Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Ya sabes. Perdiendo esas horas de mi vida que jamás voy a recuperar en lugares que ya estoy harta de ver.

Han pasado de ser aquellos espacios de remanso y paz a convertirse en una auténtica tortura matinal. Atrás quedaron aquellos tiempos en los que bajaba al Huerto de Calisto y Melibea mirando a las cigüeñas de la Catedral. Quizás porque ahora ya no necesito verlas. Viven en mi.

Y cuando algo vive en ti, es como que ya no tienes que ir a buscarlo. Hay una conexión, diría que espiritual, que hace que os sienta en cada pared, en cada esquina, en cada baldosa de la terraza.

Esa terraza que otrora lucía unas impresionantes rosas rojas y otras de color rosado, que se fueron marchitando bajo el calor

El traje blanco con el que todas las niñas sueñan (mi Peter Pan)


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Más o menos. Ya sabes lo que es una mañana de lunes nublada. Un dolor. Hace frio, se me abre la boca y me aburro. En realidad ya te lo he dicho muchas veces. Ahora mismo me aburre vivir. Es tal la monotonía que es imposible de llevar para una persona acostumbrada a hacer mil cosas distintas. Pero bueno.

Hoy, si mi memoria no me falla. Y no suele, es el aniversario del día que tomé la Primera Comunión, algo que lógicamente no volvería a hacer salvo por el vestido de ‘princesa’ con el que te disfrazan, pero te hace tanta ilusión.

Recuerdo que mamá lo compró en Ecke una de las tiendas más bonitas para diseñar ropa para niñas. Tú, como siempre, a soltar la panoja y poco más. Lo que les gustara a las niñas.

Qué día tan inolvidable. Realmente lo que te gustaba era verme feliz. Y para colmo de males, llovía. Mi vestido nuevo. Como un súper papá, me cogiste en brazos y me llevaste así hasta la capilla donde se celebraba la misa. Si me lo dicen otra vez… 🤣 Ya me hubieras comprado tu otro vestido igual sin tener que pasar por ese momento absurdo.

Ya casi es mediodía. Y tengo la sensación de nuevo que el tiempo se me marcha tan rápido que no me deja disfrutar como yo quisiera, pero en breve espero hacerlo. Ser libre y ser feliz. Como lo fui contigo.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

Un arcoiris de colores en medio de balones, himnos y copas


Hola, papá. Cómo estás? Yo más o menos bien. No hace falta que te dé muchas más explicaciones. Es 29 de mayo. Y hoy tengo la sensación de que el tiempo pasa muy rápido y muy lento. Todo contradictorio. Lo único cierto es que pasa, inexorable y siento que se me escapa como un globo cuando se te suelta la cuerda.

Hoy España, este país de charanga y pandereta, está de fiesta una vez más. Da igual que cierren negocios, que suba el paro o que los precios de los alimentos se disparen, pero ayer los del Real Madrid ganaron la Champioms.

Así que durante unas horas las penas se olvidaron, las terrazas se llenaron de gente ataviada con la camiseta del Real Madrid y la cerveza y las copas corrían como si fuera el último día de sus vidas. Y al ganar y ser sábado el alcohol seguía rodando por las mesas de los locales mientras que las risotadas y la euforia hacia mella en el ambiente.

Pero banalidades aparte, hoy me quedo con una imagen que añoro desde hace mucho tiempo. Nuestro querido arcoíris. Y doble. Un regalo de la naturaleza que nunca me canso de admirar.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

El día que el 46 dejó de existir en la parrilla de motociclismo


Hola, papá. Cómo estás? Te diría que bien, pero mentiría. Hoy ha sido un día muy fuerte en emociones para mí. Y me vas a dar un merecido capón.

En el Mugello, ese circuito al que tantas veces me prometí ir a ver a Valentino Rossi correr y a no dormir en la fiesta eterna que son esos tres días de emociones.

Anoche ya me costó conciliar el sueño. Es como que te parece que nunca va a llegar ese momento. Y de repente llega. Y tú lo ves sonreír mientras que una lágrima se desliza por tu mejilla sabiendo que en ese momento se cerraba una de las etapas más maravillosas de mi vida, que compartimos en ocasiones a pesar de que tú no le tenías mucho cariño.

Aunque él quiso hacer un final feliz, con la enorme sonrisa en los labios, ya hace mucho tiempo que no creo en ellos. Y en eso me parezco a ti.

Te lo decía siempre, no escribas cosas feas, que no ayudan. Ahora no me importa. Escribo lo que me dicta el alma, esa para la que cuando te duele no hay cura posible.

Y dolió. Mucho. Era como si me arrancaran otro pedazo de mi diminuto corazón en forma de 46 y con color amarillo.

Tú que fuiste de pocos ídolos, quizás no llegarías a entender lo que pasa por tu cabeza, pero yo sé que en el fondo, muy en el fondo, casi hasta me abrías dado un abrazo para despedirme definitivamente de los circuitos a este Peter Pan. A este niño que se negó a crecer salvo para conseguir nueve títulos mundiales.

Así que nada, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero, ❤️

Y


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Sufriendo ya los primeros calores del verano que aún no ha llegado, pero ha dejado una subida de temperaturas más que notoria.

Los días son muy largos. Anochece casi a las

Al rico pulpo a la gallega con aceite y pimentón


Hola ola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy tengo un poco de jaqueca, pero quizás es que no desayuné bien o del estrés. Hay mil cosas que te producen un dolor de cabeza.

Pero hoy no estamos aquí para hablar de eso. Es ya 26 de mayo. En nada llega junio y aunque no te lo creas, y pese a que luego dan 27 grados de temperatura, lleva desde las siete con un fresquito, que tengo abierta la puerta del salón y da gusto el aire tan rico que entra.

Ya hacía mucho tiempo que no iba a un local donde sirvieran comida más bien típica de la zona de Galicia. Y hace ya unos meses descubrí uno, casi pegando a casa, que tenían una carta realmente espectacular.

Al final conseguí ir y, como siempre, hubo algo que me recordó a ti. El pulpo. Estaba como la mantequilla, que decías tú.

Y es que mamá cocinaba bien casi todo, pero lo del pulpo era un escándalo. Menos mal que a mí nunca me gustó, porque hubiera sido una auténtica faena no tener la receta ahora.

Aunque es un manjar caro, porque lo es, luego hay gente que no sabe darle el punto de cocción y adiós muy buenas.

Sé que hay gente que le da unos buenos golpes con un mazo. Lo escalfaba tres veces, lo ponía en una cazuela con una patata y, cuando ya estaba cocido el tubérculo, el pulpo también estaba listo para comer.

Lo partía con mimo, lo ponía en una tabla de madera y lo aderezaba con algo tan sencillo como un chorro de aceite y un poco de pimentón. Y si acaso un poco de patata abajo. «Manjar de dioses», exclamaba el ateo mayor del reino que, al igual que el tomate, nunca consiguió que lo probara.

Quizás yo me lo perdí. O no. Ni tan siquiera me lo planteo, porque hay cosas que a una edad ya no se pueden cambiar. Lo importante es que tú disfrutaste cada bocado y que daba gusto ver tu cara de felicidad. La misma que hubieras puesto si te hubieran pasado un trozo de éste. No creo que por ahí arriba se estile demasiado.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que es tarde y tengo que hacer cosas antes de ir a dormir, la hora que menos me gusta del día y de la noche. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

Gibraltar, el peñón de mis sueños y tus pesadillas


Hola, papá. Cómo estás? Yo poco bien. 25 de mayo y aquí sigo sin salir de esta maldita ciudad, con la que tengo pesadillas desde que me levanto hasta que me acuesto.

No sé si será cierta esa frase de que siempre fue mal nacido quien renegó de su casta, pero entonces si. Yo soy una malnacida, porque lo hago desde que amanece hasta que se mete el sol otra vez. Como yo digo siempre a estas horas ya, otro día perdido.

Otro más y otro menos. Y esa idea me aterra, pero yo creo que mucha gente se piensa que somos eternos y que con estar 18 horas encerrada en casa estamos haciendo lo mejor. Qué grave error.

A mí me martiriza. Cuatro paredes, la misma decoración y la típica imbécil de turno que te dice que cómo estás de ánimo y le dices que depende de lo días y con sus santos huevos te espetan que en la vida no son todos ni blancos ni negros, que es cuando muy diplomáticamente, como tú hacías, le dices: «Vete a tomar por el culo».

Y en ese momento lanzarías el móvil contra una pared hasta que se partiera en mil trozos.

Yo creo que antes no escuchaba con tanta atención las sandeces que dice la gente. Al final es verdad que el que más habla es el que más tonterías dice.

Tenías razón en casi todo. Y no me importa decirlo. Eras tan sabio que lo único que te faltó fue dejarme una guía de cómo se vive sin ti y sin mamá.

La foto que te he puesto hoy es la de Gibraltar, tu lugar favorito. Ahí sí que pensabas tú que eran todos taraos, y como era mi lugar favorito, no te quedaba otro remedio que poner tu ‘mejor sonrisa’, cambiar el rictus de tu cara y, para colmo, en lo que esperábamos la cola de entrada de más de dos horas, yo te ponía un bonito disco de Luis Miguel, el sopazas, como le llamabas. Era ese momento en el que te bajabas y decías que te ibas caminando hasta que te cogiera por el camino.

Qué mañanas de risas, porque luego allí estábamos un par de horas y lo único que queríamos era llegar pronto a un sitio donde se almorzara algo más que fish and chips y otros platos poco llamativos de la gastronomía británica.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Me aburro como un burro, la verdad. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero, ❤️

La familia Cigüeñelez y las mejores vistas aéreas de la ciudad


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Bien, más o menos. Ya sabes que mis piernas últimamente pesan como el acero. Exactamente igual que las tuyas hace unos cuantos años. No sé si me identifico más con las de mamá o con las tuyas, pero es una situación realmente incómoda.

Fíjate que ahora ya es verdad que quedan días para que abran las piscinas municipales. No sé si una semana y unos cuantos días. Pues cuando el clima está más enrarecido. Del calor asfixiante de los últimos días a un fresquito que casi se agradece y que será una pequeña tregua en lo que está por llegar.

Pero no venimos a hablar del tiempo, que es muy aburrido. Venimos a hablar de la familia Cigüeñelez, que fue un personaje que se invento alguien para plasmarlo en una preciosa camiseta verde que aún debe de andar por ahí. Estaban el papá, la mamá, las lloricas y hasta el intruso.

Recuerdo que pasaba por una tienda de la Rúa cuando la vi. Era talla de niño, pero tú eras un niño grande, así que no hubo mucho problema en convencer al dueño, que cogió una camiseta mucho mayor y colocó estratégicamente la plantilla para que quedara perfecta. Como se me borraron un montón de fotos del móvil, será complicado encontrar aquella verde, pero siempre hay opciones.

El otro día pasé por un escaparate y vi a todas estas, que tienen pinta de venir viajando desde París con el bebé en el pico. Ya sabes el amor que le profeso a estos animales cada vez que los veo sobrevolando con esa majestuosidad por el cielo de Salamanca y pienso que eres tú, que ahora lo ves desde el lugar privilegiado que siempre soñaste.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

En la incesante búsqueda del rayo verde en el ansiado mar


Hola, papá. Cómo estás? Yo recién levantada. Domingo y me despierto tan temprano. Lo que es el no querer dormir. Prefiero mirar el hermoso cielo azul que nos ha regalado este domingo, 22 de mayo.

Y el caso es que esta fecha me suena. No me digas exactamente lo que pasó, pero algo ronda por mi cabeza. Seguro que en breve caigo con lo que era.

Pero bueno. Para hoy en este blog traigo una enigmática imagen tomada en un idílico lugar. El mar, el que nos embelesa, el que nos fascina, el nos enamora con tanta belleza.

Alguna vez, de pequeña, alguien me contó en algún cuento que al meterse el sol cuando anochece en el agua, aparece un rayo verde. Lo busqué entonces y lo sigo buscando, pero nunca he tenido la fortuna de verlo. Cuando regrese, seguiré en esa incesante lucha por ver esa luz, en principio mágica, que se produce al entrar en contacto el sol con el agua.

Qué maravillas nos regala la naturaleza. La pena es que aquí, en la ciudad, es imposible ver un atardecer de ensueño. Tan normales que aburren, saturan, cansan.

Ahora solo queda esperar a que cambien las tornas y pueda ir a ese anhelado río grande a verlos. Entonces seré un poco menos infeliz, porque la felicidad se encuentra a tantos kilómetros de mi.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

Las cerezas dulces, sanadora a y el fruto prohibido del hospital


Hola, papá. Cómo estás? Yo en casa. Un mes justo para verano, pero hace un bochorno insoportable. De verdad. Son de esos días nublados en los que no hay quien pare. Pero bueno. Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar….

Hay quien pasa con más pena y hay quien pasa con más gloria, pero la verdad es que estamos aquí de paso. Y aunque haya momentos que merecen la pena.

No sé si por esta época o más adelante es cuando empiezan a llegar las primeras cerezas. Nada que ver con las que te gustan, pero te quitan un poco el ansia.

Ayer, de casualidad, y sin revelar nombres por el cariño personal que le tengo, a un ex compañero de trabajo, me enteré que le había dado un ictus, que yo creo que no ha en el susto.

Supongo que el más bonito recuerdo que tengo relacionado con esta roja y deliciosa fruta, puede resultar hasta simpático.

Un día por esta época, cuando estábamos en una terraza sentados, también pasó algo con tu cerebro. No funcionaba bien. Rápidamente bajamos al hospital y nos dijeron que era un ictus, pero que, por fortuna, lo habían cogido muy a tiempo.

Como la comida de allí era una auténtica tortura y yo quería verte bien nutrido, pasaría por una frutería, las vería y te las llevé. Qué alegría ver tu sonrisa de felicidad en la cara. Abriste la mesilla de la habitación y las colocaste cuidadosamente para tenerlas a mano.

En un rato de estos de asueto y aburrimiento, cuando parecía que no se oían moros en la costa, las sacaste y te las pusiste a comer. Cuando estabas en pleno climax culinario una enfermera de estas de carácter agrio, entró, te vio y te echó la bronca. Rauda, como casi siempre, te las cogí no siendo que le quitaran la merienda de mi pituco y tú me echaste una sonrisa pícara y de satisfacción. Estaban a salvo.

Como tú. De aquellos días también recuerdo el momento en que te indujeron un pequeño coma para frenar el efecto devastador de la enfermedad y cuando volviste a la habitación, una vez más, te cogí de la mano, puse mi cara contra la tuya y te dije: ‘Ahora mismo ni tan siquiera sé cómo vas a salir de esta, pero no importa. Yo voy a estar aquí. Pase lo que pase solo hay una frase que no quiero que olvides nunca (y espero que así lo hayas hecho), te quiero, papá.

Y poco más. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero. Tampoco lo olvidéis nunca ❤️