Nuestros locos tiempos como boxeadores ‘amateur’


Hola, papá. Cómo estás? Afrontando ya el 6 de mayo. Lo cual quiere decir que en un mes, más o menos, abren las piscinas municipales. Con todo lo que ello conlleva. El reencuentro con los amigos, un buen rato de natación y muchas muchas risas.

Y como ya sabes que en Salamanca es cierto eso de que hasta el 40 de mayo no te quites el sayo hoy ha amanecido un día espléndido. De esos que tienes que bajar la persiana del salón para que no te haga daño en los ojos cuando escribes.

También mis persianas, las de los ojos, se cierran. El cansancio. Dormir cuatro horas agota a cualquiera. Te despiertas, te quedas KO, vuelves, te quedas KO y así hasta que te pones en marcha. Aquí tienes una de mis fotos favoritas.

La niña preparada para las clases de boxeo. Lo que me gustó practicarlo, pero, sin duda, lo que más me gustó fue que eras tú quien fue a recoger el casco, los guantes y las vendas y el primero en estrenarlas.

Y así fue de divertido verte convertido en un Rocky un poco más fuerte de lo normal durante unos minutos. Eras tremendo, peque. Lo que se te ocurriera a ti, no se le ocurría a nadie.

Mamá te miraba con cara extraña. Yo sonreía. Y los dos cómplices y felices, que era lo importante. Ahora, aprovechando el buen día, me voy a dar una buena caminata por esta ciudad que tanto odio.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero