El hermoso tributo literario que te rinde Carlos Guervós


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido una mañana con sol espléndido. 2 de diciembre ya. Qué fechas tan malas llegan ahora. Quizás las peores del año. Pero bueno. Esto es así. No queda otra.

Hoy te quiero hacer llegar un bonito texto que te ha dedicado nuestro ex vecino y amigo, Carlos Guervós. Me lo envió hace unos días al móvil y fue una gratísima sorpresa.

Habla de tu callejero, de ese maravilloso libro en el que se reflejaba el origen de todas las calles de Salamanca. Esas por las que tantas veces me pierdo cuando salgo a pasear por las mañanas o por la tarde.

Aunque la calidad de la foto no es muy buena, porque mi teléfono no tiene Facebook, aquí queda reflejado el texto con el que se homenajea a tu figura. Está escrito con todo el cariño y la admiración que te profesaba toda la familia y en especial Carlos, que ha llegado tan alto en su carrera profesional y ahora dedica una parte de su tiempo a escribir sobre la ciudad y sus historias.

Quizás el que debería empezar a utilizar yo para mantener viva tu memoria. Este blog no está a la altura de un progenitor como el que yo tuve. De hecho, siempre sueño con volver a subir a ese escenario del Caixa Forum y recibir un aplauso. Pero no. Últimamente todo lo hago mal, papá. En vez de sentirte orgulloso de mí, pensarás que soy un desastre.

Anoche estaba viendo a Parchís, al grupo que escuchaba cuando tenía cinco o seis años y me puse a cantar todas sus canciones. Ya te he dicho hace tiempo que quizás por vuestra ausencia me siento como una niña pequeña, que se emociona con un globo, con un osito de peluche o escuchando canciones que me traen hermosos recuerdos de cuando estaba a vuestro lado.

Pienso que ni es bueno ni es malo. Es un proceso que lleva un tiempo. Quizás la falta de afecto, de un abrazo, de un beso me han hecho retrotaerme hasta aquella hermosa etapa de mi vida. Mucha gente no lo entiende. Tampoco quiero que lo hagan. Es mi personalidad y no la va a cambiar nadie. Por mucho que lo intenten.

Quizás nos consentistéis demasiado y ahora es cuando hay que amarrarse el cinturón. Pero nunca tendré suficientes palabras para agradeceros lo bien que viví a vuestro lado. Nunca me faltó nada, peque. Nada. Al contrario.

Y ahora cuando llego a casa, más temprano de lo habitual, porque se hace antes de noche, me siento en el salón y veo las fotos que con tanto cariño tengo puestas, y pienso que esa era la feliz vida. Una simple conversación, una noche con una copita y a veces hasta algún pastelito si había algo que celebrar.

Ahora ya no tengo que celebrar nada. Sólo miro a las estrellas y me pregunto en cuál de ellas estaréis. Y me da miedo. Bastante. Echo de menos tantas cosas. Las noches de risas con mamá viendo vídeos en el Instagram hasta las mil. Nuestras tardes yendo a Valladolid o a Alba a pasar un rato o a comer allí a unos sitios estupendos…

Lo que era la buena vida. Solo quedan 13 días para que se cumplan los 3 años que te fuiste. Y unos pocos más para que los dos de mamá. Y me parece mentira, peque.

Pero es la realidad. Y hay que aceptarla, aunque cueste.

Qué tristeza de blog. Con lo divertidos que eran antes, pero bueno. Ya te digo que irán cambiando poco a poco.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que quiero darme un paseo antes de la hora de la comida. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️