Los paseos de enamorados por la calle Toro


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. No sé por qué, cada día me levanto más tarde. Será por el frío que hace en la calle o por la pereza, pero el caso es que amanezco cuando las calles llevan un rato puestas. Era tu frase favorita. Siempre que me levantaba a las 11, me la decías.

Ahora, en un rato, iré a dar un paseo y aprovecharé para airearme un poco. Igual bajo al rastro. Me voy a dar prisa, porque si no me dan las tres y sigo allí. Hay que aprovechar el solito de este maravilloso domingo para caminar un poco. Que últimamente andaba un poco vaga.

Siempre que estoy en casa, miro el cuadro que dijiste que habías comprado a un gitano en el mercadillo. En realidad nunca dijiste lo que te costó, pero da lo mismo. Es una auténtica maravilla.

Ahí está. En el mismo sitio donde lo dejaste. Y siempre que entro lo miro encantada. Qué buen gusto tuviste para todo. Hasta para elegir a la mujer más bonita del mundo para casarte con ella.

Mamá. Siempre fue una mujer hermosa. Recuerdo que contaba, una y mil veces, como hago yo, que se iba con su amiga Feli por la calle Toro a dar vueltas.

Tú ibas con tu amigo, Paco Orejudo, y en uno de esos cruces de miradas, surgió el flechazo. Dos amigos para dos amigas. Y luego las bodas y las mil y una historias. Una amistad que perduró hasta que la muerte os separó.

Qué hermoso y qué duro. Pero bueno. Al final, La vida es así. No queda otra. El tiempo pasa inexorablemente. Y hay que vivir la vida. Todo lo que se pueda. Ese es mi lema. Sé libre.

Que nada ni nadie te ate, que puedas volar en libertad. ¿Sabes? Te lo he dicho mil veces. Necesito volar en plan hacer puenting o descargar adrenalina. Pero bueno. Poco a poco. Todo se andará. De momento toca buscarse las habichuelas y luego ya… Habrá tiempo de divertirse todo lo que se pueda y más.

Así que nada, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️