El otoño ha venido y nadie sabe como ha sido (la nostalgia de los días de lluvia)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hace un tiempo horroroso. Llueve y la tarde está desapacible. Donde más a gusto se está es aquí. En la terraza.

Sabes que estos días tan desapacibles me ponen un poco nostálgica, pero es normal.

Ahora miro la placa del Lazarillo de Tormes y pienso que fue una gran idea la de colocarla en la terraza.

Es preciosa. Y la cigüeña engrasada y todo. Las calles están vacías. Todo el mundo a resguardo. Con lo bien que se vive en verano.

Pero no queda otra. Lázaro de Tormes e Ignacio Carnero. Una dúo inseparable. Cuánta devoción por este maravilloso libro. Al final logramos reunir más de 200 ediciones distintas, Con bastante esfuerzo, por cierto.

Lo recitabas de todas las maneras posibles. Te lo sabías de memoria. Incluso te atreviste a leerlo una vez en Braille. Eras increíble. Mi héroe, directamente.

Ahora mismo estoy viendo a Rodrigo, el vecino. Y me vienen a la cabeza aquellas mañanas en las que le decías que te limpiara los zapatos. Qué ocurrencias las tuyas. De traca.

Menos mal que estaba mamá para limpiártelos, que si no. Te daba igual llevar un pantalón azul con un polo granate y unos zapatos verdes. En eso no has salido a mí. La verdad que no. Procuro ir siempre bien conjuntada. No sé si acierto o no, pero eso es lo de menos. Ojalá pudiera volver a conjuntarte yo.

Hoy no tengo ni planes directamente. Con este clima no sabe uno ni que hacer. Así que será tarde de limpieza. Que no viene mal darle un repaso a todo de vez en cuando.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los bellos atardeceres con cielo morado en el cielo de Salamanca


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo amaneciendo. Temprano, como siempre, para aprovechar a tope este día que ha amanecido con algunas gotas de agua y una temperatura agradable.

Todavía es de noche. Se pasó lo mejor del verano y ahora toca bregar con el otoño, tu estación favorita del año. Lo único bueno que tiene es que te deja imágenes como éstas. Un bello atardecer en la parroquia de San Marcos.

Ayer fue día de piscina con tus amigos y el final de la vuelta a España, en Santiago de Compostela. Una ciudad que te enamoró desde el primer momento en que te fuiste. La tierra de Valle Inclán, del antiguo “Derby”. De tantos y tantos momentos maravillosos que pasamos juntos allí. También bajo un paraguas, pero juntitos de la mano.

Para lo que yo era con el ciclismo, solo he visto dos o tres. El resto de los días lo pasaba chapoteando en la piscina. Qué divertido es poder practicar ejercicios imposibles dentro del agua.

Este mes va a ser un poco complicado para mí. Mañana hace años que te dieron el alta en el hospital. Y a los pocos días ingresaba mamá. Tú eras mejor enfermo, pero ella lió una.

Recuerdo que, después de una noche en ayunas, le trajeron para almorzar un pollo con patatas. Y con el carácter que tenía, lo comenzó a desmenuzar y se le fue todo al suelo para desesperación de las personas que le atendían y mía. No me podía creer el hambre que había pasado en esas horas.

Vaya par. Os ponías de acuerdo hasta para eso. En fin. Cosas de la vida. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las historias de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Aguantando un poco más en la cama hoy domingo. Ya sabes que tengo antojo de churros desde hace no sé ni el tiempo, pero me temo que hoy no será.

Un desayuno ligero y a la piscina, que en nada la cierran ya. Es 5 de septiembre. Rebuscando en mi archivo particular de fotos he encontrado una que para mí humilde gusto es preciosa..

Fue una tarde que llevé a mamá a Alba de Tormes a comprar pastas de té y a tomar un pinchito en un bar que por casualidad se llamaba Fidel.

Al retornar, llevándote siempre en el recuerdo, me acerqué a ver a tu admirada Santa Teresa de Jesús. Le coloqué un marcapáginas de ‘La Campana del Carnaval” para que os quedarâis juntos un rato.

De pequeñas, no me digas la razón, siempre andabas vacilando con el supuesto ‘romance’ de la literata con San Juan de la Cruz. Tanto armaste con ello, que al final, un día, estando en la Catedral de Ávila, mientras que un grupo de niños hacía una visita guiada, Marta les dijo que estaban liados. La pobre se santiguaba de pensarlo, mientras nosotras reíamos sin parar. Qué risas nos echamos.

Tenías cada idea… Que mejor no cuento todas. Voy a desayunar que me están rugiendo las tripas. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero! ❤️

Las peleas de ‘dreas’ y tu maltrecho tobillo herido


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. Hoy parecía que el lluvia iba a llegar a la ciudad, pero de repente ha abierto el día y hace un solecito maravilloso para desayunar en la terraza tranquilamente.

Como soy una calamidad, este año no hice la foto de familia con los piscineros. Y a estas alturas, ya es imposible, pero no pasa nada. Ya habrá tiempo de hacerlas.

Ayer, hablando de todo un poco, me acordé de las archiconocidas dreas, que tantas veces me contaste.

Cuando eráis unos niños, quedåbais en un lugar donde reuniros al aire libre y vuestra diversión era lanzaros piedras unos a otros. ¡Lo inconsciente que es uno a una determinada edad!

Tuviste fortuna. si no mal recuerdo, solo te hicieron una pequeña brecha en la pierna. Nada grave. Una historia que contabas divertido como tantas otras.

Uno de tus amigos, Beni, era el encargado de poner orden en el caso de que hubiera algún problema. Y en una de sus muchas incoherencias, se le ocurrió saltar la tapia del cementerio. Eso lo debe dar la adolescencia, porque otra cosa, lo dudo bastante, la verdad.

Te lo pasaste muy bien de pequeño. Y yo mejor escuchando tus divertidas historias.

Ahora solo queda esperar a que pase esta mala semana para que pueda coger un poco más de vitamina D en la terraza, como hacía antaño, y aguardar al otoño con toda la melancolía que me produce.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Nuestros atardeceres chiclaneros a la orilla del mar


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casita. No veas la tormenta que cayó anoche. Había unos relámpagos. Y yo sin paraguas. Pero por lo menos me refresqué la cabeza, que no es poco.

Haciendo memoria. Y mucha. Recuerdo que un 26 de agosto (el año ya es más complicado de recordar), me llevaste a ver a Emilio Oliva a Peñaranda. Otro de mis deseos cumplidos.

Y ahí, todavía más, creció mi debilidad por Cádiz, sus pueblos y sus playas. Algo que echo de menos desde que me levanto. El suave ruido de las olas, el olor a sal, las ricas tortillitas de camarón.

Igualito que despertar con una obreros dando golpes en el edificio de enfrente.

Aunque ya hace muchos años que dejé de escribir de toros, me siguen llamando mucho la atención las plazas de toros.

Incluso cuando bajo al garaje, me quedo fijada en los carteles que hay allí. Hay ciertos momentos de la infancia o de la adolescencia que no se olvidan, pero de momento es lo que toca. Recrearse la vista con puestas de sol maravillosas y con la esperanza de que pronto (sin fecha prevista), retornaré a ese paraíso de luz y relax total.

Donde tantos y buenos momentos vivimos juntos. Una noche de esas un poco absurdas, nos pusimos en un ordenador para ver un juego un tanto ridículo en el que, en teoría, lógicamente, te ponía la fecha de tu muerte. Un tanto sarcástica. La mía la recuerdo perfectamente, pero no creo en ella. Una anécdota más de nuestras incontables historias de la vida. Esa que va transcurriendo a pasos agigantados.

Así que corto y me voy a disfrutar del día. Bueno, pituco, te dejo por hoy. ¡Cuidate mucho y cuida de mi princesa!. ¡Os quiero! ❤️

Es complicado olvidar.

Zacarías González, el genio de la pintura que iba al cine el día del espectador


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Disfrutando de otro precioso amanecer desde la terraza, que para eso está.

Ayer mirando por el salón, topé con el libro de la exposición de Zacarías González. Tu amigo y un maestro de la pintura.

Tras su marcha, se abrió su casa museo para que el público pudiera contemplar su obra. Nosotros, por fortuna, y gracias a su amabilidad, pudimos verla antes.

Te sorprendió especialmente un ‘Lazarillo de Tormes’ manuscrito.y con dibujos hechos por él. Tuviste la fortuna de poder tenerlo entre tus manos.

Sé a ciencia cierta que si te hubiera dado la mínima opción de comprarlo, ahora estaría en una de tus estanterías, pero no fue así y no había que darle más vueltas.

Zaca era un señor de gesto dulce y tierno. Muy amable. Con unas manos prodigiosas. Y lo que más llamaba la atención, es que se iba al cine el día del espectador.

Cuando estamos hablando de uno de los artistas más cotizados de siempre. Son decisiones personales. Eligió ese estilo de vida y fue muy acertado.

Admiración mutua de ambos. De maestro de las plumas a maestro de las letras. ¡Qué grandes los dos! ¡Qué honor poder conocerle! A él y a otros grandes de la cultura salmantina. ¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero ❤️

Los sustos para infartar por tus despistes y los preciosos regalos de la naturaleza


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Esta foto es de ayer por la noche. Otro regalo de la naturaleza. Un maravilloso atardecer en la sierra. El sol se estaba ocultando y, una vez más, me faltó el rayo verde. Ese que dicen que anuncia el final del día y que es tan complicado de observar desde cualquier lugar. Si acaso en el mar. Precioso, de cualquiera de las maneras. ¿Verdad?

Anoche, hablando de todo un poco. Y no me digas por qué salió el tema de los hospitales, me acordé de que los dos siempre fuimos un poco despistados. Una de las veces que bajamos a Urgencias para ver a tu hermano Enrique, te fuiste a buscar el aseo.

Y no hace falta que te diga lo que te pasó. Tardabas en venir y, lógicamente, al ver que no volvías, me adentré en ese laberinto de pasillos que es la zona de radioterapia del Clínico.

No había manera de encontrarte. Al final, preguntando, como siempre, y con el susto metido en el cuerpo, pregunté a una celadora. Le di tu descripción (por aquella época ya ibas con tu bastón) y ,tras un buen rato de incertidumbre, apareciste por uno de los ascensores. Sonriente, como siempre. No sé te ocurrió otra cosa que ir al baño y no fijarte en la ruta que habías iniciado.

Cuando nos reencontrarnos, a eso de las dos de la mañana, te di un fuerte abrazo. Aunque, lógicamente, te eché una buena bronca por la angustia de esos minutos sin dar señales de vida.

Al final todo quedó en eso. Un susto de los buenos. Para celebrar el reencuentro, nos fuimos a tomar unos pinchos y unas copitas al Elfos.

Supongo que llegaríamos a casa sobre las dos o las tres de la mañana. Mamá estaba con su radio. O medio dormida ya. Cuando le contamos lo sucedido, no sabía que pensar. Pobriña. Entre las dos la matamos a disgustos. Lo único bueno fue que llegamos sanos y salvos a casa.

Aventuras para contar nunca faltan. Unas más entretenidas o curiosas que otras. Ya sabes que depende de la inspiración con la que me despierte ese día. ¡Bueno, pituco. Te dejo por hoy! Disfruta de esa fantástica imagen, que supongo que podrás ver en algún lugar privilegiado allá donde estés. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El gran regalo astrológico en forma de ‘superluna azul’


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo madrugando bastante, como verás. Me gustan las mañanas de domingo. Y más después de la sorpresa que nos tenía guardada la noche de ayer.

Me asomé a la ventana. Y vi una luna llena enorme. Que brillaba con fuerza en el cielo y acompañaba al lucero del alba.

Al entrar, como suelo hacer siempre, miré en las redes sociales las últimas noticias. Y sí. Había una explicación para tan magno acontecimiento astrológico. Era la superluna azul.

Lo mejor es que en ningún momento cambió de color, como decía la noticia. Simplemente es uno de esos momentos únicos que te regala la vida para que queden plasmados en la retina.

Uno más de los muchos que vivimos juntos. En ocasiones solo nosotros dos y alguna con mamá.

Esas noches de fiesta, solían terminar con una gran churrada en la terraza. Qué magia tienen estas noches de verano. ¿Verdad? Qué afortunada de haber tenido la oportunidad de tener tantas a tu lado, escuchando buena música o simplemente abrazados. Ahora mismo suena una campana. Son las ocho. Hora de levantarse y ponerse a hacer cosas.

¡Bueno, pituco, te dejo por hoy! ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero ❤️

Los tiempos de tapeo, placas y celebración


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. Preparando la mochila para ir a la piscina. Queda un mes justo de verano. Así que habrá que aprovechar los últimos días de refrescantes chapuzones.

Casi siempre que llego allí me acuerdo del ‘cacho’ que nos preparaba mamá. Era un trocito de pan con unas rajitas de embutido que a media mañana, después del baño, sabía a gloria, para que vamos a decir lo contrario.

Que cosa tan simple y tan rica. En tu bolsa te metías una cerveza bien fría para tomártela con el bocatín, en tu cueva particular (el trozo de árbol que había abajo del recinto de Tejares.

Y luego el pinchito en ‘Las cuatro hermanas’. Los pequeños placeres de la vida. Esos momentos que no valoras tanto hasta que te faltan.

Me da una pereza infinita que llegue el otoño. Disfruto mucho más de una mañana de sol que de una de lluvia. Pero por desgracia el tiempo no puede pararse. Pasa. Rápido. Muy rápido. Demasiado. Y ahora ya, sin vosotros, mucho más.

Qué lástima que no haya personas eternas. Que todo sea efímero.

En un par de semanas comenzarán las fiestas de la ciudad. También muy diferentes por la nueva realidad que nos ha tocado vivir.

No es que te gustaran mucho las casetas, pero una mañana sí la dedicábamos a probar algunas de las deliciosas tapas que preparaban en algunas de ellas.

Hoy, rebuscando en mi álbum de recuerdos, encontré esta pequeña placa que me concedieron por escribir de toros en los periódicos locales. Hasta esas aficiones cambian, lógicamente.

Al final opté por la rama de letras. Y acerté. Pienso que es algo que se lleva en la sangre. Una auténtica bendición. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa.¡Os quiero!❤️

La tragedia aérea de Madrid del 20-08-2008


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy es 20 de agosto. Ando más tardía de lo normal. No sé si recuerdas que hace ya 13 años, viendo el informativo, nos quedamos petrificados viendo como en una conexión en directo desde el aeropuerto de Madrid, salía una gran columna de humo.

Se intuía la tragedia. Recuerdo que ese día fui al periódico a trabajar y fue en ese momento cuando, al abrir el ordenador, ya baticinaban lo peor. Un auténtico caos en Barajas. Un avión estrellado con más de 200 muertos.

La noticia, como es lógico, dejó petrificado al país. Nunca llegué a comprender como alguien pudo calcular de manera tan exacta la magnitud del accidente.

Apenas habían pasado unos minutos y en El Mundo dieron en el clavo con la cifra de personas fallecidas. Qué desastre. Es de esos momentos que te quedan grabados para siempre en la memoria.

Por lo de demás, pocas novedades. Hace un calor horroroso. Propio del verano. Un día más de piscina que de otra cosa. Aunque ya empiezan a caer las hojas y anochece antes.

Bueno, pituco. De momento no hay mucho más que contar. Así que ya sabes. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero.