Mis locos comienzos como conductora novata (aquellos maravillosos años)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. 18 de diciembre. Quedan 6 días para Nochebuena y la verdad es que mi moral se baja hasta el suelo. Pero bueno. Lo lógico en estas fechas. Es época de nostalgia, de añoranza… Y más cuando faltan aquí dos personas como vosotros. Llegar cada noche y encontrar nuestro hogar vacío se me hace más extraño todavía, pero bueno. Lo lógico y normal.

Ha amanecido una mañana con sol, pero hace un frío, que pela. Así que en cuanto termine de escribir, me voy a dar un paseo. No sé si hasta el Huerto de Calisto y Melibea, nuestro sitio favorito.

He desayunado churros. Muy ricos. Zumo. Croissants y una infusión. Así que nada. A bajarlos directamente. A ver si luego a la tarde puedo darme un pequeño paseo en coche. Ya sabes que me gusta conducir. Aunque me costó sacar el carnet de conducir y tuvimos bastantes discusiones, al final lo logré, pero bueno. Recuerdo la primera vez que cogí el coche.

Íbamos en dirección a Villamayor o hacia Ledesma. No lo recuerdo con exactitud. Sé que, sin querer, solté el freno de mano y se había colocado justo uno detrás. Y, lógico, le di un pequeño golpe.

El señor salió enojado y tú, amable, como siempre, le intentaste explicar que era mi primera vez al volante.

Luego ya salíamos casi todos los fines de semana de ruta. Ahora mismo me viene a la cabeza otra mañana que fuimos a la Feria Monográfica, que le dejaste el volante a Marta. Comenzó a acelerar y yo solo veía la pared de enfrente.

Todo quedó en una anécdota, pero te recuerdo a ti diciendo que parásemos con los brazos en alto y cara de susto.

Por suerte sigo con las mismas ganas de adrenalina que entonces. El problema es que ahora no sé cómo descargarla, porque dando una vuelta por la ciudad es poco probable que te ocurra algo emocionante, desde luego.

Tengo que apuntarme a alguna actividad que me motive, porque si no…

La foto, de traca, es de una de las primeras veces que fui a Montmeló. Ya entonces tenía obsesión por los monoplazas y por las gorras de pilotos. Hay cosas que no cambiarán nunca. Por suerte.

En fin. Yo y mis locuras. Bendita infancia que no superaré en mi vida. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️