El último viaje, el último abrazo y el último adiós


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Amaneció un día horrible. 13 de diciembre. Yo y mis números. Hace tres años a estas horas estaba feliz. La médico acababa de pasar consulta y me dijo que en unos días estarías en casa.

¡Qué felicidad! Y qué poco duró, papá. En 6 horas mi ilusión se fue al garete. Supongo que esta historia la he contado ya mil veces, pero hoy, precisamente hoy, tengo que volver a contarla. Venía yo del hospital hacia casa silbando la canción de «All i want for Christmas is you’, la que ponen todas las noches en la Plaza Mayor.

Antes de subir, pasé por el Cava Comerón y pensé. Me voy a dar un pequeño homenaje. A brindar por la vida. Y en medio de ese brindis, el teléfono sonó. Sólo hoy dos frases: » Corre, Patricia. Que tu padre se ha puesto muy malito». Y corrí. Corrí hacia casa a avisar a mamá y rápidamente cogí un taxi para estar a tu lado. Cuando llegué. Todavía te vi con los ojos abiertos y te pude coger de la mano.

Empezaba una agonía que duró 36 horas, papá, 36. Un día y medio postrada a una cama, abrazándote, suplicándote que no te fueras, Que era muy pronto, que teníamos tantas cosas por hacer.

Pero mi luz se fue apagando. Aún pude darte un poco de calor antes de que iniciaras el viaje a la eternidad. Ese sitio a donde me da pánico llegar, porque creo que al final de esto no hay nada. Solo una urna de cenizas o una lápida en el cementerio, Y aunque constantemente me aferro a que puedes estar reencarnado en cualquiera de las cigüeñas que ahora ni están porque el cielo está con niebla, en realidad es una ilusión. La ilusión de una niña que no quiere crecer, que cada sueña con poder volver a daros un abrazo, con regresar a los sitios donde fuimos felices.

Y lo voy a hacer, papá. No sé cuando, pero te prometo que lo voy a hacer. Hace un poco que he desayunado antes de salir a la calle a hacer alguna gestión. Y aunque no te lo creas, ayer, hablando de todo un poco, me acordaba de aquella época en que mamá me hacía torreznos por la mañana. Hoy, justamente hoy, me he acordado de ellos. Qué ricos. No sé cuando los volveré a probar. Cuando compre un trozo de panceta y me lo haga yo en mi sartén.

No es que sea una comida muy saludable, pero sí que está buena. Ahora toca seguir con este lunes 13. Tan gris como tus ojos. Tan cerrado como mi corazón. Qué tristeza dentro de mi cuerpo. Qué vacío tan grande dejaste en mí, peque. Y luego mamá. En fin. Se supone que esto es la vida, pero yo la quiero vivir a tope. Con todo lo que ello implica. Y no veas las ganas ir de nuevo a Alba de Tormes. No a comer pescaditos, sino dulces típicos de allí, que también eran tus favoritos. Para ilustrar este texto, ninguna foto mejor que esta con uno de tus mejores amigos: Víctor Chamorro.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️