El pintor amable de sonrisa dulce y el amigo feliz por el reencuentro


Hola, papá. Cómo estás? Yo un poco débil. El calor se ha metido de golpe y me ha dejado baja de defensas.

Soy un caso. Nada que no sepas. Pero como un día sobrevivo a base de pinchos y otro de cigarrillos, así me va.

Pero nosotros a lo nuestro. Qué imagen tan tierna, tan dulce y tan espontánea. Es don Andrés, Abraido, Pintor.

Un señor. Casualidades del destino, un día bajando del bus te lo encontraste. Y aunque hacía mucho que no te os veáis, la reacción fue igual. Sonrisa de oreja a oreja y admiración mutua.

En cuanto bajastéis del bus os reconocistéis. Me presentaste orgulloso. Y yo feliz de conocer a un hombre de mirada tan tierna, tan dulce, con una manera de hablar tímida, pero tan agradable. En fin, peque. Esos pequeños momentos que quedan plasmados en hermosas imágenes, en dulces recuerdos, en cosas que contar en este blog que tam tiene creo que tiene los días contados, porque fui la única que creyó en él y la que se marcó unas metas que parecían inalcanzables, pero ahí están son una maravillosa realidad, en forma de premio, que le prometí a mamá que ganaría para ti y que enmarcaría.

Ganarlo lo gané, enmarcarlo no. Pero bueno. Así son las cosas. Unas veces se gana y otras se pierde. También fue nuestro último viaje. La última sorpresa que nos tenía guardada la vida. Mi vestido rojo, mi cara maquillada, una sonrisa infinita y todo lo bueno que se le puede dar a una persona como tú. Un ángel.

Y en la foto con tu camiseta de Kukutsumutxu, quien sabe si la sucesora del pañuelo de Hemingway, ese que compré para poner en tu despacho, junto al retrato de don Ernesto. Otro loco de la vida que decidió arrebatársela de un tiro. Al fin y al cabo un premio Nobel, no una mindundi como yo, que junta letras con la esperanza de algún día hacer un libro, pero que de momento sigue falta de inspiración.

Al final, peque, somos iguales. Cuando tú ya no te encontrabas bien, dejaste la pluma y todo para simplemente irte agarrado de mi brazo en busca de esa séptima farola de la eternidad, de la que espero que me mandes la ubicación para que no me pierda en el momento de volver a reunirnos. Ese día sacaré mi pintalabios, mi rimel, llevaré en mi maleta el vestido más bonito y me lo pondré para pasear de tu brazo. A ver si hay suerte y nos encontramos con mamá para convidarla a un pastel.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️