El hombre de la capa negra en un retrato para la eternidad


Hola, papá. Qué tal estás? Yo así así. Hoy me he despertado, y lo digo entre comillas, con el típico sopor que te hace volver a cerrar los ojos no sé cuántas veces hasta que realmente te despiertas y ves que empieza otro día que se va a ir como el de ayer, sin pena ni gloria.

A esta hora solo se escucha la ruido de los pájaros en la terraza que canturrean con alegría porque ven un  poco de sol y porque ya no hace frío. Infelices. Yo ya no canto apenas nada. Algún trozo de canción que me emociona, pero bueno. Para mí es lo normal.

Hoy traigo a este blog el enigmático retrato que te pintó tu amigo Paco Orejudo hace no sé ni el tiempo, pero debías de tener tú como unos treinta y pocos.

Quisiste que lo pintara con tu capa charra porque tu prenda favorita. Y la que te daba un aire más interesante aún de lo que eras.

Lo curioso de la pintura es que parecía eterna. Habían pasado los años pero ni el rostro ni el pelo parecían haber sido tocados por el tiempo.

Hasta tú mismo te sorprendías cuando te veías, pero era casi hasta normal. Era una especie de retrato eterno. Tenía un toque especial y una paleta de colores oscuros que le daban un aire bohemio al cuadro, cuyo año no he querido ni mirar.

Es la una de la tarde ya, papá. Otro día más perdido. Otro que se va sin pena ni gloria y lo peor es hay quien no se da  cuenta y me saca de mis casillas. Pero no puedo ir dando cabezazos contra el mundo, aunque tampoco me importaría.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️