Aún quedan días de verano para pedirte perdón


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Está empezando a salir el sol. Y mañana dicen que nieva. Pero bueno. Lo normal en esta época del año.

Es 21 de noviembre. Aún no he decidido si bajar a dar un paseo hasta nuestro querido Huerto de Calisto y Melibea o quedarme un rato más aquí, en la alfombra.

Esta noche tuve un sueño feo. Extraño. De esos que te levantas con mal cuerpo, pero ya sabes. No sé por qué razón la mente guarda cosas tan extrañas dentro de ella. Estaba en algún sitio desconocido y mamá se había puesto mala. Yo buscaba un lugar en mi teléfono, porque había reservado un viaje a no sé exactamente dónde. Y no lo encontraba. Me desesperaba buscar en mi agenda y no encontrarlo, pero cuando estaba en el máximo apogeo, me desperté.

Y la sensación es malísima. De todas todas.

Pasé de la tranquilidad nocturna de escuchar música durante cuatro horas al desasosiego matinal que te provocan las pesadillas.

Pero como es algo que nadie puede controlar, salvo la mente. En ocasiones demasiado traicionera, pues eso. Ahora necesito despejarme un poco y descargar toda la adrenalina que tengo dentro de mi cuerpo, que no es poca.

Desde que me despierto me aferro a la idea de que la vida es bella, como dice mi película favorita, pero en realidad la vida son momentos. Pequeños flashes de luz. Una risa, una mirada, una caricia, un beso, un rayo de sol iluminando tu cara.

Y ahora el sol aprieta. Hay que aprovechar hasta que empiece a caer. A eso de las seis de la tarde. No veas las ganas que tengo de que llegue el verano.

Pero soy consciente de que queda mucho todavía. Que en cuatro horas se hará de noche y volverán los estorninos a clamar en el cielo. Me aterra ese ruido.

En realidad, aunque siempre he sido muy valiente, me dan miedo muchas cosas. Pero hay que ir viniéndose arriba poco a poco, que en nada ya llega Navidad.

Poco más por hoy, pituco. Te dejo. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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