Los deliciosos despertares bajo la sombra de la Plaza Mayor


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Sin novedades. Ha amanecido un estupendo día casi de verano. Hoy es la Cruz de Mayo.

Si mi memoria no me falla, hace unos cuantos años que falleció Juan Antonio. Es ese momento en que piensas que la familia es indivisible, pero no. Ahí comenzó el principio del fin.

O la cruda realidad, que es ir viendo como se desmorona tu mundo poco a poco y cada vez te faltan más personas a las que quieres.

Es una sensación un poco extraña. No sé cómo explicarte, aunque tampoco creo que te haga falta. Sabes de sobra lo que te digo.

No veas como brilla el sol. Amaneció como para llover, pero ahora se ha puesto una mañana casi estival. Da gusto salir a la calle y oír a los pajaritos cantar y a las cigüeñas sobrevolar el cielo.

Ya sabes que pienso que eres tú mirándome desde arriba, que me observas si voy bien o si me he despertado un poco triste.

Pues también hasta eso lo voy rotando. Lógicamente, unas veces vas más animada y otras menos, pero bueno. No pasa nada. Vendrán tiempos mejores. Seguro, peque.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que tengo sesión de boxeo y hay que descargar adrenalina. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La mamá más bonita y cariñosa del mundo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. ‘¿Está por ahí mamá? Supongo que sí. Que al final os habréis vuelto a juntar en el arco iris de los padres.

Hoy hubiera cumplido 76 años. Y como yo no puedo, te pido por favor que le des un tirón de orejas y un beso enorme.

Empecé el día bastante tranquila, pero ahora que pasan las horas y te paras un momento a pensar, piensas en lo que lo hubiéramos celebrado si no se hubiera marchado de esa manera tan repentina.

Hoy también se agolpan los recuerdos en mi cabeza. Lo feliz que era con un simple pastel o una pequeña flor, que nunca faltaba en un día como este.

Siempre con sus caramelos, su sonrisa, su pelo recogido con una horquilla y su sonrisa tímida.

Cantando con su radio. Plácidamente sentada en su sillón. Dormida. Tan tranquila. Me acuerdo de una de las últimas veces que estuvo en el hospital. Como era de esa manera, me pidió que le comprara medio kilo de pastas. Y yo pensando… Que es diabética. Al final le compré un pastel sin azúcar. Y, lógicamente, no le gustó.

Le encantaba que le atusara el pelo. Le relajaba tanto. Y que le hiciera trenzitas. Cosas tan simples…

Pero bueno. Me conformo con que le des el beso y le compres un pastel. No os olvidéis de brindar con una copa de cava.

¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las añoradas mañanas de churros, motos y pizzas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy es el día del trabajo. Empieza mayo, pituco. Mañana sería el cumpleaños de mamá. 76 años cumpliría la princesa de la casa.

Las calles están tranquilas. Acaba de pasar la manifestación. No tan concurrida como otros años.

Hay cosas que no cambian. Es día de motos. De adrenalina. No sabes, de verdad, lo que echo de menos tus gritos cuando yo gritaba también. Qué tiempos más bonitos.

Esta mañana me quedé otra vez más con las ganas de coger unos churros para desayunar. No tengo remedio, peque, aunque todavía no es tarde para matar el antojo.

Hace ya años, por estas fechas, solíamos estar en Madrid. En los toros. Qué tardes de nervios, de alegrías, de algún desasosiego que otro. Siempre compensaba, al final.

No sé. Es todo tan distinto. Desconozco si mejor o peor, pero distinto. ¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mamá! ¡Os quiero! ❤️

El fin ya cerca está y otras canciones tristes para despedir este gris día de abril


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy ha amanecido un día un poco triste para estar ya a las vísperas de mayo.

Demasiado triste, peque. Es mañana de motos, pero se me olvidó comprar unos cuantos churros para desayunar mientras los veía.

Qué desayunos aquellos de zumitos, churros, tostadas, periódico y risas. Ahora mismo me comería un buen porrón de ellos.

Hay una canción de Frank Sinatra, que luego versionaron ‘Siempre así’, que dice: “El fin ya cerca está, lo afrontaré serenamente… Tal vez lloré, tal vez reí, tal vez gané, tal vez perdí. Y ahora sé que que fui feliz..”

Y lo fui, peque. Mucho. Tenía tantos sueños por cumplir. Hasta que te levantas una mañana y te das cuenta de que eran todos imposibles. Entonces te entra una gran frustración.

Siempre pienso lo mismo. ¿Cómo sería todo si tu estuvieras aquí? En realidad nunca te has ido. En cuerpo sí, pero de mi corazón nunca. Ninguno de los dos. En realidad hay veces que me quedo un poco traspuesta y al despertar aún pienso que estáis conmigo.

Luego me doy cuenta que es imposible. Y para que te voy a decir lo contrario. Me da mucho miedo. Me asusto y pienso. Bueno, Patricia. Respira hondo e intenta sonreír, pero no es fácil.

Ya sabes lo que me hace reír. Yo y mis locuras. Siempre pienso que cuanto más imposibles son las cosas, más me aferro a conseguirlas. Así que ahora habrá que dejar un tiempo y pensar en hacer locuras de esas en las que descargas adrenalina a tope.

Pero te prometo que las haré, aunque me mirarás mal y seguramente me darás una buena colleja. ¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. Que siguen las ruedas y no puedo estar con las dos cosas a la vez. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los maravillosos días de comiditas y turismo con mamá


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Sin muchas novedades que contarte. Hace un día horroroso de tiempo horrible.

He rescatado una foto de hace un par de años. Fue nuestro primer Lunes de Aguas sin ti. Mamá quiso que lo celebraramos fuera y al final nos fuimos a celebrarlo a Valladolid.

Fue un día distinto. Ni más bonito ni más feo. Simplemente distinto. Mi princesa quiso que no resultara demasiado cómplicado ese primer día de hornazo cuando tú ya no estabas.

Al final logró sacarme una sonrisa, que no fue poco. Y ahí estamos las dos. Mamá feliz porque comió de lujo y yo también porque podía abrazarla.

La cantidad de cosas que hicimos ese día. Un montón. Dentro de lo que teníamos, lo logramos pasar bien. Así que nada. Un día para recordar con cariño y con amor.

Con todo el amor que pusimos en ese viaje. Corto, pero intenso. Quizás demasiado breve.

Hoy me doy cuenta de que hacía mucho tiempo que te pedía solo una cosa. Y al final te costó, pero lo hiciste. Gracias, papá. No recuerdo como era la frase. ¡Ah, sí! Con la venda de mis ojos me hice una cinta en el pelo. Hoy estoy más guapa y menos ciega.

La verdad es que ni una cosa ni la otra. Veo igual. Solo ha cambiado el enfoque. Y guapa… Hace ya mucho tiempo que no estoy guapa. Pero tampoco me preocupa mucho eso ahora, papá.

Hoy tengo una cantidad de sentimientos cruzados que no son fáciles de asimilar por mi cerebro, que ya de por sí estaba algo ‘despistado’.

Bueno, pituco. Te dejo por. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La noche de superluna rosa sin ‘Fly me to the moon’


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. De momento todo tranquilo. ¿Viste la primera superluna del año? Seguro que desde un lugar privilegiado.

Lo intuyo. Elegiste buen sitio para ver estos fenómenos astrológicos. El mejor. Tú siempre fuiste muy exquisito para todo.

Te imagino allí, sentado tranquilamente viendo la luna rosa. No sé si alguien te puso ‘Fly me to the moon’ mientras el mágico astro iba cambiando su color.

Anoche cayó una granizo y llovió bastante, por lo que no fue tarea fácil observarla. Lo que más eché de menos fue poderte dar un abrazo gigante mientras la contemplaba. Como hacíamos siempre.

No sé por qué razón nos acordamos de los cangrejos. Y de repente una sonrisa iluminó mi rostro. Siempre te los compraba mamá. O iba yo directamente a algún sitio donde los tuvieran.

Llegabas a casa y te los ponías en el fregadero. Nunca entendí muy bien como lo hacías, pero los capabas y luego preparabas un guiso con salsa de tomate y un poco de pimentón. Y unas hojas de laurel.

Antes, por gastar una broma, me solías poner uno cuando estaba en la cama. Y yo creo que te llamaba de todo menos guapo. ¡Qué miedo por una tontería tan absurda!

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Los inolvidables retornos a casa para celebrar la vida


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hace un día un poco extraño para ser abril ya.

Hay días que cuesta escribir un poco más de lo normal. Y hoy es uno de esos días raros en los que la inspiración está mermada.

No me digas la razón. Creo que se acerca el Día de la Madre y el cumpleaños de mi princesa.

Hace ya unos cuantos años estaba ingresada en Los Montalvos. Menudo trajín. Para arriba y para abajo todo el rato. Pero bueno. Entonces pensabas que todos los males eran esos.

A la pobre mamá le ponían conejo para comer. Y yo pensaba: “Qué estómago”. La tuvieron a raya unos cuantos días, pero se recuperó.

Cuando salió, como era ella, recuerdo que me dijo que quería una tarta capuchina y un hornazo. ¡Qué rico te supo todo! Eras una galga de cuidado.

Aún me veo trayendo el pastel. Tenía mucho almíbar y me puso las botas pingando. Y el bolso y el suelo de casa. Luego a coger la fregona y recoger todo. Madre mía. Las que liábamos. Y qué divertido era.

Hoy pienso que al final eso fue lo mejor que pudimos hacer. Celebrar la vida y estar juntas ese día en que volviste a casa.

Al final nunca aprecié bastante lo que suponía que volvieráis a casa después de largas temporadas en los hospitales hasta que llegó el día en que entré aquí y ya no estabáis ninguno de los dos.

Pero que sepáis, si os sirve de consuelo, que os llevo en mi cabeza y en mi corazón desde que me levanto hasta que me acuesto.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los niños traviesos del Francisco de Vitoria y la bomba que arrebató su vida


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Ya he salido a dar un pequeño paseo. Hace una mañana muy agradable. Un poco fresquita, pero bueno. Más o menos bien.

¿Cómo estás tú? Te echo tanto de menos. A ti y a mamá. Creo que cuando te fuiste no sabías que me ibas a dejar así.

He pasado por tu colegio, el Francisco Vitoria y me han venido a la cabeza tantos recuerdos.

Te imagino allí de niño. Jugando al balón o trasteando. Feliz, divertido, inquieto.

Siempre decías, con resorna, que un día le rompiste las gafas a un niño del colegio. La abuela te dejaba en la puerta y tú te pirabas. Te quedabas sentado en una farmacia hasta la hora de volver a casa.

Hasta que un día pasó tu vecina y te preguntó por qué no entrabas. Y le dijiste que se te olvidó.

Supongo que la bronca fue de padre y muy señor mío. Y que te serviría para poco. Tenemos los dos el mismo carácter.

Lo contabas y te partías de la risa. Con más tristeza comentabas una anécdota un poco triste.

Alguien dejó una bomba olvidada en el patio. Y explotó. Algunos de tus amigos perdieron la vida. Puedo imaginar el trauma que te supuso, a juzgar por tu cara de tristeza cuando lo narrabas.

Hoy los niños jugaban tranquilos. Con su mascarilla y su alegría habitual. Qué felicidad. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La revolución de los claveles y el hombre que atravesó la estratosfera


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Es domingo de periódico y casi de churros. He pasado por allí y he estado a punto de entrar, pero al final no he sucumbido a la tentación, que ya es raro en mí.

Es 25 de abril. Grandola vila morena. La revolución de los claveles. En Portugal. Siempre te marcó esta fecha, pero no sé muy bien por qué.

Solías despertarte cantando esta canción desde que saltabas de la cama. Y yo siempre pensaba: ¡Qué felicidad!

Te encantaba celebrar cualquier día hubiera marcado de una manera o de otra parte de tu ¿larga? vida. Dejésmolo en larga.

Anoche, no me digas la razón, me acordaba del Felix Baughmaner, el ‘zumbao’, perdón por la expresión, que saltó desde la estratosfera porque pensaba que el Red Bull daba alas.

Ahora que valoro mucho más el tiempo, recuerdo aquella espera como eterna. Tú no estabas en Salamanca. Y mamá y yo estuvimos como 5 horas mínimo pegadas a la televisión.

Luego mi ‘princesa’ se acordó que llegarías cansado y quizás hambriento. Con la maña que se daba para la cocina, te preparó unas sopas de ajo en un momento. Y tú tan feliz.

Regresaste agotado, te sentaste a comer la sopa y tan a gusto. Una copa de buen vino y ya estaba. Jornada completada.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que aún tengo que desayunar y son casi las 11. ¡Cuídate mucho y cuida de mamá! ¡Os quiero! ❤️

Una Feria del Libro con Emilia Pardo Bazán y muchos puestos en la calle


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hace un estupendo día de sol, que aprovecharé para dar un buen paseo por la ciudad.

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