Los amaneceres al son de la campana de la Pontificia


Hola, papá. Cómo estás? Yo en casa. Me he levantado más congestionada que ayer. Normal. Anoche hacía un frío de muerte. Por eso mi constipado fue a peor.

No veas qué mal se duerme cuando la nariz y la garganta se cierran al mismo sitio.

Espero que conozcas el sitio que he elegido para ilustrar. Es el patio de la Pontificia. Donde yo cursé mis años universitarios. Qué buenos recuerdos de aquellas gélidas mañanas en las tú me acompañabas solo por el gusto de escuchar el ruido de las campanas.

Madrugabas mucho y en más de una ocasión, cogías el coche y nos dejabas a la puerta del patio todo emocionado por estar rodeado de tanto joven aspirante a periodista. Con especial cariño recuerdo a mi amiga Ana Mencía, a quien el destino le tenía preparado un cruel final. Casarse, tener un bebé y fallecer a los pocos meses de un cáncer de piel bastante delicado.

Aún sonrío, siempre entre comillas, una mañana que había estado de fiesta hasta las mil. La pobre llegó algo mareada y descompuesta y nada más sentarse en el pupitre, vomitó. Una buena resaca se llevaba aquel día.

Por más que lo intentó no pudo contener los efluvios estomacales de haber bebido de más.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

La hornacera mayor del Universo (gracias, papá por ser mi fan numero 1)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Es pronto aún, pero me voy a ir a dar un paseo en breve. Se ha levantado un aire tremendo. A estas horas estoy de paseo. Ya he desayunado. Ya te digo que tengo ganas un día de tomar a estas horas un Colacao con bizcochos.

Pero hoy ha tocado zumo con croissants y una infusión de té verde para eliminar toxinas. Era algo que a ti te gustaba poco. Yo creo. No lo creo. Lo aseguro. No sé si en tu vida te tomaste alguna, pero bueno.

Últimamente no se me ocurren muchas cosas bonitas que contar, pero bueno. Vamos a intentarlo. ¿Sabes, peque? Llevo una racha donde todo me sueño mucho con los dos. Y es precioso, pero cuando te despiertas te das cuenta de que solo te queda infinita. Lo peor que le puede pasar a una persona. Estar en una casa inmensa sin nadie. Por eso siempre procuro dar un paseo por la ciudad antes de ir a comer. Así abro un poco de apetito, que últimamente brilla por su ausencia.

Me gusta tocar tus fotos, acariciar cada una de ellas y recrearme en esos momentos que pasamos juntos. De vez en cuando, no mucho por suerte, me encuentro con algunos de tus amigos, como Fondaco, el comandante, que iba a los toros en Santander, y algún otro más. Todos hablan con mucho cariño de ti, como es lógico y normal. Yo me emociono. Últimamente estoy más susceptible de lo normal. Pero será el invierno.

Odio que anochezca tan pronto. Sabes que me encanta el verano, el sol y el buen tiempo. Y en esta época mi estado de ánimo baja mucho. Tanto es así que hace solo unos días pillé el primer catarro de la temporada. Moquitos, flemas y algún gargajo. Nunca se me dio muy bien expulsarlos, pero voy cogiendo práctica.

A estas horas, que he regresado a casa porque me estaba quedando helada, el silencio invade todo el edificio, pero es normal. Es viernes y cada uno anda a sus tareas. Todos menos yo, que aún no tengo trabajo, pero estoy en ello.

A ver si un día de estos me acerco al Mercado de San Juan y hago un rico hornazo. De esos que me otorgaron el título de mayor del Universo. Y que es la foto con la que voy a ilustrar este texto.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las cálidas noches estivales al son de la tuna y de sus ‘Clavelitos’


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Disfrutando de un nuevo amanecer, que es un auténtico privilegio para los sentidos.

Anoche, antes de volver a casa, pasé por la Plaza Mayor. Para mi sorpresa estaba allí la tuna universitaria de Salamanca. Y sí, aunque no te lo creas estaban cantando ‘Clavelitos’. Creo que la favorita de mamá.

Derrochaban alegría y felicidad. Y un corro grande de gente les rodeaba con sus cámaras de fotos para inmortalizar el momento. No me imagino un plan mejor para una calurosa noche de lunes.

Y como es lógico me vino a la cabeza aquel 8 de julio en que subieron hasta la terraza para rondar a mi princesa.

Ahora mismo los estoy viendo en la esquina de la calle Bientocadas con su capa de cintas y sus instrumentos musicales.

Tú eras mi cómplice. A mamá la tuvimos entretenida hasta que llegó la hora de la sorpresa.

Le dijimos que se asomara un momento a la calle. Y se quedó extrañada de ver allí a los tunos, que tantas y tantas veces bajaba a escuchar a una terraza mientras se tomaba un café.

Lógicamente pensó que venían a rondar a alguna bella muchacha de la zona. Pero no. Venían a rondarla a ella, la mujer más bonita que he conocido por dentro y por fuera.

Con sus virtudes y sus defectos. Con esa tímida sonrisa que esbozaba de su pequeña boca.

Cuando los vio subir hasta el ático, una lágrima brotó de sus ojos. Esas canciones le traían muy buenos recuerdos de su vida.

Primero estaba cortada, pero una vez que se integró en la fiesta, no paraba de cantar y de reír.

No creo que haya un momento más hermoso y un regalo más bonito para la persona que te dio la vida.

La felicidad, peque. La felicidad que esa noche llenó nuestra casa de música, fiesta y una sencilla y deliciosa cena para más de 20 personas.

Algo poco improbable ahora. Si bien es cierto que seguidores no les faltan. Allí, en ese grupo, había una ausencia irreparable.

Al final me quedo con su música. Con ese pequeño baile que hice en la Plaza Mayor y con la lágrima que también brotó de mis ojos en cuanto empezaron a sonar las primeras notas de esa canción. Y luego un poco de ‘Siempre así’, que le dan el toque alegre.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Los 15 años tiene mi amor en el concierto del Dúo Dinámico


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Ha amanecido un día estupendo. Perfecto para dar un buen paseo y ponerme en forma.

Hoy hace ya unos cuantos años que llevé a mi princesa a ver al dúo dinámico. Qué tarde tan maravillosa. Lo que nos reímos las dos.

Mamá se sabía todas las canciones, pero no las canturreó. Yo sí. ¡Qué risa nos pasamos!

Estábamos en el CAEM. Sentadas en primera fila. Delante había un grupo de señoras con una camiseta negra y bailaban sin parar.

Mamá sonreía tímidamente. Y yo tenía la sonrisa eterna siempre a su lado. Alguien le regaló. Una flor para que se la tirara a Manolo, el que parecía una momia.

Como era tan tímida, no se atrevió a dársela. Y como siempre fui yo la que la lanzó. En ese concierto vivió rememoró sus mejores canciones. El ‘Quince años tiene mi amor’ y todas las de esa época que le recordaba a su adolescencia y a su juventud.

Pienso que fue uno de los días más bonitos que pasamos juntas, porque la verdad es que fue un momento increíble. Creo que hasta se sonrojó y todo.

Y yo feliz, viéndola. Porque si ella era feliz yo también. Ya lo sabes, papá. Y pienso que lo fue, conmigo, contigo y sola.

Felicidad. La palabra más bonita del mundo. La foto es horrorosa, peque. He buscado la del concierto, pero no la encuentro. Así que nada. Te dejo, que hoy tengo un largo día por delante. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Un paseo entre ‘Candilejas’ y Casablanca en el primer día de primavera


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo recién levantada. Hoy oficialmente ya es primavera, pero aunque no te lo creas, hay dos grados bajo cero ahora mismo. Así que abrigo, bufanda y guantes para salir a la calle.

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Las trastadas de mamá en la lechería de la Casa de las Conchas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo como siempre. Despierta desde hace un rato. Ahora ya me toca desayunar, pero eso no es nada que no haga cualquier persona a estas horas o un poco más tarde.

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Historias de bicicletas, gatos y una infancia maravillosa


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Preparada para empezar un nuevo día. 2 de marzo ya, aunque ayer disfrutamos de una mañana fantástica, la tarde se quedó gris y lluviosa.

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La Bodeguilla y otros ‘tugurios’ de diversión nocturna


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Por suerte sin muchas novedades que contarte. Queda un día para decir adiós a febrero y hoy podremos disfrutar, si el cielo nos deja, de la luna de nieve.

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