Siete años sin Delibes y cinco minutos (que no horas) con Mario de ‘Víctor Jara’


 

 

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¡Hola, papá! Otro precioso día primaveral. Otro precioso día en el que el sol brilla aún más que tu estrella cuando anochece y te pones junto a luna a contemplar el cielo.

Hace poco me encontré con Charro Carril, mi ex profesora de matemáticas y gran seguidora de las buenas lecturas sobre Salamanca. Te profesaba una grandísima admiración y pasabáis muchos buenos ratos charlando de libros y de historias charras cada vez que os juntabáis. Continúa leyendo Siete años sin Delibes y cinco minutos (que no horas) con Mario de ‘Víctor Jara’

El 11-M y la hipoglucemia de mamá que nos llevó al infierno de las Urgencias


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Foto: lavanguardia.com

¡Hola, papá! ¿Qué tal va el día? El mío ya habrás visto que bastante complicado. El 11-M, aquella fatídica fecha en la historia de España por los brutales atentados terroristas de Madrid, ha sido hoy complicada. Continúa leyendo El 11-M y la hipoglucemia de mamá que nos llevó al infierno de las Urgencias

La primavera emergente llena de luz la ciudad y oscurece mi alma desconsolada


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¡Hola, papá! ¿Ya has comido? Yo no. Hoy tampoco toca. La verdad es que mi dolor de espalda me tiene petrificada en la cama desde hace un par de horas y apenas puedo moverme. Supongo que la falta de vitaminas y el no meter calorías en el cuerpo van haciendo mella en mi estado de salud, cada vez más deteriorado. Continúa leyendo La primavera emergente llena de luz la ciudad y oscurece mi alma desconsolada

Mañanitas en ‘El padre putas’, Mette y sus caldos caseros ‘muy ricos’


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¡Hola, papá! ¿Has visto que bonita mañana ha amanecido? Quedan dos semanas para que oficialmente sea primavera, pero parece que este año se ha empeñado en adelantarse. ¿Cómo hace por allí? Espero que tengas atardeceres de ensueño para recrear tus cautivadores ojos grises. Continúa leyendo Mañanitas en ‘El padre putas’, Mette y sus caldos caseros ‘muy ricos’

Valentino Rossi y nuestras peleas en cada gran premio de motociclismo


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¡Hola, papá! ¿Qué tal todo? Por aquí todo tranquilo. Hoy ha empezado el mundial de motos. ¡Sí, ya sé que era tu pesadilla, pero en el fondo te gustaba verme feliz cuando ganaba Valentino Rossi (por cierto, ha quedado primero)! Continúa leyendo Valentino Rossi y nuestras peleas en cada gran premio de motociclismo

La herradura de la suerte y las herraduras de la muerte


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¡Hola, papá! ¿Qué tal sigue todo por ahí? Aquí con frío y lluvia. Ya lo anunciaba el infalible barómetro aneroide, que siempre nos daba una pista más que fiable de la meteorología. Continúa leyendo La herradura de la suerte y las herraduras de la muerte

Un tipo afable que nunca se cansaba de aprender y buscar en el Archivo Municipal


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¡Hola, papá! ¡Vaya día que ha amanecido! Hace un frío que se mete por los huesos y además llueve. Y lo peor de todo es que tus gorras y tus guantes están aquí. Se me olvidó mandártelos en el pequeño equipaje que preparamos para tu último viaje.

¡Qué cabeza la mía! Espero que por allí alguno de tus amigos, cada día se van marchando más , por desgracia, te presten una, porque ya no recuerdo si te puse algunas monedas por si las necesitabas.

Mi espalda está regular. Ya te dije ayer que no es lo malo el masaje para aliviar las contracturas, sino las horas siguientes. Además, ha sido otra mañana de no parar. Ahora tengo muchas cosas que hacer, entre ellas cuidar a mamá y la verdad es que a veces siento que me faltan horas, especialmente para las gestiones administrativas.

Media mañana perdida en el centro de salud, otra media en Servicios Sociales y luego una visita al Archivo Municipal para un proyecto que ya te iré contando si sale bien.

Y claro, ya sabes que fue llegar allí y recordar las horas que pasaste sentado en sus mesas buscando documentación para el ‘Callejero Histórico Salmantino’. Hoy estaba vacío, pero cuando estaba mirando cada uno de esos rincones, apareció uno de los trabajadores por allí, que lógicamente se quedó extrañado por mi presencia.

Le expliqué que era tu hija y que estaba curioseando la sala porque tú ya no estabas y me gusta ver los sitios en los que tú eras tremendamente feliz. Enseguida me habló de tus libros, de la cantidad de tiempo que pasaste allí y lo que más me gustó es que dijo una gran verdad: “Tu padre era un hombre muy afable y simpático”. No veas la felicidad que se siente cuando la gente te recuerda como una persona así. Él mismo me explicaba que no es lo normal, que hay ‘cenutrios ‘ que ni tan siquiera saludan.

Amablemente me invitó a que volviera si algún día tenía que hacer alguna consulta. Y yo le respondí que si algún día me decido a seguir tus pasos y escribir un libro, estaría encantada de volver allí y ocupar uno de esos asientos.

Sé que me repito mucho, pero es que realmente es un orgullo que los que te conocieron tengan siempre buenas palabras sobre una persona tan increíble como tú, porque aquí no creo en ese epitafio que tanto te gustaba de Enrique Jardiel Poncela que decía: “Si queréis los mejores elogios, moríos”.

Hablando de muertes. Cuando abrí el buzón encontré la última carta del hospital, la de tu fallecimiento. Ahora toca actuar contra todos los que te llevaron al fatal desenlace. Y lo voy a hacer por ti. No sé de donde voy a sacar las fuerzas, pero lo voy a hacer. Tanto sufrimiento, tanto dolor, tantas horas de quirófanos, noches sin dormir, angustia, depresión… Para al final por un cúmulo de negligencias quedarme sin el amor de mi vida.

Te dejo, papá. Si te encuentras con tu admirado Gabo (Gabriel García Márquez) acuérdate de felicitarle, que hoy hubiera cumplido 86 años. Tápate bien esta noche, ya que yo ya no puedo hacerlo. Y recuerda lo que te digo siempre: ¡Te quiero, mi vida!

La persona que pervivirá por siempre en mi corazón (gracias por existir)


¡Hola, papá! Se termina ya el Carnaval. Y mañana el ‘Entierro de la sardina’. ¡Lo que te gustaba a ti ese día para ir a degustar tan delicioso manjar cuando en Salamanca el antruejo se celebraba con noches de fiesta y algarabía.

Yo estoy aquí, en mi cama. Acabo de llegar del fisioterapeuta y mi espalda es una contractura entera. Así que supongo que después de la ‘paliza’ que me ha dado tu amigo Pedro, mañana no me podré ni mover.

Dirás que es un poco tarde para escribirte, aunque es cierto que te hablo muchas veces a lo largo del día, pero es aquí donde más me gusta contarte mis cosas o las que compartimos juntos.

Hoy hemos tenido visita. De una persona que te quiere mucho. Raúl se presentó casi por sorpresa y hemos estado comiendo y recordando lo mejor de Nacho, porque, como siempre te digo, eres un padre genial.

Por aquí abajo sólo se habla de la disolución de las Cortes, de fútbol y los personajillos de opereta de los ‘reality’, esa palabra que tanto te encabronaba (literalmente). Y es que este año tenemos elecciones generales, municipales y autonómicas. Casi nada.

Mirando Facebook encontré una frase que me encantó y que quiero transcribírtela literalmente porque cuando la leo es como si estuvieran hablando de ti: “Creo que algunas personas jamás nos dejan, nunca se van por completo, aunque ya no estén. Su esencia queda, su voz se escucha, las sentimos sonreír. Son personas eternas”.

Conociéndote seguro que también literalmente me dirás que es una ‘mariconada’ (palabra que utilizabas sin ningún tipo de connotación sexista o discriminatoria), pero a mí me llenó cuando la leí. Yo sigo sintiendo tu voz, viendo tu sonrisa y notando tu mano acariciando mi cara y tus labios dándome un tierno beso.

Bueno, papá, que me empiezo a poner tontorrona y no quiero estar triste en esta noche que antes celebrábamos a lo grande en Miróbriga. Descansa, mi vida. ¡Te quiero, siempre!

Sara, la dulce Sara, y la lágrima que brotó de sus enormes ojos por ti


¡Hola, papá! ¿Qué tal ha empezado la semana? La mía bastante ajetreada por cosillas que estoy comenzando a hacer y que ya te iré contando si todo sale bien. Si antes te sentías orgulloso de mí, ahora quiero que te sientas aún más.

Sé que si me estás viendo sabrás con quien he estado hace un rato. Con Sara, la socorrista de la piscina. En cuanto me vio me preguntó por ti. Te quería mucho, como casi todo el mundo. Y cuando le dije que te habías ido, una lágrima comenzó a brotar de esos enormes ojos que mirabas con ternura cuando llegabas allí y te iba a buscar para llevarte cogida de su brazo hasta la tumbona.

No presumías tú ni nada de llevar a la chica más guapa del recinto como ‘bastón’. No te importaba dejarme por un rato para sentarte tranquilamente bajo su sombrilla para hablar de libros, porque a ella también le encanta la literatura.

La verdad es que han pasado casi tres meses y me sigo sorprendiendo. Con algunas personas para bien y con otras para mal, pero me quedo con las buenas.

Los días ya comienzan a ser más largos. Estamos casi en primavera, aunque este año tendrá un color distinto, papá. Ni tan siquiera soy capaz de pensar ahora en eso. Ni en cuando llegue el verano y la época de piscina y tu tumbona esté vacía.

La pena es que no te hiciste ninguna foto con Sara, la dulce Sara, pero bueno, aquí te dejo una en la que seguramente la estabas contemplando. Como seguramente quedemos para hablar un rato y recordarte, le haré una para que veas que sigue igual de bonita. Hoy ni tan siquiera sé decirte lo que ha pasado por el mundo, porque no he parado. Sigue girando, eso sí.

Te dejo, mi amor, que seguramente ya habrás comido y estés deseando que termine de contarte historias para echarte la siesta. ¡Te quiero, papá!

Mañanitas de domingo en la casa de tu infancia y juventud


Tú en el centro de la imagen cogiendo por el hombro a tus padres, Piedad y Enrique. Detrás, tus hermanos Ángel (izquierda), Enrique y Delia.

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Hoy es Domingo de Carnaval y ya aprovecho para decirte que ayer en Miróbriga hubo dos heridos por asta de toro. Salamanca está casi vacía. Es época de vacaciones para los niños y mucha gente también se ha ido a disfrutar de esta fiesta que nosotros vivimos durante décadas.

Ya sabes que los domingos los aprovecho para darme paseos a esos lugares donde tu recuerdo permanece aún más vivo. Dejo que sean mis pies y mi corazón los que me sirvan de guía. Y así, caminando, lento, llegué a la calle Alarcón. Tu calle. Donde naciste, donde creciste y muy cerca de donde luego te dimos el último adiós.

El portal de la casa donde nació y creció mi padre, en la calle Alarcón.

Fui caminando hasta tu portal y toqué el timbre para ir a ver a Delia, tu hermana. Cuando abrió la puerta no nos hizo falta decir nada. Ella empezó a llorar y yo tampoco pude contener mis lágrimas. Nos fundimos en un abrazo y fue entonces cuando por mi cabeza comenzaron a pasar mil imágenes y mil historias.

En el salón siguen las mismas fotos que cuando íbamos de pequeñas a ver a la abuela, pero ahora las miro de forma diferente. Hubo una que me gustó especialmente, y que te voy a dejar aquí, porque sé que a ti también te gustará verte con tus padres y tus hermanos cuando tu eras un ‘mocoso’, eso sí, guapo a rabiar. Ya en la imagen destacaban tus inolvidables ojos grises.

Y viendo esa foto me vino a la cabeza una historia que me contaste decenas de veces. Y que hoy quiero compartir con todos los que siguen este pequeño tributo a Nacho, a mi ‘pituco’.

Cuando tú eras pequeño, evidentemente, las casas eran de planta baja. Y en la tuya había un patio, donde ya, a tan temprana edad, te gustaba tumbarte en las noches de verano para contemplar las estrellas, esas que ahora enciendes y apagas cada día.

La abuela, Piedad, había comprado un pollo para la comida del día siguiente. Y antes a los pobres animalitos los vendían vivos. Así que tu madre estaba en la cocina, cogió el cuchillo y le tenía que dar el corte en el cuello. Pero el ave quiso escapar a la muerte y saltó de la cocina para empezar una carrera en busca de la salvación.

Tú, que disfrutabas plácidamente del anochecer, oíste el ruido, pero lo que menos te imaginabas es que en su huída despavorida iba a pasar por encima de ti y te iba a salpicar con su sangre.

Después de ese momento, dudo bastante quién ganó la carrera hasta la calle. Desde entonces tú jamás volviste a probar el pollo. Es más, sólo con oír hablar de ese plato comenzaban a darte arcadas. Fue otra de las cosas que yo también heredé. Cada vez que en casa se pedía un pollo asado, colocábamos una especie de separador en la mesa, de suerte que no viéramos nada si es que queríamos probar bocado.

Ahora mismo sonrío imaginándote. Pero mis días son así. De sonrisas y lágrimas. Todavía más lágrimas que sonrisas. Pero es inevitable, papá. Cuando uno ama con la locura infinita con la que te quería y te quiero, el adiós definitivo es devastador.

Pero bueno. La vida sigue. No es lo mismo sin ti, pero no queda otra que seguir adelante. Acuérdate que tienes que ayudarme a elegir una portada para tu libro. Sé que en cualquier momento me vendrá una imagen a la cabeza y diré: “Esta”. Porque tú me las habrás puesto ahí.

Te dejo, mi amor. Que pases una buena tarde de música y chirigotas, de fiesta y de algarabía. ¡Te quiero, papá!