Los ricos hornacitos que preparaba para compartir en la piscina de Tejares


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy sí es día 20. Disculpa porque estos días puse la fecha errónea, pero rectificar es de sabios y de necios perserverar en el error.

¿Has visto los gemelos que preparé hace no sé cuántos años? ¿Deliciosos verdad?

Por algo me concediste el privilegio de `Hornacera mayor del reino’, un papel que aún sigue colgado en el espejo de mi habitación.

No recuerdo ya el tiempo que hace que no preparo uno, pero llevo con antojo desde hace meses. Cualquier día de estos me animaré. Lo que pasa que con tanto calor, como que no.

Antaño, cuando estábamos en época de normalidad, lo solía hacer con frecuencia, pero tendré que esperar a que pase la época estival.

En la época en que lo llevaba a la piscina, era todo un éxito. Nos juntábamos en la cueva, ‘tú cueva’, con un buen vaso de vino o una Coca Cola.

Recuerdo una mañana que nuestro buen amigo Manolo, me convidó a una copichuela de buena mañana. Qué berza agarré de parte mañana. Me estuvo doliendo hasta bien entrada la tarde. Ni con el agua de la piscina se me pasó. Te veo riéndote en la orilla por tan magna ocurrencia.

Tenías tres o cuatro bañadores y un par de pantalones para cambiarte, además de unas cuantas camisas para cambiarte. Y te costaba. Siempre te tenía que preparar la ropa yo o mamá para salir a la calle. Con lo que me gusta a mí trastear por las tiendas… En eso no me parezco ni a ninguna de los dos.

Voy a empezar mi día para que me cunda lo más posible. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

La ‘princess’ era feliz en el escaparate de cualquier pastelería y tú en la de los libros. Cada uno, al final, hemos sacado nuestras manías. Muy respetables por cierto.

Don Ramón y Don Benito a la sombra de ‘Luces de Bohemia’


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Disfrutando de otro día de verano. Fíjate las horas que son y ya se nota que va a apretar el calor.

Rebuscando entre tus fotos, encontré ésta. ¿Hermosa verdad? Don Ramón y don Benito. Juntos en algún lugar de Madrid. Hasta donde alcanza mi vista, es en la chocolatería Ginés.

Qué dos genios. Y saboreando uno de los mejores manjares que puede haber en el mundo. Un delicioso chocolate con churros.

Cuando los vi, pude imaginar tu cara al ver juntos a dos de tus admirados literatos.

Lo bien que se lo debían pasar juntos, pituco, aunque la verdad es que no tenían cara de muchos amigos esos días.

Al olor de este delicioso manjar, en este mismo enclave, se forjó `Luces de Bohemia’. Justamente el libro que elegí para tu viaje más largo, papá. El de la eternidad.

Supongo que no pude elegir mejor, pero hoy, al hallar la imagen, me di cuenta que seguramente había acertado.

Pero no son horas de ponernos trascendentes, que nos queda un día por delante para disfrutar. Así que eso va a ser lo que haremos. Disfrutarlo a tope. Bueno pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los días de vino y rosas siempre a la verita vuestra


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Es 7 de junio ya. Quedan dos semanas para que llegue el verano. Hoy alcanzaremos los 31 grados. Menuda chicharra, de hecho.

Hoy ni sé donde me meteré para refugiarme de este calor. Contigo hacía menos cosas, pero con mamá, era un no parar. Que si un café con hielo, una visita al mercado, un aperitivo, un ratito en casa y por la tarde más de lo mismo.

Los días se hacían tan cortos y tan amenos. Igual que contigo, que siempre sabías cuidar con detalle cada capricho.

Nunca me faltó de nada a tu lado. Pero lo más importante no era lo material, que me encantaba, si no el hecho de tenerte a mi vera. Y sí. Pasar por los sitios y entrar.

Ahora, por desgracia, las cosas han cambiado y mi rol es el de paseante aburrida de vivir en esta ciudad que tú tanto amabas.

Para ilustrar el post, he escogido esta foto, en la que estoy yo con mi querido amigo Charlie, mi saco de boxeo.

Amigos inseparables. Y encima me dejó superflaca. Ahora pienso que si siguiera, seguiría igual o mejor. Es hora de levantarse e ir a dar un amplio paseo para mantenerne a raya.

¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ❤️

Las deliciosas mañanas de brioches recién hechos y sonrisas eternas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Sin grandes novedades que contarte. Es mañana de motos. Domingo. Caluroso y pesado de junio, pero hay unas hermosas vistas desde la terraza.

Anoche estuve con unos amigos charlando sobre nuestros recuerdos en el banco de la puerta de casa. Allí pasó mis mejores ratos, la verdad.

Me fluyen todos los buenos momentos que pasamos allí. Cuando empecé a escribir esto eran las 11:11, la hora a la que tú te levantabas siempre. Nunca supe la razón por la que te gustaba tanto esa hora. Y yo te ponía el desayuno. Qué maravillosos años.

Ahora te diría que casi me cuesta ponérmelo a mí misma. Antes preparaba esas deliciosas brioches calentitas, tiernas, dulces, esponjosas.

Y siempre pienso lo mismo. Debería de volver a la cocina pero me cuesta bastante.

Poco a poco. Ya sabes que al final el tiempo todo lo cura. El tiempo, los recuerdos, los buenos y los malos.

Ahora, en función de los días, mi ánimo sube hasta las nubes o baja hasta los infiernos. Sabes perfectamente de lo que te hablo. ¿No? Por suerte saqué tu carácter. A veces un poco tosco, pero soy así, peque.

Ahora sigo con mis motos. Esperando que el domingo se haga lo más ameno posible. ¡Bueno, pituco, te dejo por hoy! ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

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El mágico día en que gané mi gorra firmada por Valentino Rossi


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Es 5 de junio. Y ha amanecido un precioso día de sol. De esos en los que compartiríamos una cerveza o una copita de vino en cualquier terraza. Juntos, sonrientes y felices.

Qué cosas tiene la vida, peque. Hace cinco años que ganaba mi gorra firmada por Valentino Rossi. Y fue un auténtico honor escuchar mi nombre entre los ganadores.

Era esa época en que me convertí en una crack de los concursos. Al que me presentaba, lo ganaba.

Hoy, por desgracia, no está en mis manos. Y la echo de menos. No tanto como a vosotros, pero la echo de menos.

Creo que aún recordarás las voces que di cuando dijeron mi nombre en la televisión. Siempre fui un poco loca, pero bueno. Mejor una loca divertida que una amargada.

Al final ya sabes que siempre me impresionó el divertido carácter de los italianos. Son tan alegres, tan simpáticos. Y encima practican mi deporte favorito. El que tú más bien aborreces.

Nunca estaremos de acuerdo en nada. Solo en una cosa, pero me la voy a callar mejor, que luego todo se sabe.

Yo creo que no tardarán mucho ya en abrir la piscina. Un buen chapuzón para refrescar estos calores que se irán incrementando con los días.

En nada llegará la noche más larga del año. Siempre pedía tres deseos y algunas veces se cumplieron. Seguro que aquel lo pedí con más fuerza que nunca. Y tuve suerte.

La que me faltó en los momentos en los que más necesitaba que se obrara el milagro, pituco.

Aquella noche la suerte me esquivó. No solo me esquivó, si no que me dejó completamente abatida, con un golpe de esos de los que una tarda años y años en recuperarse. Y en ese proceso estoy, en el de intentar recuperarme, aunque eso lo decidirá únicamente el tiempo. Solo pido que no sea mucho.

No se No se Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las deliciosas palmeras de hojaldre y otras habilidades culinarias


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy también es día de motos. Cuatro de junio ya. Hace una mañana horrorosa. Parece que incluso puede llover un poco.

Mira qué foto te traigo hoy de recuerdo. Son las palmeritas de hojaldre rellenas de jamón y queso que debía de hacer de vez con relativa frecuencia.

Lo bien que se me daba la cocina. La verdad es que era una crack en la cocina. Me podía pasar horas y horas con el horno puesto buscando cositas para divertirme y pasar un rato más ameno.

Estaban deliciosas de hecho y muy crujientes. Creo que no te gustaban mucho, pero a mí me encantaba meterme a cocinera.

No sé si llegaste a comerte alguna sin rezungar. Preferías otras cosas más sanas que una mis comiditas un poco calóricas, pero definitivamente deliciosas.

Te solía hacer, con mucho gusto, unas sopas de ajo al estilo Fernandica, con pan cortado en rebanadas recién hechas y con una buena rebanada de pan gruesa y contundente.

A veces, solo a veces, cogías la cuchara de palo para poder ayudarme un rato. Y no es por nada, pero nos quedaban de maravilla, peque.

No invertíamos mucho tiempo. Igual nos poníamos a la una y en media hora tenías un perol calentito. Te sentabas a la mesa tan feliz a comer sin prisa. Después, para no perder las buenas costumbres, te echabas una siesta de dos horas para reposarla. Y yo en ocasiones también caía rendida en ese mismo momento.

Pienso, sinceramente, que lo que más nos relajaba era el ruido de las bicicletas del Tour de Francia o de la Vuelta. Era una es de hipnótico, que nos dejaba KO un par de horas tan a gusto.

Mamá también se quedaba como un troncho dormida en el sofá del cuarto de la televisión. Y cuando se despertaba, empezaba la fiesta. Lo que pudimos disfrutar entonces los tres juntos. Todo el día de risas, de cachondeo y de felicidad máxima.

Ahora mi palabra favorita es soledad. Mi soledad y yo. El tiempo que perdemos juntas. Y así un día tras otro. Y en ocasiones llegas a desesperarte. No entiendes muchas cosas. Y siempre preguntas: ¿por qué tan pronto? En parte me siento afortunada, porque hay gente que los pierde mucho antes. Pero no es menos cierto que el vacío que te dejan en el alma y en el corazón no se cura nunca.

El dolor se intensifica o merma en función del día, de las personas con las que te vayas encontrando, del estado de ánimo con el que amaneces. Son tantas y tantas cosas para lo corta que es la existencia, que parece mentira.

Hay días que te sumerges en una laguna de la que piensas que no podrás salir. Y luego coges impulso, respiras hondo y sientes que has vuelto a salir a flote, que eres frágil y débil, pero que vosotros debéis de estar sujetándome del brazo para verme alzar el vuelo.

Volar. Otra de mis locuras. ¿Cuándo podré hacerlo? No lo sé, pero es algo que está en mi mente desde que me levanto hasta que me acuesto.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que se acerca la hora de comer. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El día en que se marchó un ángel sobre ruedas (mi recuerdo a Luis Salom)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ya es 3 de junio. Sabes lo que significa esa fecha para mí. ¿No? Hace ya cinco años que se fue mi admirado Luis Salom.

Cinco, que se dicen bien y pronto. Nunca podré olvidar ese momento en el que todos, creo que sin excepción, nos identificamos con María, su madre.

El dolor infinito de perder a un hijo creo que es aún más fuerte que el de perder a un padre y a una madre. Y más uno como él.

Una persona simpática, valiente, derrochando alegría siempre y con una felicidad por haber conseguido lo que quería, que es simplemente admirable.

Me acuerdo perfectamente que estaba viendo la tele, en mi habitación. Preparada para ir al gimnasio.

Al ver la bandera roja, me asusté mucho. Aunque en ese instante te aferras a todo para pensar que no es verdad. Queda un hilo de esperanza.

Por desgracia, y como decía mamá, alguien cortó ese hilo. Y se fue. La noticia fue devastadora de hecho.

Si no me falla la memoria, me dio una crisis de ansiedad. No podía de llorar y no había manera de encontrar consuelo. Eso es lo cierto.

Ni una buena palabra, ni un abrazo ni nada de lo que nos dijeran servía para calmar la rabia y la impotencia de ver cómo se iba un chaval encantador y lleno de vida.

No es un consuelo, pero bien es cierto que solo muere quien no es olvidado

Y así estamos todos hoy. Con la mente puesta en Luis y en María. Dos personas que se ganaron mi cariño, mi respeto y mi admiración. Y que la seguirán teniendo siempre.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

Las noches locas de conciertos, diversión y claveles rojos


¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy es 2 de junio. Ha amanecido muy nublado. Yo creo que en breve lloverá.

Así, como si nada, se ha pasado ya la primera mitad de 2021. Mirando en mi álbum de recuerdos, me he dado cuenta de que hoy hace tres años que publiqué esta foto.

Es mi princesa. Fue un día precioso. La llevé hasta el CAEM para que disfrutara de un momento delicioso,

Creo que era uno de sus grupos favoritos. Lo creo no. Lo afirmo, de hecho pienso que fue uno de los mejores regalos que le pude hacer.

Con esa timidez que sacaba a relucir en los momentos en que debería haber sido tan simpática y dicharachera como era, pero no.

Esa noche estaba distinta. No sé si era por el barullo o por la falta de costumbre de ir a esos sitios. Al final, y no sé si lo he contado ya (puede ser que sí) la que mejor se lo pasó fue aquí una servidora.

Las ‘locas’ del fan club le obsequiaron con un clavel rojo. Mi color favorito. Le animé a que lo lanzara al escenario, pero no se atrevió. Casi tuve que lanzarsélo yo. Se quedó cortada. Esbozaba una tímida sonrisa mientras que la miraba con la ternura que se mira a una madre como la mía.

Canturreaba bajito. Cada canción le recordaba a una época de su vida. La adolescencia, sus quince años, los 18. Era como que iba sincronizada con cada una de ellas.

Más o menos lo que me pasa ahora a mí. Cada melodía me trae un montón de recuerdos de las maravillosas cosas de la vida. De cada uno de esos momentos que fijo no van a volver, pero que es imposible olvidar.

Sé que no es bueno vivir de recuerdos, pero ahora mismo es imposible hacerlo de otra manera. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

El adiós a Franco Battiato, una insignia de la música italiana


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy he madrugado aún más de lo habitual. Y eso que ayer me acosté tarde.

Sobrecogida, quizás por la muerte de Franco Battiato, un cantautor italiano que hizo algunas de las canciones más bonitas de la historia de mi vida.

Al final, son esas cosas las que te invitan cada día a celebrar la vida y a seguir hacia adelante con más fuerza que nunca.

Había nacido en 1945. Y tenía una voz muy hermosa. Desde siempre he tenido predilección por ese país. La razón, ni yo la sé. Siendo sinceros es un lugar que me fascinó desde la primera vez que estuve allí.

Sus paisajes, su gastronomía, su gente, su idioma, sus playas y sus circuitos para practicar el motociclismo.

Ya sabes. Una manía como otra cualquiera. A ti no te gustaba mucho. Siempre que había carreras, y yo gritaba, terminábamos con la misma frase: ‘Patricia, vete a tomar por culo’. Y yo volvía a mi habitación rezungando.

Ya tenía mi carácter, pero bueno. No creo que a estas alturas de la vida, nadie me lo cambie. En eso sí que salí un poco a ti. Rezungabas bastante.

Ahora toca empezar el día, que será más largo de lo habitual, pero bueno. Un poco de gimnasia, un desayuno sano y un largo paseo, si mis pies me lo permiten, serán lo mejor para este miércoles.

La mañana ha amanecido con sol y con luz. Fresquita, pero agradable. Y nada, poco más. El texto es más corto de lo habitual, porque tengo cosas que hacer. Así que si ocurre alguna novedad a lo largo del día, te la cuento. ¿Vale peque?

¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero ❤️

La Virgen de Fátima, el atentado contra el Papa y mi primera muela perdida


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. ¿Sabes qué día es hoy? 13 de mayo.

¿A qué te acaban de venir a la cabeza las mismas imágenes que a mí? Año 1981. La hora la desconozco, pero sé que tenía que ir al dentista porque era la primera vez en mi vida que tenía una molestia bucal.

Llegamos a la consulta. Y nos atendió el doctor Tejero. Un tipo serio, que daba miedo a los niños. Yo que siempre fui un poco llorica, me asusté nada más entrar.

Creo que me quitó una muela. Imagínate la hecatombe para una criatura no sé si de ocho años o un poco más.

Íbamos tú, yo y mi tía Manoli. Justo al salir, nos hemos enterado que en ese Día de la Virgen de Fátima, el Papa había sufrido un atentado. La preocupación por su estado de salud era extrema, pero por suerte pudo salvar su vida.

También me doy cuenta de que, como me porté bien me comprastéis dos regalitos: un Barriguitas y un boli con goma. Al final, la felicidad fue casi total. Me dejaron la boca arreglada y me vine para casa con dos cosas que quería.

El Pontífice superó el accidente y todo quedó en un susto grande, que supongo que hoy recordarán todos los medios de comunicación.

También es la fiesta de Valladolid. Cuántas veces fuimos allí a ver algún festejo taurino. He perdido la cuenta. Ha pasado demasiado tiempo, peque. Demasiado.

Hoy empiezo una nueva aventura deportiva. Ya te contaré cómo me va, pero no sé por qué me da que, de momento, no muy bien. Mañana cuando te escriba te lo digo.

La idea de experimentar cosas nuevas me encanta, pero eso conlleva un riesgo, que ya sabes que me encanta. Necesito adrenalina. Y creo que ninguna manera mejor que hacerla a través del deporte.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que empiezo muy tarde mi jornada. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️