La gélida mañana de jueves en busca de nuevas aventuras


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. 11 de noviembre ya. Y está todo preparado para empezar un nuevo día. Hoy de aventura. De esos que me gustan a mí directamente.

Es muy temprano. Aún no ha amanecido, pero no pasa nada. Ya sabes que duermo poco. No sé por qué, realmente. Fíjate que me gustaría dormir más. Hasta las 11 y 11 como solías tú.

Pero al final, con los años, te vas haciendo un poco más y te cuesta más dormir. Pero bueno. Es lo normal.

Mira qué imagen tan bonita. Una mañana de otoño en nuestro huerto de Calisto y Melibea. Qué lugar tan hermoso para estar allí. Allí bajo con relativa frecuencia a ver las cigüeñas. Mi animales favoritos.

Quizás porque pensé que algún día te reencarnarías en ellas. Eran tan hermosas las historias que me contabas cuando estábamos a solas.

Y no te creas que no es hermoso pensar en que quizás sea quien me cuida desde arriba cuando estoy mal. Ya sabes que todos atravesamos por épocas difíciles, en la que la opción más fácil es huír, ir de todo. Aunque sea unos días. Vivir papá. Vivir al límite. Con la adrenalina que tanto me gusta y con un montón de cosas por hacer todavía. Espero.

Hace frío, por cierto. Bastante. Ahora mismo tengo las manos heladas, pero bueno. No pasa nada. Es tan temprano, que el poco sol que sale no calienta demasiado.

Tengo la sensación de que hoy puede ser un gran día. Y el fin de semana un poco triste. Se retira Valentino Rossi. Mi ídolo desde que tenía 20 años o alguna más. La de discusiones que tuvimos viendo las carreras. Tantas que ahora lo echo de menos. Pero a partir de la próxima semana se terminan y ya. A empezar nuevos proyectos, nueva vida todo lo que ello conlleva.

Y a echaros de menos, como siempre. Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. Os quiero ❤️