El niño que rompía gafas y se olvidaba de ir al cole


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. En modo hekatombe justamente. Hoy sí ha amanecido un día triste. Lluvia que empapan los cristales del salón en esta mañana gris, como tus ojos, y triste, como mi corazón. Partido en pedazos desde hace ya mucho tiempo.

No podría narrarte en unas pocas letras lo que siento ahora mismo dentro de mí. Pasé por tu colegio y ya me emocioné. De repente me vino a la cabeza esa imagen de ti que ni tan siquiera vi, pero que tantas veces me contaste.

La abuela fue a llevarte a Francisco Vitoria. Tú, que debías de ser un buen trasto, le habías roto las gafas a otro, que supongo que igual te caía mal, y no se te ocurrió otra cosa que quedarte en las escaleras hasta que llegara la hora de volver a casa.

Con tan mala suerte que pasó la vecina, la señora Gabi, y te vio que no habías entrado a clase. De inmediato se lo dijo a tu madre, que rauda fue a buscarte. No sé lo que te dijo exactamente, pero sí tu respuesta. Ingeniosa, como siempre: «Pos se me olvidó».

¡Qué ocurrencia, papá! Qué pena que no hubiera cámaras para inmortalizar ese instante. Las que debías liar tú solo. Sin ayuda de nadie. Anoche estuve escuchando la canción de ‘Volver a verte’ y realmente no creo que pudiera elegir una mejor para rendirte homenaje en el día que te hicimos tu homenaje póstumo en el Casino.

Hermosa, mucho. Melancólica… Bastante. Perfecta. Sin duda. Me costó elegirla, pero al final fue una buena opción.

No hace falta que te repita la melancolía que me generan estos días de agua, frío y sin un rayo de luz que ilumine el camino a seguir en este extraño devenir que es la vida.

Y desde que me levanto, ya te lo he dicho, veo la imagen de Roberto Begnini en la película de ‘La vida es bella’, que, por cierto, hace mucho que no la veo. Intento aferrarme a eso, pero en realidad es normal, salvo para los privilegiados que tienen muchas opciones de diversión.

Que no es mi caso. Sobrevivo como buenamente puedo. Anhelando tantas cosas, papá. Pero es lo que toca. De momento no me queda más remedio que seguir así.

Sigo viendo la lluvia caer, mientras por mi rostro no dejan de brotar lágrimas. No pasa nada. Para eso están los pañuelos de papel. Tengo una cosa pendiente de hacer. Aunque ahora no creo que sea la situación idónea ¡Bueno, pituco,! Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Que yo seguiré soñando con un mundo lleno de globos, en color rosa. El mar al fondo. Espero que sea pronto. ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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