El hombre que me enseñó a vivir la vida a tope (la soledad y yo)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Yo bien. En casa. Todo tranquilo. 4 de noviembre ya. El día amaneció bueno y ahora hace solito. Ya me he dado un paseo. Y qué mejor momento que ahora para escribirte.

He cogido una de las muchas fotos que conservo de ti. Y quizás sean de las que más me gustan. Tú vestido de Primera Comunión. Qué guapo, papá. Qué bonito traje eligió la abuela para ese día.

Mamá nos compró el nuestro en Ecke. Lo aprovechamos las dos. Cosa rara, conociéndote. Querías que nos sintiéramos como princesas. Y lo conseguiste.

Qué vestido tan bonito. El sueño de cualquier niña. Aunque el tuyo no estaba nada mal.

En estas fechas estoy un poco melancólica. No sé si porque se acerca la fecha del fallecimiento de tío Enrique o por todo lo que tengo guardado en mi cabeza. Pero sea como sea está ahí. Y duele, papá. Duele.

Siempre pensé que vivir la vida era algo distinto a esto. A salir a dar un paseo y estar en casa hasta la hora de dar otro paseo, pero bueno. Me encantaría volver a Alba de Tormes. ¿Sabes a qué? Evidentemente no a comer peces, que no me gustan, si no a montar en una barquita de esas que te llevan por el río.

Llevo tiempo con ese antojo, realmente. Pero de momento no se me cumple. Mi otra ilusión es hacer puenting. Y no lo consigo, peque.

Esta falta de adrenalina me tiene en un sinvivir. La falta de adrenalina y de todo. Nada que ver a cuando estábais los dos, pero nada. Siempre pienso que sí hoy es un día menos en mi vida, debería disfrutarlo al máximo.

Pero me parece que voy a pasar mucho tiempo de mi vida aquí. Encerrado entre cuatro paredes sin poder moverme. Y cuando llego a casa por la noche. No sabes lo que os extraño.

Siempre pienso lo mismo. Y perdona por ser tan reiterativa. El único libro que dejó el abuelo en casa se llamaba ‘La Soledad’ y siempre que miro a la estantería siento que era premonitorio.

Soledad. Infinita, dolorosa, desesperante… Son ya las tres. En nueve horas habrá pasado otro día. Y mi tiempo se va consumiendo, poco a poco… Con la sensación, perdón, con la certeza de que no vuelve. Y puedo asegurarte que me aterra.

Mamá siempre decía que desde que nacemos estamos pendiendo de un hilo. Y alguien, el gran misterio, en un momento lo corta. Y ahí se terminó todo.

Por eso me gustaría poder ir de un lado para otro sin parar. Coger mi coche y vivir. Ahora mismo mi situación no me lo permite, pero espero pronto poder hacerlo. Por suerte o por desgracia tenemos el mismo carácter. Y me encanta ser así, aunque a veces me lleve algún palo por armadanzas. Ahí está la gracia. En no poner límites a lo que quieres hacer. Solo puedo darte las gracias por hacerme única e irrepetible. Menos mal que no hay dos como yo.

Bueno, pituco. Te dejo por hoy. Cuídate mucho y cuida de mi princesa. ¡Os quiero! ❤️