Te quiero mamá y otras hermosas frases para llevarte siempre en el alma


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Aunque no te lo creas amaneciendo casi en este 2 de mayo, el cumpleaños de mi princesa. Hoy le hubieran caído 77, una cifra muy bonita. Pero no pudo ser.

Hoy voy a recordar una de sus fiestas. Lo que no le pongo es fecha, pero fue todo un poco surrealista. La pobrecita mía había estado ingresada los días antes en Los Montalvos.

Lógicamente, la dieta era la típica de los hospitales. Que si conejo a la plancha, pescado, pollo… Todas esas cosas que yo veo y que producen náuseas directamente. A ella no le quedaba más remedio que hacer de tripas corazón y se lo tragaba como podía.

Aunque cuando iba al hospital ya era porque estaba muy malita, en cuanto recuperaba un poco protestaba porque no quería era la comida de allí. Yo de vez en cuando me le compraba una bolsa de patatas fritas o le daba un kinder de chocolate. Cualquier cosa con tal de verla feliz.

Bueno. Pues cosas de la vida, el médico le dijo que le daba el alta el dos de mayo. Te puedes imaginar. Lo primero que me dijo fue: corre a la pastelería y encarga una tarta, la más dulce que haya. Y además le coincidió con el lunes de Aguas. Así que fui a Gil y le dije que me enseñara el pastel más dulce que tuvieran. Era una tarta capuchina que dejé encargada para cuando llegara a casa.

La monda lironda. Por la mañana recibe el alta, llega a casa y pregunta por su tarta y por su hornazo. Y yo fui corriendo por ella. Con tan buena suerte que el pastel tenía tanto almíbar que me puso los zapatos y el bolso todos llenos de azúcar.

Y encima dulce.. Cómo para quitar eso. Pero su cara de felicidad, merecia la pena. El hornazo se lo hice yo y estas dos cosas tan simples, con un poco de embutido y algo más, fueron nuestra merienda.

Luego, por suerte, empezamos a ir a sitios mejores, más caros, que evitaban que hub que fregar platos y demás coñazos. En lo que pueda evitar.

Aquel día mi princesa fue feliz. Y era lo único que pretendia. Después de la mierda que se tuvo que comer en el hospital.

Yo la malcrié y ella a mi. Hoy echo de menos no haberle podido dar un beso grande. Haberle comprado bombones, flores… Cualquier cosa de esas que le hacían tanta ilusión. Al final hasta como la muerte tiene un precio, en una tienda del camposanto encontré un ramo bonito.

Te voy a pedir un favor, pituco. No sé que habrá allí arriba. Toma un trozo de nube y escríbele algo bonito, como cuando eráis novios. Y esta noche que no falte la fiesta.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que ya es tarde. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️