La noche de Reyes más triste de mi vida


¡Hola, papá! ¿Cómo estáis? Yo en casa. Me he levantado con una tristeza infinita. La mesa del salón está vacía. No hay regalos, no hay nada. Un paquete de pañuelos para enjuagar mis lágrimas.

Qué diferencia. Cuando estábamos los tres aquí juntos yo ponía vuestros zapatos y me levantaba a media noche a poner lo que os había comprado. No podía dormir de la emoción de pensar si os iba a gustar.

Yo que siempre creí en los Reyes Magos. No hace tanto tiempo que le poníamos unas copitas de anís o coñac y unos dulces para los camellos. Anoche ya ni los puse. Sí total. Me iba a dar lo mismo. Ya sabía que al no estar vosotros, todo iba a ser diferente

Además, eché en falta una buena cena, como la que nos hacían en Santa Marta. Llegué a casa pensando en las almejas y las gambas que nos preparaba el cocinero de la residencia de Caja Duero.

En mi bolsillo dos euros y un buen puñado de caramelos de la Cabalgata de Reyes, que esta mañana regalaré a algún niño. ¡Una tristeza¡

Aún recuerdo aquella mañana que te despertaste u tenías un viaje a San Sebastián en tu zapato. Empezaste a llamar por teléfono a todo el mundo con una alegría infinita. Cuando lo reservé, en realidad no pensaba que fuera a ser uno de nuestros últimos viajes juntos. No sabes lo que daría no volver a ver ese mar. Ese río nunca tiene final.

Fue el regalo más bonito que te pude hacer. Hoy no encuentro consuelo, papá. Anoche miraba la casa de Rodri y estaban todos reunidos, riéndose. Los niños abrían sus regalos en la ventana y botaban de alegría. Supongo que habrían preparado una buena cena familiar.

Y me dio una pena que no estuvieráis conmigo. Las dos mejores persomas más maravillosas que me regaló la vida.

Vida. Preciosa palabra. Y ya sabes que mí lema desde hace tiempo es Go free (sé libre), la frase que lleva en el trasero de su mono mi admirado Pecco Bagnaia.

Fíjate que pensé comprarme su gorra, pero tampoco lo hice. Ahora sin trabajo, la vida, o lo que sea esto, que no lo sé, se me hace cuesta arriba.

En fin, pituco. Hoy me espera otro día de desastre. Amanezco llorando y seguro que la termino igual. No me gustan estas textos tan tristes, pero levantarme y ver la mesa vacía me ha roto el alma en mil pedazos. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️