La última noche del año (la tristeza de decir adiós a 2021 sin vuestros besos)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. 31 de diciembre. Se acaba este año con el tradicional homenaje a don Miguel de Unamuno, al que ahora ya no se puede acceder salvo con invitación.

¡Qué nostalgia de día! Era un acto al que nunca faltábamos. Siempre con tu capa charra. Y yo con algún vestido bonito para ir a tu lado. No me gustaba mucho, pero solo por ir colgada de tu brazo, era un auténtico privilegio.

Éramos la pareja perfecta. Recuerdo que un día nos encontramos con una persona que nos dijo que parecía que íbamos a dar las campanadas.

Yo, con mis manías, tenía la costumbre de estrenar alguna prenda de lencería roja esa noche. Más que nada porque decían que daba buena suerte.

Este año ni eso. Mi conjunto favorito está en una tienda de la calle Toro. Cada vez que paso me quedo eclipsada mirándolo. Aunque me eclipsaban más tus maravillosos ojos grises.

Y a las doce, como siempre, sonará esa canción de Mecano que dice «a los que ya no están echaremos de menos». Y lloraré, peque, lloraré. Llevo más de dos días sin salir de casa, abrazada a una foto tuya, rodeada de recuerdos. Ni tan siquiera sé si bajaré al homenaje. Me trae demasiados recuerdos. Yo. La mujer de los recuerdos. La que siempre soñaba con estar este día en Sidney, que a estas horas ya estarán con los fuegos artificiales.

La penúltima locura de mi vida. No. La penúltima no. Me quedan muchos por cumplir, pero al final, tendré que ir poco a poco. Si hubiera tenido curro, ya estaría allí. Viviendo la vida, papá. Como siempre lo pensé. Quizás el próximo tenga más suerte y lo pueda hacer.

Esa canción tan hermosa que dice que al final donde fuiste feliz quizás nunca debieras tratar de volver, es justo lo contrario a lo que pienso yo. No es que no deba volver. Es que me quedaría allí definitivamente.

Pero bueno. Soñar es gratis. Quizás algún día pueda cumplir ese sueño. Voy a desayunar por última vez en este año y mañana ni tan siquiera sé cómo me despertaré, porque cada 1 de enero recuerdo que no venía a dormir aquí. Y lo primero que hacía al levantarme por la mañana era llamaros para ver si estábais bien.

Ahora ni eso. Me niego a escuchar el concierto de Año Nuevo. Ni aplaudo cuando tocan la marcha Radestky. La ilusión por cambiar de año se me fue hace ya un par de ellos.

Por cierto, peque, para ser día 31 ha amanecido un día con un sol radiante. Hace fresquito, pero se está bien aquí con la cabeza fuera de la ventana.

Te dejo por hoy, mi vida. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! Espero que esta noche podáis brindar con una buena botella de cava, como las que comprábamos antes y que os acordéis de mí como yo lo hago de vosotros desde que me levanto hasta que me acuesto. Os quiero. Feliz 2022. ❤️

El penúltimo día del año al lado de una cigüeña (tempranera y hermosa)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo hoy un poco triste. 30 de diciembre. Un día para terminar el año y creo que va a ser muy divertido. Para empezar ya ha amanecido con niebla, que la odio. Ahora ya ha salido el sol. Y luego no creo que tenga muchas emociones más. Desayunaré, me daré mi paseo y nada.

¡Qué duras se me hacen las noches sin vosotros! Es llegar a casa y ponerme a mirar al cielo para contemplar a mis dos estrellas favoritas.

Y mañana Nochevieja. El homenaje a Unamuno, al que me acercaré, pero no se podrá entrar por temas del COVID, y las campanadas. Y ya pasó otro más, papá.

A ver cómo empieza el 2022. Es un número que no me gusta nada de hecho. Sabes que me gustan más los números impares. Manías. Ya sabes. Las tengo desde pequeña. Aunque no te lo creas, aún no tengo ni las uvas. Luego, a la vuelta, miraré si las encuentro en algún supermercado, pero como hoy me he levantado perezosa, tarde y con pocas ganas de hacer nada, porque todavía me dura la paliza de Madrid, sigo en la cama, que ya es raro en mí.

Mira qué bonita foto he rescatado de mi archivo. Una cigüeña en la torre de la Catedral. Yo creo que fue cuando subí a Ieronimus. Esa aventura no me gustó demasiado. Además subí con unas zapatillas que resbalaban. Fue una época en que los monumentos abrían gratis al público. Y aproveché para subir. Este año creo que no lo han hecho. Lo miraré ahora en Internet.

Por si puedo acceder a algún edificio gratis. Y mañana, pues nada. En casita cenando sola. Me haré cualquier chuchería para picotear. Lloraré viendo las campanadas y cogeré una copa de cava para brindar por todo lo bueno que me ha pasado este año, que no ha estado mal del todo.

Y no sé qué más, papá. La verdad es que ando escasa de ideas. Y más en estas fechas donde los recuerdos se agolpan en mi cabeza. De aquellos días felices en los que bajábamos juntos del brazo hasta allí a los de ahora, exactamente lo mismo.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! Voy a desayunar y a comprar uvas para mañana ❤️

Mis locas aventuras como pilota aficionada de carreras


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. Ya en casa. Es 29 de diciembre. Quedan dos días para que se acabe el año y no lo he podido finalizar de mejor manera que cumpliendo uno de mis sueños.

Me hubiera gustado que me hubieras visto montada en uno de los coches del Karting de Carlos Sainz. ¡Qué descarga de adrenalina! No te lo puedes ni imaginar.

Aunque me hubiera gustado quedar la primera, con la falta de práctica de conducir, me dieron tres o cuatro golpes. Y me asusté mucho.

Normal. Siempre hay una primera vez para todo. Ver los Ferrari, esos vehículos que siempre me encantaron, el coche del Dakar y todo lo que hay en las instalaciones me emocionó. Llegué a subir hasta el podio, aunque no por méritos. Más que nada por tener una foto allí. Porque no creo que vuelva a tener tanta suerte.

Supongo que a ti al contrario. Estarías más orgulloso de mí si fuera capaz de volver a escribir en lugar de hacer estas cosas que tanto me gustan. Paseando por Madrid pasé por una librería con la imagen de don Benito Pérez Galdós. Y luego fui a la churrería Ginés, donde está Valle Inclán.

Cuántos recuerdos en tan solo unos segundos. Un bus con el nombre de San Ignacio, la puerta del Sol, la puerta de Alcalá y casa Botín. A donde debí ir a comer, pero no pude porque no tengo trabajo.

Ya de vuelta a la realidad, que es complicado, te digo que hoy ha amanecido un día frío. Bastante desapacible. Propio de estas fechas, vamos.

Acabo de ver una foto de mamá, que no voy a publicar porque prefiero la mía, con el pelo recién peinado. Se lo había hecho yo y estaba guapísima.

No te imaginas. O sí. Lo que es llegar a casa y no poder enseñar tus fotos a nadie o contarle tus desventuras. Es realmente complicado. Sé que soy difícil de entender, pero bueno.

Tampoco pasa nada. Al final tengo una gran necesidad de soltar adrenalina. Y es lo que intento hacer. Justo al salir del karting vi un vídeo de unos saltando de un parapente. Y pensé: ¿Dónde se hará eso?

Qué ganas papá. En fin. Te dejo por hoy, que voy a salir a dar mi habitual paseo matinal. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El inicio de la última aventura de este año loco y bastante divertido


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien en casa. Preparada para la inocentada, que espero que no sea muy fuerte. O mejor, que no sea ninguna.

Hoy, como no tengo Facebook, por mí parte va a ser. Me he despertado temprano. Más de lo habitual. Este 28 de diciembre va a ser muy especial para mí. Me espera una de las sorpresas de la Navidad que ya te conté ayer. Conducir en el karting de Carlos Sainz. Así que conociéndome, Ya sabes como estoy.. hecha un flan de nervios.

Pero bueno, que me quiten lo bailao cuando vuelva ya te contaré. Una bonita aventura, peque.

Cuando vuelva el homenaje ya sólo quedarán dos días para el homenaje a Unamuno. Se acaba 2021 y comienza un nuevo año, que espero que me depare un montón de aventuras y muchas cosas buenas.

De momento, huyo despavorida aunque sea por unas horas. No me mal desconectar, aunque sean solo unas horas. Y luego volveré a nuestro Huerto, como cada mañana. Ayer lucia así de hermoso estaba ayer a mediodía. Es uno de los lugares más bonitos para pasar un rato relajado.

Huír, papá. No es la solución, pero algo ayuda. Hacía tiempo no me decidía a hacerlo, pero al final. Teniendo en cuenta la vida es una, pues eso. Que comience la aventura. No te olvides que en cada segundo de mi vida os llevo presentes en mi cabeza, pero bueno.

Ya sabes mi lema. La vida es una aventura. Y como yo nací con espíritu aventurero y me encanta probar cosas nuevas, pues allá vamos.

De momento saldremos bien. Regresaremos agotadas, como de costumbre. Así que nada. Te digo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La inocentada de mi competición como boxeadora particular


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Dando la bienvenida al 27 de diciembre, víspera de los Inocentes. Ha amanecido un día con sol. Por fin.

Lo único que ya no pega tanto como antes. Me gustaría esta morenita, como siempre, pero ahora es imposible. A no ser que pudiera ir al solarium, como siempre.

Cómo ha cambiado mi vida en poco tiempo. De estar perfecta a estar echa un cromo. Hoy no tengo nada especial que contarte. Anoche estuve en la Plaza Mayor escuchando el villancico de Mariah Carey y poco más. Ya sabes que esa canción me recuerda mucho a ti. A aquella noche subía cantando del hospital porque te iban a dar el alta ya.

Siempre era bastante ingeniosa para hacer bromas ese día. La mejor de todas fue la del boxeo. Era cuando tenía Facebook, que ahora no lo tengo. Se me ocurrió una bobada ingeniosa.

Les dije que con solo dos semanas de experiencia en este magnífico deporte, me iba a competir de manera oficial por recomendación de mi profesor de boxeo. Empezaron a escribirme mensajes y fue como de risa.

La gente me decía que no hiciera esa locura, pero yo, terne que terne. Ninguna caía en que era la inocentada. Y yo escojonada de la risa en casa. Qué bueno.

Yo y mis ocurrencias. Siempre era bastante ingeniosa para estas cosas, pero ya hace un par de años que dejé de publicar cosas. Pero bueno. Nunca es tarde para retomar esas costumbres.

Recuerdo a mis amigas del gimnasio. Todas me decían, Patricia no hagas esa locura. Y yo me reía sola en casa. Esperando a sacar el muñeco de papel de los Inocentes.

Dejé pasar unas cuantas horas. Y al final ya les dije que había sido una broma. Para alivio de casi todos, que respiraron profundo pensando que no me iba a pasar nada.

Qué intrépida era entonces y cómo ha cambiado mi vida. De poder estar en un sitio con mar a estar aquí, es exactamente lo mismo. Nuestro mar. El que nos hechizaba cada noche.

Bueno, pituco. Perdona que te escriba unos textos tan cortos, pero hoy llevo un día largo y complicado. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

La niña de las coletas rubias y nuestra ‘Loca Academia de Policían


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido un día horrible de lluvia. De esos que no me gustan nada. Qué rollo. Es 26 de diciembre. Quedan solo cinco días para dar el carpetazo final a este año tan extraño, que hemos terminado con un rebrote de mascarillas.

No te puedes imaginar lo que me deprimen los días grises, como tus ojos. Con lo que daría yo por ver el sol. Y así no sé cuánto tiempo más. En fin.

Mira qué foto tan bonita he encontrado. La de mamá con un jersey de rayas y una faldita. Rubia y guapísima, como siempre. No me extraña que te rompiera el corazón. Siempre fue muy guapa. Y muy sexy.

Ayer al final fue un día divertido. Me recordó a los que pasaba con ella cada sobremesa después de recoger los platos de la comida y mandar a cada uno para su casa. Volví al lugar donde nos divertíamos tanto cada domingo. Y que no voy a decir porque en realidad solo me interesa a mí.

Ahora diluvia, peque. Y yo sin botas de agua, pero bueno. No pasa nada. Me pondré unas normales y le meteré periódicos cuando vuelva de dar el paseo.

Ayer tenía que haber ido hasta el cementerio a visitar a mi princesa, pero no fui suficientemente valiente para acercarme hasta allí. Y ahora lo pienso y digo.

Qué pena de vida. Un día en casa entero es para mí morir en vida, pero bueno. No queda otra. Sin trabajo. Es lo que me toca vivir, peque. Unos días sin comida y otros con un poco de jamón York y queso. Y de vez en cuando un pequeño homenaje. Que tampoco vale para mucho. Ir al 100 montaditos a comprar unas patatas y unas bolitas de queso gouda. Uno de mis momentos preferidos del domingo.

Anoche pusieron ‘Loca Academia de Policía’. Y entonces me acordé de cuando íbamos al cine juntos y te la ponían. Te quedabas dormido en mi hombro. Y cuando despertabas decías: ‘Vaya rollo’. Y yo me reía.

También fuimos juntos a la última función en el Liceo. De teatro. Y lloramos los dos juntos. Qué bonita obra de teatro. Qué ganas de volver a entrar en un sitio con tanta magia como ése, pero tampoco se adapta a mis posibilidades actuales.

Vaya rollo que te meto todos los días. Lo siento, cariño. Me gustaría escribir algo más hermoso, pero eso tiene que salir del corazón. Y como a mío se rompió para siempre el día te fuiste, dejaste un vacío en mi corazón, Bueno, pituco. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero!

Las felices nochebuenas que tanto sigo añorando


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo regular. En casa. Feliz Navidad, mi vida. Ayer fue un día horroroso. Se cumplieron todos mis pronósticos. Ni copita antes de ir a casa, una cena normalita (nada comparada a cuando estábais vosotros y Papá Noel no vino. Ni anoche ni esta mañana.

Me acabo de despertar y me hubiera gustado tener mi regalito en el salón, pero solo hay una mesa vacía con tu foto. Fumando un cigarrillo, además.

Cómo cambia la vida. De estar sonriente, feliz, de llegar a casa medio piripi y encontrar una mesa con velas, perfectamente decorada, con crema de bogavante, popietas de lenguado, canapés, saladitos, cigalas y bolsitas de las mejores tiendas para intercambiar al final del almuerzo, a lo de ayer. Igualito.

Solo miraba tu foto y pensaba lo mismo: ¡Qué felices éramos juntos! ¿Has visto la foto? No es que esté muy guapa, realmente, pero sí muy arreglada y sonriente. Venía de estar con mamá y me estabas esperando tú.

Eso era vivir la vida, Y no lo de ahora. Que es un auténtico desastre. Yo que sigo creyendo en Papá Noel. Que intenté bajar a verlo para darle una carta a ver si me traía alguna de las cosas que me gustan. Pero como no llegué a echarla.

Y nada. tampoco hubo muchas felicitaciones. Algunas de tus amigos de la piscina, otra de tu amigo, Paco y un par de ellas más. Antes era un no parar de sonar el teléfono, pero ya sabes. En el momento en que te vas, la gente se olvida de que paso los días sola.

Para colmo, creo que está lloviendo. Y yo muerta de hambre. Como siempre. Con lo. que comí ayer. Pero como de momento no tengo curro, pues eso. Además, vi un vestido rojo y un conjunto de lencería roja, que me tienen loca. Y pensé. Ojalá fuera rica para ir cargada con un par de paquetes.

Cuando estaba mamá, además de ir de compras, también nos íbamos a comer un chocolate con churros a la Plaza. Y según pasaba, me dio un antojo… Ya sabes. Yo y mis caprichos.

Por suerte o por desgracia sigo siendo la niña soñadora que malcriaste y ahora nada. Todo al revés.

Hoy hace dos años estábamos en el cementerio, enterrando a mamá. Ningún día es bueno para ir de entierro, pero el de Navidad menos.

Pero bueno. Será así. Si esta es la vida, igual me debí bajar de ella hace tiempo ya. Te dejo por hoy, que cada día escribo más triste. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa!

La triste Nochebuena sin mis personas favoritas


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Hoy es Nochebuena. Un día triste. Lleva tres años siendo una noche horrorosa.

Antes ponía el árbol de Navidad. Y debajo los regalos. Cuando llegaba la sobremesa, me levantaba de la silla y me ponía a repartir la pequeña o gran sorpresa que había preparado para cada uno.

Hoy no hay nada. Ni un triste paquete. Ni el árbol de Navidad. Creo que he sido muy mala, porque ni Papá Noel ni los Reyes Magos me van a traer nada. Solo un corazón destrozado de la inmensa pena que llevo por dentro.

No sabéis lo que voy a echar de menos hoy vuestros abrazos y vuestros besos. Y mi disfraz de Papá Noel.

Todos los días son duros, pero hoy y el 31. No sabéis lo que daría por estar fuera de Salamanca. Y es que es muy triste decirlo, pero odio esta ciudad desde que me levanto. Odio pasar por una tienda y no comprarme alguna cosita. Pero es mi realidad. Difícil de asumir, realmente.

Hoy ha amanecido un día con sol, peque. Para reconfortar el alma. Así que me prepararé para ir a dar un paseo.

Tenía alguna foto tuya mucho más divertida. Con un gorro de purpurina, con una nariz de payaso y esas cosas. Por desgracia, al caerse una botella de agua encima de mi móvil, se me estropeó el Facebook y perdí un montón de fotos preciosas.

Recuerdo que un día de Nochebuena. No sé cuántos años hace ya, fui con mamá a la peluquería. Siempre íbamos a peinarnos a mediodía.

La pobre fue a colgar su abrigo y se venció. Cayó en plancha desde una superficie no muy alta, pero lo suficiente para poderse haber hecho daño. Por fortuna, salió ilesa, pero le esperaba otra sorpresa.

Hacía algunos años que encargábamos parte de la cena en La Oficina. Y a la hora que nos dijeran, veníamos a buscarlo.

Bien. Pues fuimos. Y mi princesa, como iba con sus gafas y todavía con el suelo de haberse pegado ese golpe, se empotró contra la valla del bar. El camarero se quedó pálido. Igual que yo.

Lo malo fue que venía cargada con toda la compra y me dio un ataque de risa. Y ya no sabía que hacer. Si soltar las bolsas o dejar que se rompieran realmente.

Mamá también se reía. Vaya día que le esperaba a la pobre. Por la noche se puso muy guapa. Le habíamos regalado un vestido azul de Cortefiel y, aunque no era mucho de arreglarse, se lo puso. Le di un poco de maquillaje y toda coqueta salió a dar nuestro tradicional paseo previo a la cena de Nochebuena.

Qué tiempos tan bonitos, papá. Que por desgracia no volverán. La vida sigue girando. A pasos agigantados. Y yo aquí, sentada frente a vuestra foto. La viva imagen de la felicidad.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que voy a pasear. Te voy a poner una foto para que te dé un poco de envidia sana. La de mis canapés. Antes de salir a tomar una copa de cava merendábamos unos cuantos. Y luego ya nos íbamos a brindar antes de cenar. Cualquier cosa antes que llegar al discurso del Rey.

Por suerte fuimos únicos e irrepetibles. La pena es que hoy solo os podré ver mirando al cielo. No te aburro más. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Dos años sin mamá (la princesa de mis sueños)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo hoy bastante triste. Qué época tan mala del año. Hace dos años, a estas horas, estaba a punto de apagarse la vida de mi princesa.

Vaya racha que llevo últimamente. Estoy viendo la imagen, pero no voy a contarla. Solo sé que a eso de las tres la sedaron y ya nunca más despertó.

Había bajado un momento a la calle a fumar un pitillo y cuando subí a la habitación y cogí su mano, ya estaba fría. Se había ido sin poder darle un beso de despedida antes de que cerrara los ojos.

Todo lo demás fue horrible. En la víspera de Nochebuena. Con los ratos tan divertidos que nos pasábamos siempre cuando acabábamos de recoger la mesa de Navidad.

Ayer, a última hora de la noche, vi en la tele a Nico Rosberg, su piloto favorito. Para colmo de males estaba con unas chicas que eran conductoras de rallyes. Y como a mí no me gusta nada la velocidad, pues te puedes imaginar las ganas que me dieron de ir a buscar el coche para dar vueltas, aunque fuera por la avenida de Mirat.

Ya sabes que últimamente tengo una extraña obsesión. La vida se pasa demasiado rápido. Y por más que intento vivirla, lo más emocionante que me ha pasado de tres meses para acá es cruzar un par de semáforos y que al pasar alguno de los que iba al volante, me pitara. Fíjate tú qué alegría.

Para colmo de males, hoy está lloviendo. Un día perfecto para levantar mi estado de ánimo.

Sé que esa noche horrible, llegó al hospital una chica que era camarera del bar de enfrente de casa, a donde íbamos con cierta frecuencia a tomar un delicioso cóctel. Tú no la conociste. Se llamaba Nicky y quería mucho a mamá.

Siempre le ayudaba a subir las escaleras, a sentarse. Y mi princesa, como era habitual en ella, le regalaba unos caramelos o algún dulce que llevara en el bolso.

Todavía la veo cuando se quedaba en el banco del mercado de San Juan de Sahagún sentada esperando a que saliera del gimnasio. Se quedaba hasta dormida, pero luego llegaban las horas de diversión. Que si compras, merendolas, salones de estética. Lo que más me gustaba a mí.

Hoy no puedo parar de llorar. Me duele todo. Llueve. Y yo me acabo de lavar el pelo. Un gran acierto. Yo y mis cosas.

Pero bueno. Ya no te aburro más. Supongo que estaréis de fiesta en el cielo. Juntos, bailando… Soñar es gratis. Aunque no creo en nada, prefiero imaginaros así.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

El día de la salud y de las ilusiones cumplidas por los afortunados


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. Está mañana se presenta relajada. Es 22 de diciembre y habrá que estar un poco pendiente de la lotería de Navidad.

Dos días para Nochebuena. Qué pocas ganas tengo. Si me toca desaparezco dos semanas mínimo. ¡Qué ganas de huír! Pero bueno. No creo que tenga tanta suerte. Como cada año, pediremos salud. De momento me doy con un canto en los dientes con el regalito que me tocó ayer, el del karting. Qué sorpresa tan maravillosa.

Así que esta mañana ha amanecido un día soleado. Haciendo una excepción, poco habitual en mí, me quedaré desayunando y viendo la tele en el salón. No es el mejor plan, pero bueno. No es lo habitual en mí, más siempre se puede hacer una excepción.

Tengo cuatro números solo. Uno de Madrid, el tuyo de Valencia y dos de aquí. Ya sabes. Soy un clásico. ¿Te acuerdas del calvo del anuncio? ¿Y del disco de doctor Zhivago que te compré porque tenía la música que te gustaba? Cuando lo oíste por primera vez se nos saltaron las lágrimas a los dos.

Ahora los bombos giran, como la vida. Y todos estamos expectantes para ver qué pasa con el Gordo.

Espero que salga pronto, porque quería salir a ver una exposición de ese maravilloso escultor que es Agustín Casillas y que ahora cumpliría 100 años.

Qué tiempos aquellos en que a eso de las cuatro de la tarde bajaba a buscar el periódico que se imprimía especialmente para comprobar los números.

Era un día tan feliz. Los tres juntos. Yo mirando en el móvil si por lo menos habíamos recuperado un reintegro.

Se acercan las 11.11. La hora a la que solías levantarte. Es imposible mirar el móvil y no acordarme de ese momento. Te ponías una bata que te compré yo en Galán. Era azul, de cuadros. Fue uno de tus muchos regalos de Reyes. No creo que hubiera una prenda a la que le dieras más uso. Siempre acertaba con los obsequios que te dejaba en tus zapatos.

Y ahora pienso. Qué tristeza esa noche. Sin regalos, sin zapatos encima la mesa y sin nada. Sigo con mi puzzle que no me encaja. No va a cambiar nada.

Mañana también hace dos años que se fue mamá. Qué malas fechas para estar aquí. Pero ya te he dicho una y otra vez que, por desgracia, no puedo salir de la ciudad.

Así que, como tú decías: ajo y agua. Bueno, pituco. Voy a ver si sale el gordo y me voy a ver las esculturas. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! 😘