Las noches al ritmo de ‘Fly me to the moon’ en la terraza y de cuentos en la cama


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo de momento. Ha amanecido un día fresquito, pero con sol. Así que habrá que aprovecharlo.

De esos días de dar un intenso paseo por la ciudad. 9 de noviembre ya, papá. Y yo pensando que la vida es bella.

Por soñar, cada mañana pienso en amanecer viendo el mar, pero siempre me topo con la misma pared. Y entonces vuelves a la realidad.

En el fondo soy una bohemia soñadora que le encanta ver el amanecer y el anochecer a ritmo de buena música. Si es de Frank Sinatra, mejor.

Estos días de atrás, he estado haciendo de guía por la ciudad. Contando aquellas pequeñas curiosidades que tú sabías. Las de las columnas del Corrillo, toda la zona antigua, la Plaza Mayor, tu Huerto de Calisto y Melibea. De todo un poco.

Y ahora estoy aquí, al solito, cogiendo un poco de Vitamina D, que es buenísimo para estimular el ánimo. Resfriada, para variar. Así que lo mejor es no salir de casa por si acaso. Cuando me recupere seguiré en busca de nuevas aventuras siempre. No todas las que quisiera, por desgracia. Me encantaría volar en paracaídas, pero de momento, no es posible. Y montar en un carrusel que hay en La Alamedilla y no sé.

Quizás en un tiempo reconsidere la opción de volver a escribir otro blog. Estoy pensando una temática original, pero no ando muy hábil de ideas. La musa de la inspiración debió irse de mi lado hace ya algún tiempo, pero sé qué volverá.

Con más fuerza todavía. De momento he recuperado una foto tuya preciosa. Leyendo un libro, como solías hacer tú normalmente.

La foto es en blanco y negro. Últimamente no me hago muchas fotos. Y menos en Salamanca, pero bueno. La tuya es muy bonita. Estás en el salón.

A mí me gustaría estar paseando por la montaña. Haciendo senderismo y esas cosas que hace ya ti que no puedo hacer.

Pero poco lo lograré. Ya sabes que en la vida todo son metas. Y la siguiente es ésa. Iniciar una nueva aventura literaria. Todavía no he puesto fecha, pero no será muy tarde, pituco.

Quiero que te vuelvas a sentir orgulloso de mí. Y de lo que hago. Y a veces pienso que no lo estás, aunque desde arriba me estés viendo.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. ¡Cuídate mucho y cuida de mi princesa! ¡Os quiero! ❤️