El carrusel de los sueños de los peques y los que nunca perdimos la ilusión de la niñez


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Acabo de amanecer en este 12 de diciembre, víspera del fatídico día de nuestra despedida. Anoche, escuchando a Antonio Orozco, dijo una frase que me puso triste, pero me reconfortó en cierta manera. Decía algo así como: «Estamos en un mundo maravilloso, pero cuando nos vayamos, iremos a otro mejor donde nos volveremos a encontrar todos».

En ese momento me emocioné. Me recordó mucho a la que decías tú de que nos volveríamos a ver en la séptima farola de la eternidad.

Lo único malo de esto es que hay que creer en algo. Y yo no creo en nada. Solo pienso que quedan 12 días para Nochebuena y esta casa está sin árbol, sin misterio, sin regalos, sin nada.

Solo llena de recuerdos. Muy hermosos. Es un recorrido por algunos de los momentos más entrañables de nuestras vidas. Unos te hacen sonreír y otros que se salten las lágrimas.

Pero es normal. Ya te digo que son días para intentar evadirte de casi todo. Ayer, dando un paseo, porque no pude ni cenar, me encontré lo que más me gusta de estas fiestas. El carrusel que está puesto en el Liceo. Algo que tengo pendiente desde hace días. Igual antes de Reyes logro montarme.

En el fondo sigo siendo la misma niña que se emociona viendo a Papá Noel, que se para en todos los escaparates para ver las cosas que nunca se podrá comprar, porque en algún momento llegan las vacas flacas. Y esa es mi época ahora. La de vivir de los recuerdos hermosos a vuestro lado, peque.

Pero bueno. Ahora toca empezar un nuevo día. Esperando que termine mejor que ayer, que a las siete estaba en casa viendo como el resto se divertía. Vivía la vida. Esa frase que tanto me obsesiona y que hace ya un tiempo que no hago.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Hoy como es domingo, el texto todavía es más corto del habitual. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️