El esperante que esperaba desesperado a su amada en la puerta del Cava


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy es sábado de motos así que mañanita de calma total disfrutando del espectáculo sobre dos ruedas. Encima en Jerez. De motera. Seguro que a estas horas ya habríamos tenido hoy nuestra primera bronca. Y hasta eso lo echo de menos.

Ha amanecido un día espléndido. De primavera muy adelantada. De hecho, No sé ni qué grados habrá, pero bastantes, porque entra un calor por la zona de la terraza, que apetece agua helada.

Ya decimos adiós a abril. Cuatro meses han pasado pituco. Un tercio del año. Casi nada. El tiempo vuela y yo me sigo aferrando a ese lema que dice: ‘, «Go free’. O lo que es igual. Sé libre. Que nadie intente atarte ni decirte lo que tienes que hacer.

Mañana es fiesta. El día del trabajo. Yo como no lo tengo tampoco hay mucho que celebrar. Pero los que curran todo el año, por supuesto.

Te tenía que contar algo. No me daba cuenta hasta que no he colocado la foto. Tampoco está muy enfocada, porque no quiero que se reconozca a nadie.

Pero tú, en cuanto lo hayas visto, sabrás que se trata del ‘esperante’, léase como persona que pierde el tiempo esperando a otra que se supone que es su enamorada.

Y ya sabes lo que valoro yo cada minuto.

Como consuelo te diré que ahora ya no son 40 minutos, que los ha reducido a diez. Caminan más y también alternan hasta más tarde.

Cada vez que lo veo, me acuerdo de ti, sentado en la terraza del Cava, con el reloj clavado en tus ojos grises. Sabías que cuando llegaba, estaba esperando a su *enamorada» unos 40 minutos.

Tú desesperaba, yo no lo entendía, porque pensaba que casi todo era eterno, pero no. Todo es demasiado efímero. Perder el tiempo de esa manera no merece la pena.

Hoy ha sido un día perdido, en realidad. Me invadió el sueño y estuve todo el rato soñando contigo. Habías sa del hospital pero ahí estaba yo para levantarte cada vez que te caías. Y tú sonreías, feliz, porque sabías que alguien te iba a recoger. Y yo no entraba en mí de gozo.

Lo malo de los sueños es que hay que despertar. Y el mío ha sido horroroso. De repente me he dado cuenta de que me había dormido una siesta de tres horas, lo que más odio en este mundo. Y que tocaba volver a la realidad. Y en esa ya no estás. Qué dolor tan grande en el corazón. Qué diferencia de estar a tu lado que ya no estar. Lo que era vivir la vida a malvivirla, pero de momento es lo que toca. Así que nada, mi amor.

Perdona que ande tan tardía. Cuando he cogido un poco de WiFi. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

El Lunes de Aguas con tostón asado y pastas de Pedrajas (VIDA)


¡Hola, papá! Cómo estás? Yo más o menos bien. En casa. Lo que peor llevo es que llegue la noche y todos los de la ‘pandi:, no paran de reírse, de tomarse sus vinitos, esa costumbre tan española, mientras que yo voy para casa mirando los espectáculos. Pero bueno. Esta es la vida para algunos. Nada mejor que disfrutar de un rico aperitivo nocturno antes de encerrada.

Te traigo buenas noticias a medias, peque. Apareció mi documentación, mi monedero de Koseri y otro donde llevaba las tarjetas, pero el dinero voló y el resto del bolso también. Y los del Tormes en vez de mirar en las cámaras e identificar a los ladrones, se han ido de rositas.

Hoy es 29 de abril. Tengo idea de como si en este día hubiera pasado algo especial, pero lo más hermoso que nos pasó a mi princesa y a mí fue que, en esa jornada, a pesar de que ya no estabas y de que era lunes de Aguas, fue que mamá dijo : hoy en lugar de hornazo nos vamos a Valladolid.

Allí comimos estupendamente en la parrilla de San Lorenzo. Para muestra un botón (mira la carita de felicidad de mamá). Un buen embutido, un rico asado y un delicioso postre. Y para poner la guinda, pastitas de. Pedrajas.

Rompimos la tradición, pero me supo de rico. Brindamos por ti, por la vida y por todo lo que conlleva esa fecha de especial para nosotros.

Mamá feliz, yo también y tú supongo que desde arriba, jorobado por no haber podido disfrutar de ese momento tan especial.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que hay motos y anoche vi cómo la gente allí se cenaba un buen plato de jamón ibérico cortado a mano y se me pusieron los dientes largos.

Cuídate mucho y cuida de mi princesa, que este fin de semana es todo suyo. Os quiero ❤️

Las rosas amarillas tan efímeras como el paso del tiempo


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. Recuperando un poco la calma tras el sobresalto de ayer. No se ha solucionado nada, pero bueno. Habrá que darle tiempo al tiempo.

Hoy ya es día 28. Estamos a punto de dar carpetazo al mes de abril. Y lo que ello conlleva. En nada llega el día de la madre y el cumpleaños de mi princesa.

El otro día alguien me decía que estaba buscando un regalo para celebrar la festividad de las mamás. Y me dio envidia. Sana, pero envidia. Ojalá que ahora estuviera dando vueltas al regalo que le iba a hacer a esa señora tan encantadora, de sonrisa tímida, mirada tierna y gafas caídas a la mitad de la cara. Con un bolso lleno de caramelos para repartir y un corazón tan grande que no le cabía en el pecho. El que se paró hace ya dos años y medio, peque.

Aunque ya sabes que no creo en nada, algunas noches cuando llego a casa y no os veo, miro al cielo, busco dos estrellas que estén bien juntitas y, de repente, os imagino a los dos en el dormitorio. Qué manía tan divertida la de discutir por ver quién se llevaba más trozo de sábana.

Supongo que yo mediaría en ese conflicto un tanto absurdo, pero es que si no no eráis vosotros. ¿Verdad?

Echo tanto de menos esas divertidas discusiones como las maravillosas rosas amarillas que durante un tiempo crecieron en la terraza. Mis favoritas. No hace falta que te lo diga. Si mi memoria no me falla. Y no me suele fallar, en algún momento llegamos a tener una azul, obra de las prodigiosas manos de Gabriel, el jardinero que venía a podarlos.

Qué hermosos recuerdos de aquellos años, que ya se fueron, que ya se fueron. ¡Ay, quien pudiera parar el tiempo! Implacable, irrecuperable, perdido entre cuatro paredes, asfixiante…

Cada día que no te has divertido es un día más perdido. Y uno menos. El único consuelo que me queda es que, cada uno a vuestra manera la vivistéis. Y yo tuve la gran suerte de poder compartirla a vuestro lado. Ahora que han cambiado tanto las cosas, los días pasan sin pena ni gloria. Más bien con más pena que gloria. Siempre esperando que el siguiente sea mejor o por lo menos distinto, pero me temo que será otro día perdido. Otro más a cambiar en ese calendario eterno que encargué para ti y que se quedó parado en un día de mayo. Como mi corazón, que se quedó estancado en dos días malditos donde se fueron las personas que más quise en la vida y que me la hicieron tan hermosa.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

El fantástico día de sol que terminó con el hurto de mi bolso de mano


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy ando muy tardía. Demasiado, pero ha sido uno de esos días de olvidar, peque.

Últimamente me pasa de todo y poco bueno, la verdad. No recuerdo si cuando tú ibas conmigo me sucedía lo mismo. El caso es que había sido un día normal. Despertar no muy temprano, desayuno en casa, paseo de media mañana con aperitivo por la zona antigua con unas amigas y hasta ahí un miércoles normal.

Luego llegó la hora del almuerzo. Suave y ligero. Una ligera cabezada, que las odio porque me matan el sueño de por la noche y, a media tarde, como he subido de peso y no me vale nada de ropa, me fui a comprar un pantalón al centro comercial.

Como es habitual, hicimos una parada técnica en una cadena de comida rápida para tomar algo de merienda cena y, al salir, ninguno nos dimos cuenta de que mi bolso se quedó allí.

Por suerte el móvil y las llaves estaban en mi abrigo.

A pesar de que reaccioné rápido, hubo alguien que fue más ávido que yo. Y se llevó el bolso sin más. Con todo el lío que había allí, no me di cuenta hasta unos minutos después. Llamé a seguridad y me dijeron que me lo tenían allí, que lo había recogido una empleada, pero cuando llegué ni rastro.

Imagínate mi desesperación. Mi documentación, el poco dinero que me quedaba para terminar el mes y todos los recuerdos que llevo en mi cartera.

Así que nada. El día que amaneció con sol y esa cigüeña de mirada lánguida reflejada en la pared del palacete, terminó con lluvia, como si el cielo llorara, y la indignación porque alguien coja lo que no es suyo.

Ahora ya es tarde. Presiento que me va a costar conciliar el sueño mientras espero una llamada diciéndome que el bolso ha aparecido, aunque sea sin dinero, pero bueno. Esta es la vida, papá. La maravillosa vida.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

Lo


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Iba a salir a pasear, pero al final he notado un poco de fresco y he decidido quedarme arreglando un poco nuestra casa.

Y dando un paseo por la terraza me he encontrado a nuestra cigüeña. La que está puesta en un rosal. Un poco

La revolución de los claveles llega con un día de retraso


¡Hola, papá! Cómo estás? Yo bien. En casa Todo tranquilo. 26 de abril y sin novedad en el frente. Por desgracia. Ha amanecido un día espléndido, pero me temo desde ya que va a ser otro perdido. Con lo que me gusta a mí ser libre y disfrutar de cada momento como si fuera el último.

Más o menos como a ti y como a mamá. Mis referentes en todos los sentidos. Pero bueno. Cuando llevas 12 horas largas encerradas en casa, empiezas a ver las cosas de otra manera. La verdad.

Ayer, con todo el jaleo del Lunes de Aguas, el hornazo que, para variar, mientras la gente salía al campo para disfrutarlo al aire libre, yo lo comí en casa, y un poco más, se me olvidó un momento que a ti siempre te encantaba recordar y a mí contigo, como todo lo que hacías.

Ayer fue la revolución de los claveles. Imperdonable, peque. Tu ‘Grandola Vila Morena’ que siempre ponías esa mañana cuando te despertabas y canturreabas con tanta alegría. Daba gusto verte. Qué persona tan maravillosa siempre, mi amor.

Por la noche, viendo un programa de Portugal en la tele, de repente me acordé y la puse en mi móvil unos minutos mientras miraba el retrato que tantas veces miro y miro, hecho en carboncillo, y al que doy un beso de despedida cada noche antes de irme a la cama. Uno de mis momentos favoritos del día.

Así que nada, pituco. Aprovechando esta maravilla de mañana que ha amanecido, supongo que podré ponerme un poco al sol para coger vitamina D. Bueno, osito, cuidate y cuida de mi princesa. Os quiero, ❤️

El lunes de aguas de hornazo y el de la sonrisa eterna


Hola, papá. Cómo estás? Ha amanecido un Lunes de Aguas increíble. De todo menos agua, creo yo que vamos a tener. Hace una temperatura espléndida ya de parte mañana. No suele ser lo normal, pero bueno.

Si no me fallan las cuentas, es el segundo año que no hago hornazo, que ya es raro en mi. Al final me vas a quitar el título de hornacera mayor del Universo.

Hoy de nuevo los recuerdos se agolpan en mi cabeza. Tengo una imagen de hará seis o siete años, que estamos los dos resplandecientes de felicidad.

Después de comer, para abrir apetito, nos fuimos a dar un largo y reconfortante paseo. Hasta tu Huerto de Calisto y Melibea, porque aunque oficialmente no es tuyo, para los efectos era tu lugar favorito de Salamanca. Y así, con una enorme sonrisa y rodeados de pequeñas flores blancas, hicimos esta foto. La viva imagen de la felicidad.

Sé que tú estabas hambriento. No comías mucho esos días para tener un dejar un hueco en el estómago para el que era tu manjar favorito.

Has visto la foto? La tengo guardada con todo el cariño del mundo. Somos la viva imagen de la felicidad. Ese día hicimos un montón. Nos bajamos hasta el puente romano, nos sentíamos tranquilamente en nuestro barco y paseamos cogidos de la mano, como siempre.

Al llegar a casa, mamá había puesto la mesa. Había preparado alguna cosita más. Y nosotros subimos unos ricos pasteles para endulzar la tarde noche y terminarla con un copazo en condiciones.

La mejor manera de terminar una fiesta tan típicamente charra. La leyenda y la tradición, me la ahorro, que casi todo el mundo sabe que este día se conmemorsba el regreso a la ciudad de las prostitutas tras el obligado parón de la Semana Santa.

El primer año que tú no estabas, mamá decidió que nos íbamos a Valladolid. Fue una celebración distinta. Mucho más divertida. Comida rica en un buen restaurante, pastas de Pedrajas y compras en el centro comercial de allí. Para mi el mejor plan cuando falta una persona.

Así que nada, pituco. Voy a hacer cosas en casa y luego dar un paseo para aprovechar la mañana. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

La nueva sin la molesta mascarilla y con unos dulces rayos de sol


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Viendo amanecer un día que parecía soleado, pero que ya empieza a torcerse. No me acaban de dar gusto con el sol y la falta de Vitamina D que tiene mi cuerpo.

Por cierto, entre tantas cosas raras que te cuento todos los días, me había dejado la más importante: por fin ya no es obligatorio el uso de la mascarilla que nos ha cubierto el rostro durante más de tres años salvo en el transporte público, las farmacias y los centros hospitalarios.

Muchas veces, cuando hablo con amigos comunes, siempre me hacen la misma pregunta. Cómo hubieran llevado tus padres la mascarilla? Y ahí sí que no sé qué responder. Puedo imaginar que mal, como el resto, pero no me atrevo a afirmarlo de forma rotunda. Mejor que el coronavirus fijo que si, pero seguro que os hubiera quitado el poco sentido del humor que me quedaba. Parece mentira la mella a nivel mental que puede suponer verte atado a un trozo de tela con dos tiras en las orejas para algo tan cotidiano como irte a comprar el pan o tomar un chato en el bar.

Llevamos tres días de libertad entre comillas, pero mejor eso que nada. La libertad, que preciado tesoro, peque. Por eso hace unos días cuando me bajaron a Urgencias y me tuvieron allí retenida, sin mi permiso, por supuesto, tanto tiempo, cuando salí, aunque no te lo creas, lo primero que hice fue encenderme un cigarrillo.

Todos serán malos o menos buenos, pero ese. Me supo a gloria bendita, pituco.

Hoy ando tempranera. Ahora el sol aprieta fuerte y comienza a caer sobre mi pálido rostro, que denota una profunda tristeza. Aún tengo retazos del catarro que me pillé hace un mes y estoy todo el día con el moquero,, pero lo normal. Hoy es mañana de motos. O sea que voy a tardar en despejarme nada. Yo y el riesgo. Compañeros inseparables de aventuras. Y porque me cortan las alas, que si no, donde estaría yo.

Bueno, pituco. Es hora de ponerse en modo dos ruedas y descargar parte de la adrenalina que nadie quiere saque. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

El día del Libro, San Jordi y las hermosas rosas rojas


Hola, papá. Cómo estás? Hoy es un gran día para ti. 23 de abril. El día del Libro. Cuantas mañanas pasamos allí recorriendo cada una de las casetas. Aunque no era tu favorita, siempre encontrabas alguna cosa curiosa. No sé cómo lo hacías, la verdad.

La Plaza Mayor estaba preciosa. Como a ti te gusta, repleta de cultura. Con compradores, pero sobre todo con curiosos, que se acercan hasta allí, echan un vistazo y, siendo prácticos, muy a tu pesar y al de los que se dedican al maravilloso mundo de la pluma, viendo cómo está el país en el tema económico, algunos compran y otros toman buena nota para cogerlos en la biblioteca y leerlos plácidamente en casa.

Hoy es el día de Cervantes, de Shakespeare y de Saint Jordi. Y aquí también regalaban rosas, como aquel hombre que me vio un 23 de abril en la playa de Barcelona, me siguió hasta el restaurante donde iba a comer y me llevó una hermosa rosa roja, símbolo de esta jornada donde libros y flores van de la mano.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️

Luisi, la otra bohemia soñadora que publicaba libros en busca de la gloria


Hola, papá. Cómo estás? Yo bien. En casa. Viendo amanecer este 22 de abril víspera de la entrega del premio Cervantes y la festividad de los Comuneros. Te antepongo el galardón literario porque el otro, aunque suene duro, te la trae al pairo.

Miro al cielo.. A lo lejos intuyo tu mano. Deseosa de agarrar la mía, pero la fuerte lluvia de hoy no nos deja unir nuestros dedos.

Mañana bajaré a la Plaza Mayor, te lo prometo. No creo que a comprar libros, porque ya tenemos bastantes, pero sí a echar un vistazo por las casetas a ver si encuentro algún ejemplar tuyo.

Hace solo dos años, cuando bajé a dar un paseo, me encontré con la típica bohemia soñadora que publicó un libro por su cuenta, se puso un chiringuito alternativo y comenzó a repartir marca páginas y otros pequeños detalles que llamaban la atención de los que por allí pasábamos.

Le pregunté su nombre. Se llamaba Luisi y al enterarse de tu historia se emocionó y me dijo emocioné. A partir de ahí se creó un vínculo bastante grande entre ambas. Comenzamos a compartir vivencias.

Fue realmente hermoso conocer a una persona así. Sé que a ti también te hubiera gustado conocerla, pero no tuviste oportunidad. Ella llevó uno de tus libros por varios centros educativos para darlo a conocer entre niños y mayores. Con una enorme sonrisa en la cara.

Y es lo que más envidio. Ser capaz de sacar esa sonrisa tan pura con algo tan bello entre sus manos. La cigüeña tempranera.

Sabes peque que no creo en nada después de la vida. Que lo único que me convenció fue ese sueño de que el día que te marcharas te convertirías en el majestuoso animal que sobrevuela el cielo de Salamanca, y al que miro eclipsada.

No sé quién ‘tendrá la culpa’. Pero bueno. Soñar es lo único gratis que nos queda en la vida. Así que siempre sueño que tú eres una de ellas.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que ando tardía, pero no importa. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️