Dos años sin mamá (la princesa de mis sueños)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo hoy bastante triste. Qué época tan mala del año. Hace dos años, a estas horas, estaba a punto de apagarse la vida de mi princesa.

Vaya racha que llevo últimamente. Estoy viendo la imagen, pero no voy a contarla. Solo sé que a eso de las tres la sedaron y ya nunca más despertó.

Había bajado un momento a la calle a fumar un pitillo y cuando subí a la habitación y cogí su mano, ya estaba fría. Se había ido sin poder darle un beso de despedida antes de que cerrara los ojos.

Todo lo demás fue horrible. En la víspera de Nochebuena. Con los ratos tan divertidos que nos pasábamos siempre cuando acabábamos de recoger la mesa de Navidad.

Ayer, a última hora de la noche, vi en la tele a Nico Rosberg, su piloto favorito. Para colmo de males estaba con unas chicas que eran conductoras de rallyes. Y como a mí no me gusta nada la velocidad, pues te puedes imaginar las ganas que me dieron de ir a buscar el coche para dar vueltas, aunque fuera por la avenida de Mirat.

Ya sabes que últimamente tengo una extraña obsesión. La vida se pasa demasiado rápido. Y por más que intento vivirla, lo más emocionante que me ha pasado de tres meses para acá es cruzar un par de semáforos y que al pasar alguno de los que iba al volante, me pitara. Fíjate tú qué alegría.

Para colmo de males, hoy está lloviendo. Un día perfecto para levantar mi estado de ánimo.

Sé que esa noche horrible, llegó al hospital una chica que era camarera del bar de enfrente de casa, a donde íbamos con cierta frecuencia a tomar un delicioso cóctel. Tú no la conociste. Se llamaba Nicky y quería mucho a mamá.

Siempre le ayudaba a subir las escaleras, a sentarse. Y mi princesa, como era habitual en ella, le regalaba unos caramelos o algún dulce que llevara en el bolso.

Todavía la veo cuando se quedaba en el banco del mercado de San Juan de Sahagún sentada esperando a que saliera del gimnasio. Se quedaba hasta dormida, pero luego llegaban las horas de diversión. Que si compras, merendolas, salones de estética. Lo que más me gustaba a mí.

Hoy no puedo parar de llorar. Me duele todo. Llueve. Y yo me acabo de lavar el pelo. Un gran acierto. Yo y mis cosas.

Pero bueno. Ya no te aburro más. Supongo que estaréis de fiesta en el cielo. Juntos, bailando… Soñar es gratis. Aunque no creo en nada, prefiero imaginaros así.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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