La ‘truchilla’ y el ‘pituco’, la pareja que siempre permanecerá unida


El ‘pituco’ y la ‘truchilla’ felices, en el colegio Fonseca en agosto de 2010

¡Hola, papá! ¿Qué tal vas? Yo recién llegada de mi paseo y con la espalda machacada. Desde que te fuiste no descanso por las noches y la verdad es que los pinchazos que me dan, en ocasiones me dejan doblada y con la sensación de que no me puedo incorporar.

El barómetro aneroide no se equivocó. Hoy ya vuelve a ser un día de invierno y los pies se quedan congelados. Aquí tengo toda tu colección de patucos con los que te abrigaba cuando te ibas a la cama.

Y no sé por qué en un momento decidí cambiar el nombre a la prenda y a llamarles pitucos y luego ya tú te convertiste en mi pituco. Así es como más me gustaba llamarte. Ni papá ni Nacho.

Pero bueno, en apodos yo creo que el tuyo fue el mejor. Para ti siempre fui soy y seré la ‘truchilla’.

Y ahora pensará la gente cómo llegaste hasta allí. Aún me parece que te estoy escuchando contarlo. de Patricia pasó a Patrucha, de ahí directamente a trucha y de trucha a truchilla. ¡Simplemente genial!

Y ya que estamos con nombres no me olvido del dilema que tuviste al escoger el mío cuando nací. Tú querías que hubiera sido niño, pero por aquel entonces no existían las ecografías y cuando salí del paritorio en brazos de la abuela, te diste cuenta de que no me podía llamar León Felipe, como el poeta. Seguramente que una vez más juraste en arameo.

Entonces tocó buscar uno de niña. Tenías tus dudas sobre Patricia o Penélope. A tu madre le horrorizaba el nombre de Patricia, porque le recordaba a un pariente cercano que se llamaba Patricio, se suicidó y antes de hacerlo dejó pagado un generoso agasajo para todos los que fueran a velarlo.

Pero al final lo elegiste y, sinceramente, me parece el más bonito del mundo. Patricia Carnero, la ‘truchilla’, la que ahora mismo tiene una vez más los ojos empapados en lágrimas recordando a su ‘pituco’, la que te quiso, te quiere y te querrá siempre. Gracias por existir, mi amor.

San Valero llega este año con una ciclogénesis explosiva


¡Hola, papá! Hoy es San Valero. ¿Recuerdas? Aunque ya hace muchos años que no íbamos a la fiesta de ese pueblo que te hizo enloquecer de belleza una noche de verano mirando su cielo, sí es cierto que unas cuantas tardes de frío pasamos allí viendo el primer festival taurino del año en la provincia.

Después, cuando terminaba, era la hora de ir a disfrutar de una buena merendola en el bar Canete. Y un vino de la sierra para que entrara en calor el cuerpo. ¡Qué tiempos aquellos! ¿Verdad?

No sé si desde ahí arriba se siente, o si incluso eres tú el que está soplando y provocando este vendaval que deja un ambiente gélido en la calle y lluvia. Un temporal de los de toda la vida, que hace ya algunos años alguien decidio denominar como ‘ciclogénesis explosiva’. Un buen titular para abrir informativos y periódicos en el caso de que no haya noticias más importantes. Y la verdad es que todos los días, varias veces, abro Twitter para ver “qué ha pasado por el mundo”, como si me lo siguieras pidiendo y estuvieras a mi lado leyendo la noticia.

La verdad es que no hay mucho que contar. Seguimos con el fútbol, los presupuestos sin aprobar y aún colean historias de la trama Gürtel. El cuento de nunca acabar.

Un día como hoy, nublado, lluvioso, con tu veleta en forma de cigüeña sonando sin cesar no ayuda mucho a que mi ánimo crezca, aunque la gente se empeña en repetirme una y otra vez que a ti no te gustaría verme así.

Yo también tengo ganas de levantarme una mañana y sonreír, que mis ojos vuelvan a recuperar el brillo que tenían cuando ibas agarrado de mi hombro y de pensar que me estás esperando allí arriba para darme ese beso infinito que tanto añoro, pero creo que es algo que va a tardar.

Lo siento, papá, que sólo me veas llorar, que no quiera ni pasar por el salón y que mis historias no sean más divertidas. Supongo que vendrán tiempos mejores, aunque lo único que tengo claro es que el vacío que has dejado en mi corazón no lo va a llenar nadie.

Te dejo, mi vida, que hoy no estoy muy comunicativa, como verás. Ahora, en breve, cogeré nuestro paraguas del hotel Londres, mis botas, mi abrigo y mis guantes y me iré a dar un paseo a ver si sobrevivo a la ‘ciclogénesis explosiva’ . No lo olvides nunca, mi amor: ‘Te quiero’.