El ‘osito’, sus tiernos abrazos y su suave barba blanca


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ha amanecido un día soleado. Poco propio de esta época del año. De esos que te invitan a quedarte salir de la cama un poquito más de lo habitual y dar un paseo. Y aquí estoy. Esperando para prepararme para comer.

Dentro de las muchas cosas que me cuesta asimilar, que son bastantes, hoy estoy empezando a ser consciente de que ayer fue la última vez que vi correr a Valentino Rossi en un circuito. Con todo lo que significa para mí.

Y me está costando asimilarlo. Yo creo que durante la carrera no fui consciente. Sólo por la noche. Cuando lo vi.

Y nada. Bajé a comprar el periódico y estoy leyendo la crónica de la carrera. Qué emoción.

Al final la vida se compone de eso. De emociones, de risas, de lágrimas, de recuerdos… Un poco de todo.

Lo que hicimos nosotros. Justamente. Lo que nos apetecía en cada momento. Y al final pienso que fue lo mejor.

Ayer pasé por un sitio que se llamaba el osito. Y me acordé de ti. Mi osito. Siempre le decía a mamá. ¿Estará el osito en o esperándome? Y sí. Allí estabas siempre.

¿Por qué elegí ese nombre? Pues supongo que porque eras dulce, tierno y achuchable. Y con esa barba, que me encantaba acariciar, te hacía tan especial.

No sé cuántos motes te puse, pero unos cuantos. El que más me gustaba era ése y el de pituco.

Es más tierno el de osito. Para mi gusto. Y mamá… Ya sabes… La ‘princess’, como yo le decía.

Y nada. Por suerte o por desgracia no tengo mucho más que contarte, aunque me gustaría hacer este blog más entretenido. Mañana te prometo que ya no te voy a hablar más de motos. Llevo tres días. Con lo que poco que te gustaban.

En fin. La falta de inspiración después de unos días viviendo en una nube de algodón.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy, que tengo que almorzar. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! 😘