Antonio, Benito y Ramón, los tres regalos australianos para mi héroe


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Otro día que me he levantado tarde y perezosa, que ya es raro en mí. Así que ahora me toca desayunar rápido para salir a dar un paseo. Todavía no tengo recibido el rumbo. Es lo mejor. Improvisar. Normalmente bajo al Huerto, pero igual hoy cambio y para otro lado. Depende de la dirección que tomen mis pies.

¿Conoces a esta tropilla tan simpática? Son Antonio, Ramón y Benito. Los tres peluches que te trajo de Australia. Les pusiste el nombre de tus escritores favoritos.

Cuando te los lleve, tu cara de emoción es igual que la mía cada vez que los veo en mi habitación. Un canguro, un koala y un pingüino. Los tres animales más hermosos que existen en el planeta.

Estuvieron mucho tiempo en tu mesilla. Hasta que te fuiste. Y luego ya vinieron para casa. A un sitio privilegiado donde permanecen esperando algún nuevo colega.

Por suerte el no querer crecer nunca y mi lema del Carpe Diem (vive la vida) me ha ido funcionando, pero ahora, aunque sigo siendo la misma niña, no puedo disfrutarla como antes. Por eso ya nunca sonrió apenas. La únicas personas que me hacíais sonreír erais tú y mamá. Y luego ya sabes. Mis ídolos de toda la vida, que no voy a enumerar porque no viene a cuento de nada. ¿Sabes, pituco? Cada día que pasa tengo ganas de huír a una ciudad diferente. Tampoco puedo hacerlo, pero conducir es una de las grandes pasiones de la vida. Y si es con un poco de velocidad, mejor. En realidad siempre he dicho que mi vocación frustrada es pilotar un F1. Y no lo descarto. Ya sabes, peque. Yo y mis locuras. Qué bonito es vivir cuando realmente se vive. Lo otro es un sucedáneo. ¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy, que voy a desayunar y a dar un paseo hasta la hora que comer. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️