Santa Ana y mis primeros pasos en el periodismo taurino


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Madrugando mucho en esta jornada de Santa Ana, patrona de Candelario.

Recuerdo que cuando empecé mi carrera de periodista, allá por 1994, nos fuimos los tres hasta allí a cubrir la información de una novillada.

No sé si fue la segunda o la tercera crónica que escribía. Y allí, en la terraza de la entrada de la villa estaba nuestro amigo Alfonso Hortal, ‘don Lance’, maestro de las letras, plácidamente sentado, tomando un cafetito, esperando a que llegara la hora para que diera inicio el festejo. Yo iba nerviosa, con vosotros dos dándome ánimos para que me saliera bien la crónica.

Lo normal. Era una estudiante de segundo de periodismo que necesitaba apoyo y ánimo.

‘Don Lance’ era sabio. Lo estoy viendo sentado en la terraza del bar. Con su aspecto serio, su bastón y su amabilidad.

Lo tenía casi todo. Buena pluma, buen talante y excepcional carácter.

Al final llegué a La Gaceta y conseguí hacer mi crítica. Al final, por la dureza de mis escritos, me terminaron llamando ‘La Navalona’ un nombre que me ponía bastante nerviosa de hecho. No me gustaba nada.

Prefería oírte decir truchilla. Mi frase favorita. Nunca encontraste ninguna manera mejor de llamarme. Además, solo tú, tenías ese privilegio, porque mamá me solía llamar Patri, a secas.

En fin, peque. Te dejo por hoy. Eso sí, enviando mis felicitaciones a todas las Ana. Bueno, pituco. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La festividad de Santiago y el trágico accidente del 25 de julio de 2013


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Hoy es Santiago, patrón de España. Una ciudad con tantos encantos. Pienso que una de tus favoritas. Donde dejaste una parte de tu corazón y donde se quedó otra parte del mío desde que fuimos juntos hace ya unos cuantos años.

Hace ocho, exactos, en la víspera de la festividad, hubo un terrible accidente de tráfico.. No sé cuántas personas perdieron la vida, pero fue un auténtico desastre.

Esa noche, para variar, estábamos en El Momento, tomando nuestra copa de cava. Al girarme para ver lo que estaban poniendo en televisión, vi un rótulo donde comenzaban a anunciar un siniestro que dejó al país petrificado. Una gran catástrofe que hoy todavía copa titulares en los informativos.

Luego, con nuestra curiosidad por todo lo que acontecía (bueno, malo o regular) lo seguimos a través de las redes sociales. De hecho, yo colgué una bandera gallega con un crespón negro.

Al final regresamos a casa. Tarde y un poco tristes, pero con ganas de brindar la vida que es lo importante.

Hace una mañana fresquita. Más propia para dar un paseo que para ir a la piscina, pero se irá viendo. Allí seguimos todos, echándote de menos. Mucho. No ha pasado nada importante por el mundo. Y creo que de momento no tengo que contarte nada más.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy con la bellisima imagen de la Catedral de Santiago de Compostela. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Mi primera chanfaina y otras deliciosas experiencias culinarias


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. Hoy me he levantado regular solo. Ayer, por fin, me pusieron la segunda dosis de la vacuna del coronavirus. Y, como a casi todo el mundo, me dio un poco de reacción.

Lo típico. Un pelín de fiebre y una pequeña molestia en el brazo. Gajes del oficio.

Ya es 9 de julio, peque. Ha amanecido un día de calor horroroso, directamente. Hoy superaremos los 35 grados. Así que supongo que es un buen momento para ir a la piscina a pasar un día relajado y distinto.

¿Has visto esta foto? Fue la primera chanfaina que preparé. No recuerdo tu veredicto, pero sí. Fue favorable. Sé de sobra que te gustaba todo lo que yo cocinaba. No tanto por el sabor, que a veces no era muy bueno, sino por las ganas que le ponía siempre que cojía mi delantal.

Me costó, porque yo también he sido muy rarita para esto de la cocina, pero bueno. Al final lo conseguí, que es lo importante.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que es hora de empezar a la acción. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El santo de mi princesa y las trastadas de cuando éramos unos niños


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy es Santa Isabel, el santo de mamá. Un bonito día que habrá que celebrar de alguna manera especial.

Antes, cuando estábamos los tres, solías sorprenderla con unos pastelillos que tú solo te bajabas a buscar al establecimiento que más te gustara.

Otras veces, sin más, nos llevabas a comer fuera para celebrar tan señalada fecha. Hoy era un día de fiesta en la familia.

Me veo en la cocina sentada esperando a que se levantara para darle un buen tirón de orejas. Lo que le podía gustar un buen dulce. Era locura lo que tenía por entrar en todas las tiendas de chuches de donde fuera.

No había una mujer más golosa que ella. Si no mal recuerdo, siempre se dejaba en la cama unas cuantas galgadas por si acaso le daba hambre.

En una de las ocasiones, llegaste tú con gesto bastante serio, y nos comentaste que ese día se había muerto Miguel Angel Egido. Nos conmovió bastante.

Habíamos jugado tantas veces de pequeños al futbolin o en El Grove a mil cosas. Qué aventuras. Siempre preparando alguna gorda para reírnos un rato.

Y también me acuerdo de Jaime, que siempre te pedía, peque, una moneda para los recreativos de la vuelta del hotel donde nos alejamos, pero bueno. Eso son historias del pasado para divertirnos un rato.

Hoy es mi segunda dosis de vacuna para combatir la pandemia. Así que voy a arreglarme y a ver como reacciona mi cuerpo con el último ‘rejonazo’, por el momento.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Uno de enero, dos de febrero… 7 de julio: ¡San Fermín!


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. ¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín! 7 de julio ya, peque. Hoy ha amanecido un día desapacible de nuevo. Así que habrá que aprovechar para hacer cosas distintas.

¡Ay, papá! Hace justo 4 años del último espectáculo en Madrid de los Red Bull X¬Fighters. Me parece imposible que haya pasado tanto tiempo sin verlos.

Y cinco que mamá, accidentalmente, se cayó de la cama una tarde que veíamos de merendar de los 100 montaditos y se fracturó la muñeca.

Ahora mismo estoy viendo la imagen. No sé si reírme o llorar, la verdad. Llegó a sentarse en la cama para quitarse los zapatos y cuando estábamos tranquilamente en el salón, sentimos un fuerte golpe.

Rápidamente fuimos a la habitación. La ‘princess’, como yo la llamaba, había calculado mal la distancia y volcó. Pegó un grito que nos asustó. Rápidamente corrimos hacia la habitación. Estaba caída en el suelo.

Al levantarla, enseguida vimos que de la muñeca salía un hueso hacia fuera. No le quisimos decir nada, pero ya imaginábamos que ahí había fractura.

Bajamos con ella a Urgencias. Y le escayolaron el brazo. Un mal menor, claramente. Eso es un mes de recuperación o poco más.

Tú, tan gentil como siempre, al día siguiente, y para evitar que tuviera que hacer mucha tarea en casa, te la llevaste a comer fuera. A Los Arcos fuimos los tres juntos. Y ella tan feliz. Era lo que más le gustaba en la vida. Comer y disfrutar. Si tenía algún kilito de más, no le pasaba nada.

Así de agradable tenía el carácter. Siempre con sus caramelos en el bolso con los que siempre obsequiaba a la gente con la que se encontraba por la calle.

Si no me falla la memoria, que no me suele fallar, estuvo dos meses con el brazo en cabestrillo. En rehabilitación y en el traumatólogo. Pero quedó bien. Y todos felices por esa buena noticia.

También hace años que se murió Iñigo Domínguez de Calatayud. Estaba yo escribiendo este blog cuando recibí un WhatsApp comunicándome la triste noticia. Tú ya no estabas. Pero el golpe dolió. Y mucho.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Si hay alguna novedad, me lo dices. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Los piscineros unidos jamás fueron vencidos


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Espero que bien. Me he dado cuenta de que últimamente soy un poco reiterativa con lo que escribo en el blog. Y puede ser que sí. Nació como un espacio para contar anécdotas.

Voy a intentar recuperar esa buena costumbre. Mira la foto que he encontrado. Los piscineros vuelven al ataque. Los dos Manolo, Fidel y tú en la piscina. Con el brazo en alto. Saludando para la cámara. Y es que ellos te dieron la vida cuando más lo necesitabas.

Siempre estaban pendientes de ti. Y tú de ellos. Eráis un grupo inseparable y muy cómico.

En la imagen falta Avelino, que era experto en contar chistes malos. Tenía un repertorio de lo más amplio. Creo que sí me pongo a contar, no termino ni en la próxima vida.

A veces se desesperaba contigo, porque no cogías ni uno de los chistes a la primera. Siempre te los tenía que repetir. Y ya cuando lo ‘cogías’ te reías a carcajada. Y el resto contigo.

Tenías bastante facilidad para desesperar a cualquiera por lo lento que eras para algunas cosas. Te gustaba sonreír, pero te costaba. Una vez que arrancabas, eras capaz de contagiar al resto del grupo. Avelino siempre te decía: “Joder, Nacho, todavía no lo has cogido”.

Tú alegabas que no oías bien. Y era cierto. Naciste con una deformidad en el oído, que no tenía una operación muy factible, pero que tampoco te pasaba nada por eso. Si había que hablarte un poco más alto, por fortuna, era el único problema que tenías en ese momento.

Te veo sentado en la tumbona de la piscina. Con el bolsito que te regalé en tu último santo. Me hacía gracia que lo único que no te podía faltar era tu salero y tu navaja para partir uno de los tomates gigantes que te iba a comprar a la frutería del mercado de San Juan.

Tampoco tu cervecita de media mañana. Llegando la hora del mediodía, o en un bar o en casa, te la abrías y la saboreabas con una tranquilidad. Vivías la vida al momento. Sin preocuparte más que lo justo por el futuro.

Yo pensaba lo contrario. Que iba a ser de mi futuro sin ti y sin mamá. Hoy, por desgracia, ya llevo tres años sin uno y casi dos sin el otro. Intentando alzar el vuelo, como sea, pero volar. Muy alto, con un destino elegido desde hace mucho tiempo. Y, como siempre te digo, vivir, que es una tarea bastante compleja, pero no imposible.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El libro que está por llegar y las mágicas noches de luna llena


¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Ha hecho un día precioso. Ahora mismo oigo a los pájaros canturrear de alegría.

Y yo también, porque he encontrado esta foto y siempre pienso que ese día debiste de estar muy orgulloso de mí.

Como yo de ti. Exactamente igual. Sé que ahora mismo no estoy preparada para hacer algo igual, pero no te preocupes. Te prometo que pronto lo haré..

Siempre he pensado que todo lleva su tiempo y quizás necesite un poco más para volver a ser como antes, pero lo haré.

Está atardeciendo. Esta noche hay luna llena. Y de camino a casa he visto de todo. Desde un músico cantando ‘Fly me to the moon’ a un sol maravilloso que me dice que la vida sigue. Que no será fácil, pero hay que ir caminando poco a poco. Despacito. Sin prisa, pero sin pausa.

Haciendo un álbum de recuerdos. De los buenos y de los no tan buenos. Nada más pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero ❤️

Las añoradas mañanas de churros, motos y pizzas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy es el día del trabajo. Empieza mayo, pituco. Mañana sería el cumpleaños de mamá. 76 años cumpliría la princesa de la casa.

Las calles están tranquilas. Acaba de pasar la manifestación. No tan concurrida como otros años.

Hay cosas que no cambian. Es día de motos. De adrenalina. No sabes, de verdad, lo que echo de menos tus gritos cuando yo gritaba también. Qué tiempos más bonitos.

Esta mañana me quedé otra vez más con las ganas de coger unos churros para desayunar. No tengo remedio, peque, aunque todavía no es tarde para matar el antojo.

Hace ya años, por estas fechas, solíamos estar en Madrid. En los toros. Qué tardes de nervios, de alegrías, de algún desasosiego que otro. Siempre compensaba, al final.

No sé. Es todo tan distinto. Desconozco si mejor o peor, pero distinto. ¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mamá! ¡Os quiero! ❤️

La noche de superluna rosa sin ‘Fly me to the moon’


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. De momento todo tranquilo. ¿Viste la primera superluna del año? Seguro que desde un lugar privilegiado.

Lo intuyo. Elegiste buen sitio para ver estos fenómenos astrológicos. El mejor. Tú siempre fuiste muy exquisito para todo.

Te imagino allí, sentado tranquilamente viendo la luna rosa. No sé si alguien te puso ‘Fly me to the moon’ mientras el mágico astro iba cambiando su color.

Anoche cayó una granizo y llovió bastante, por lo que no fue tarea fácil observarla. Lo que más eché de menos fue poderte dar un abrazo gigante mientras la contemplaba. Como hacíamos siempre.

No sé por qué razón nos acordamos de los cangrejos. Y de repente una sonrisa iluminó mi rostro. Siempre te los compraba mamá. O iba yo directamente a algún sitio donde los tuvieran.

Llegabas a casa y te los ponías en el fregadero. Nunca entendí muy bien como lo hacías, pero los capabas y luego preparabas un guiso con salsa de tomate y un poco de pimentón. Y unas hojas de laurel.

Antes, por gastar una broma, me solías poner uno cuando estaba en la cama. Y yo creo que te llamaba de todo menos guapo. ¡Qué miedo por una tontería tan absurda!

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️