Mi primera luxación de clavícula en vísperas del verano


Hola, papá. Cómo estás? Yo más o menos bien. Ahora un poco mejor. Cómo en esta vida hay que probar de todo (modo ironía on), ayer estaba sentada en una silla, perdí el equibrio y me di un fuerte golpe en el hombro.

De inmediato sentí un dolor inmenso, pero pensé que era lo normal después del golazo. Así que aunque no tenía mucha movilidad, decidí esperar y tomar un antiinflamatorio.

Pero claro. Llegó la hora de irse a la cama y ahí pensé ya que se me abría por la mitad. Mal que bien, logré dormir relativamente tranquila un par de horas, pero cuando me desperté, ay, amigo. La zona se había quedado fría. Así que nada. Agarré él bolso y para Urgencias.

Allí me hicieron una placa y se confirmó él peor de los pronósticos. Luxación de hombro y seis semanas de reposo. Menudo verano me espera.

Como tengo una memoria bastante buena, recordaba que justo hacía seis años, llegaba con mamá a casa de dar un paseo cuando se sentó mal en la cama, se venció y se abrió la muñeca.

Y los tres corriendo. Aunque queríamos hacerle ver que no era nada, en realidad sabíamos que ese huesecillo fuera de la mano conllevaba una lesión.

Aunque le doliera, como al día siguiente la llevaste a comer, tan feliz que se puso.

Bueno , pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero, ❤️

La noche en que hice mi debut como corredora en la Plaza de Las Ventas


Hola, papá. Cómo estás? Yo bastante cansada, la verdad. Cuando una noche te desvelas, tienes la sensación al levantarte de que te duele todo el cuerpo. Por lo menos yo.

Las vueltas que da la vida. Hace seis años que sería la mujer más feliz del mundo porque me quedaban ocho horas para correr delante de los Red Bull XFighters en Madrid y hoy es un día, otro más, intrascendente en mi existencia. Ni adrenalina, ni emociones ni nada. Rutina.

Vamos, que como no me ponga a hacerle quiebros a los coches cuando salga luego a la calle, no tengo nada emocionante a la vista.

Bueno no, miento. De vez en cuando lo da un ataque de tos, que me pasa con frecuencia, que no sabes si te ahogas o no. Y también te queda el cuerpo tembloroso, pero preferís sentir doce motos detrás de mí siendo sinceros.

Nadie mejor que tú sabrás lo que disfruté, porque te lo contaría… Cuarenta veces en tres días mínimo. Pasé de ser la chica de la sonrisa eterna a la de los ojos tristes en apenas dos años.

Y es que sinceramente me cuesta encontrar un motivo para esbozar una tímida sonrisa.

Ayer fue la noche de San Juan, se supone que la más mágica del año. Yo siempre cogía un papel para escribir mis deseos y otro para alejar las cosas malas de tu vida, pero total, las buenas se fueron y las malas siguen ahí, acechando. Así que pensé en hacerlo, pero al final nada.

Es una desidia tal la que me provoca vuestra ausencia, que no la puedes imaginar. No recuerdo yo el tiempo de levantarme a las once. Con lo bien que se hacen las cosas en verano con la fresca.

Hoy me pudo el cansancio infinito de dormir mal o muy mal y los fuertes dolores corporales que me provoca mi edema en las piernas.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Búscame algo de adrenalina para alegrarme el día. Os quiero ❤️

Las divertidas caídas de media mañana que quedaron en un susto


Hola, papá. Cómo estás? Yo feliz. He abierto la ventana y estaba nublado. Fijate que es raro que yo diga eso, pero era mucho tiempo de calor insufrible. Que en junio haya casi 40 grados no ha sido ni medio normal. Lo importante es que hemos sobrevivido y habrá que aprovechar este respiro para hacer esas cosas que has ido dejando aparcadas por miedo a sufrir un golpe de calor o algo P H km.

A qué cuando has visto la foto te has sonreído. Como todo el que sepa la historia.

Es la historia de una estudiante de periodismo. Con falda lápiz en gris oscuro diplomático y chaqueta a juego. Botines negros y su carpeta llena de fotos pues no sé si de fotos de toros, pero me imagino que por la época sí.

Despistada como siempre. Hasta el extremo de salir de la facultad buscando a mamá y ver que no había un escalón. Y claro, como es lógico, tortazo a lo grande. O lo que es igual, rodar las escaleras desde la primera hasta la última con el único objetivo de salvar la cara para que no se me partiera.

Si no mal recuerdo, y tocaré madera, hasta ahora ha sido el golpe más tonto y más fuerte que he tenido, que se saldó con una fisura en el tobillo y un bolso nuevo de ‘El Caballo’, que me autoregalé para celebrar mi buena suerte.

Así que nada, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

Los atentados del 11-M y mi crisis de ansiedad en el trabajo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo amanecido un día lluvioso. De esos que no me gustan mucho, pero bueno, al final esas cosas no se eligen. Hoy es 11 de marzo. Una fecha que marcó un antes y un después en España tras los atentados terroristas en Madrid.

¡Qué tragedia! ¡Qué impotencia! Recuerdo que ese día me levanté temprano y al poco me llamó la directora del periódico al teléfono. Salí precipitadamente en dirección a la Diputación, donde daban una rueda de prensa para dar las primeras informaciones de aquella masacre.

Menuda jornada me esperaba, pero como era mi trabajo no me importaba.

Después de la comparecencia en la Diputación, rauda a la redacción. Allí también se notaba cierto nerviosismo.

Muchas llamadas. Unas a familiares y otras profesionales.

La presión para sacar una edición vespertina fue creciendo. Las imágenes en el ordenador eran cada vez más impactantes, mientras que los teletipos iban disparando la cifra de fallecidos.

Tú en casa hablando con conocidos de la capital de España y yo, como es lógico y normal, reventé.

¿Qué significa reventar? Pues que tras ver aquellas imagen tan duras, sufrí una crisis de ansiedad que me llevó de cabeza al despacho de la directora, que intentaba calmar mi llanto, pero no cesaba. Así que nada. Seguí como pude.

Me costó, pero al final pude sacar adelante toda la información sobre esa catástrofe que dejó tantas vidas controladas.

Llegué a casa y pusimos la televisión. No salíamos de nuestro asombro. Normal.

Luego, como siempre, salimos a brindar por la vida.

Buenos, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Mi primer concierto de Orozco para aliviar la pena de tu marcha


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Me acabo de despertar y he visto que, aunque hace frío, el sol luce en el cielo. Un día de esos donde no te dan ganas de entrar en casa. Y así lo pienso hacer. Ahora desayuno y después a caminar para mover las articulaciones.

Hoy traigo un recuerdo precioso. Mi primer concierto tras tu pérdida. Fue una noche como la de hoy, en 2019. A pesar del dolor que llevaba dentro, me puse bien guapa para ir al CAEM. Mis labios rojos que daban un toque de color a esa pena infinita que supuso tu pérdida.

Música para poner color a los momentos bajos. Y qué mejor manera que yendo mi primer concierto de Antonio Orozco. Quizás de ahí la empatía que desperté con él.

Lo recuerdo perfectamente. Se abrió el telón y en una gran pancarta, ponía: «Los héroes son héroes porque no saben que lo son». Y en ese momento, sonaron los primeros compases de ‘Mi héroe’. La canción que puso letra a nuestro destino.

Me costó unas cuantas lágrimas, pero es que es una letra muy bonita. No sé para quién la escribió, pero al final, yo la identifico contigo. Siempre.

Luego sacó a su hijo al escenario y en el escalón pegando a mí, lo alzó en brazos. En ese mismo momento quise volver a ser niña para sentir una y mil veces tus besos en mi cara. Lo único que me reconforta cada vez que lo pienso. Así que eso te digo.

Fueron tantas sensaciones en dos horas que se me pasaron en segundos, pero bueno. Lo mejor es que cada vez que lo escucho me sigo emocionando.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Raíces profundas y los deliciosos platos de fabada a las 12 de la noche


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hace un día de sol, fresquito, pero de sol. Ya sabes. De esos que te apetece dar un buen paseo matinal.

Anoche pusieron nuestra película favorita. ‘Raíces profundas’. Qué bonita y qué dura. Cuántos recuerdos se vinieron a mi cabeza.

En realidad, me acordaba de todas las frases. Desde la mítica: «Han matado a Torry» a ese emocionante final en el bar donde Shane va a enfrentarse al malvado Wilson. Y el pequeño Jouie está en la puerta con los ojos bien abiertos mirando lo que pasaba en el interior.

Cuando parecía que ya no pasaba nada, el niño ve a un hombre con barba pelirroja. Ávido el rubito, vio a un pistolero arriba. Y gritó: «Shane, cuidado». Y salvó la vida.

¡Ay, papá! No te puedes imaginar lo que sentí en ese momento. Te veía en la cocina, con tu tarro fabada calentada al baño maría y haciendo un par de filetes para cada una.

Y pensar lo bien que nos caía antes esa comida tan fuerte, porque ahora mismo con mi ardor de estómago, es imposible comer algo así. De hecho cada día tengo menos apetito. Como no tengo curro, las cosas son así, papá. Sobrevivo con un croissant (el día que lo tengo), un zumo de naranja, una pieza de fruta y poco más.

En la película, la mujer hacía una tarta de manzana buenísima. Qué ganas de comerme una ahora mismo, pero no me da para tanto el presupuesto.

Sigo insistiendo en que el destino es muy caprichoso. Ni tan siquiera pensaba poner la tele, pero por azar, miré en el móvil y vi que la estaban emitiendo en la 2. Me quedé pálida. Como siempre, me agarré a tu foto y te abracé. Y te dije: «Papá, es nuestra película, la que siempre veíamos juntos». Agarré un paquete de pañuelos y a llorar. Al final las lágrimas te dejan los ojos más bonitos.

Fueron dos horas increíbles. Pero aún os añoré más de lo que lo hago normalmente. Y es que nuestras raíces sí que son profundas. Nos debieron de dejar atado con un hilo rojo para que nos encontremos el día que yo vaya para allá.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las gargantillas de San Blas para prevenir las enfermedades de garganta


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy ya es 24 de enero. Nos hemos comido literalmente el mes de enero. Increíble, pero cierto.

Y como todo va tan avanzado ya, pues aunque no te lo creas, ya hay por la calle algunas personas que venden las gargantillas de San Blas. El otro día vi a uno por la calle. Y eso que aún tienen que aún quedan más de una semana para esta fecha. Es el patrón de Santa Marta.

En mi época de periodista, iba siempre a las fiestas del pueblo. Allí el cura bendecía la cinta a todos los fieles que se acercaban hasta la iglesia.

De pequeñas, siempre llevábamos una gargantilla en el cuello para prevenir los catarros. Una cosa un poco absurda, pero era bonito porque era de colorines. Y eso te digo, que me encantaba.

Ahora estoy un poco congestionada, pero da lo mismo. Supongo que el frío de estos días ha hecho mella en mi cuerpo. Pero con un pañuelo y un Paracetamol se me pasa todo.

Lo del periodismo, papá, por desgracia es complicado volver a ejercerlo, pero habrá que mirar otras opciones. No me puedo quedar así.

Ha amanecido un día de sol, aunque hace frío, pero bueno. No pasa nada. Lo imposible es que el sol me aporta vitamina D. Tan necesaria para levantar tu estado de ánimo.

No sabes lo que me gustaría volver a escribir un libro, pero no tengo ordenador para hacerlo. Y de momento no veo manera de arreglarlo, salvo que encuentre la contraseña. Bueno, pituco, te dejo por hoy. Los textos son cada vez más cortos, pero ya iré alargandolos poco a poco. Ahora me voy a dar un breve paseo para ver si pillo algo para comer y de nuevo para casa. Esta tarde será cuando haya que aprovechar para caminar más tiempo. ¡Bueno, pituco! ¡Te dejo por hoy! ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los paseos de enamorados por la calle Toro


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. No sé por qué, cada día me levanto más tarde. Será por el frío que hace en la calle o por la pereza, pero el caso es que amanezco cuando las calles llevan un rato puestas. Era tu frase favorita. Siempre que me levantaba a las 11, me la decías.

Ahora, en un rato, iré a dar un paseo y aprovecharé para airearme un poco. Igual bajo al rastro. Me voy a dar prisa, porque si no me dan las tres y sigo allí. Hay que aprovechar el solito de este maravilloso domingo para caminar un poco. Que últimamente andaba un poco vaga.

Siempre que estoy en casa, miro el cuadro que dijiste que habías comprado a un gitano en el mercadillo. En realidad nunca dijiste lo que te costó, pero da lo mismo. Es una auténtica maravilla.

Ahí está. En el mismo sitio donde lo dejaste. Y siempre que entro lo miro encantada. Qué buen gusto tuviste para todo. Hasta para elegir a la mujer más bonita del mundo para casarte con ella.

Mamá. Siempre fue una mujer hermosa. Recuerdo que contaba, una y mil veces, como hago yo, que se iba con su amiga Feli por la calle Toro a dar vueltas.

Tú ibas con tu amigo, Paco Orejudo, y en uno de esos cruces de miradas, surgió el flechazo. Dos amigos para dos amigas. Y luego las bodas y las mil y una historias. Una amistad que perduró hasta que la muerte os separó.

Qué hermoso y qué duro. Pero bueno. Al final, La vida es así. No queda otra. El tiempo pasa inexorablemente. Y hay que vivir la vida. Todo lo que se pueda. Ese es mi lema. Sé libre.

Que nada ni nadie te ate, que puedas volar en libertad. ¿Sabes? Te lo he dicho mil veces. Necesito volar en plan hacer puenting o descargar adrenalina. Pero bueno. Poco a poco. Todo se andará. De momento toca buscarse las habichuelas y luego ya… Habrá tiempo de divertirse todo lo que se pueda y más.

Así que nada, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Antonio, Benito y Ramón, los tres regalos australianos para mi héroe


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Otro día que me he levantado tarde y perezosa, que ya es raro en mí. Así que ahora me toca desayunar rápido para salir a dar un paseo. Todavía no tengo recibido el rumbo. Es lo mejor. Improvisar. Normalmente bajo al Huerto, pero igual hoy cambio y para otro lado. Depende de la dirección que tomen mis pies.

¿Conoces a esta tropilla tan simpática? Son Antonio, Ramón y Benito. Los tres peluches que te trajo de Australia. Les pusiste el nombre de tus escritores favoritos.

Cuando te los lleve, tu cara de emoción es igual que la mía cada vez que los veo en mi habitación. Un canguro, un koala y un pingüino. Los tres animales más hermosos que existen en el planeta.

Estuvieron mucho tiempo en tu mesilla. Hasta que te fuiste. Y luego ya vinieron para casa. A un sitio privilegiado donde permanecen esperando algún nuevo colega.

Por suerte el no querer crecer nunca y mi lema del Carpe Diem (vive la vida) me ha ido funcionando, pero ahora, aunque sigo siendo la misma niña, no puedo disfrutarla como antes. Por eso ya nunca sonrió apenas. La únicas personas que me hacíais sonreír erais tú y mamá. Y luego ya sabes. Mis ídolos de toda la vida, que no voy a enumerar porque no viene a cuento de nada. ¿Sabes, pituco? Cada día que pasa tengo ganas de huír a una ciudad diferente. Tampoco puedo hacerlo, pero conducir es una de las grandes pasiones de la vida. Y si es con un poco de velocidad, mejor. En realidad siempre he dicho que mi vocación frustrada es pilotar un F1. Y no lo descarto. Ya sabes, peque. Yo y mis locuras. Qué bonito es vivir cuando realmente se vive. Lo otro es un sucedáneo. ¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy, que voy a desayunar y a dar un paseo hasta la hora que comer. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La inolvidable noche del expolio de los papeles del. Archivo de Salamanca


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Un poco constipada. Es 19 de enero. Supongo que te sonará esa fecha. El día del expolio de los papeles del Archivo de Salamanca.

Bendita madrugada la que nos pasamos, peque. Desde las 4 de la mañana en la calle Gibraltar. Iba a ir yo sola, pero decidiste acompañarme. Te encantaba estar a mi lado para cubrir esos actos históricos. Y la verdad es que tuvimos la gran fortuna de vivirlo juntos.

Las cajas de cartón pasaban por delante de nosotros y desde lejos alguien gritaba: «Cabrones». Y tú sonreías. Lo que te podían gustar todos estos acontecimientos históricos.

Esa mañana terminamos desayunando en el Toscano con Sonsoles Martín, la redactora de Antena 3 noticias. Tengo ganas de volver a tomar allí un zumo natural y una deliciosa tostada con mermelada y mantequilla, pero como de momento sigo sin trabajo. Pues nada. Otra vez será.

Ese desayuno me dio fuerzas para afrontar el resto del día, que no te creas que no fue largo. Ruedas de prensa en el Ayuntamiento, horas de curro intenso en la redacción del Adelanto y al final de la noche una triste noticia. El padre de una compañera, Marta, fue a hacerse una revisión al hospital y según salía, le dio un infarto y murió en el acto.

Lo más importante es que salimos airosos de ese momento tan trascendente en la historia de este país y que lo pudimos vivir juntos. Vivir. Esa es la palabra. Vivir la vida de la mejor manera posible. Pero, de momento, ni se parece a la que llevábamos antes los tres y me da una morriña no volver a los lugares que frecuentábamos con tanta asiduidad.

En fin, pituco. Te dejo por hoy, que me he despertado perezosa, mi estómago ruge y tengo que buscar algo en la nevera para llevarme a la boca, que anoche también llegué sin cena.

¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️