Treinta y cinco semanas sin el hombre de ojos grises y sonrisa tierna


Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Ya sabes que me gusta madrugar. Hoy es 13 de noviembre. Otro 13. Ese número que nunca me gustó y que al final terminé odiando.

No por supersticiones, que tengo muchas y algunas realmente absurdas. Si no porque hoy hace ya 35 meses que iniciaste tu viaje a la séptima farola de la eternidad. Nuestro lugar de encuentro para el día que me toque iniciar el mío.

Tres años ya. Qué rápido pasa todo papá. La vida es tan breve. Un sueño. Antes con final feliz. Y ahora con despertares un poco extraños.

Despertarte sabiendo que no tienes que preparar el desayuno para nadie, que no va a haber abrazos ni una palabra cariñosa del hombre más maravilloso del mundo, es realmente complicado.

Hoy alguien me preguntó por mis ojos. Y le respondí como lo siento. Tengo un color bonito, indefinido, realmente, pero nada parecido a esos ojos grises que desprendían tanta ternura.

No sabes lo que añoro mesar tu barba canosa, darte un abrazo de oso y preparar tu pijama para irte a dormir. Ponerte dos mantas, porque solías ser muy friolero, y darte nuestro habitual beso de buenas noches.

Y para quitar un poco de drama al post, te diré que cada lunes me acuerdo de cuando ponían ‘El chiringuito de Pepe’. Si lo piensas fríamente era una serie un poco absurda, pero me servía para pasar la noche entretenida. Y a la mañana siguiente te contaba las desventuras de esa panda de locos que tanto me hacían reír.

Esa noche estabas «castigado’ sin uno de los disparatados cuentos que inventaba para ti mientras te agarraba de la mano y te tocaba la frente. Ya te digo que cuando eres pequeña piensas que los padres son eternos. Hasta que la vida te da un golpe del que es complicado recuperarse.

Pero es lo que hay. No queda otra que tirad hacia adelante de la mejor manera posible. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! 😝