Los atentados del 11-M y mi crisis de ansiedad en el trabajo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo amanecido un día lluvioso. De esos que no me gustan mucho, pero bueno, al final esas cosas no se eligen. Hoy es 11 de marzo. Una fecha que marcó un antes y un después en España tras los atentados terroristas en Madrid.

¡Qué tragedia! ¡Qué impotencia! Recuerdo que ese día me levanté temprano y al poco me llamó la directora del periódico al teléfono. Salí precipitadamente en dirección a la Diputación, donde daban una rueda de prensa para dar las primeras informaciones de aquella masacre.

Menuda jornada me esperaba, pero como era mi trabajo no me importaba.

Después de la comparecencia en la Diputación, rauda a la redacción. Allí también se notaba cierto nerviosismo.

Muchas llamadas. Unas a familiares y otras profesionales.

La presión para sacar una edición vespertina fue creciendo. Las imágenes en el ordenador eran cada vez más impactantes, mientras que los teletipos iban disparando la cifra de fallecidos.

Tú en casa hablando con conocidos de la capital de España y yo, como es lógico y normal, reventé.

¿Qué significa reventar? Pues que tras ver aquellas imagen tan duras, sufrí una crisis de ansiedad que me llevó de cabeza al despacho de la directora, que intentaba calmar mi llanto, pero no cesaba. Así que nada. Seguí como pude.

Me costó, pero al final pude sacar adelante toda la información sobre esa catástrofe que dejó tantas vidas controladas.

Llegué a casa y pusimos la televisión. No salíamos de nuestro asombro. Normal.

Luego, como siempre, salimos a brindar por la vida.

Buenos, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Mi primer concierto de Orozco para aliviar la pena de tu marcha


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Me acabo de despertar y he visto que, aunque hace frío, el sol luce en el cielo. Un día de esos donde no te dan ganas de entrar en casa. Y así lo pienso hacer. Ahora desayuno y después a caminar para mover las articulaciones.

Hoy traigo un recuerdo precioso. Mi primer concierto tras tu pérdida. Fue una noche como la de hoy, en 2019. A pesar del dolor que llevaba dentro, me puse bien guapa para ir al CAEM. Mis labios rojos que daban un toque de color a esa pena infinita que supuso tu pérdida.

Música para poner color a los momentos bajos. Y qué mejor manera que yendo mi primer concierto de Antonio Orozco. Quizás de ahí la empatía que desperté con él.

Lo recuerdo perfectamente. Se abrió el telón y en una gran pancarta, ponía: «Los héroes son héroes porque no saben que lo son». Y en ese momento, sonaron los primeros compases de ‘Mi héroe’. La canción que puso letra a nuestro destino.

Me costó unas cuantas lágrimas, pero es que es una letra muy bonita. No sé para quién la escribió, pero al final, yo la identifico contigo. Siempre.

Luego sacó a su hijo al escenario y en el escalón pegando a mí, lo alzó en brazos. En ese mismo momento quise volver a ser niña para sentir una y mil veces tus besos en mi cara. Lo único que me reconforta cada vez que lo pienso. Así que eso te digo.

Fueron tantas sensaciones en dos horas que se me pasaron en segundos, pero bueno. Lo mejor es que cada vez que lo escucho me sigo emocionando.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Raíces profundas y los deliciosos platos de fabada a las 12 de la noche


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hace un día de sol, fresquito, pero de sol. Ya sabes. De esos que te apetece dar un buen paseo matinal.

Anoche pusieron nuestra película favorita. ‘Raíces profundas’. Qué bonita y qué dura. Cuántos recuerdos se vinieron a mi cabeza.

En realidad, me acordaba de todas las frases. Desde la mítica: «Han matado a Torry» a ese emocionante final en el bar donde Shane va a enfrentarse al malvado Wilson. Y el pequeño Jouie está en la puerta con los ojos bien abiertos mirando lo que pasaba en el interior.

Cuando parecía que ya no pasaba nada, el niño ve a un hombre con barba pelirroja. Ávido el rubito, vio a un pistolero arriba. Y gritó: «Shane, cuidado». Y salvó la vida.

¡Ay, papá! No te puedes imaginar lo que sentí en ese momento. Te veía en la cocina, con tu tarro fabada calentada al baño maría y haciendo un par de filetes para cada una.

Y pensar lo bien que nos caía antes esa comida tan fuerte, porque ahora mismo con mi ardor de estómago, es imposible comer algo así. De hecho cada día tengo menos apetito. Como no tengo curro, las cosas son así, papá. Sobrevivo con un croissant (el día que lo tengo), un zumo de naranja, una pieza de fruta y poco más.

En la película, la mujer hacía una tarta de manzana buenísima. Qué ganas de comerme una ahora mismo, pero no me da para tanto el presupuesto.

Sigo insistiendo en que el destino es muy caprichoso. Ni tan siquiera pensaba poner la tele, pero por azar, miré en el móvil y vi que la estaban emitiendo en la 2. Me quedé pálida. Como siempre, me agarré a tu foto y te abracé. Y te dije: «Papá, es nuestra película, la que siempre veíamos juntos». Agarré un paquete de pañuelos y a llorar. Al final las lágrimas te dejan los ojos más bonitos.

Fueron dos horas increíbles. Pero aún os añoré más de lo que lo hago normalmente. Y es que nuestras raíces sí que son profundas. Nos debieron de dejar atado con un hilo rojo para que nos encontremos el día que yo vaya para allá.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las gargantillas de San Blas para prevenir las enfermedades de garganta


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy ya es 24 de enero. Nos hemos comido literalmente el mes de enero. Increíble, pero cierto.

Y como todo va tan avanzado ya, pues aunque no te lo creas, ya hay por la calle algunas personas que venden las gargantillas de San Blas. El otro día vi a uno por la calle. Y eso que aún tienen que aún quedan más de una semana para esta fecha. Es el patrón de Santa Marta.

En mi época de periodista, iba siempre a las fiestas del pueblo. Allí el cura bendecía la cinta a todos los fieles que se acercaban hasta la iglesia.

De pequeñas, siempre llevábamos una gargantilla en el cuello para prevenir los catarros. Una cosa un poco absurda, pero era bonito porque era de colorines. Y eso te digo, que me encantaba.

Ahora estoy un poco congestionada, pero da lo mismo. Supongo que el frío de estos días ha hecho mella en mi cuerpo. Pero con un pañuelo y un Paracetamol se me pasa todo.

Lo del periodismo, papá, por desgracia es complicado volver a ejercerlo, pero habrá que mirar otras opciones. No me puedo quedar así.

Ha amanecido un día de sol, aunque hace frío, pero bueno. No pasa nada. Lo imposible es que el sol me aporta vitamina D. Tan necesaria para levantar tu estado de ánimo.

No sabes lo que me gustaría volver a escribir un libro, pero no tengo ordenador para hacerlo. Y de momento no veo manera de arreglarlo, salvo que encuentre la contraseña. Bueno, pituco, te dejo por hoy. Los textos son cada vez más cortos, pero ya iré alargandolos poco a poco. Ahora me voy a dar un breve paseo para ver si pillo algo para comer y de nuevo para casa. Esta tarde será cuando haya que aprovechar para caminar más tiempo. ¡Bueno, pituco! ¡Te dejo por hoy! ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los paseos de enamorados por la calle Toro


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. No sé por qué, cada día me levanto más tarde. Será por el frío que hace en la calle o por la pereza, pero el caso es que amanezco cuando las calles llevan un rato puestas. Era tu frase favorita. Siempre que me levantaba a las 11, me la decías.

Ahora, en un rato, iré a dar un paseo y aprovecharé para airearme un poco. Igual bajo al rastro. Me voy a dar prisa, porque si no me dan las tres y sigo allí. Hay que aprovechar el solito de este maravilloso domingo para caminar un poco. Que últimamente andaba un poco vaga.

Siempre que estoy en casa, miro el cuadro que dijiste que habías comprado a un gitano en el mercadillo. En realidad nunca dijiste lo que te costó, pero da lo mismo. Es una auténtica maravilla.

Ahí está. En el mismo sitio donde lo dejaste. Y siempre que entro lo miro encantada. Qué buen gusto tuviste para todo. Hasta para elegir a la mujer más bonita del mundo para casarte con ella.

Mamá. Siempre fue una mujer hermosa. Recuerdo que contaba, una y mil veces, como hago yo, que se iba con su amiga Feli por la calle Toro a dar vueltas.

Tú ibas con tu amigo, Paco Orejudo, y en uno de esos cruces de miradas, surgió el flechazo. Dos amigos para dos amigas. Y luego las bodas y las mil y una historias. Una amistad que perduró hasta que la muerte os separó.

Qué hermoso y qué duro. Pero bueno. Al final, La vida es así. No queda otra. El tiempo pasa inexorablemente. Y hay que vivir la vida. Todo lo que se pueda. Ese es mi lema. Sé libre.

Que nada ni nadie te ate, que puedas volar en libertad. ¿Sabes? Te lo he dicho mil veces. Necesito volar en plan hacer puenting o descargar adrenalina. Pero bueno. Poco a poco. Todo se andará. De momento toca buscarse las habichuelas y luego ya… Habrá tiempo de divertirse todo lo que se pueda y más.

Así que nada, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Antonio, Benito y Ramón, los tres regalos australianos para mi héroe


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Otro día que me he levantado tarde y perezosa, que ya es raro en mí. Así que ahora me toca desayunar rápido para salir a dar un paseo. Todavía no tengo recibido el rumbo. Es lo mejor. Improvisar. Normalmente bajo al Huerto, pero igual hoy cambio y para otro lado. Depende de la dirección que tomen mis pies.

¿Conoces a esta tropilla tan simpática? Son Antonio, Ramón y Benito. Los tres peluches que te trajo de Australia. Les pusiste el nombre de tus escritores favoritos.

Cuando te los lleve, tu cara de emoción es igual que la mía cada vez que los veo en mi habitación. Un canguro, un koala y un pingüino. Los tres animales más hermosos que existen en el planeta.

Estuvieron mucho tiempo en tu mesilla. Hasta que te fuiste. Y luego ya vinieron para casa. A un sitio privilegiado donde permanecen esperando algún nuevo colega.

Por suerte el no querer crecer nunca y mi lema del Carpe Diem (vive la vida) me ha ido funcionando, pero ahora, aunque sigo siendo la misma niña, no puedo disfrutarla como antes. Por eso ya nunca sonrió apenas. La únicas personas que me hacíais sonreír erais tú y mamá. Y luego ya sabes. Mis ídolos de toda la vida, que no voy a enumerar porque no viene a cuento de nada. ¿Sabes, pituco? Cada día que pasa tengo ganas de huír a una ciudad diferente. Tampoco puedo hacerlo, pero conducir es una de las grandes pasiones de la vida. Y si es con un poco de velocidad, mejor. En realidad siempre he dicho que mi vocación frustrada es pilotar un F1. Y no lo descarto. Ya sabes, peque. Yo y mis locuras. Qué bonito es vivir cuando realmente se vive. Lo otro es un sucedáneo. ¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy, que voy a desayunar y a dar un paseo hasta la hora que comer. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La inolvidable noche del expolio de los papeles del. Archivo de Salamanca


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Un poco constipada. Es 19 de enero. Supongo que te sonará esa fecha. El día del expolio de los papeles del Archivo de Salamanca.

Bendita madrugada la que nos pasamos, peque. Desde las 4 de la mañana en la calle Gibraltar. Iba a ir yo sola, pero decidiste acompañarme. Te encantaba estar a mi lado para cubrir esos actos históricos. Y la verdad es que tuvimos la gran fortuna de vivirlo juntos.

Las cajas de cartón pasaban por delante de nosotros y desde lejos alguien gritaba: «Cabrones». Y tú sonreías. Lo que te podían gustar todos estos acontecimientos históricos.

Esa mañana terminamos desayunando en el Toscano con Sonsoles Martín, la redactora de Antena 3 noticias. Tengo ganas de volver a tomar allí un zumo natural y una deliciosa tostada con mermelada y mantequilla, pero como de momento sigo sin trabajo. Pues nada. Otra vez será.

Ese desayuno me dio fuerzas para afrontar el resto del día, que no te creas que no fue largo. Ruedas de prensa en el Ayuntamiento, horas de curro intenso en la redacción del Adelanto y al final de la noche una triste noticia. El padre de una compañera, Marta, fue a hacerse una revisión al hospital y según salía, le dio un infarto y murió en el acto.

Lo más importante es que salimos airosos de ese momento tan trascendente en la historia de este país y que lo pudimos vivir juntos. Vivir. Esa es la palabra. Vivir la vida de la mejor manera posible. Pero, de momento, ni se parece a la que llevábamos antes los tres y me da una morriña no volver a los lugares que frecuentábamos con tanta asiduidad.

En fin, pituco. Te dejo por hoy, que me he despertado perezosa, mi estómago ruge y tengo que buscar algo en la nevera para llevarme a la boca, que anoche también llegué sin cena.

¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Casi tres años de pandemia y muchos vacíos en mi corazón


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hace un día con un solito estupendo. He amanecido muy tarde hoy. Esa es la verdad. 18 de enero. En poco más de dos meses se cumplirán los tres años de la pandemia.

Casi nada. Tú no llegaste a conocerla, por desgracia, ni mi princesa tampoco. Lo divertida que hubiera sido nuestra vida con mascarilla incluida. Me la puedo imaginar.

Llevo encerrada aquí. Ya he perdido la cuenta. Menos un rato que salí ayer, como 10 minutos… Acostumbrada que me teníais a estar todo el día fuera de casa, pues igual. Os podéis imaginar.

Ahora apenas tengo comida ni trabajo ni nada. Anoche no cené y hoy estoy desayunando sobras que he encontrado por la cocina. Y además, estoy ligeramente congestionada. Fíjate que es fácil echar un gapo. Pues ni eso. No soy capaz.

Hoy no sé si nos ocurrió algo especial. Anoche, hablando con una amiga, me dijo que había reñido con sus padres. Y yo le dije; «Olvidalo. Vuelve ahora mismo y dales un beso gigante. Aunque te pienses lo contrario, los papis no son eternos».

Yo siempre, ingenua de mí, pensé eso, pero bueno. Llega el día en que se marchan y es cuando te das cuenta que por muchos mimos que les hiciste, nunca fueron suficientes.

Ahora siempre que veo a un padre que lleva de la mano a su hijo se me saltan las lágrimas. Es inevitable. Por eso siempre he querido que alguien me regale un globo, un coche de juguete, un muñeco…. Cualquier cosa que me haga retroceder a esa época preciosa de mi vida a vuestro lado.

También sueño con volver pronto al mar. A saltar olas. No sé. Tantas cosas bonitas. Distinto que estar en esta ciudad, que aborrezco desde que me levanto hasta que me acuesto.

Parece mentira. Con lo que tú la querías y lo que la odio yo. En fin. Qué ganas de huír. De llevarte conmigo a donde más te guste. Aunque haga sol aquí, necesito ir a un sitio cálido, donde el sol queme mi cara y donde pueda ser libre. Vivir la vida. Mi frase favorita.

Espero que sea pronto. Y que estemos juntos en algún lugar del mundo, lo más alejado posible de este lugar.

Perdona por la falta de inspiración, pero es que no tengo es que sabiendo que es otro día más y otro menos, pues nada. No se me ocurre mucho más que contarte. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El reencuentro con mi princesa y las mañanas interminables de paseo


Hola, papá. ¿Cómo estás? Yo bien. Hoy he salido muy pronto de casa. Era temprano y hacia un día de sol impresionante. Así que decidí salir a pasear para aprovechar todo el día.

Ya sabes. Nuestras tonterías y aficiones. Al final cuando llegues a ese pasillo, igualito que el de ‘El Tercer hombre’, es imposible contener las lágrimas. Demasiado poco tiempo para asumir que ya no estáis ninguno de los dos.

Un reencuentro tan emotivo como simple. Anoche, viendo un programa en la tele, un señor cantó ‘Maite’. Y se me encharcaron los ojos. Creo que era vuestra canción favorita. La que alguna vez escuchastéis cogidos de la mano en la Plaza de Deba, mientras que el Orfeón Donostiarra la interpretaba.

Y me emocioné. Cómo no. A partir de ahí yo creo que el subconsciente te dice directamente dónde tienes que ir. Y como a ti te tengo siempre cerca… Pues decidí poner rumbo al camposanto. No es el mejor plan para un domingo, pero bueno. Ahora estoy dudando si ir al rastro. Así hago el paseo completo.

Ahora comienza a hacer fresco. He estado almorzando algo ligero, pero en la calle ya hace frío. Voy a casita a descansar un rato, que menuda tunda. Lo que nunca he conseguido, desde hace tiempo, es echarme una siesta de pijama y orinal. A veces, como ayer o hace un par de días en el Huerto, doy una cabezada. Y como soy un caso, pues me despierto con ganas de chocolate. Tremendo pituco. Lo malo es que nunca tengo chocolate a mano.

Pero bueno. Un chicle, un caramelo. Cualquier cosa me sirve para endulzar ese momento en el que el cuerpo solo me pide dulce. Y así desde que tenía cuatro años o quizás alguno más. Qué risa. No te creas que no echo de menos esas tardes de bicicletas. Yo tirada en la alfombra completamente dormida.

Con este tiempo, papá, estoy pensando si vuelvo al gimnasio, a boxeo o a alguna actividad que me haga más amenas las tardes, porque ya sabes que odio dormir. Menos cuando ya caigo rendida a eso de la una de la mañana, que es por agotamiento físico. Básicamente.

Parece mentira con lo tranquilito que eras tú y yo soy un auténtico terremoto. Por donde paso no vuelve a crecer la hierba. Soy el culo de mal asiento echo persona.

Madre mía. Lo mío es un no parar quieta en ninguna parte. Desde que he amanecido está mañana he recorrido media ciudad a pie. Y ahora me queda otra media, por lo menos. Salvo que bajen más las temperaturas.

En fin, pituco. Un día muy intenso de emociones. Muchas en poco tiempo. Pero lo que más me ha gustado ha sido el ratito de tertulia virtual con mi princesa. La echo tanto de menos. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Mis disparatadas noches a ritmo de adrenalina y olor a gasolina


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Desayunando. Me he levantado muy tarde para lo que es habitual en mí. Ha amanecido una mañana deliciosa. Fría, pero con solito. De esas que da gusto quedarte en la ventana del salón un rato para contemplar el paisaje. Y luego dar un paseo por la ciudad.

Así que en cuanto termine volveré a ello. A caminar por esos lugares donde ya no me gusta mucho ir porque los recorro muy a menudo. Tengo ganas de aventuras nuevas papá. Si sé qué aventuras me apetecen, pero no sé si voy a poder cumplirlas. Aún no he decidido lo que voy a hacer hoy. Pero tengo ganas de adrenalina.

Hoy salta en Tordesillas Maikel Melero. Seguro que te acuerdas de él. Perfectamente. Una noche de diciembre, con una temperatura gélida, me bajé a verlo a La Vaguada con mi princesa. Qué risa. Mamá solo le decía a la gente: «Pasé, pase». Porque le daba miedo. Yo estaba al lado de la pista. Ya me había hecho una foto con él. Y no podía con la emoción.

Verle saltar, me hacía saltar a mí. Al final, como siempre he estado como una regadera, el locutor hizo una pregunta. ¿Quién fue el ganador de los XFighters de 2014?

Esperé un poco. Lo justo para que la gente reaccionara. Pero todos se pusieron a buscar en el móvil. Como yo siempre he sido una fan total de mis chicos locos, empecé a gritar: «Tom Pagés». Y en ese momento las motos empezaron a dar vueltas alrededor de mí. Yo no me lo podía creer. Gritaba, reía, lloraba. Ya no tenía trabajo. Y había conseguido dos entradas para la XV edición de mi espectáculo favorito.

Llegué al Elfos, que estabas tú esperándonos, y fue como de risa. Llegué. Te lo conté y te alegraste tanto por mí, que fue como de risa. Eras de las pocas personas que comprendía mis ganas de vivir la vida de la mejor manera posible.

Yo no podía dejar de dar saltos de emoción. Y tú te reías… Qué felicidad, papá. Siempre me aportabas tanta energía positiva. Que no me extraña que sonriera todo el día. No como ahora, que es lo que más me cuesta en este mundo.

La foto para ilustrar el texto no tiene nada que ver con la de aquel día. Se perdió en el mismo momento en que se borró mi cuenta de Facebook, pero me gusta porque estoy con un coche antiguo. Y no creo que haya una sensación más maravilloso que la de conducir. Ya sabes me encanta el riesgo sobre cuatro ruedas. Así que a ver si me decido y vuelvo a ver a mi admirado Maikel. Y vuelvo a brincar, a reír y a disfrutar como la niña que nunca creció. Que es lo que más me gusta. El síndrome de Peter Pan vive en mí. Y creo que lo hará por siempre. Y no me arrepiento. Al contrario. Ojalá nunca perdiera la ilusión por cosas tan fáciles de alcanzar como esa.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️