La niña grande que siempre esperaba un regalo de Santa Claus


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Dando la bienvenida a diciembre ya. No queda nada para Nochebuena y ahora está el día nublado. No sé qué temperatura hace, porque no me he asomado a la ventana, pero tiene pinta de que va a hacer bastante frío.

Me desperté perezosa y estoy desayunando un poco tarde. Debería llevar caminando ya unas cuantas horas, pero bueno. No pasa nada.

Me ha hecho gracia, porque justo cuando me despertaba en la tele estaban poniendo a Luis Miguel. No sé bien el nombre que le ponías, pero juraría que era el sopazas. Así que nada.

Hace unos días vi una foto de uno de sus conciertos y me dio la risa. Recordé aquellos años en los que iba a verle a Las Ventas o al coso de Vistalegre. Y me ponía en la zona VIP.

Ojalá alguna vez volviera a Salamanca, pero con la historia del COVID, como que no. Sinceramente me encantaría volver a escucharle. Como cuando lo hacía con mamá, pero de momento no puede ser.

¿Has visto mi foto? Estoy con Papá Noel. En realidad estoy esperando a que llegue. Siempre me encantó el señor de barbas blancas con traje rojo y gafas. Siempre. Y que nadie intente quitarme ese espíritu infantil, porque es algo innato en mí.

La Navidad ya no es lo mismo sin vosotros. Santa Claus no dejará nada en el salón. Ahora cada vez que veo uno en cualquier escaparate, me paro a mirarlo. Y sueño.

Quizás algún día me conceda mi deseo de volver a Eurodisney o a la playa. Los dos sitios que más me gustan para pasar estos días de invierno.

Me encanta el sol, estar morena de piel y ser libre. Go Free, esa gran frase que lleva uno de mis pilotos favoritos, Pecco Bagnaia, en el casco.

Sí, peque. No tengo remedio. Entre las motos y mis ganas de volver al teatro o a ver algo entretenido, no doy a basto. En el fondo soy un Peter Pan. Que cree que todo es eterno, que piensa que la vida es bella, aún en días como estos, y que necesita una descarga de adrenalina ya. Y entiende adrenalina como quieras. Montar en moto, coger el coche y conducir o subir a una montaña rusa.

No sé. Todo menos la calma. Esa palabra y yo estamos reñidas, realmente. Calma y yo, incompatibles de todas todas.

En eso he salido al contrario que tú. Siempre estabas leyendo libros o la prensa y yo mientras tanto, zascandileando. Por suerte nunca dejé ir a esa niña que sigue queriendo un globo, un juguete o un disfraz de Carnaval.

Así que a esperar a Santa. No queda otra, peque. Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que tengo que hacer algunas cosas antes de comer. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️