La Virgen de Fátima, el atentado contra el Papa y mi primera muela perdida


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. ¿Sabes qué día es hoy? 13 de mayo.

¿A qué te acaban de venir a la cabeza las mismas imágenes que a mí? Año 1981. La hora la desconozco, pero sé que tenía que ir al dentista porque era la primera vez en mi vida que tenía una molestia bucal.

Llegamos a la consulta. Y nos atendió el doctor Tejero. Un tipo serio, que daba miedo a los niños. Yo que siempre fui un poco llorica, me asusté nada más entrar.

Creo que me quitó una muela. Imagínate la hecatombe para una criatura no sé si de ocho años o un poco más.

Íbamos tú, yo y mi tía Manoli. Justo al salir, nos hemos enterado que en ese Día de la Virgen de Fátima, el Papa había sufrido un atentado. La preocupación por su estado de salud era extrema, pero por suerte pudo salvar su vida.

También me doy cuenta de que, como me porté bien me comprastéis dos regalitos: un Barriguitas y un boli con goma. Al final, la felicidad fue casi total. Me dejaron la boca arreglada y me vine para casa con dos cosas que quería.

El Pontífice superó el accidente y todo quedó en un susto grande, que supongo que hoy recordarán todos los medios de comunicación.

También es la fiesta de Valladolid. Cuántas veces fuimos allí a ver algún festejo taurino. He perdido la cuenta. Ha pasado demasiado tiempo, peque. Demasiado.

Hoy empiezo una nueva aventura deportiva. Ya te contaré cómo me va, pero no sé por qué me da que, de momento, no muy bien. Mañana cuando te escriba te lo digo.

La idea de experimentar cosas nuevas me encanta, pero eso conlleva un riesgo, que ya sabes que me encanta. Necesito adrenalina. Y creo que ninguna manera mejor que hacerla a través del deporte.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que empiezo muy tarde mi jornada. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las trastadas de tu dulce infancia y las peleas de ‘dreas:


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Muy madrugadora como siempre. Ya sabes que cogí la manía de dormir poco hace ya algún tiempo.

Y bueno. No es que sea lo más recomendable, pero hay manías que no te las quita nadie.

Hoy es el último día de confinamiento. A partir de las 12 se podrá salir a la calle con la nueva normalidad. Es decir, respetando las distancias y las medidas de seguridad.

Ayer, no sé por qué, hablamos de tu amigo Beni. Sí. Ese con el que de pequeño jugabas a las dreas. Para quien no sepa el significado de esa palabra, son peleas de piedras entre niños.

Si no mal recuerdo, en una ocasión te dieron con una en el tobillo y te hicieron una herida, que supongo que te curarían rápido y volverías a correr, como buen trasto que eras.

El ‘Beni’, como le llamabas, era el ‘matón’ del grupo. Y si a alguno os daban un golpe, se lo ibais a contar y os defendía.

Me puedo imaginar la situación, pituco. Sería como para morirte de risa. Decías, también, que algunas noches le daba por trastear (llámalo como quieras) y se iba al cementerio a saltar la valla. Y entonces piensas: ¡qué locura! Pero tú te reías contándolo una y mil veces. La verdad es que os juntabáis una panda divertida de amigos para hacer trastadas.

Lastima no tener esas fotos para ilustrar este post, aunque más o menos, quien lea este texto se dará cuenta de la divertida situación.

¡Bueno, pituco, te dejo por hoy! ¡Os quiero! ❤️

Las tardes de churros, porras, regalos y mucha diversión


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo, por suerte. Ya es 7 de mayo. En un par de días se levanta el toque de queda y ya se podrá llegar un poco más tarde.

Para los que nos gusta trasnochar, perfecto. Hoy también me he despertado con una sensación muy extraña. No sé si es miedo, angustia o qué, pero lo cierto es que se pasa fatal.

Siempre pienso lo mismo, peque. ¿Por qué os fuistéis? Es ley de vida, sí. Te recuerdo siempre feliz, sonriente, dicharachero, bromista… Y yo era igual.

Luego ya me ha ido cambiando el carácter. Creo que ya te he dicho que cada día me parezco más a ti, pero cuando estabas cabreado.

Rebuscando entre mis fotos he encontrado una que me hace rechupetearme los dedos. Una tarde de chocolate y porras con mamá. Y piensas. ¡Qué rico! Y siendo práctica: ¡Qué grasiento!

No creo que haya una mañana en la que no me den ganas de entrar en la churrería, pero luego piensas: ¿Para qué? Si al final me voy a poner como una bolita.

Pero sigo salivando. Después de los churros llegaba la hora de irse de compras o de un relajante spa… Mil cosas divertidas, que ahora no puedo hacer.

¡Ay, papá! Lo que te echo de menos. Cada día que pasa nada más. A ti y a mi princesa. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mamá! ¡Os quiero! ❤️

El adiós a Nick Kamen y las promesas que nunca se cumplieron


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Es 6 de mayo ya. Hace un día precioso de sol y luz. Perfecto para dar un paseo por Salamanca.

Bajaré hasta el Huerto de Calisto y Melibea y disfrutaré de las maravillosas vistas que desde allí se pueden apreciar..

Aún recuerdo nuestros paseos matinales. Eran super reconfortantes. Yo siempre con mi macuto y tú con tu sudadera roja. Vaya par de dos. Pero al final siempre piensas que eran lo mejor de cada día.

Ayer por la noche me enteré que se había muerto Nick Kamen. Y ahora me dirás que quién es ese. Pues te cuento.

No sé si te das cuenta de la primera vez que paramos en Tamames a comer a tomar una copa. Veníamos de la Sierra de pasar un ratito muy agradable.

Allí nos recibió mi amigo Manolo, que muy amablemente, como siempre, nos invitó a un cubata y me obsequió con un disco. En él había una canción, de título ‘I promise my self’, traducida al castellano es algo así como: Me prometo a mi mismo.

Y sí, me prometí muchas cosas. Unas se cumplieron y otras no, pero la vida es así. Unos deseos se hacen realidad y otros no.

Solo hace un par de noches, viendo la televisión, volví a oírla y pensé que me seguía gustando tanto como antes. La canturreé con cierta nostalgia por los buenos recuerdos que vinieron a mi cabeza.

Anoche, cuando lo vi, sentí que se iba un trozo importante de mi vida. Tenía 59 años. En realidad, al entrar en las redes sociales, me di cuenta de que se había llevado un pedacito del corazón de cada uno de nosotros.

De nuestros años mozos. Y quizás alguna promesa. No sé. Fue una sensación un poco extraña. Ya sabes que la muerte es siempre algo inesperado, pero en este caso la casualidad quiso que me afectara más de lo normal.

Lógico por otra parte. Menudo rollo te he metido, peque. Ya está. No te cuento más cosas. Porque seguramente que ya las sabes todas. En el fondo pienso que esa cigüeña que pasa cada día sobrevolando por encima de mi cabeza, eres tú, que vigilias si estoy bien o estoy mal.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La sonrisa de la felicidad con el casco de mi admirado Simoncelli


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy es 5 de mayo. Ha amanecido otro día espléndido.

¿Recuerdas esta foto en la que sonreía tanto? Fue una de esas casualidades de la vida. Veníamos mamá, tú y yo del gimnasio y pasamos por la gasolinera de Nuño.

Allí había un chico muy amable, que llevaba un casco de Simoncelli. Como ya sabes que era mi piloto favorito, corrí hacia él y me lo prestó para hacerme una foto. Rápidamente me acerqué hasta el y me lo prestó para hacerme una foto.

Mi cara de felicidad, me delata. Pero era esa época en que veníamos los tres del gimnasio para casa antes de iniciar nuestra rutina diaria.

Que no era otra que divertirnos a tope. Siempre teníamos un plan divertido. Desde ir a tomar unos vinos a ir con mamá a los centros de belleza para hacerme tratamientos. Y era lo más divertido, realmente.

El chico, con toda la paciencia del mundo, me lo dejó. Qué maravilla. Irradiaba felicidad por todas partes y tú, también con mucha calma, me hiciste una foto. Lo único que no soy capaz de hacerme ahora mismo.

Tenía la tez morenita. Y una tímida sonrisa que ahora ya no me sale. Y el pelo recogido con una coleta. De color más oscuro. Llevaba una chaqueta azul y estaba visiblemente más flaca.

Creo que llegué dando saltos a casa. Algo que tú ni entendías, pero te daba lo mismo con tal de verme feliz. Ahora ese tiempo ha cambiado. Todos los sitios por los que voy me recuerdan a algo vuestro. Y bueno. Pues eso. Que es más complicado salir a la calle sin echaros de menos. Hay siempre alguien que te recuerda lo maravillosos que erais los dos.

Pero bueno. Eso ya queda en mi memoria y en mi corazón. Ya no hay remedio para nada más, papá. Por suerte o por desgracia ya no.

Esa sonrisa volverá si algún día puedo volver a tener entre mis manos una maravilla como esta, pero vamos, que tampoco lo veo posible.

Así que dejemos de soñar y ya. ¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La mamá más bonita y cariñosa del mundo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. ‘¿Está por ahí mamá? Supongo que sí. Que al final os habréis vuelto a juntar en el arco iris de los padres.

Hoy hubiera cumplido 76 años. Y como yo no puedo, te pido por favor que le des un tirón de orejas y un beso enorme.

Empecé el día bastante tranquila, pero ahora que pasan las horas y te paras un momento a pensar, piensas en lo que lo hubiéramos celebrado si no se hubiera marchado de esa manera tan repentina.

Hoy también se agolpan los recuerdos en mi cabeza. Lo feliz que era con un simple pastel o una pequeña flor, que nunca faltaba en un día como este.

Siempre con sus caramelos, su sonrisa, su pelo recogido con una horquilla y su sonrisa tímida.

Cantando con su radio. Plácidamente sentada en su sillón. Dormida. Tan tranquila. Me acuerdo de una de las últimas veces que estuvo en el hospital. Como era de esa manera, me pidió que le comprara medio kilo de pastas. Y yo pensando… Que es diabética. Al final le compré un pastel sin azúcar. Y, lógicamente, no le gustó.

Le encantaba que le atusara el pelo. Le relajaba tanto. Y que le hiciera trenzitas. Cosas tan simples…

Pero bueno. Me conformo con que le des el beso y le compres un pastel. No os olvidéis de brindar con una copa de cava.

¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los inolvidables retornos a casa para celebrar la vida


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hace un día un poco extraño para ser abril ya.

Hay días que cuesta escribir un poco más de lo normal. Y hoy es uno de esos días raros en los que la inspiración está mermada.

No me digas la razón. Creo que se acerca el Día de la Madre y el cumpleaños de mi princesa.

Hace ya unos cuantos años estaba ingresada en Los Montalvos. Menudo trajín. Para arriba y para abajo todo el rato. Pero bueno. Entonces pensabas que todos los males eran esos.

A la pobre mamá le ponían conejo para comer. Y yo pensaba: “Qué estómago”. La tuvieron a raya unos cuantos días, pero se recuperó.

Cuando salió, como era ella, recuerdo que me dijo que quería una tarta capuchina y un hornazo. ¡Qué rico te supo todo! Eras una galga de cuidado.

Aún me veo trayendo el pastel. Tenía mucho almíbar y me puso las botas pingando. Y el bolso y el suelo de casa. Luego a coger la fregona y recoger todo. Madre mía. Las que liábamos. Y qué divertido era.

Hoy pienso que al final eso fue lo mejor que pudimos hacer. Celebrar la vida y estar juntas ese día en que volviste a casa.

Al final nunca aprecié bastante lo que suponía que volvieráis a casa después de largas temporadas en los hospitales hasta que llegó el día en que entré aquí y ya no estabáis ninguno de los dos.

Pero que sepáis, si os sirve de consuelo, que os llevo en mi cabeza y en mi corazón desde que me levanto hasta que me acuesto.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las eternas noches de Semana Santa y los ricos desayunos antes de dormir


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Arrancando una nueva semana. El sol luce desde primera hora y algunos barrios de la ciudad comienzan a recordar que se acerca la Semana Santa.

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Historias de la Cueva de Salamanca y de mis reportajes sobre la ciudad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Lista para comenzar un nuevo día. 16 de marzo ya, peque. Nos hemos ‘comido’ tres meses de 2021 como si nada.

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