticabas a la par que reivindicabas, entre comillas, que cuando los hombres tendrían también un día para irse de comida o cena con los casados y luego de fiesta hasta las tantas de la noche. Y es que eras un rebelde con causa.

El otro día, mirando en Internet el título definitivo de este blog, porque quiero que se identifique plenamente contigo, encontré algo que me sorprendió, gratamente, además.

Si hay algo que llamaba la atención en cuanto te fijabas en tu cara, y creo que ya me repito, era el color de tus ojos. Y mira lo que me encontre: “Dicen que los ojos grises tienen el color del mar en invierno, del plúmbeo atardecer en los países norteños. Que es la mirada de las personas soñadoras que miran el mundo con un halo de sutil recogimiento, melancolía y enorme curiosidad. La poesía dice mucho de los ojos grises, no obstante, se sabe que no son muy comunes. Si es tu caso, si tu mirada deslumbra con este matiz especial, habrá instantes en que muchos te digan que tienes el iris del ojo azul y no gris. Otros, en cambio, te dirán que en efecto, que tu mirada tiene la tonalidad de las piedras relucientes de los ríos, o de esas canicas mágicas con las que muchos jugábamos de niños”.

Cuando leí lo del mar en invierno recordé que quizás por eso te hechizaba mirar al mar, como en la imagen que ilustra este texto, te encantaban los atardeceres, como a mí si estabas a mi lado, y es verdad que tu ojos escondían un toque melancólico, yo añadiría que bohemio, y que eras tremendamente curioso.

Y para mí, además de saber de sobra que no eran comunes, eran los más bonitos del mundo. Tenían algo de la genética de la abuela. Por desgracia yo los saqué con un tono miel verdoso, que nada tienen que ver con los tuyos. Bueno sí. Son igual de grandes y ahora también esconden un toque de melancolía. Lucen apagados, sin brillo, porque las lágrimas por saber que aunque te siento a mi lado cada minuto del día, ya no estás.

Pero me he prometido a mí misma que este sea un lugar para recordar muchos buenos momentos, si bien es cierto que es inevitable que algunos días me cueste o prefiera contarte cosas como ésta.

Bueno, papá, por el mundo las cosas siguen poco más o menos. Ya sabes como te digo, porque cambiarlo es difícil. Te dejo, mi vida, que disfrutes del solito que hoy también hace que parezca más una mañana primaveral que de invierno. ¡No veas cómo se notan ya los minutos al amanecer y al anochecer! Un beso infinito. ¡Te quiero!