El árbol con forma de campana da la bienvenida a la Navidad charra


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. ¿Y vosotros? Espero que bien también. Hoy ha amanecido otro día de esos fríos y sin sol que me ponen tan nerviosa. Pero es lo que toca en esta época.

Nunca me gustó demasiado esta estación del año. Ya sabes que para mí el sol es sinónimo de vida. Y en cuanto aparece un rayo, ahí estoy yo puesta.

¿Has visto ya cómo está la Plaza Mayor? Pues con la Campana que anuncia que ya pasó un año más. Otro, papá. Las terceras navidades sin ti y las segundas sin mamá.

Y me sigue costando asomarme a la ventana y ver a la gente sonreír y que es feliz. Bueno no. Son felices porque están todos juntos. Y eso es algo fundamental para alcanzar la felicidad.

Pasaron de ser mis fiestas favoritas a convertirse en una auténtica pesadilla. De ir cantando feliz por la calle a casi preferir no mirar hacia arriba.

No sabes lo que daría por volver a ver el mar. Realmente. Es algo que me tiene loca. Ese ruido cautivador, hechizante, maravilloso, que a los dos nos encantaba. Pero bueno. Supongo que ya queda un poco menos para volver a un mar maravilloso y relajante donde poder quedarme horas sentada dibujando corazones con nuestros nombres. Es algo que este año hecho ya en 3 ocasiones. Pero me gustaría volver a repetirlo antes de que termine el año.

No lo veo muy claro de momento. De hecho, aunque no te lo creas, tengo un poco de vista cansada en uno de los ojos, pero bueno. Lo normal. Vamos. A una edad siempre te empieza a fallar algo.

Tú llevaste gafas desde que eras bien joven. Y a mamá se las pusieron cuatro o cinco años antes de iniciar su último viaje. Qué guerra con las gafas todo el día. Que si las perdía, que no encontraba el otro par… Madre mía. Qué locura. Pero bueno. La cosa sería así. Ella y sus peculiaridades. Se quedaba dormida hasta en un banco esperando a que yo saliera de gimnasia y luego siempre nos íbamos a algún centro de estética a que me hicieran un tratamiento. Luego un rato de compras, meriendita rica y poco sana y después de chateo.

No hace falta que os diga lo que os echo de menos, pero bueno. En realidad no es necesario. Lo sabéis desde que amanece. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️