Las felices nochebuenas que tanto sigo añorando


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo regular. En casa. Feliz Navidad, mi vida. Ayer fue un día horroroso. Se cumplieron todos mis pronósticos. Ni copita antes de ir a casa, una cena normalita (nada comparada a cuando estábais vosotros y Papá Noel no vino. Ni anoche ni esta mañana.

Me acabo de despertar y me hubiera gustado tener mi regalito en el salón, pero solo hay una mesa vacía con tu foto. Fumando un cigarrillo, además.

Cómo cambia la vida. De estar sonriente, feliz, de llegar a casa medio piripi y encontrar una mesa con velas, perfectamente decorada, con crema de bogavante, popietas de lenguado, canapés, saladitos, cigalas y bolsitas de las mejores tiendas para intercambiar al final del almuerzo, a lo de ayer. Igualito.

Solo miraba tu foto y pensaba lo mismo: ¡Qué felices éramos juntos! ¿Has visto la foto? No es que esté muy guapa, realmente, pero sí muy arreglada y sonriente. Venía de estar con mamá y me estabas esperando tú.

Eso era vivir la vida, Y no lo de ahora. Que es un auténtico desastre. Yo que sigo creyendo en Papá Noel. Que intenté bajar a verlo para darle una carta a ver si me traía alguna de las cosas que me gustan. Pero como no llegué a echarla.

Y nada. tampoco hubo muchas felicitaciones. Algunas de tus amigos de la piscina, otra de tu amigo, Paco y un par de ellas más. Antes era un no parar de sonar el teléfono, pero ya sabes. En el momento en que te vas, la gente se olvida de que paso los días sola.

Para colmo, creo que está lloviendo. Y yo muerta de hambre. Como siempre. Con lo. que comí ayer. Pero como de momento no tengo curro, pues eso. Además, vi un vestido rojo y un conjunto de lencería roja, que me tienen loca. Y pensé. Ojalá fuera rica para ir cargada con un par de paquetes.

Cuando estaba mamá, además de ir de compras, también nos íbamos a comer un chocolate con churros a la Plaza. Y según pasaba, me dio un antojo… Ya sabes. Yo y mis caprichos.

Por suerte o por desgracia sigo siendo la niña soñadora que malcriaste y ahora nada. Todo al revés.

Hoy hace dos años estábamos en el cementerio, enterrando a mamá. Ningún día es bueno para ir de entierro, pero el de Navidad menos.

Pero bueno. Será así. Si esta es la vida, igual me debí bajar de ella hace tiempo ya. Te dejo por hoy, que cada día escribo más triste. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa!

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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