Mi viaje a Lyon entre chocolates, motos y árboles de Navidad


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido uno de esos días que odio, realmente. Está todo nublado y anoche hacía un frío que pelaba, pero bueno. Lo normal en estas fechas, papá.

Hay días que me pregunto por qué sigo escribiendo este blog. Si realmente no me pasa nada interesante que contarte. Y recuerdos ya he narrado tantos, que no sé qué decirte.

Aparte de que estoy algo melancólica por este clima y que aún no bajé a la Plaza Mayor a ver las luces de Navidad, poca cosa más.

Me he hecho una maniática de los números. Siempre estoy buscando las 11.11, las 11.44… Tantas que no te las podría decir, pero bueno. Yo creo que hay veces en los que te aburres tanto que es normal.

Mirando mis fotos me doy cuenta de que hace dos años estaba en Lyon. Fue mi primera escarpada.internacional antes de que mamá se pusiera enferma, pero bueno. Y tengo tantas imágenes metidas en mi cabeza, que es imposible sacarlas.

Estuve a punto de darme la vuelta en Madrid por lo que se veía a través de la cámara que teníamos ubicada en vuestra habitación.

No sé si es peor tener memoria o no tenerla, realmente. A veces pienso que ojalá alguien pudiera borrar todos los recuerdos de tu mente. O por lo menos los malos. Los que me traen por la calle de la amargura.

Una vez allí, me sumergí en un mundo mágico. Había un precioso centro comercial lleno de luces de Navidad y además era Black Friday.

Te puedes imaginar el peligro. Me compré cuatro o cinco cositas en Zara y encontré una bombonería de lujo, llamada Jeff de Bruges, donde adquirí un montón de chocolates pensaba sobre todo en la ilusión que le iba a hacer a mi princesa.

Y cuando regresé se los di. Le hicieron ilusión, pero ya no igual que antes. Llegué a su cama y le empecé a contar mi aventura. Y se moría de la risa. Algo normal en mí cuando estoy de buen humor, que no es siempre.

Pero ella, igual que tú, entendían que de vez en cuando una pequeña locura, no viene mal para desconectar de la realidad. O al menos eso pienso yo.

Demasiado complicado es vivir como para estar de continuo cayendo en una rutina que no nos gusta a nadie.

Así que voy a planificar mi día ya. Que no quiero que sea un domingo más. Quiero que sea especial.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️