La última noche del año (la tristeza de decir adiós a 2021 sin vuestros besos)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. 31 de diciembre. Se acaba este año con el tradicional homenaje a don Miguel de Unamuno, al que ahora ya no se puede acceder salvo con invitación.

¡Qué nostalgia de día! Era un acto al que nunca faltábamos. Siempre con tu capa charra. Y yo con algún vestido bonito para ir a tu lado. No me gustaba mucho, pero solo por ir colgada de tu brazo, era un auténtico privilegio.

Éramos la pareja perfecta. Recuerdo que un día nos encontramos con una persona que nos dijo que parecía que íbamos a dar las campanadas.

Yo, con mis manías, tenía la costumbre de estrenar alguna prenda de lencería roja esa noche. Más que nada porque decían que daba buena suerte.

Este año ni eso. Mi conjunto favorito está en una tienda de la calle Toro. Cada vez que paso me quedo eclipsada mirándolo. Aunque me eclipsaban más tus maravillosos ojos grises.

Y a las doce, como siempre, sonará esa canción de Mecano que dice «a los que ya no están echaremos de menos». Y lloraré, peque, lloraré. Llevo más de dos días sin salir de casa, abrazada a una foto tuya, rodeada de recuerdos. Ni tan siquiera sé si bajaré al homenaje. Me trae demasiados recuerdos. Yo. La mujer de los recuerdos. La que siempre soñaba con estar este día en Sidney, que a estas horas ya estarán con los fuegos artificiales.

La penúltima locura de mi vida. No. La penúltima no. Me quedan muchos por cumplir, pero al final, tendré que ir poco a poco. Si hubiera tenido curro, ya estaría allí. Viviendo la vida, papá. Como siempre lo pensé. Quizás el próximo tenga más suerte y lo pueda hacer.

Esa canción tan hermosa que dice que al final donde fuiste feliz quizás nunca debieras tratar de volver, es justo lo contrario a lo que pienso yo. No es que no deba volver. Es que me quedaría allí definitivamente.

Pero bueno. Soñar es gratis. Quizás algún día pueda cumplir ese sueño. Voy a desayunar por última vez en este año y mañana ni tan siquiera sé cómo me despertaré, porque cada 1 de enero recuerdo que no venía a dormir aquí. Y lo primero que hacía al levantarme por la mañana era llamaros para ver si estábais bien.

Ahora ni eso. Me niego a escuchar el concierto de Año Nuevo. Ni aplaudo cuando tocan la marcha Radestky. La ilusión por cambiar de año se me fue hace ya un par de ellos.

Por cierto, peque, para ser día 31 ha amanecido un día con un sol radiante. Hace fresquito, pero se está bien aquí con la cabeza fuera de la ventana.

Te dejo por hoy, mi vida. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Espero que esta noche podáis brindar con una buena botella de cava, como las que comprábamos antes y que os acordéis de mí como yo lo hago de vosotros desde que me levanto hasta que me acuesto. Os quiero. Feliz 2022. ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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