La añoranza del verano y de los platos de maruja que te hacía mamá


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo en casa. Aún no he salido a pasear. Me he levantado tarde y perezosa. Y nostálgica. Tengo añoranza del verano, de la playa, de las noches interminables. Lo de que sea otro día igual de rutinario que ayer, me espanta.

Aún estoy pensando si irme a pasar la mañana a La Covatilla o quedarme aquí. Al final estoy ansiosa de nieve. No sé por qué me llama tanto la atención. Eso y el agua del mar.

Rebuscando entre mi álbum de fotos, he encontrado una que me trae muy buenos recuerdos. La maruja. Tu manjar favorito. Te la solíamos comprar mamá y yo en una pequeña tienda de frutas que había en el Mercado de San Juan. Era uno de los grandes caprichos de tu vida.

En tu caso creo que uno de los mayores. Una cosa tan simple como un poco de verde, te hacía el hombre más feliz del mundo. Cuando íbamos al establecimiento y la veíamos tan verde y risueña, la comprábamos. El aliño era tan fácil como un poco de ajo y un chorro de aceite.

Cuando te lo llevábamos a la mesa, tu sonrisa se iluminaba. Y esos ojos grises emitían destellos de felicidad contagiosa. Si tú eras feliz, yo también. Y si te pasaba algo, yo lo sufría contigo.

Hemos pasado tantos ratos buenos y malos, que no podría contarlos todos en este post.

Los buenos los conservo con cariño y lo malos no me los puedo quitar de la cabeza. De momento. Han sido muchas cosas las que tengo en mi cabeza para sacarlas en tan poco tiempo. De hecho no creo que se me pasen nunca.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La soledad y los muchos sueños que me quedan por cumplir


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido un día fresco, pero soleado. El penúltimo de enero. Ya se pasó un mes de este enero. Qué efímero es todo.

Pero bueno. Tendrá que ser así. Hoy vamos a llegar a los 14 grados, que no está mal. Bien es cierto que los días se van alargando y que en nada llega febrero. Mes de carnavales, de San Blas, las águedas, esa fiesta que tanto odiabas y un montón de cosas más.

Por suerte solo tiene 28 días. Este año no es bisiesto. Sabes de sobra que no me gustan nada los bisiestos. Yo y mis manías. En fin. Ya sabes. Para los que aún no tenemos trabajo, mejor, para el resto, perfecto.

Ay, papá. Cuanto echo de menos todo. Tus besos, tus caricias, tus abrazos… Todo. En fin. Ya sabes la fijación que tengo por las cigüeñas, por vivir la vida. Mi lema ya sabes cuál es. Sé libre. Pero bueno. Me queda un poco para ser libre y volar. Mi gran sueño. Hacer puenting o saltar en paracaídas. Seguro que no tardaré mucho en conseguirlo. Pero bueno.

Desde que me levanto, veo ese libro que tu padre tenía en su casa. Y me siento muy identificada. Qué gran título para una película que empezó hace ya unos cuantos años y no sé cuando terminará.

Un día jugando en Chiclana, me salió que sería en 2050, pero prefiero no pensarlo. Me asusta vivir sin haber cumplido todos los sueños que tengo en mi mente, que no son pocos. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️

San Valero y las tardes de toros con amigos


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy es San Valero. Me hubiera ido de buena gana, pero creo que no es el momento más oportuno.

Cuántos años yendo en el coche a pasar una tarde tan divertida. Solíamos salir pronto. Y allí hacía más temperatura. Este año viene ‘Morante de la Puebla’, el amigo del ‘Pana’. El que siempre llevaba un puro en la boca. Supongo que será una fiesta a lo grande. Llena de algarabía y de música. Como siempre.

Siempre íbamos juntos. A los toros. A esa plaza que tanto encanto tenía. Con el árbol gordo y las mil y una aventuras detrás de esos burladeros tan rústicos, pero por lo menos se respiraba aire fresco.

Qué bien se estaba en medio de la naturaleza. No rodeada de cientos de edificios por todos los lados. Y luego llegaba la merendola. Con tortillas, chorizo frito, panceta, embutido y, de postre, las típicas perronilllas y un buen chupito de algo. El que no conducía, tenía el privilegio de tomarse un copazo. Así que bueno.

Nos juntábamos un amplio grupo. Una de las cosas que más me llamaba la atención era lo que te encantaba la piscina natural de ese hermoso pueblo serrano y los anocheres bajo las estrellas. Como a mí. Es mi momento preferido del día. Ayer estuve en Alba y vi la puesta de sol, le di las buenas tardes a Santa Teresa y me volví para Salamanca. Me hubiera encantado quedarme más tiempo, pero era un poco tarde ya.

En fin, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Delibes, Mónica y otras personas que te hacían sonreír


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Ha amanecido una mañana espléndida. Entiéndeme. Espléndida, relativamente. Hace frío, pero el sol brilla en la cara. Así que en breve me saldré a dar un paseo.

Hoy te traigo una foto que te va a encantar. Estoy yo con Mónica, tu amiga del alma, saliendo del Cava Comerón. Era la primera vez que venía después de que te fueras y bueno. Pues eso. Estamos las dos sonrientes y felices.

Sé que esta foto te encantará, porque cuando la veas también te sacará una sonrisa de la boca. Así que aquí estamos. Recordando al hombre más maravilloso del mundo. Mi ángel, mi estrella, mi vida. La persona que más extraño en este mundo junto con mamá.

Anoche cuando llegué a casa solo miraba tu foto, me abrazaba a ella y pensaba. ¡Qué maravilla de padres he tenido! Pero bueno. Vosotros me convertisteis en una niña malcriada a la que se le antoja todo, pero que por cuestiones de trabajo, no puede hacer.

A ver si ahora que estoy echando un montón de currículos, pues nada. Tengo suerte y puedo empezar a hacer todo lo que a mí me gusta. Que no es solo pasear. Me gusta ir a un buen restaurante, entrar en una buena tienda y todo lo que hacía antes con vosotros.

Mónica era tu correctora favorita de libros. Siempre le dejabas tus escritos para que los leyera. Y ella encantada y yo también. Ya sabes que todo lo que hacías lo respetaba mucho, pero bueno.

El otro día estuve en Valladolid. Creo que ya te lo conté. Y al entrar en la sala de Delibes, me emocioné. Me recordó tanto a ti. Ese hombre con gorrilla y pelo cano y rizado. El más guapo del mundo.

Bueno, pituco. ¡Te dejo por hoy! ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Mi primer concierto de Orozco para aliviar la pena de tu marcha


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Me acabo de despertar y he visto que, aunque hace frío, el sol luce en el cielo. Un día de esos donde no te dan ganas de entrar en casa. Y así lo pienso hacer. Ahora desayuno y después a caminar para mover las articulaciones.

Hoy traigo un recuerdo precioso. Mi primer concierto tras tu pérdida. Fue una noche como la de hoy, en 2019. A pesar del dolor que llevaba dentro, me puse bien guapa para ir al CAEM. Mis labios rojos que daban un toque de color a esa pena infinita que supuso tu pérdida.

Música para poner color a los momentos bajos. Y qué mejor manera que yendo mi primer concierto de Antonio Orozco. Quizás de ahí la empatía que desperté con él.

Lo recuerdo perfectamente. Se abrió el telón y en una gran pancarta, ponía: «Los héroes son héroes porque no saben que lo son». Y en ese momento, sonaron los primeros compases de ‘Mi héroe’. La canción que puso letra a nuestro destino.

Me costó unas cuantas lágrimas, pero es que es una letra muy bonita. No sé para quién la escribió, pero al final, yo la identifico contigo. Siempre.

Luego sacó a su hijo al escenario y en el escalón pegando a mí, lo alzó en brazos. En ese mismo momento quise volver a ser niña para sentir una y mil veces tus besos en mi cara. Lo único que me reconforta cada vez que lo pienso. Así que eso te digo.

Fueron tantas sensaciones en dos horas que se me pasaron en segundos, pero bueno. Lo mejor es que cada vez que lo escucho me sigo emocionando.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Raíces profundas y los deliciosos platos de fabada a las 12 de la noche


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hace un día de sol, fresquito, pero de sol. Ya sabes. De esos que te apetece dar un buen paseo matinal.

Anoche pusieron nuestra película favorita. ‘Raíces profundas’. Qué bonita y qué dura. Cuántos recuerdos se vinieron a mi cabeza.

En realidad, me acordaba de todas las frases. Desde la mítica: «Han matado a Torry» a ese emocionante final en el bar donde Shane va a enfrentarse al malvado Wilson. Y el pequeño Jouie está en la puerta con los ojos bien abiertos mirando lo que pasaba en el interior.

Cuando parecía que ya no pasaba nada, el niño ve a un hombre con barba pelirroja. Ávido el rubito, vio a un pistolero arriba. Y gritó: «Shane, cuidado». Y salvó la vida.

¡Ay, papá! No te puedes imaginar lo que sentí en ese momento. Te veía en la cocina, con tu tarro fabada calentada al baño maría y haciendo un par de filetes para cada una.

Y pensar lo bien que nos caía antes esa comida tan fuerte, porque ahora mismo con mi ardor de estómago, es imposible comer algo así. De hecho cada día tengo menos apetito. Como no tengo curro, las cosas son así, papá. Sobrevivo con un croissant (el día que lo tengo), un zumo de naranja, una pieza de fruta y poco más.

En la película, la mujer hacía una tarta de manzana buenísima. Qué ganas de comerme una ahora mismo, pero no me da para tanto el presupuesto.

Sigo insistiendo en que el destino es muy caprichoso. Ni tan siquiera pensaba poner la tele, pero por azar, miré en el móvil y vi que la estaban emitiendo en la 2. Me quedé pálida. Como siempre, me agarré a tu foto y te abracé. Y te dije: «Papá, es nuestra película, la que siempre veíamos juntos». Agarré un paquete de pañuelos y a llorar. Al final las lágrimas te dejan los ojos más bonitos.

Fueron dos horas increíbles. Pero aún os añoré más de lo que lo hago normalmente. Y es que nuestras raíces sí que son profundas. Nos debieron de dejar atado con un hilo rojo para que nos encontremos el día que yo vaya para allá.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Las gargantillas de San Blas para prevenir las enfermedades de garganta


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Hoy ya es 24 de enero. Nos hemos comido literalmente el mes de enero. Increíble, pero cierto.

Y como todo va tan avanzado ya, pues aunque no te lo creas, ya hay por la calle algunas personas que venden las gargantillas de San Blas. El otro día vi a uno por la calle. Y eso que aún tienen que aún quedan más de una semana para esta fecha. Es el patrón de Santa Marta.

En mi época de periodista, iba siempre a las fiestas del pueblo. Allí el cura bendecía la cinta a todos los fieles que se acercaban hasta la iglesia.

De pequeñas, siempre llevábamos una gargantilla en el cuello para prevenir los catarros. Una cosa un poco absurda, pero era bonito porque era de colorines. Y eso te digo, que me encantaba.

Ahora estoy un poco congestionada, pero da lo mismo. Supongo que el frío de estos días ha hecho mella en mi cuerpo. Pero con un pañuelo y un Paracetamol se me pasa todo.

Lo del periodismo, papá, por desgracia es complicado volver a ejercerlo, pero habrá que mirar otras opciones. No me puedo quedar así.

Ha amanecido un día de sol, aunque hace frío, pero bueno. No pasa nada. Lo imposible es que el sol me aporta vitamina D. Tan necesaria para levantar tu estado de ánimo.

No sabes lo que me gustaría volver a escribir un libro, pero no tengo ordenador para hacerlo. Y de momento no veo manera de arreglarlo, salvo que encuentre la contraseña. Bueno, pituco, te dejo por hoy. Los textos son cada vez más cortos, pero ya iré alargandolos poco a poco. Ahora me voy a dar un breve paseo para ver si pillo algo para comer y de nuevo para casa. Esta tarde será cuando haya que aprovechar para caminar más tiempo. ¡Bueno, pituco! ¡Te dejo por hoy! ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Los paseos de enamorados por la calle Toro


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. No sé por qué, cada día me levanto más tarde. Será por el frío que hace en la calle o por la pereza, pero el caso es que amanezco cuando las calles llevan un rato puestas. Era tu frase favorita. Siempre que me levantaba a las 11, me la decías.

Ahora, en un rato, iré a dar un paseo y aprovecharé para airearme un poco. Igual bajo al rastro. Me voy a dar prisa, porque si no me dan las tres y sigo allí. Hay que aprovechar el solito de este maravilloso domingo para caminar un poco. Que últimamente andaba un poco vaga.

Siempre que estoy en casa, miro el cuadro que dijiste que habías comprado a un gitano en el mercadillo. En realidad nunca dijiste lo que te costó, pero da lo mismo. Es una auténtica maravilla.

Ahí está. En el mismo sitio donde lo dejaste. Y siempre que entro lo miro encantada. Qué buen gusto tuviste para todo. Hasta para elegir a la mujer más bonita del mundo para casarte con ella.

Mamá. Siempre fue una mujer hermosa. Recuerdo que contaba, una y mil veces, como hago yo, que se iba con su amiga Feli por la calle Toro a dar vueltas.

Tú ibas con tu amigo, Paco Orejudo, y en uno de esos cruces de miradas, surgió el flechazo. Dos amigos para dos amigas. Y luego las bodas y las mil y una historias. Una amistad que perduró hasta que la muerte os separó.

Qué hermoso y qué duro. Pero bueno. Al final, La vida es así. No queda otra. El tiempo pasa inexorablemente. Y hay que vivir la vida. Todo lo que se pueda. Ese es mi lema. Sé libre.

Que nada ni nadie te ate, que puedas volar en libertad. ¿Sabes? Te lo he dicho mil veces. Necesito volar en plan hacer puenting o descargar adrenalina. Pero bueno. Poco a poco. Todo se andará. De momento toca buscarse las habichuelas y luego ya… Habrá tiempo de divertirse todo lo que se pueda y más.

Así que nada, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Antonio, Benito y Ramón, los tres regalos australianos para mi héroe


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Otro día que me he levantado tarde y perezosa, que ya es raro en mí. Así que ahora me toca desayunar rápido para salir a dar un paseo. Todavía no tengo recibido el rumbo. Es lo mejor. Improvisar. Normalmente bajo al Huerto, pero igual hoy cambio y para otro lado. Depende de la dirección que tomen mis pies.

¿Conoces a esta tropilla tan simpática? Son Antonio, Ramón y Benito. Los tres peluches que te trajo de Australia. Les pusiste el nombre de tus escritores favoritos.

Cuando te los lleve, tu cara de emoción es igual que la mía cada vez que los veo en mi habitación. Un canguro, un koala y un pingüino. Los tres animales más hermosos que existen en el planeta.

Estuvieron mucho tiempo en tu mesilla. Hasta que te fuiste. Y luego ya vinieron para casa. A un sitio privilegiado donde permanecen esperando algún nuevo colega.

Por suerte el no querer crecer nunca y mi lema del Carpe Diem (vive la vida) me ha ido funcionando, pero ahora, aunque sigo siendo la misma niña, no puedo disfrutarla como antes. Por eso ya nunca sonrió apenas. La únicas personas que me hacíais sonreír erais tú y mamá. Y luego ya sabes. Mis ídolos de toda la vida, que no voy a enumerar porque no viene a cuento de nada. ¿Sabes, pituco? Cada día que pasa tengo ganas de huír a una ciudad diferente. Tampoco puedo hacerlo, pero conducir es una de las grandes pasiones de la vida. Y si es con un poco de velocidad, mejor. En realidad siempre he dicho que mi vocación frustrada es pilotar un F1. Y no lo descarto. Ya sabes, peque. Yo y mis locuras. Qué bonito es vivir cuando realmente se vive. Lo otro es un sucedáneo. ¡Bueno, pituco! Te dejo por hoy, que voy a desayunar y a dar un paseo hasta la hora que comer. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La hornacera mayor del Universo (gracias, papá por ser mi fan numero 1)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Es pronto aún, pero me voy a ir a dar un paseo en breve. Se ha levantado un aire tremendo. A estas horas estoy de paseo. Ya he desayunado. Ya te digo que tengo ganas un día de tomar a estas horas un Colacao con bizcochos.

Pero hoy ha tocado zumo con croissants y una infusión de té verde para eliminar toxinas. Era algo que a ti te gustaba poco. Yo creo. No lo creo. Lo aseguro. No sé si en tu vida te tomaste alguna, pero bueno.

Últimamente no se me ocurren muchas cosas bonitas que contar, pero bueno. Vamos a intentarlo. ¿Sabes, peque? Llevo una racha donde todo me sueño mucho con los dos. Y es precioso, pero cuando te despiertas te das cuenta de que solo te queda infinita. Lo peor que le puede pasar a una persona. Estar en una casa inmensa sin nadie. Por eso siempre procuro dar un paseo por la ciudad antes de ir a comer. Así abro un poco de apetito, que últimamente brilla por su ausencia.

Me gusta tocar tus fotos, acariciar cada una de ellas y recrearme en esos momentos que pasamos juntos. De vez en cuando, no mucho por suerte, me encuentro con algunos de tus amigos, como Fondaco, el comandante, que iba a los toros en Santander, y algún otro más. Todos hablan con mucho cariño de ti, como es lógico y normal. Yo me emociono. Últimamente estoy más susceptible de lo normal. Pero será el invierno.

Odio que anochezca tan pronto. Sabes que me encanta el verano, el sol y el buen tiempo. Y en esta época mi estado de ánimo baja mucho. Tanto es así que hace solo unos días pillé el primer catarro de la temporada. Moquitos, flemas y algún gargajo. Nunca se me dio muy bien expulsarlos, pero voy cogiendo práctica.

A estas horas, que he regresado a casa porque me estaba quedando helada, el silencio invade todo el edificio, pero es normal. Es viernes y cada uno anda a sus tareas. Todos menos yo, que aún no tengo trabajo, pero estoy en ello.

A ver si un día de estos me acerco al Mercado de San Juan y hago un rico hornazo. De esos que me otorgaron el título de mayor del Universo. Y que es la foto con la que voy a ilustrar este texto.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️