Las divertidas tardes de invierno en el bingo y de meriendas ricas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido una mañana muy fria. Ahora mismo estoy desayunando y en breve saldré a dar un paseo. Pero no quería irme sin escribirte unas breves palabras.

Ya es 10 de diciembre. En dos semanas será Nochebuena. No queda nada para. Y en tres, Nochevieja. Las uvas y todo eso.

Se nos va 2021. Y la verdad es que para mí ha sido un año bastante bueno. Solo falta rematarlo a lo grande, dentro de mis posibilidades, que no son muchas. Habrá que planear algo al respecto.

Ya sé que esta foto no es la que más orgullosa te va a poner de mi, pero bueno. Me divierte. Estoy en el bingo con mi princesa. Una tarde de estas de frío. Allí pasábamos un rato divertido. Nunca te lo llegamos a decir, pero tampoco hacíamos daño a nadie. Cogíamos 50 euros y hasta que nos diera. Igual una hora o así.

Para mamá era el día más divertido de la semana. No tenía nada de especial. Simplemente pasaba un rato distinto y divertido. Y si encima venía con alguna perrilla más en el bolso. Pues mejor. Lógicamente.

Aunque siempre trasteábamos mucho, luego, si habíamos tenido suerte te comprábamos un regalito o te invitabámos al Gran Vía a comer calamares, jamón, lomo, queso… Y después nuestra copita en el Cava.

Aunque para mí el día más especial fue uno que estabas en la cama. Un poco malito con un cólico al riñón. Te quedaste en la cama. Y mamá y yo fuimos a buscarte dos ejemplares de tu nuevo ‘hijo’: ‘ El Callejero Histórico Salmantino’. Cuando los tuviste en tus manos, te pusiste a llorar. Y yo contigo. Creo que hay momentos en la vida que no tienen precio. Y ése es uno de ellos.

Así que con esta historia tan surrealista te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️