La cigüeña que me vigila desde que me despierto hasta que me duermo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. ¿Has visto a quién te traigo? A tu querida cigüeña. Sí. Esa que está en la terraza y a la que contemplo durante horas. Sobre todo por las noches. Y me da tiempo a verla durante muchas horas. Te lo puedo asegurar. Pero es una bonita figura para recordarte.

La cigüeña. Ese hermoso animal en el que juraste reencarnarte y en el que cada vez que veo uno, pienso que eres tú. ¡Qué bonito sueño! A mí los días se me pasan sin pena ni gloria, pero esta es la vida que me ha tocado vivir.

Con lo bonito que era todo cuando estábais mamá y tú. Aquella cigüeña inspiró una de las novelas cortas más bellas que se han escrito sobre esta ciudad. Y que nació de tu privilegiada mente por una inscripción que había en la plaza que hacía referencia a una historia de una mujer que murió allí por un accidente.

No sé cómo lo hacías, papá, pero el caso es que todo te inspiraba para escribir un buen libro, pero bueno. Como mi ordenador no funciona, pues difícilmente puedo seguir tus pasos. No porque no me llenara de orgullo volver a presentar un libro en el Casino con tantas personas alrededor, pero bueno. Se supone que algún día lo aprovecharé.

Hoy ha amanecido un día precioso. Hace un sol espléndido, aunque luego haga algo de frío en la calle. Todavía estoy desayunando, pero bueno. En breve me saldré a dar un paseo. Para aprovechar esta bonita mañana que nos ha regalado el 21 de enero.

Poco más mi vida. Te digo lo de todos los días. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

San Antón, los panecillos y la tradicional bendición en el campo de San Francisco


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Me he levantado de la cama y, aunque hace fresquito, luce un sol maravilloso en este día de San Antón, patrón de los animales.

Un día en el que tradicionalmente salíamos a dar un paseo y al regresar le comprabas una bolsita de panecillos en Gil a mamá. Y qué contenta se ponía. Un dulce tan simple y la felicidad que traía.

Alguna vez fuimos al campo de San Francisco para ver la tradicional ofrenda a los animales.

Aún no he mirado si sigue esta tradición, pero ahora mismo lo miro, porque no me importaría acercarme durante mi paseo matinal que siempre me lleva a sitios distintos.

Aunque esto sea una bobada, hoy es el Blue Monday, el día más triste del año. Otra de las muchas bobadas que inventa Internet. Y que se supone que se debe a tu estado de ánimo, al que hay que sumarle los gastos, la falta de ingresos y no sé cuántas bobadas más. Pero sí. Algo de razón lleva, pituco.

Tú te reías de esto, pero yo. De todas maneras, todos los días sin vosotros son una tristeza infinita. Desde que me levanto hasta que me acuesto. Os llevo en el alma y en el corazón.

Esto es lo que ocupa buena parte de mi tiempo desde que amanezco hasta que me acuesto. Hoy de nuevo he amanecido muy tarde, pero no pasa nada. Ahora desayuno, con calma, como lo hago yo, y luego me iré a dar una vueltecita. Como es habitual en mí. Para descongestionar las piernas y el resto del cuerpo.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El taburetero, nuestra pandilla de amigos de fiesta y otros personajes que pasaron por nuestra vida


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. De momento. Miro por la ventana y ya veo algún rayo de luz del sol. Eso es buena señal. Aunque haga frío, nuestro amigo ‘Lorenzo» sigue saliendo cada día hasta que una mañana amanezca todo nevado, que es mi sueño.

Hoy es 14 de enero. Eso quiere decir que casi nos hemos comido ya la primera quincena del año. Increíble, pero cierto. En nada llega febrero, San Blas, los Carnavales y así sucesivamente. La vida gira. Giran y van, como dice la canción de mi admirado Antonio Orozco.

Algunas noches, al regresar a casa, me suelo encontrar con viejos conocidos muestros. Uno de los que más veo es al ‘taburetero». Del que desconozco su nombre real, pero sé que le rebautizaste así porque en una ocasión fuiste a coger un taburete para sentarte y te debió decir que no. Además con malos modales.

Echo de menos a nuestra pandilla de siempre. A Ruth, a María, a Bea, Toño. Toda esa gente que te hacía sonreír y con la que te lo pasabas tan bien.

Ellos también a ti. Hace mucho que no los veo, pero bueno. Cuando por una casualidad me los encuentro, siempre tienen una palabra cariñosa para ti.

La foto que he recuperado para hoy es una de las cosas que más me gusta hacer desde hace tiempo. Y que practico poco. Beber una rica piña colada. Algún día de estos lo haré. No sé cuando. Porque ahora hace frío en la calle. Pero igual esta tarde o mañana, que es sábado, me animo y lo hago.

Nunca fue muy agradable el señor, por llamarlo de alguna manera. Pero ahí sigue. Paseando de un lado para otro con ese gesto rancio y malhumorado.

Qué personajes tuvimos la fortuna o el infortunio de conocer. Y lo peor es volver a encontrártelos por la calle.

Ya me gustaría a mí que fueras tú el que siguiera dando tumbos de bar en bar.

Nada más por hoy, pituco. Voy a desayunar, que me he levantado perezosa. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ❤️

La hermosa estampa del río gigante que nunca veía el final


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy he amanecido muy tarde otra vez. El invierno me está haciendo perezosa. Hace un frío que pela. Así que como decías tú: «Como temple un poco nieva». No tiene pinta. Desde luego, pero ojalá lo hiciera y pudiera salir a la calle a deslizarme como cuando el año pasado llegó Filomena.

Fue una manera más divertida de bajar al Huerto de Calisto y Melibea que caminando normal. Me he despertado con una ligera carraspera. Lo normal en esta época, pero con un caramelo se alivia.

Es 12 de enero. Y la mañana nos ha regalado un solecito estupendo. A ver si calienta con más fuerza y puedo salir a las mesas un rato antes de irme a pasear.

He encontrado una foto preciosa. Lo que no consigo es la ubicación. Por la playa y la época. Y teniendo en cuenta que apareció en mi móvil por casualidad, deduzco que es Deba. Tu primer mar. Ese lugar al que sueño con volver pronto. No te imaginas las ganas que tengo de volver a ver olas, a respirar ese olor a sal, a meter los pies en la arena y que el agua me los acaricie sutilmente.

El mar. Lo mejor que se creó en este mundo para vivir la vida. Y no estás cuatro paredes que me rodean ahora mismo ni los edificios de esta ciudad, que cada día me gustan menos. Pero de momento, sin trabajo, no me queda otra que seguir aquí viendo pasar la vida. Y si esto es la vida, papá, no sé qué decirte. Sueño con volver a Santiago, a Fisterra y, por qué no, a O Grove. El lugar donde de pequeñas pasamos tantos y tantos buenos ratos los cuatro juntos.

Pero bueno. Soñar es gratis. De momento. Tendré que esperar un tiempo para hacer mi sueño realidad. Uno de ellos, que me quedan tantos por cumplir.

Algunos complicados. Otros tan simples como ir a Alba de Tormes a ver un atardecer distinto. En Salamanca, con tantos edificios, es complicado verlos. Salvo que te bajes a la zona de los puentes a una hora muy concreta.

Qué fastidio haber nacido bohemia y soñadora. Mejor dicho. ¡Qué suerte, peque!

Como tú. Enamorada de unos ojos grises. Los más bonitos del mundo. Ahora mismo estoy sopesando empezar a escribir algo más, pero tampoco el ordenador funciona y hacerlo en el teléfono, es un poco absurdo. No tiene mucho sentido. Ya te digo que todo se va relantizando más de lo que debiera, pero no hay más remedio que tener un poco de calma (dentro del desasosiego que me provoca vuestra ausencia) y esperar a que vengan tiempos mejores, que se supone que vendrán.

Ahora sí. Toca vestirse y dar un paseo y caminar. Sín rumbo fijo. Como habitualmente. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El homenaje a Julio Robles y los primeros días sin fumar en los bares


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. De momento todo tranquilo. Ya es 11 de enero. La otra mañana, subiendo de mi paseo habitual, vi que en ttes días es ya el homenaje a Julio Robles. No me digas cuántos años hace, pero muchos.

Recuerdo que llegué al Adelanto a primera hora de la tarde. Y fue un auténtico shock. Me lo dijo Celia. Y a partir de ahí fue una tarde de locos. Qué trajín. Pero bueno. Era mi época de apogeo en el periodismo y podía con todo. Esa tarde fue de locos. De un lado para otro constantemente y sin aprovechar.

Que si a la capilla ardiente, al Ayuntamiento a dar ver la apertura de la capilla ardiente, al día siguiente el funeral… Un follón.

Después, manteniendo tradiciones, comencé a ir todos los años al homenaje que se realizaba en la plaza de toros. Me vienen mil recuerdos a la cabeza.

Hay uno que ahora me viene a la cabeza y que quiero contar a través de estas letras. Estaba yo con mi compañero y amigo Carlos Perelétegui. Era esa época en que se había prohibido fumar dentro de los locales. Y estábamos los dos con el pitillo en la boca.

Sacó un cenicero rojo de esos plegables para echar la ceniza. Y hubo sonrisas generalizadas. A ese momento de alegría, le vino después un fuerte mazazo. Así, sin anestesia ni nada, nos dijo que tenía un cáncer de pulmón. Yo no daba crédito a lo que estaba oyendo. Más sabiendo que mi tío, tu hermano, estaba muy malito.

Pero lo afrontaba con mucha entereza. Tanto que realmente no me llegaba a creer lo que nos estaba diciendo en ese momento. Y más cuando tío Ángel estaba ya muy enfermo. Con ese mismo problema.

Fue una lucha larga y dura, una batalla que todos pensábamos que iba a ganar, pero al final ni el Cristo por el que tenía tanta devoción le ayudó en esa guerra contra la parca.

Veníamos de Ciudad Rodrigo y entramos en el hospital a verlo. Le llevaba unas pastas de allí. Me tomó fuerte la mano, a pesar de que estaba con toda su familia, que por supuesto era su principal apoyo, y me dijo: «Como el Divino no me ayude, no lo veo yo muy claro». Tardó un mes desde que mantuvimos esa conversación hasta que un lunes, mientras esperaba su artículo semanal, me llamó su hija y me dijo la triste noticia. Una de las grandes plumas del periodismo se había marchado para siempre.

Y esto es la vida, pituco. Como cosa extraña, ese día fuiste conmigo al funeral. Teniendo en cuenta que los dos somos ateos convencidos, pues poco más que contar. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los anocheres al son de ‘Candilejas’ y la magia de Charles Chaplin


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Me acabo de despertar. Fíjate qué horas tan raras para mí. Se acercan más a tus 11:11 que a mi hora habitual, que solían ser las ocho o un poco más tarde. Al final creo que el invierno me está volviendo un poco perezosa, pero es normal. Acostumbrada al verano y al solecito que siempre me gustó tanto tomar.

Vamos. Que necesito vitamina D en breve. Por suerte ya se van agrandando los días y ahora a las siete o así todavía comienza a anochecer. Ya es 10 de enero de 2022. Quedan 7 días para San Antón, patrón de los animales. Me empecé a reír cuando me acordé. Mamá y tú teníais la costumbre de felicitaros.

Qué dos seres tan maravillosos, a pesar de que, como todos, alguna vez tuviéramos discusiones. Al final eso también aporta cosas a una relación familiar. Y en nuestro caso mucho.

Hoy me falta inspiración. Me sienta fatal levantarme tan tarde. Y ahora empezar a hacerme el desayuno. Últimamente casi empalmo esta primera comida del día con la hora del almuerzo. Al ritmo que voy. Un caos.

Me he enterado, curioseando en mi móvil, que hay un sitio en la cuidad donde te ponen películas de Charles Chaplin. Inevitablemente me vino a la cabeza aquellas noches en las que ponían «Candilejas’. Qué gran película y qué bonita música. Me costaba alguna lágrima. Por no decir una buena llorera. Aquella bailarina tan hermosa.

Qué gran director, Charles Chaplin, un genio de la filmografía. Ojalá algún día yo llegara a un nivel tan alto. Qué noches tan hermosas viendo esas películas antiguas mientras que tú nos hacías una fabada de bote, que te quedaba buenísima. Hasta que un día reventamos y decidimos empezar a comer lomo con un poco de aceite y otras cosas más ligeritas.

Eras poco cocinitas. Como yo desde hace algún tiempo, que todo lo compro envasado, menos la fruta. Al final es más cómodo. Lo pones en una bolsa de plástico, lo reciclas y ya está. Problema solucionado.

Ahora mismo es tu hora de levantarte. Así voy a hacer exactamente lo mismo. Salir de la cama ya y mirar qué tengo para empezar el día. Una pieza de fruta, una infusión y no sé si un par de tostadas con mermelada. Lo que haya. Y a empezar el día. Un poco tarde, pero bueno. Mejor tarde que nunca.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Las mañanas por las calles de La Alberca con los marranos sueltos por la calle


Hola papá. ¿Cómo estás? Yo bien. En la camita todavía. Hace un trio que pela, pero bueno. Lo normal de esta época. Así que hay toca desayunar algo calentito. Siendo prácticos, me haré una tostada y una infusión de manzanilla y mi zumito de naranja. Y luego a dar un paseo, como siempre. No muy largo, porque me duele una cadera, pero que es normal con la edad.

Mira qué foto tan simpática he encontrado. Estamos los 6 en La Alberca (falta la que estaba haciendo la foto). Cómo es lógico. Tendría yo ahí unos cuatro años y estaba supergraciosa. Porque tenía yo unos pantalones vaqueros y un jersey granate. Estoy con mamá y las tías. Supongo que iríamos a comprar el embutido típico de por allí.

Lo que más me gustaban eran las hogazas de pan recién hechas. Los chuscos.

¡Qué ricos! Cuando llegábamos donde el señor Eusebio, nos lo rellenaba de chorizo y nos los comíamos.

Lo más divertido era cuando soltaban el marrano por las calles y nos resguardábamos todos en el puerta de la panadería. Qué estampa tan divertida.

Lo que me ponía el estómago del revés era ver a los jabalíes colgados de las paredes de la plaza. Siempre me han dado mucho asco los bichos muertos. Y 40 años después, me sigue pasando lo mismo. Hay cosas que no van a cambiar nunca. Odio las carnes de cordero, de conejo y todas esas cosas. Por suerte me quedé con tu carácter. Y ya.

Ahora en casa ya no tengo embutidos tan ricos. Si no, ahora mismo me pondría a hacer un hornazo, en vez salir a dar un paseo, pero pasear es bueno para despejar la cabeza mover un poco los músculos.

¿Sabes, peque? Tengo ganas de volver a allí. A comprar chorizo no sé, pero a hacer puenting si. Aunque creo que me queda bastante para poder algo para liberar adrenalina, que es lo que más me divierte en la vida.

Patricia y sus locas aventuras. Un caso perdido, pero bueno. Por lo menos me estoy riendo, que no es poco.

Recuerda que me hiciste un cartel que ponía: «Hornacera mayor del universo». Uno de mis favoritos. Como todo lo que tú me hacías.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La noche de Reyes más triste de mi vida


¡Hola, papá! ¿Cómo estáis? Yo en casa. Me he levantado con una tristeza infinita. La mesa del salón está vacía. No hay regalos, no hay nada. Un paquete de pañuelos para enjuagar mis lágrimas.

Qué diferencia. Cuando estábamos los tres aquí juntos yo ponía vuestros zapatos y me levantaba a media noche a poner lo que os había comprado. No podía dormir de la emoción de pensar si os iba a gustar.

Yo que siempre creí en los Reyes Magos. No hace tanto tiempo que le poníamos unas copitas de anís o coñac y unos dulces para los camellos. Anoche ya ni los puse. Sí total. Me iba a dar lo mismo. Ya sabía que al no estar vosotros, todo iba a ser diferente

Además, eché en falta una buena cena, como la que nos hacían en Santa Marta. Llegué a casa pensando en las almejas y las gambas que nos preparaba el cocinero de la residencia de Caja Duero.

En mi bolsillo dos euros y un buen puñado de caramelos de la Cabalgata de Reyes, que esta mañana regalaré a algún niño. ¡Una tristeza¡

Aún recuerdo aquella mañana que te despertaste u tenías un viaje a San Sebastián en tu zapato. Empezaste a llamar por teléfono a todo el mundo con una alegría infinita. Cuando lo reservé, en realidad no pensaba que fuera a ser uno de nuestros últimos viajes juntos. No sabes lo que daría no volver a ver ese mar. Ese río nunca tiene final.

Fue el regalo más bonito que te pude hacer. Hoy no encuentro consuelo, papá. Anoche miraba la casa de Rodri y estaban todos reunidos, riéndose. Los niños abrían sus regalos en la ventana y botaban de alegría. Supongo que habrían preparado una buena cena familiar.

Y me dio una pena que no estuvieráis conmigo. Las dos mejores persomas más maravillosas que me regaló la vida.

Vida. Preciosa palabra. Y ya sabes que mí lema desde hace tiempo es Go free (sé libre), la frase que lleva en el trasero de su mono mi admirado Pecco Bagnaia.

Fíjate que pensé comprarme su gorra, pero tampoco lo hice. Ahora sin trabajo, la vida, o lo que sea esto, que no lo sé, se me hace cuesta arriba.

En fin, pituco. Hoy me espera otro día de desastre. Amanezco llorando y seguro que la termino igual. No me gustan estas textos tan tristes, pero levantarme y ver la mesa vacía me ha roto el alma en mil pedazos. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El primer día de 2022 con las mismas ganas de huír al paraíso


¡Hola, papá! ¿Cómo estáis? Yo en casa de momento. Anoche me acosté tarde, porque me gusta ver los programas de la tele. Eran casi las cuatro de la mañana. Y no tenía ganas de dormir.

Feliz año, mis amores. Qué difícil es amanecer cada 1 de enero sin vosotros. Menos mal que hace sol y puedo salir a dar un paseo. Ni tan siquiera he visto el concierto de Año Nuevo. Antes me gustaba, pero ahora ya no puedo verlo. Siempre me quedaba a dormir en casa de mis tías y a eso de la una os daba un toque para saber que estabais bien. Y me ponía completamente feliz. Os esperaba con unas ganas… Habían pasado solo 12 horas, pero ya os echaba de menos.

Hoy he decidido dar un paseo. Para empezar bien el año. Recorrer la zona antigua de la ciudad es una buena forma de comenzar este 2022, que no sé lo que me deparará.

Espero que cosas buenas. De momento lo he empezado en esta ciudad, que cada día me gusta menos, pero espero huír de ella en breve.

Ya sabes, peque. Yo y mis manías. A estas horas, cualquier otro año, hubiera puesto una mesa con un montón de cosas para comer, pero estando sola. La verdad es que no voy ni al supermercado. Me quedan 4 yogures y dos piezas de fruta. Ah. Y un poco de pan de molde para hacerme un sándwich si no tengo para comer otra cosa.

Con lo rica que estaba toda la comida de Páramo. ¡Qué banquetazos! Qué tiempos aquellos, que no regresarán. Así son ahora estas fiestas. Aparte de la pena de no teneros, eso… No hay nada rico para comer, aunque cada día como menos y engordo más. Supongo que será de eso. De no comer.

Pero es lo que toca. Sin trabajo… Sobrevivo como puedo. En fin, papá. Que ojalá este año me traiga mucha salud, un buen curro y unas cuantas aventuras emocionantes, que es lo que me hace falta.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Para ser 1 de enero no estoy muy inspirada, pero así son los comienzos de año. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La última noche del año (la tristeza de decir adiós a 2021 sin vuestros besos)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. 31 de diciembre. Se acaba este año con el tradicional homenaje a don Miguel de Unamuno, al que ahora ya no se puede acceder salvo con invitación.

¡Qué nostalgia de día! Era un acto al que nunca faltábamos. Siempre con tu capa charra. Y yo con algún vestido bonito para ir a tu lado. No me gustaba mucho, pero solo por ir colgada de tu brazo, era un auténtico privilegio.

Éramos la pareja perfecta. Recuerdo que un día nos encontramos con una persona que nos dijo que parecía que íbamos a dar las campanadas.

Yo, con mis manías, tenía la costumbre de estrenar alguna prenda de lencería roja esa noche. Más que nada porque decían que daba buena suerte.

Este año ni eso. Mi conjunto favorito está en una tienda de la calle Toro. Cada vez que paso me quedo eclipsada mirándolo. Aunque me eclipsaban más tus maravillosos ojos grises.

Y a las doce, como siempre, sonará esa canción de Mecano que dice «a los que ya no están echaremos de menos». Y lloraré, peque, lloraré. Llevo más de dos días sin salir de casa, abrazada a una foto tuya, rodeada de recuerdos. Ni tan siquiera sé si bajaré al homenaje. Me trae demasiados recuerdos. Yo. La mujer de los recuerdos. La que siempre soñaba con estar este día en Sidney, que a estas horas ya estarán con los fuegos artificiales.

La penúltima locura de mi vida. No. La penúltima no. Me quedan muchos por cumplir, pero al final, tendré que ir poco a poco. Si hubiera tenido curro, ya estaría allí. Viviendo la vida, papá. Como siempre lo pensé. Quizás el próximo tenga más suerte y lo pueda hacer.

Esa canción tan hermosa que dice que al final donde fuiste feliz quizás nunca debieras tratar de volver, es justo lo contrario a lo que pienso yo. No es que no deba volver. Es que me quedaría allí definitivamente.

Pero bueno. Soñar es gratis. Quizás algún día pueda cumplir ese sueño. Voy a desayunar por última vez en este año y mañana ni tan siquiera sé cómo me despertaré, porque cada 1 de enero recuerdo que no venía a dormir aquí. Y lo primero que hacía al levantarme por la mañana era llamaros para ver si estábais bien.

Ahora ni eso. Me niego a escuchar el concierto de Año Nuevo. Ni aplaudo cuando tocan la marcha Radestky. La ilusión por cambiar de año se me fue hace ya un par de ellos.

Por cierto, peque, para ser día 31 ha amanecido un día con un sol radiante. Hace fresquito, pero se está bien aquí con la cabeza fuera de la ventana.

Te dejo por hoy, mi vida. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Espero que esta noche podáis brindar con una buena botella de cava, como las que comprábamos antes y que os acordéis de mí como yo lo hago de vosotros desde que me levanto hasta que me acuesto. Os quiero. Feliz 2022. ❤️