El cantar de los pájaros y una triste historia de Navidad en pleno junio


Hola, papá. Cómo estás? Yo en casa. Oyendo el cantar de los pájaros desde la ventana. Triste, muy triste. Creí que el verano me iba a traer la añorada felicidad, pero solo me ha traído el dichoso edema, que me trae a maltraer y unas pequeñas heridas en la zona del pie que comienzan a tener un aspecto preocupante. Además de dolores bastante fuertes en las piernas, cada vez más duras, como si les faltara riego.

El calor tampoco ayuda a mejorar. Al contrario Qué te voy a decir a ti, que siempre andabas con unas crocs (zapatillas con agujeros) y pequeños pinchos en la suela para activar la sangre.

Creo que en un mes o un poco más es como si me hubieran caído encima muchos años. Solo espero que cuando abran la piscina y comience a mover mis articulaciones, mi aspecto mejore. Con lo que me gustaba a mí hacer deporte y lo he dejado por completo.

Ahora mismo me encuentro como una pequeña bolita hinchada, tumbada en la terraza, buscando dibujos en las nubes. Como cuando tenía cinco años. Entonces veía ositos de algodón, perritos… animales, en general.

Ahora solo veo cosas blancas que esconden la verdadera realidad de esta vida, la muerte. Y gracias que hoy son claras, que cuando dan en ponerse oscuras y arranca la tormenta, es como una pesadilla. El inicio del viaje al otro mundo.

En realidad es algo que me asusta tanto y me obsesionado aún más, que vivo con su sombra aceñándome desde ni se sabe cuando. Ahora, al subir las escaleras, que me da pavor, me vino a la mente una de tus muchas historias tristes que yo siempre te preguntaba por qué no tenían un final feliz.

Aquel hombre afable que un cinco de enero, madrugada del 6, llegaba a casa vestido de rey mago emocionado con un regalo para su hijo de corta edad. Y, por lo que contabas, con alguna copichuela en el cuerpo para celebrar un día tan hermoso, pero el destino, siempre caprichoso, hizo que cuando estaba a punto de alcanzar el último escalón, tropezara con su cama. Su cuerpo se venció hacia atrás, con tan mala fortuna que se dio un golpe letal en la cabeza ante la desesperación de su esposa, que le esperaba para escuchar sus vivencias, y del niño, que ya había colocado su zapato esperando el regalo de Sus Majestades y que perdió lo que más queria en su vida: a su padre.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️