Las tardes junto al árbol de Navidad de la Plaza


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ya he vuelto de mi tradicional paseo. Es 3 de diciembre. Ha amanecido un día gris y tonto, que ha abierto para dar paso a un un solito de esos que da gusto ver. Ayer hizo una noche tan buena, que me quedé hasta las 11 y pico en la calle.

Justo me coincidió el momento en que la empezaba el espectáculo de la plaza. Y me emocioné. Sonaba la canción de Mariah Carey y se me saltaron algunas lágrimas recordando estas fotos tan hermosas al lado mi princesa.

En dos días son los Reyes Magos, que este año me van a traer carbón. Pero bueno. Como he sido un poco trasta tampoco espero nada más. Salvo que me autoregale algo.

Este año la caja es una campana. Todo el mundo se hace fotos en ella menos yo, que ya me hice una otra vez.

Estuve tomando un aperitivo en el 100 montaditos. Y luego ya me subí para casa. Me encontré con tu amigo Joaquín, el día que iba a la piscina y recordaba con gran añoranza los tiempos en que estábamos en el Cava hasta las tantas. Al llegar a casa estaban poniendo un reportaje del Dakar y pensé… Ojalá me dejaran conducir un coche como ése. Pero no lo veo posible.

Así que nada. Seguiré soñando o practicando para el año que viene. Y para colmo el que pilotaba era australiano. La locura, peque. Últimamente solo tengo ganas de adrenalina, pero lo más cercano a la adrenalina es subir a las torres de la Catedral. La de Ieronimus. Lo único que la última vez que subí. En diciembre del año pasado, fue un caos. Iba con un paraguas y casi me caigo. Pero al final llegué sana y salva.

Ahora mismo el día ha salido el sol y parece un día de verano, realmente. Así que nada mejor que un poco de Vitamina D para continuar con este 3 de enero. Perdona que te escriba tan poco y tan tarde, pero hoy ando un poco liada. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Os quiero ❤️