Mi primer concierto de Orozco para aliviar la pena de tu marcha


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Me acabo de despertar y he visto que, aunque hace frío, el sol luce en el cielo. Un día de esos donde no te dan ganas de entrar en casa. Y así lo pienso hacer. Ahora desayuno y después a caminar para mover las articulaciones.

Hoy traigo un recuerdo precioso. Mi primer concierto tras tu pérdida. Fue una noche como la de hoy, en 2019. A pesar del dolor que llevaba dentro, me puse bien guapa para ir al CAEM. Mis labios rojos que daban un toque de color a esa pena infinita que supuso tu pérdida.

Música para poner color a los momentos bajos. Y qué mejor manera que yendo mi primer concierto de Antonio Orozco. Quizás de ahí la empatía que desperté con él.

Lo recuerdo perfectamente. Se abrió el telón y en una gran pancarta, ponía: «Los héroes son héroes porque no saben que lo son». Y en ese momento, sonaron los primeros compases de ‘Mi héroe’. La canción que puso letra a nuestro destino.

Me costó unas cuantas lágrimas, pero es que es una letra muy bonita. No sé para quién la escribió, pero al final, yo la identifico contigo. Siempre.

Luego sacó a su hijo al escenario y en el escalón pegando a mí, lo alzó en brazos. En ese mismo momento quise volver a ser niña para sentir una y mil veces tus besos en mi cara. Lo único que me reconforta cada vez que lo pienso. Así que eso te digo.

Fueron tantas sensaciones en dos horas que se me pasaron en segundos, pero bueno. Lo mejor es que cada vez que lo escucho me sigo emocionando.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Raíces profundas y los deliciosos platos de fabada a las 12 de la noche


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hace un día de sol, fresquito, pero de sol. Ya sabes. De esos que te apetece dar un buen paseo matinal.

Anoche pusieron nuestra película favorita. ‘Raíces profundas’. Qué bonita y qué dura. Cuántos recuerdos se vinieron a mi cabeza.

En realidad, me acordaba de todas las frases. Desde la mítica: «Han matado a Torry» a ese emocionante final en el bar donde Shane va a enfrentarse al malvado Wilson. Y el pequeño Jouie está en la puerta con los ojos bien abiertos mirando lo que pasaba en el interior.

Cuando parecía que ya no pasaba nada, el niño ve a un hombre con barba pelirroja. Ávido el rubito, vio a un pistolero arriba. Y gritó: «Shane, cuidado». Y salvó la vida.

¡Ay, papá! No te puedes imaginar lo que sentí en ese momento. Te veía en la cocina, con tu tarro fabada calentada al baño maría y haciendo un par de filetes para cada una.

Y pensar lo bien que nos caía antes esa comida tan fuerte, porque ahora mismo con mi ardor de estómago, es imposible comer algo así. De hecho cada día tengo menos apetito. Como no tengo curro, las cosas son así, papá. Sobrevivo con un croissant (el día que lo tengo), un zumo de naranja, una pieza de fruta y poco más.

En la película, la mujer hacía una tarta de manzana buenísima. Qué ganas de comerme una ahora mismo, pero no me da para tanto el presupuesto.

Sigo insistiendo en que el destino es muy caprichoso. Ni tan siquiera pensaba poner la tele, pero por azar, miré en el móvil y vi que la estaban emitiendo en la 2. Me quedé pálida. Como siempre, me agarré a tu foto y te abracé. Y te dije: «Papá, es nuestra película, la que siempre veíamos juntos». Agarré un paquete de pañuelos y a llorar. Al final las lágrimas te dejan los ojos más bonitos.

Fueron dos horas increíbles. Pero aún os añoré más de lo que lo hago normalmente. Y es que nuestras raíces sí que son profundas. Nos debieron de dejar atado con un hilo rojo para que nos encontremos el día que yo vaya para allá.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las gargantillas de San Blas para prevenir las enfermedades de garganta


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy ya es 24 de enero. Nos hemos comido literalmente el mes de enero. Increíble, pero cierto.

Y como todo va tan avanzado ya, pues aunque no te lo creas, ya hay por la calle algunas personas que venden las gargantillas de San Blas. El otro día vi a uno por la calle. Y eso que aún tienen que aún quedan más de una semana para esta fecha. Es el patrón de Santa Marta.

En mi época de periodista, iba siempre a las fiestas del pueblo. Allí el cura bendecía la cinta a todos los fieles que se acercaban hasta la iglesia.

De pequeñas, siempre llevábamos una gargantilla en el cuello para prevenir los catarros. Una cosa un poco absurda, pero era bonito porque era de colorines. Y eso te digo, que me encantaba.

Ahora estoy un poco congestionada, pero da lo mismo. Supongo que el frío de estos días ha hecho mella en mi cuerpo. Pero con un pañuelo y un Paracetamol se me pasa todo.

Lo del periodismo, papá, por desgracia es complicado volver a ejercerlo, pero habrá que mirar otras opciones. No me puedo quedar así.

Ha amanecido un día de sol, aunque hace frío, pero bueno. No pasa nada. Lo imposible es que el sol me aporta vitamina D. Tan necesaria para levantar tu estado de ánimo.

No sabes lo que me gustaría volver a escribir un libro, pero no tengo ordenador para hacerlo. Y de momento no veo manera de arreglarlo, salvo que encuentre la contraseña. Bueno, pituco, te dejo por hoy. Los textos son cada vez más cortos, pero ya iré alargandolos poco a poco. Ahora me voy a dar un breve paseo para ver si pillo algo para comer y de nuevo para casa. Esta tarde será cuando haya que aprovechar para caminar más tiempo. ¡Bueno, pituco! ¡Te dejo por hoy! ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los paseos de enamorados por la calle Toro


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. No sé por qué, cada día me levanto más tarde. Será por el frío que hace en la calle o por la pereza, pero el caso es que amanezco cuando las calles llevan un rato puestas. Era tu frase favorita. Siempre que me levantaba a las 11, me la decías.

Ahora, en un rato, iré a dar un paseo y aprovecharé para airearme un poco. Igual bajo al rastro. Me voy a dar prisa, porque si no me dan las tres y sigo allí. Hay que aprovechar el solito de este maravilloso domingo para caminar un poco. Que últimamente andaba un poco vaga.

Siempre que estoy en casa, miro el cuadro que dijiste que habías comprado a un gitano en el mercadillo. En realidad nunca dijiste lo que te costó, pero da lo mismo. Es una auténtica maravilla.

Ahí está. En el mismo sitio donde lo dejaste. Y siempre que entro lo miro encantada. Qué buen gusto tuviste para todo. Hasta para elegir a la mujer más bonita del mundo para casarte con ella.

Mamá. Siempre fue una mujer hermosa. Recuerdo que contaba, una y mil veces, como hago yo, que se iba con su amiga Feli por la calle Toro a dar vueltas.

Tú ibas con tu amigo, Paco Orejudo, y en uno de esos cruces de miradas, surgió el flechazo. Dos amigos para dos amigas. Y luego las bodas y las mil y una historias. Una amistad que perduró hasta que la muerte os separó.

Qué hermoso y qué duro. Pero bueno. Al final, La vida es así. No queda otra. El tiempo pasa inexorablemente. Y hay que vivir la vida. Todo lo que se pueda. Ese es mi lema. Sé libre.

Que nada ni nadie te ate, que puedas volar en libertad. ¿Sabes? Te lo he dicho mil veces. Necesito volar en plan hacer puenting o descargar adrenalina. Pero bueno. Poco a poco. Todo se andará. De momento toca buscarse las habichuelas y luego ya… Habrá tiempo de divertirse todo lo que se pueda y más.

Así que nada, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La hornacera mayor del Universo (gracias, papá por ser mi fan numero 1)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Es pronto aún, pero me voy a ir a dar un paseo en breve. Se ha levantado un aire tremendo. A estas horas estoy de paseo. Ya he desayunado. Ya te digo que tengo ganas un día de tomar a estas horas un Colacao con bizcochos.

Pero hoy ha tocado zumo con croissants y una infusión de té verde para eliminar toxinas. Era algo que a ti te gustaba poco. Yo creo. No lo creo. Lo aseguro. No sé si en tu vida te tomaste alguna, pero bueno.

Últimamente no se me ocurren muchas cosas bonitas que contar, pero bueno. Vamos a intentarlo. ¿Sabes, peque? Llevo una racha donde todo me sueño mucho con los dos. Y es precioso, pero cuando te despiertas te das cuenta de que solo te queda infinita. Lo peor que le puede pasar a una persona. Estar en una casa inmensa sin nadie. Por eso siempre procuro dar un paseo por la ciudad antes de ir a comer. Así abro un poco de apetito, que últimamente brilla por su ausencia.

Me gusta tocar tus fotos, acariciar cada una de ellas y recrearme en esos momentos que pasamos juntos. De vez en cuando, no mucho por suerte, me encuentro con algunos de tus amigos, como Fondaco, el comandante, que iba a los toros en Santander, y algún otro más. Todos hablan con mucho cariño de ti, como es lógico y normal. Yo me emociono. Últimamente estoy más susceptible de lo normal. Pero será el invierno.

Odio que anochezca tan pronto. Sabes que me encanta el verano, el sol y el buen tiempo. Y en esta época mi estado de ánimo baja mucho. Tanto es así que hace solo unos días pillé el primer catarro de la temporada. Moquitos, flemas y algún gargajo. Nunca se me dio muy bien expulsarlos, pero voy cogiendo práctica.

A estas horas, que he regresado a casa porque me estaba quedando helada, el silencio invade todo el edificio, pero es normal. Es viernes y cada uno anda a sus tareas. Todos menos yo, que aún no tengo trabajo, pero estoy en ello.

A ver si un día de estos me acerco al Mercado de San Juan y hago un rico hornazo. De esos que me otorgaron el título de mayor del Universo. Y que es la foto con la que voy a ilustrar este texto.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La cigüeña que me vigila desde que me despierto hasta que me duermo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. ¿Has visto a quién te traigo? A tu querida cigüeña. Sí. Esa que está en la terraza y a la que contemplo durante horas. Sobre todo por las noches. Y me da tiempo a verla durante muchas horas. Te lo puedo asegurar. Pero es una bonita figura para recordarte.

La cigüeña. Ese hermoso animal en el que juraste reencarnarte y en el que cada vez que veo uno, pienso que eres tú. ¡Qué bonito sueño! A mí los días se me pasan sin pena ni gloria, pero esta es la vida que me ha tocado vivir.

Con lo bonito que era todo cuando estábais mamá y tú. Aquella cigüeña inspiró una de las novelas cortas más bellas que se han escrito sobre esta ciudad. Y que nació de tu privilegiada mente por una inscripción que había en la plaza que hacía referencia a una historia de una mujer que murió allí por un accidente.

No sé cómo lo hacías, papá, pero el caso es que todo te inspiraba para escribir un buen libro, pero bueno. Como mi ordenador no funciona, pues difícilmente puedo seguir tus pasos. No porque no me llenara de orgullo volver a presentar un libro en el Casino con tantas personas alrededor, pero bueno. Se supone que algún día lo aprovecharé.

Hoy ha amanecido un día precioso. Hace un sol espléndido, aunque luego haga algo de frío en la calle. Todavía estoy desayunando, pero bueno. En breve me saldré a dar un paseo. Para aprovechar esta bonita mañana que nos ha regalado el 21 de enero.

Poco más mi vida. Te digo lo de todos los días. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

La inolvidable noche del expolio de los papeles del. Archivo de Salamanca


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Un poco constipada. Es 19 de enero. Supongo que te sonará esa fecha. El día del expolio de los papeles del Archivo de Salamanca.

Bendita madrugada la que nos pasamos, peque. Desde las 4 de la mañana en la calle Gibraltar. Iba a ir yo sola, pero decidiste acompañarme. Te encantaba estar a mi lado para cubrir esos actos históricos. Y la verdad es que tuvimos la gran fortuna de vivirlo juntos.

Las cajas de cartón pasaban por delante de nosotros y desde lejos alguien gritaba: «Cabrones». Y tú sonreías. Lo que te podían gustar todos estos acontecimientos históricos.

Esa mañana terminamos desayunando en el Toscano con Sonsoles Martín, la redactora de Antena 3 noticias. Tengo ganas de volver a tomar allí un zumo natural y una deliciosa tostada con mermelada y mantequilla, pero como de momento sigo sin trabajo. Pues nada. Otra vez será.

Ese desayuno me dio fuerzas para afrontar el resto del día, que no te creas que no fue largo. Ruedas de prensa en el Ayuntamiento, horas de curro intenso en la redacción del Adelanto y al final de la noche una triste noticia. El padre de una compañera, Marta, fue a hacerse una revisión al hospital y según salía, le dio un infarto y murió en el acto.

Lo más importante es que salimos airosos de ese momento tan trascendente en la historia de este país y que lo pudimos vivir juntos. Vivir. Esa es la palabra. Vivir la vida de la mejor manera posible. Pero, de momento, ni se parece a la que llevábamos antes los tres y me da una morriña no volver a los lugares que frecuentábamos con tanta asiduidad.

En fin, pituco. Te dejo por hoy, que me he despertado perezosa, mi estómago ruge y tengo que buscar algo en la nevera para llevarme a la boca, que anoche también llegué sin cena.

¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Casi tres años de pandemia y muchos vacíos en mi corazón


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hace un día con un solito estupendo. He amanecido muy tarde hoy. Esa es la verdad. 18 de enero. En poco más de dos meses se cumplirán los tres años de la pandemia.

Casi nada. Tú no llegaste a conocerla, por desgracia, ni mi princesa tampoco. Lo divertida que hubiera sido nuestra vida con mascarilla incluida. Me la puedo imaginar.

Llevo encerrada aquí. Ya he perdido la cuenta. Menos un rato que salí ayer, como 10 minutos… Acostumbrada que me teníais a estar todo el día fuera de casa, pues igual. Os podéis imaginar.

Ahora apenas tengo comida ni trabajo ni nada. Anoche no cené y hoy estoy desayunando sobras que he encontrado por la cocina. Y además, estoy ligeramente congestionada. Fíjate que es fácil echar un gapo. Pues ni eso. No soy capaz.

Hoy no sé si nos ocurrió algo especial. Anoche, hablando con una amiga, me dijo que había reñido con sus padres. Y yo le dije; «Olvidalo. Vuelve ahora mismo y dales un beso gigante. Aunque te pienses lo contrario, los papis no son eternos».

Yo siempre, ingenua de mí, pensé eso, pero bueno. Llega el día en que se marchan y es cuando te das cuenta que por muchos mimos que les hiciste, nunca fueron suficientes.

Ahora siempre que veo a un padre que lleva de la mano a su hijo se me saltan las lágrimas. Es inevitable. Por eso siempre he querido que alguien me regale un globo, un coche de juguete, un muñeco…. Cualquier cosa que me haga retroceder a esa época preciosa de mi vida a vuestro lado.

También sueño con volver pronto al mar. A saltar olas. No sé. Tantas cosas bonitas. Distinto que estar en esta ciudad, que aborrezco desde que me levanto hasta que me acuesto.

Parece mentira. Con lo que tú la querías y lo que la odio yo. En fin. Qué ganas de huír. De llevarte conmigo a donde más te guste. Aunque haga sol aquí, necesito ir a un sitio cálido, donde el sol queme mi cara y donde pueda ser libre. Vivir la vida. Mi frase favorita.

Espero que sea pronto. Y que estemos juntos en algún lugar del mundo, lo más alejado posible de este lugar.

Perdona por la falta de inspiración, pero es que no tengo es que sabiendo que es otro día más y otro menos, pues nada. No se me ocurre mucho más que contarte. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

San Antón, los panecillos y la tradicional bendición en el campo de San Francisco


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Me he levantado de la cama y, aunque hace fresquito, luce un sol maravilloso en este día de San Antón, patrón de los animales.

Un día en el que tradicionalmente salíamos a dar un paseo y al regresar le comprabas una bolsita de panecillos en Gil a mamá. Y qué contenta se ponía. Un dulce tan simple y la felicidad que traía.

Alguna vez fuimos al campo de San Francisco para ver la tradicional ofrenda a los animales.

Aún no he mirado si sigue esta tradición, pero ahora mismo lo miro, porque no me importaría acercarme durante mi paseo matinal que siempre me lleva a sitios distintos.

Aunque esto sea una bobada, hoy es el Blue Monday, el día más triste del año. Otra de las muchas bobadas que inventa Internet. Y que se supone que se debe a tu estado de ánimo, al que hay que sumarle los gastos, la falta de ingresos y no sé cuántas bobadas más. Pero sí. Algo de razón lleva, pituco.

Tú te reías de esto, pero yo. De todas maneras, todos los días sin vosotros son una tristeza infinita. Desde que me levanto hasta que me acuesto. Os llevo en el alma y en el corazón.

Esto es lo que ocupa buena parte de mi tiempo desde que amanezco hasta que me acuesto. Hoy de nuevo he amanecido muy tarde, pero no pasa nada. Ahora desayuno, con calma, como lo hago yo, y luego me iré a dar una vueltecita. Como es habitual en mí. Para descongestionar las piernas y el resto del cuerpo.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El reencuentro con mi princesa y las mañanas interminables de paseo


Hola, papá. ¿Cómo estás? Yo bien. Hoy he salido muy pronto de casa. Era temprano y hacia un día de sol impresionante. Así que decidí salir a pasear para aprovechar todo el día.

Ya sabes. Nuestras tonterías y aficiones. Al final cuando llegues a ese pasillo, igualito que el de ‘El Tercer hombre’, es imposible contener las lágrimas. Demasiado poco tiempo para asumir que ya no estáis ninguno de los dos.

Un reencuentro tan emotivo como simple. Anoche, viendo un programa en la tele, un señor cantó ‘Maite’. Y se me encharcaron los ojos. Creo que era vuestra canción favorita. La que alguna vez escuchastéis cogidos de la mano en la Plaza de Deba, mientras que el Orfeón Donostiarra la interpretaba.

Y me emocioné. Cómo no. A partir de ahí yo creo que el subconsciente te dice directamente dónde tienes que ir. Y como a ti te tengo siempre cerca… Pues decidí poner rumbo al camposanto. No es el mejor plan para un domingo, pero bueno. Ahora estoy dudando si ir al rastro. Así hago el paseo completo.

Ahora comienza a hacer fresco. He estado almorzando algo ligero, pero en la calle ya hace frío. Voy a casita a descansar un rato, que menuda tunda. Lo que nunca he conseguido, desde hace tiempo, es echarme una siesta de pijama y orinal. A veces, como ayer o hace un par de días en el Huerto, doy una cabezada. Y como soy un caso, pues me despierto con ganas de chocolate. Tremendo pituco. Lo malo es que nunca tengo chocolate a mano.

Pero bueno. Un chicle, un caramelo. Cualquier cosa me sirve para endulzar ese momento en el que el cuerpo solo me pide dulce. Y así desde que tenía cuatro años o quizás alguno más. Qué risa. No te creas que no echo de menos esas tardes de bicicletas. Yo tirada en la alfombra completamente dormida.

Con este tiempo, papá, estoy pensando si vuelvo al gimnasio, a boxeo o a alguna actividad que me haga más amenas las tardes, porque ya sabes que odio dormir. Menos cuando ya caigo rendida a eso de la una de la mañana, que es por agotamiento físico. Básicamente.

Parece mentira con lo tranquilito que eras tú y yo soy un auténtico terremoto. Por donde paso no vuelve a crecer la hierba. Soy el culo de mal asiento echo persona.

Madre mía. Lo mío es un no parar quieta en ninguna parte. Desde que he amanecido está mañana he recorrido media ciudad a pie. Y ahora me queda otra media, por lo menos. Salvo que bajen más las temperaturas.

En fin, pituco. Un día muy intenso de emociones. Muchas en poco tiempo. Pero lo que más me ha gustado ha sido el ratito de tertulia virtual con mi princesa. La echo tanto de menos. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️