La música que puso un candado irrompible a nuestro corazón


Hola, papá. Cómo estás? Yo no hace falta que te lo diga una vez más: «Muriendo sin vivir la vida». Viendo como esto se me va de las manos, que estoy perdiendo la batalla contra un enemigo al que antes veías invencible y ahora te sientes completamente frágil, papá.

Si realmente es cierto que cada día que no has disfrutado es un día perdido, ya no sé cuántos llevo. Quizás desde noviembre. Y es que mi vida ha pegado un cambio tan radical en todos los aspectos que es imposible creer que ahora esté 19 o más horas metida en casa.

Tu y yo, que era un no parar, especialmente en la tarde noche, ahora que el sol se mete tan tarde. Salamanca se ha convertido en una ciudad más bien triste. Sobre todo por la zona donde vivimos. A eso de las 10 los bares cierran y ya no hay ni la mitad de ambiente. Como yo digo para hacer unas risas: «Me aburro como un burro». Atrás quedaron unas tardes increíbles de risas con los amigos, de brindis y de más.

Hoy he brindado, mirando al cielo, porque hacía seis años que murió aquel ángel que montaba en moto llamado Luis Salom. Y levanté una copa a su salud y a la de todos los que estáis ahí arriba, que ya sois demasiados, pero no se puede hacer otra cosa La noche está fresca. No hace para estar en la terraza. Así que contemplo las estrellas desde el salón, mientras, casualidad de la vida, y para mí regocijo, en la tele suena ‘Fly me to the moon’ y yo la canturreo tímidamente.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Es hora de desconectar y descansar. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️