La serena belleza de Audrey Hepburn y la luna despertando este martes


¡Hola, papá! ¿Como estás? Yo bien. En casa. Hoy es 4 de mayo ya. ¿Sabes quién hubiera cumplido años hoy? Audrey Hepburn. Murió en 1993.

Mujer hermosa como pocas. Siempre tan delicada, delgadisima y elegante como pocas.

Siempre me cautivó su mirada. Esos ojos negros con esa tez tan pálida. Su serenidad, su belleza…

Increíble. Tú la llevabas siempre en tu paraguas. Junto con Marilyn Monroe. Bien orgulloso que ibas con él. Daba gusto verte pasear tan tranquilo por las calles de Salamanca.

Mira qué foto te he hecho hoy. La luna escondiéndose tras la torre del antiguo edificio de la Unión y el Fenix.

Una imagen hermosa y única. Un momento que nunca se volverá a repetir. Por eso, aunque la mayoría de la gente no lo aprecia, yo sí quise hacerlo e inmortalizarlo para ponerlo en este blog.

No puede haber un amanecer más hermoso. Los pajaritos cantando, el sol luciendo desde primera hora de la mañana… Estoy seguro de que tú lo ves desde un lugar más privilegiado. Con esos ojazos grises.

Ahora toca ir a dar unos cuantos puñetazos a boxeo. Así que a ello voy, peque. Es la única manera de liberar adrenalina a lo largo del día. No te creas que no me viene bien.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Bueno

Los deliciosos despertares bajo la sombra de la Plaza Mayor


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Sin novedades. Ha amanecido un estupendo día casi de verano. Hoy es la Cruz de Mayo.

Si mi memoria no me falla, hace unos cuantos años que falleció Juan Antonio. Es ese momento en que piensas que la familia es indivisible, pero no. Ahí comenzó el principio del fin.

O la cruda realidad, que es ir viendo como se desmorona tu mundo poco a poco y cada vez te faltan más personas a las que quieres.

Es una sensación un poco extraña. No sé cómo explicarte, aunque tampoco creo que te haga falta. Sabes de sobra lo que te digo.

No veas como brilla el sol. Amaneció como para llover, pero ahora se ha puesto una mañana casi estival. Da gusto salir a la calle y oír a los pajaritos cantar y a las cigüeñas sobrevolar el cielo.

Ya sabes que pienso que eres tú mirándome desde arriba, que me observas si voy bien o si me he despertado un poco triste.

Pues también hasta eso lo voy rotando. Lógicamente, unas veces vas más animada y otras menos, pero bueno. No pasa nada. Vendrán tiempos mejores. Seguro, peque.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que tengo sesión de boxeo y hay que descargar adrenalina. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El fin ya cerca está y otras canciones tristes para despedir este gris día de abril


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy ha amanecido un día un poco triste para estar ya a las vísperas de mayo.

Demasiado triste, peque. Es mañana de motos, pero se me olvidó comprar unos cuantos churros para desayunar mientras los veía.

Qué desayunos aquellos de zumitos, churros, tostadas, periódico y risas. Ahora mismo me comería un buen porrón de ellos.

Hay una canción de Frank Sinatra, que luego versionaron ‘Siempre así’, que dice: “El fin ya cerca está, lo afrontaré serenamente… Tal vez lloré, tal vez reí, tal vez gané, tal vez perdí. Y ahora sé que que fui feliz..”

Y lo fui, peque. Mucho. Tenía tantos sueños por cumplir. Hasta que te levantas una mañana y te das cuenta de que eran todos imposibles. Entonces te entra una gran frustración.

Siempre pienso lo mismo. ¿Cómo sería todo si tu estuvieras aquí? En realidad nunca te has ido. En cuerpo sí, pero de mi corazón nunca. Ninguno de los dos. En realidad hay veces que me quedo un poco traspuesta y al despertar aún pienso que estáis conmigo.

Luego me doy cuenta que es imposible. Y para que te voy a decir lo contrario. Me da mucho miedo. Me asusto y pienso. Bueno, Patricia. Respira hondo e intenta sonreír, pero no es fácil.

Ya sabes lo que me hace reír. Yo y mis locuras. Siempre pienso que cuanto más imposibles son las cosas, más me aferro a conseguirlas. Así que ahora habrá que dejar un tiempo y pensar en hacer locuras de esas en las que descargas adrenalina a tope.

Pero te prometo que las haré, aunque me mirarás mal y seguramente me darás una buena colleja. ¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. Que siguen las ruedas y no puedo estar con las dos cosas a la vez. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los maravillosos días de comiditas y turismo con mamá


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Sin muchas novedades que contarte. Hace un día horroroso de tiempo horrible.

He rescatado una foto de hace un par de años. Fue nuestro primer Lunes de Aguas sin ti. Mamá quiso que lo celebraramos fuera y al final nos fuimos a celebrarlo a Valladolid.

Fue un día distinto. Ni más bonito ni más feo. Simplemente distinto. Mi princesa quiso que no resultara demasiado cómplicado ese primer día de hornazo cuando tú ya no estabas.

Al final logró sacarme una sonrisa, que no fue poco. Y ahí estamos las dos. Mamá feliz porque comió de lujo y yo también porque podía abrazarla.

La cantidad de cosas que hicimos ese día. Un montón. Dentro de lo que teníamos, lo logramos pasar bien. Así que nada. Un día para recordar con cariño y con amor.

Con todo el amor que pusimos en ese viaje. Corto, pero intenso. Quizás demasiado breve.

Hoy me doy cuenta de que hacía mucho tiempo que te pedía solo una cosa. Y al final te costó, pero lo hiciste. Gracias, papá. No recuerdo como era la frase. ¡Ah, sí! Con la venda de mis ojos me hice una cinta en el pelo. Hoy estoy más guapa y menos ciega.

La verdad es que ni una cosa ni la otra. Veo igual. Solo ha cambiado el enfoque. Y guapa… Hace ya mucho tiempo que no estoy guapa. Pero tampoco me preocupa mucho eso ahora, papá.

Hoy tengo una cantidad de sentimientos cruzados que no son fáciles de asimilar por mi cerebro, que ya de por sí estaba algo ‘despistado’.

Bueno, pituco. Te dejo por. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La noche de superluna rosa sin ‘Fly me to the moon’


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. De momento todo tranquilo. ¿Viste la primera superluna del año? Seguro que desde un lugar privilegiado.

Lo intuyo. Elegiste buen sitio para ver estos fenómenos astrológicos. El mejor. Tú siempre fuiste muy exquisito para todo.

Te imagino allí, sentado tranquilamente viendo la luna rosa. No sé si alguien te puso ‘Fly me to the moon’ mientras el mágico astro iba cambiando su color.

Anoche cayó una granizo y llovió bastante, por lo que no fue tarea fácil observarla. Lo que más eché de menos fue poderte dar un abrazo gigante mientras la contemplaba. Como hacíamos siempre.

No sé por qué razón nos acordamos de los cangrejos. Y de repente una sonrisa iluminó mi rostro. Siempre te los compraba mamá. O iba yo directamente a algún sitio donde los tuvieran.

Llegabas a casa y te los ponías en el fregadero. Nunca entendí muy bien como lo hacías, pero los capabas y luego preparabas un guiso con salsa de tomate y un poco de pimentón. Y unas hojas de laurel.

Antes, por gastar una broma, me solías poner uno cuando estaba en la cama. Y yo creo que te llamaba de todo menos guapo. ¡Qué miedo por una tontería tan absurda!

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Los niños traviesos del Francisco de Vitoria y la bomba que arrebató su vida


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Ya he salido a dar un pequeño paseo. Hace una mañana muy agradable. Un poco fresquita, pero bueno. Más o menos bien.

¿Cómo estás tú? Te echo tanto de menos. A ti y a mamá. Creo que cuando te fuiste no sabías que me ibas a dejar así.

He pasado por tu colegio, el Francisco Vitoria y me han venido a la cabeza tantos recuerdos.

Te imagino allí de niño. Jugando al balón o trasteando. Feliz, divertido, inquieto.

Siempre decías, con resorna, que un día le rompiste las gafas a un niño del colegio. La abuela te dejaba en la puerta y tú te pirabas. Te quedabas sentado en una farmacia hasta la hora de volver a casa.

Hasta que un día pasó tu vecina y te preguntó por qué no entrabas. Y le dijiste que se te olvidó.

Supongo que la bronca fue de padre y muy señor mío. Y que te serviría para poco. Tenemos los dos el mismo carácter.

Lo contabas y te partías de la risa. Con más tristeza comentabas una anécdota un poco triste.

Alguien dejó una bomba olvidada en el patio. Y explotó. Algunos de tus amigos perdieron la vida. Puedo imaginar el trauma que te supuso, a juzgar por tu cara de tristeza cuando lo narrabas.

Hoy los niños jugaban tranquilos. Con su mascarilla y su alegría habitual. Qué felicidad. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La revolución de los claveles y el hombre que atravesó la estratosfera


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Es domingo de periódico y casi de churros. He pasado por allí y he estado a punto de entrar, pero al final no he sucumbido a la tentación, que ya es raro en mí.

Es 25 de abril. Grandola vila morena. La revolución de los claveles. En Portugal. Siempre te marcó esta fecha, pero no sé muy bien por qué.

Solías despertarte cantando esta canción desde que saltabas de la cama. Y yo siempre pensaba: ¡Qué felicidad!

Te encantaba celebrar cualquier día hubiera marcado de una manera o de otra parte de tu ¿larga? vida. Dejésmolo en larga.

Anoche, no me digas la razón, me acordaba del Felix Baughmaner, el ‘zumbao’, perdón por la expresión, que saltó desde la estratosfera porque pensaba que el Red Bull daba alas.

Ahora que valoro mucho más el tiempo, recuerdo aquella espera como eterna. Tú no estabas en Salamanca. Y mamá y yo estuvimos como 5 horas mínimo pegadas a la televisión.

Luego mi ‘princesa’ se acordó que llegarías cansado y quizás hambriento. Con la maña que se daba para la cocina, te preparó unas sopas de ajo en un momento. Y tú tan feliz.

Regresaste agotado, te sentaste a comer la sopa y tan a gusto. Una copa de buen vino y ya estaba. Jornada completada.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que aún tengo que desayunar y son casi las 11. ¡Cuídate mucho y cuida de mamá! ¡Os quiero! ❤️

Una Feria del Libro con Emilia Pardo Bazán y muchos puestos en la calle


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hace un estupendo día de sol, que aprovecharé para dar un buen paseo por la ciudad.

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Los maravillosos Días del Libro en la Plaza Mayor con rosas y un buen vino


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. ¡Feliz día del libro! Hoy te imagino desde donde estés observando cada uno de los puestos que este año se instalarán en las puertas de las librerías.

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El segundo es el primero de los perdedores y mis abrazos de consuelo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Sin grandes novedades que contarte. Me he despertado temprano, como siempre. He desayunado y ahora me toca dar unos cuantos golpes al saco.

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