Las noches de amigas con palomitas, pizza y tu nombre en nuestra cabeza


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido otra mañana cubierta de niebla, propia de estas fechas. No veas el frío que pasé ayer por la noche dando un amplio paseo por la ciudad.

Me maquillë. Hacía mucho tiempo que no me ponía pintura en los ojos. Quería estar guapa por si iba a algún sitio, pero al final fue para nada. Para regresar a casa tal cual, pero con la nariz roja y los pies helados.

Mira qué foto tan bonita he encontrado. Estamos tu amiga Sarah, la chica espectacular que trabajaba en la piscina, y yo en el cine. Ese día me puse los labios rojos y sonreía mucho.

Hay una palabra que define ese estado: felicidad. Me había puesto un vestido de cuero muy sexy y nada. Al llegar a casa, que tú ya no estabas, compramos una pizza deliciosa, un paquete gigante de palomitas y una botella de cava y estuvimos un buen rato.

Recordando muchos momentos chulos con los piscineros. Siempre que te veía bajar por la rampa de Tejares con tu bastón, corría hacia ti para cogerte del brazo y llevarte hasta su puesto. Allí os pasabáis horas dilucidando de lo divino y de lo humano. Pero siempre te veía feliz a su vera.

Siempre te gustaron las chicas guapas. Y, claro, tus amigos, muertos de envidia, sana, sin maldad alguna, Qué grupito tan majo hacíais. Y este verano ha sido tan extraño en realidad. Pero ya queda un día menos para que venga el próximo y algún día con más temperatura para lucir ese vestido, que también me llevé a Lyon para ver a mis chicos locos del motocross freestyle. Y que me sentaba como un guante.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. No te escribo más porque uno de los ojos me molesta un poco, como si tuviera vista cansada, pero nada grave en realidad. Cosas de la edad. ¡Cuidate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️