Los felices días al lado del mejor padre del mundo


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. Dentro de lo que cabe. Hoy hace tres años que cogiste el billete para tu último viaje. Tres, papá. Qué rápido pasa el tiempo. Y el dolor, en vez de ir mermando, va creciendo cada día que pasa.

Prefiero recordarte con esta foto. Fiel imagen del amor que nos profesábamos ambos, a la que puse el día que anuncié que se había marchado la persona a la que más he querido en mi vida.

Si no mal recuerdo, fue un lunes de aguas y veníamos de ver una exposición de tu amigo Jerónimo Prieto.

Iríamos a casa a comer nuestra buena ración de hornazo casero.

Ahora mismo a mi cabeza solo vienen un montón de imágenes de aquel día. Mamá y yo viniendo en un taxi a casa. Ella, como era así, se fue a dar un paseo y yo tenía que entrar a casa por primera vez sabiendo que ya no ibas a volver.

Abrí la puerta y me fui directamente a tu cama. Me tumbé en tu almohada y ahí estuve un rato largo sin hacer nada. Solo llorar. Miraba alrededor de mí. Y veía libros, cuadros, fotos y no sabía ni qué hacer.

Después de 36 horas esperando el fatal desenlace, entras en shock. No eres capaz de reaccionar. Para ir a tu velatorio, aunque resulte un poco absurdo, me estrené un vestido que me había comprado en Mango para ponérmelo en Navidad. Mi fecha favorita del año. Era gris, con un poco de escote y me quedaba perfecto.

En esos momentos, como estás rodeada de tanta gente, no te cuenta de lo que está pasando. Te parece que todo ha sido un mal sueño. Como el que tuve esta noche. Os buscaba por todos los lados y no os encontraba. Por eso no me gusta dormir. Ni mucho ni poco. Tampoco sonrío como antes. Al contrario. Y con estos días tan tristes, menos, pero bueno.

No te imaginas las ganas que tengo de ver el sol, de volver al mar, de ver un arco iris, de ir a un concierto de mis artistas favoritos, de soltar adrenalina, de hacer alguna locura de las que siempre hice y a ti no te hacían tanta gracia.

Desde que me levanto siento, como todos, que la vida se me va. Quiero viajar, a donde sea. Hoy hubiera sido un buen día para ello, pero sin curro, los sueños siguen siendo sueños. Nada más.

Contigo cumplía casi todos. Ahora no. Ni tan siquiera puedo ir a Mango a mirar un vestido que me guste.

Yo que desde hace tiempo llevo como bandera un lema, que es: Go free. Sé libre. El lema de mi admirado Pecco Bagnaia. Ni libre ni nada. Enclaustrada entre casa y casa. Lo peor que le puede pasar a una persona en una fecha tan señalada.

Bueno, pituco. Termino esto y me voy a caminar un poco antes de comer para abrir el apetito. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️