El taburetero y la felicidad de buscar motes imposibles a la gente


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Menuda rasca hace en la calle. Recibir al verano con 19 grados ha hecho remover una parte del armario para salir a dar un pequeño paseo.

Y de piscina, mejor ni hablamos. Vamos, que me voy a poner pijama largo y mantita para sobrevivir a esta madrugada que promete ser ser gélida. Solo me falta poner el calefactor para coger temperatura. Hasta las manos se me han encallado. Lo que no parecía normal eran los 42 grados de la semana pasada.

Los pies congelados, ahora siento una ligera tiritona. Ya me he puesto la mantita. Quería haber hecho una foto del atardecer para enseñarte, pero las nubes han eclipsado al sol desde hace ya rato. Y eso que ahora anochece a las diez y bastante.

Hoy, por casualidad, me he encontrado con algunas de esas personas que tú, y tu imaginación infinita. rebautizabáis con nombres tan divertidos como el taburero, en alusión a aquel desagradable personaje que iba al bar a ver el fútbol, se sentaba allí como si fuera parte del mobiliario y no movía el culo ni viniera un señor con muletas o una persona mareada. Lo agarraba como si fuera de su propiedad.

En fin. Individuos que siguen por el mundo dando vueltas con su gesto desagradable y su pésima educación. Te iba a decir : ‘Que le den, pero seguro que tú me responderias:’ Salvo que le guste. Y luego nos reiríamos los dos. Eso tiene un nombre muy hermoso: Felicidad.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️