Los divertidos muñecos de nieve con nariz de zanahoria y ojos de aceituna


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Amaneciendo en este domingo 10 de enero. Ya han pasado 10 días desde que comenzó el año. Parece mentira. Ha amanecido un día fresquito, aunque luego a mediodía suele abrir y el solecito ayuda a levantar un poco la moral.

En 2021 nevó. Ya sabes que la nieve es una de las cosas que más me gustan. Pero de momento creo que habrá que esperar no demasiado para ver las calles recubiertas con una enorme de copos blancos.

Cuando el año anterior la terraza se cubrió de nieve, me quedé con ganas de hacer enorme muñeco en la terraza. Pero no tenía ni gorritos, ni zanahorias ni aceitunas para ponerle en la cara así que hoy me pasaría exactamente igual.

Lo más divertido de todo es que te entretienes. Como cuando era pequeña. Le solíamos poner una bufanda al hombre de hielo, que aguantaba bastante tiempo en pie. No sé por qué me hacen tanta ilusión esas cosas. Retazos de mi época infantil.

Esa etapa maravillosa de mi vida en la que tan bien lo pasamos. Ahora, cuando desayune, que hoy es un día tranquilo para todo, saldré a dar una vuelta por la zona antigua. Y luego a comer. Para variar. Una rutina bastante normalita. Con lo que era yo. ¿Verdad, peque?

Un terremoto, pero los años te van cambiando poco a poco esa fogosidad. Y al final, pues eso. Te vas asentando de cuerpo, porque de cabeza sigo igual de loca que siempre. La locura no tiene cura. Otra de mis frases favoritas. Bendita locura para seguir viviendo. A mi manera. Pero viviendo. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ❤️

Las mañanas por las calles de La Alberca con los marranos sueltos por la calle


Hola papá. ¿Cómo estás? Yo bien. En la camita todavía. Hace un trio que pela, pero bueno. Lo normal de esta época. Así que hay toca desayunar algo calentito. Siendo prácticos, me haré una tostada y una infusión de manzanilla y mi zumito de naranja. Y luego a dar un paseo, como siempre. No muy largo, porque me duele una cadera, pero que es normal con la edad.

Mira qué foto tan simpática he encontrado. Estamos los 6 en La Alberca (falta la que estaba haciendo la foto). Cómo es lógico. Tendría yo ahí unos cuatro años y estaba supergraciosa. Porque tenía yo unos pantalones vaqueros y un jersey granate. Estoy con mamá y las tías. Supongo que iríamos a comprar el embutido típico de por allí.

Lo que más me gustaban eran las hogazas de pan recién hechas. Los chuscos.

¡Qué ricos! Cuando llegábamos donde el señor Eusebio, nos lo rellenaba de chorizo y nos los comíamos.

Lo más divertido era cuando soltaban el marrano por las calles y nos resguardábamos todos en el puerta de la panadería. Qué estampa tan divertida.

Lo que me ponía el estómago del revés era ver a los jabalíes colgados de las paredes de la plaza. Siempre me han dado mucho asco los bichos muertos. Y 40 años después, me sigue pasando lo mismo. Hay cosas que no van a cambiar nunca. Odio las carnes de cordero, de conejo y todas esas cosas. Por suerte me quedé con tu carácter. Y ya.

Ahora en casa ya no tengo embutidos tan ricos. Si no, ahora mismo me pondría a hacer un hornazo, en vez salir a dar un paseo, pero pasear es bueno para despejar la cabeza mover un poco los músculos.

¿Sabes, peque? Tengo ganas de volver a allí. A comprar chorizo no sé, pero a hacer puenting si. Aunque creo que me queda bastante para poder algo para liberar adrenalina, que es lo que más me divierte en la vida.

Patricia y sus locas aventuras. Un caso perdido, pero bueno. Por lo menos me estoy riendo, que no es poco.

Recuerda que me hiciste un cartel que ponía: «Hornacera mayor del universo». Uno de mis favoritos. Como todo lo que tú me hacías.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La noche de Reyes más triste de mi vida


¡Hola, papá! ¿Cómo estáis? Yo en casa. Me he levantado con una tristeza infinita. La mesa del salón está vacía. No hay regalos, no hay nada. Un paquete de pañuelos para enjuagar mis lágrimas.

Qué diferencia. Cuando estábamos los tres aquí juntos yo ponía vuestros zapatos y me levantaba a media noche a poner lo que os había comprado. No podía dormir de la emoción de pensar si os iba a gustar.

Yo que siempre creí en los Reyes Magos. No hace tanto tiempo que le poníamos unas copitas de anís o coñac y unos dulces para los camellos. Anoche ya ni los puse. Sí total. Me iba a dar lo mismo. Ya sabía que al no estar vosotros, todo iba a ser diferente

Además, eché en falta una buena cena, como la que nos hacían en Santa Marta. Llegué a casa pensando en las almejas y las gambas que nos preparaba el cocinero de la residencia de Caja Duero.

En mi bolsillo dos euros y un buen puñado de caramelos de la Cabalgata de Reyes, que esta mañana regalaré a algún niño. ¡Una tristeza¡

Aún recuerdo aquella mañana que te despertaste u tenías un viaje a San Sebastián en tu zapato. Empezaste a llamar por teléfono a todo el mundo con una alegría infinita. Cuando lo reservé, en realidad no pensaba que fuera a ser uno de nuestros últimos viajes juntos. No sabes lo que daría no volver a ver ese mar. Ese río nunca tiene final.

Fue el regalo más bonito que te pude hacer. Hoy no encuentro consuelo, papá. Anoche miraba la casa de Rodri y estaban todos reunidos, riéndose. Los niños abrían sus regalos en la ventana y botaban de alegría. Supongo que habrían preparado una buena cena familiar.

Y me dio una pena que no estuvieráis conmigo. Las dos mejores persomas más maravillosas que me regaló la vida.

Vida. Preciosa palabra. Y ya sabes que mí lema desde hace tiempo es Go free (sé libre), la frase que lleva en el trasero de su mono mi admirado Pecco Bagnaia.

Fíjate que pensé comprarme su gorra, pero tampoco lo hice. Ahora sin trabajo, la vida, o lo que sea esto, que no lo sé, se me hace cuesta arriba.

En fin, pituco. Hoy me espera otro día de desastre. Amanezco llorando y seguro que la termino igual. No me gustan estas textos tan tristes, pero levantarme y ver la mesa vacía me ha roto el alma en mil pedazos. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La noche de la ilusión para las niñas que se niegan a crecer


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. cinco de enero ya. ¡Qué emoción. Esta noche llegan los Reyes Magos. Y yo que nunca he perdido ese espíritu infantil, tengo ganas de que llegue la cabalgata para ver a los Reyes Magos.

Ya sé que eran los padres, aunque yo no los tengo, pero creo que en vez de carbón, me van a traer un pequeño regalito, que es lo que más ilusión me hace.

Esta noche, por no perder mis maravillosas costumbres infantiles, pondré a cada rey un vaso de leche y alguna galleta que encuentre por aquí.

No sabes lo que voy a echar de menos esas cenas tan buenas con almejas y gambas, una copita de cava. Y, por supuesto, mis bolsas de caramelos llenas de chucherías.

Siempre tenía un montón de ellas para repartir. Pero ya hace tanto que no las tengo. Era una época maravillosa. Para hoy dicen que hace mucho frío. Así que habrá que abrigarse bien en un rato, cuando salga a la calle a dar mi tradicional paseo matinal. No sé ni qué ruta cogeré. Alguna cortita, porque tengo un dolor de cadera. Los años, que no pasan en balde.

Pero bueno. Lo importante es no perder la ilusión. Por suerte o por desgracia sigo siendo la misma niña que se niega a crecer. Me sigo quedando ensimismada con los algodones de azúcar, las norias, los carruseles y esas cosas tan propias de una persona de casi 50 años, papá.

Mañana cuando me levante echaré de menos vuestros zapatos en la mesa. Y vuestro abrazo al levantarme.

Encima ya sabes que odio los días grises. Pero bueno. Al final, será abrigarse un poco más. Qué ganas de que vuelva el verano. Hace dos años estábamos en Madrid. Y hasta me monté, entiéndeme, en un patinete, pero solo para hacerme la foto.

La que voy a poner tiene un gran significado para mí. Mi retorno al Caixa Forum. Ese mágico lugar en el que tanto disfruté al lado de mis dos amores. Hoy me gustaría hacer algo especial, aunque no creo que pueda, pero bueno. Lo iré pensando a lo largo de la mañana.

Nada más. Pituco. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

B

Las tardes junto al árbol de Navidad de la Plaza


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ya he vuelto de mi tradicional paseo. Es 3 de diciembre. Ha amanecido un día gris y tonto, que ha abierto para dar paso a un un solito de esos que da gusto ver. Ayer hizo una noche tan buena, que me quedé hasta las 11 y pico en la calle.

Justo me coincidió el momento en que la empezaba el espectáculo de la plaza. Y me emocioné. Sonaba la canción de Mariah Carey y se me saltaron algunas lágrimas recordando estas fotos tan hermosas al lado mi princesa.

En dos días son los Reyes Magos, que este año me van a traer carbón. Pero bueno. Como he sido un poco trasta tampoco espero nada más. Salvo que me autoregale algo.

Este año la caja es una campana. Todo el mundo se hace fotos en ella menos yo, que ya me hice una otra vez.

Estuve tomando un aperitivo en el 100 montaditos. Y luego ya me subí para casa. Me encontré con tu amigo Joaquín, el día que iba a la piscina y recordaba con gran añoranza los tiempos en que estábamos en el Cava hasta las tantas. Al llegar a casa estaban poniendo un reportaje del Dakar y pensé… Ojalá me dejaran conducir un coche como ése. Pero no lo veo posible.

Así que nada. Seguiré soñando o practicando para el año que viene. Y para colmo el que pilotaba era australiano. La locura, peque. Últimamente solo tengo ganas de adrenalina, pero lo más cercano a la adrenalina es subir a las torres de la Catedral. La de Ieronimus. Lo único que la última vez que subí. En diciembre del año pasado, fue un caos. Iba con un paraguas y casi me caigo. Pero al final llegué sana y salva.

Ahora mismo el día ha salido el sol y parece un día de verano, realmente. Así que nada mejor que un poco de Vitamina D para continuar con este 3 de enero. Perdona que te escriba tan poco y tan tarde, pero hoy ando un poco liada. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero ❤️

El primer día de 2022 con las mismas ganas de huír al paraíso


¡Hola, papá! ¿Cómo estáis? Yo en casa de momento. Anoche me acosté tarde, porque me gusta ver los programas de la tele. Eran casi las cuatro de la mañana. Y no tenía ganas de dormir.

Feliz año, mis amores. Qué difícil es amanecer cada 1 de enero sin vosotros. Menos mal que hace sol y puedo salir a dar un paseo. Ni tan siquiera he visto el concierto de Año Nuevo. Antes me gustaba, pero ahora ya no puedo verlo. Siempre me quedaba a dormir en casa de mis tías y a eso de la una os daba un toque para saber que estabais bien. Y me ponía completamente feliz. Os esperaba con unas ganas… Habían pasado solo 12 horas, pero ya os echaba de menos.

Hoy he decidido dar un paseo. Para empezar bien el año. Recorrer la zona antigua de la ciudad es una buena forma de comenzar este 2022, que no sé lo que me deparará.

Espero que cosas buenas. De momento lo he empezado en esta ciudad, que cada día me gusta menos, pero espero huír de ella en breve.

Ya sabes, peque. Yo y mis manías. A estas horas, cualquier otro año, hubiera puesto una mesa con un montón de cosas para comer, pero estando sola. La verdad es que no voy ni al supermercado. Me quedan 4 yogures y dos piezas de fruta. Ah. Y un poco de pan de molde para hacerme un sándwich si no tengo para comer otra cosa.

Con lo rica que estaba toda la comida de Páramo. ¡Qué banquetazos! Qué tiempos aquellos, que no regresarán. Así son ahora estas fiestas. Aparte de la pena de no teneros, eso… No hay nada rico para comer, aunque cada día como menos y engordo más. Supongo que será de eso. De no comer.

Pero es lo que toca. Sin trabajo… Sobrevivo como puedo. En fin, papá. Que ojalá este año me traiga mucha salud, un buen curro y unas cuantas aventuras emocionantes, que es lo que me hace falta.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Para ser 1 de enero no estoy muy inspirada, pero así son los comienzos de año. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La última noche del año (la tristeza de decir adiós a 2021 sin vuestros besos)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. 31 de diciembre. Se acaba este año con el tradicional homenaje a don Miguel de Unamuno, al que ahora ya no se puede acceder salvo con invitación.

¡Qué nostalgia de día! Era un acto al que nunca faltábamos. Siempre con tu capa charra. Y yo con algún vestido bonito para ir a tu lado. No me gustaba mucho, pero solo por ir colgada de tu brazo, era un auténtico privilegio.

Éramos la pareja perfecta. Recuerdo que un día nos encontramos con una persona que nos dijo que parecía que íbamos a dar las campanadas.

Yo, con mis manías, tenía la costumbre de estrenar alguna prenda de lencería roja esa noche. Más que nada porque decían que daba buena suerte.

Este año ni eso. Mi conjunto favorito está en una tienda de la calle Toro. Cada vez que paso me quedo eclipsada mirándolo. Aunque me eclipsaban más tus maravillosos ojos grises.

Y a las doce, como siempre, sonará esa canción de Mecano que dice «a los que ya no están echaremos de menos». Y lloraré, peque, lloraré. Llevo más de dos días sin salir de casa, abrazada a una foto tuya, rodeada de recuerdos. Ni tan siquiera sé si bajaré al homenaje. Me trae demasiados recuerdos. Yo. La mujer de los recuerdos. La que siempre soñaba con estar este día en Sidney, que a estas horas ya estarán con los fuegos artificiales.

La penúltima locura de mi vida. No. La penúltima no. Me quedan muchos por cumplir, pero al final, tendré que ir poco a poco. Si hubiera tenido curro, ya estaría allí. Viviendo la vida, papá. Como siempre lo pensé. Quizás el próximo tenga más suerte y lo pueda hacer.

Esa canción tan hermosa que dice que al final donde fuiste feliz quizás nunca debieras tratar de volver, es justo lo contrario a lo que pienso yo. No es que no deba volver. Es que me quedaría allí definitivamente.

Pero bueno. Soñar es gratis. Quizás algún día pueda cumplir ese sueño. Voy a desayunar por última vez en este año y mañana ni tan siquiera sé cómo me despertaré, porque cada 1 de enero recuerdo que no venía a dormir aquí. Y lo primero que hacía al levantarme por la mañana era llamaros para ver si estábais bien.

Ahora ni eso. Me niego a escuchar el concierto de Año Nuevo. Ni aplaudo cuando tocan la marcha Radestky. La ilusión por cambiar de año se me fue hace ya un par de ellos.

Por cierto, peque, para ser día 31 ha amanecido un día con un sol radiante. Hace fresquito, pero se está bien aquí con la cabeza fuera de la ventana.

Te dejo por hoy, mi vida. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Espero que esta noche podáis brindar con una buena botella de cava, como las que comprábamos antes y que os acordéis de mí como yo lo hago de vosotros desde que me levanto hasta que me acuesto. Os quiero. Feliz 2022. ❤️

El penúltimo día del año al lado de una cigüeña (tempranera y hermosa)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo hoy un poco triste. 30 de diciembre. Un día para terminar el año y creo que va a ser muy divertido. Para empezar ya ha amanecido con niebla, que la odio. Ahora ya ha salido el sol. Y luego no creo que tenga muchas emociones más. Desayunaré, me daré mi paseo y nada.

¡Qué duras se me hacen las noches sin vosotros! Es llegar a casa y ponerme a mirar al cielo para contemplar a mis dos estrellas favoritas.

Y mañana Nochevieja. El homenaje a Unamuno, al que me acercaré, pero no se podrá entrar por temas del COVID, y las campanadas. Y ya pasó otro más, papá.

A ver cómo empieza el 2022. Es un número que no me gusta nada de hecho. Sabes que me gustan más los números impares. Manías. Ya sabes. Las tengo desde pequeña. Aunque no te lo creas, aún no tengo ni las uvas. Luego, a la vuelta, miraré si las encuentro en algún supermercado, pero como hoy me he levantado perezosa, tarde y con pocas ganas de hacer nada, porque todavía me dura la paliza de Madrid, sigo en la cama, que ya es raro en mí.

Mira qué bonita foto he rescatado de mi archivo. Una cigüeña en la torre de la Catedral. Yo creo que fue cuando subí a Ieronimus. Esa aventura no me gustó demasiado. Además subí con unas zapatillas que resbalaban. Fue una época en que los monumentos abrían gratis al público. Y aproveché para subir. Este año creo que no lo han hecho. Lo miraré ahora en Internet.

Por si puedo acceder a algún edificio gratis. Y mañana, pues nada. En casita cenando sola. Me haré cualquier chuchería para picotear. Lloraré viendo las campanadas y cogeré una copa de cava para brindar por todo lo bueno que me ha pasado este año, que no ha estado mal del todo.

Y no sé qué más, papá. La verdad es que ando escasa de ideas. Y más en estas fechas donde los recuerdos se agolpan en mi cabeza. De aquellos días felices en los que bajábamos juntos del brazo hasta allí a los de ahora, exactamente lo mismo.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! Voy a desayunar y a comprar uvas para mañana ❤️

Mis locas aventuras como pilota aficionada de carreras


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. Ya en casa. Es 29 de diciembre. Quedan dos días para que se acabe el año y no lo he podido finalizar de mejor manera que cumpliendo uno de mis sueños.

Me hubiera gustado que me hubieras visto montada en uno de los coches del Karting de Carlos Sainz. ¡Qué descarga de adrenalina! No te lo puedes ni imaginar.

Aunque me hubiera gustado quedar la primera, con la falta de práctica de conducir, me dieron tres o cuatro golpes. Y me asusté mucho.

Normal. Siempre hay una primera vez para todo. Ver los Ferrari, esos vehículos que siempre me encantaron, el coche del Dakar y todo lo que hay en las instalaciones me emocionó. Llegué a subir hasta el podio, aunque no por méritos. Más que nada por tener una foto allí. Porque no creo que vuelva a tener tanta suerte.

Supongo que a ti al contrario. Estarías más orgulloso de mí si fuera capaz de volver a escribir en lugar de hacer estas cosas que tanto me gustan. Paseando por Madrid pasé por una librería con la imagen de don Benito Pérez Galdós. Y luego fui a la churrería Ginés, donde está Valle Inclán.

Cuántos recuerdos en tan solo unos segundos. Un bus con el nombre de San Ignacio, la puerta del Sol, la puerta de Alcalá y casa Botín. A donde debí ir a comer, pero no pude porque no tengo trabajo.

Ya de vuelta a la realidad, que es complicado, te digo que hoy ha amanecido un día frío. Bastante desapacible. Propio de estas fechas, vamos.

Acabo de ver una foto de mamá, que no voy a publicar porque prefiero la mía, con el pelo recién peinado. Se lo había hecho yo y estaba guapísima.

No te imaginas. O sí. Lo que es llegar a casa y no poder enseñar tus fotos a nadie o contarle tus desventuras. Es realmente complicado. Sé que soy difícil de entender, pero bueno.

Tampoco pasa nada. Al final tengo una gran necesidad de soltar adrenalina. Y es lo que intento hacer. Justo al salir del karting vi un vídeo de unos saltando de un parapente. Y pensé: ¿Dónde se hará eso?

Qué ganas papá. En fin. Te dejo por hoy, que voy a salir a dar mi habitual paseo matinal. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El inicio de la última aventura de este año loco y bastante divertido


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien en casa. Preparada para la inocentada, que espero que no sea muy fuerte. O mejor, que no sea ninguna.

Hoy, como no tengo Facebook, por mí parte va a ser. Me he despertado temprano. Más de lo habitual. Este 28 de diciembre va a ser muy especial para mí. Me espera una de las sorpresas de la Navidad que ya te conté ayer. Conducir en el karting de Carlos Sainz. Así que conociéndome, Ya sabes como estoy.. hecha un flan de nervios.

Pero bueno, que me quiten lo bailao cuando vuelva ya te contaré. Una bonita aventura, peque.

Cuando vuelva el homenaje ya sólo quedarán dos días para el homenaje a Unamuno. Se acaba 2021 y comienza un nuevo año, que espero que me depare un montón de aventuras y muchas cosas buenas.

De momento, huyo despavorida aunque sea por unas horas. No me mal desconectar, aunque sean solo unas horas. Y luego volveré a nuestro Huerto, como cada mañana. Ayer lucia así de hermoso estaba ayer a mediodía. Es uno de los lugares más bonitos para pasar un rato relajado.

Huír, papá. No es la solución, pero algo ayuda. Hacía tiempo no me decidía a hacerlo, pero al final. Teniendo en cuenta la vida es una, pues eso. Que comience la aventura. No te olvides que en cada segundo de mi vida os llevo presentes en mi cabeza, pero bueno.

Ya sabes mi lema. La vida es una aventura. Y como yo nací con espíritu aventurero y me encanta probar cosas nuevas, pues allá vamos.

De momento saldremos bien. Regresaremos agotadas, como de costumbre. Así que nada. Te digo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️